En uno de los poemas del escritor alemán del siglo XX Bertold Bretch llamado EL SASTRE DE ULM (1592) solo hay cuatro estrofas.
En el primero el sastre anuncia sus planes a Su Ilustrísima, el obispo:
!Obispo, puedo volar!
-le dijo el sastre al obispo-.
!Fíjate, voy a probar! Y con algo como alas
el sastre subió al lugar
más alto de la catedral.
Pero el oblispo no quiso mirar.
Con su idea el sastre desafía el orden de la Creación y reta a Dios.
Como el hombre no es un ave
eso es pura falsedad.
-dijo el obispo del sastre._
Nadie volará jamás.
-El sastre ha muerto.- La gente
al obispo fue a informar.-
Fue una locura. Sus alas
se tenían que desarmar.
Y ahora yace destrozado
sobre la plaza de la catedral.
!Que repiquen las campanas!
Era pura falsedad
Como el hombre no es un ave
- dijo el obispo a la gente-
nunca el hombre volará.
En realidad si existió un sastrecillo valiente en Ulm, pero no en 1592. Se llamaba Albretch Ludwig Blebinger. En 1811 trató de cruzar el Danubio desde el Bastión del águila, pero cayó al río al desarmarse las alas de su fabricación y quedó desacreditado. Hoy lleva su nombre un premio que concede la Sociedad Alemana de Medicina Aeroespacial. Si viajas al Ayuntamiento de Ulm puedes ver una réplica de las famosas alas que le permitieron volar lo suficiente como para sobrevivir a la caída.
Bretch, perseguido por el Tercer Reich, escribió este poema en 1934, transformando la hazaña incompleta de Blebinger en una parábola. la realidad social se puede cambiar, aunque para ello se necesite ir más allá de lo que la sociedad considere posible.

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