viernes, 19 de enero de 2024

La zona de interés, de Jonathan Glazer. Administrativos y guardianes durante el Holocausto.

 


En toda la película no verá a ninguno de los actores golpear a nadie, no porque no lo hiciesen nunca en su vida profesional, como defiende interesadamente más de un revisionista. De hecho, ni siquiera se ve a los prisioneros sino a estas personas trasladadas a las regiones ocupadas por los mecanismos de la Solución Final y alistadas en la barbarie organizada cuando se supone que no están haciendo nada útil para el Tercer Reich. Pasan tiempo con sus familias, que también han sido trasladadas a las villas de los alrededores de Auschwitz.

De fondo se ven los gritos de los guardias, algún ocasional disparo, que, por frecuentes, ya no llaman ni la atención de los niños, y el trajín sonoro de los hornos crematorios. La película muestra la rutinaria vida de los Höss, los familiares del comandante del campo de exterminio de Auschwitz. El marido dice que ha convertido en cuatro años un campo del montón en una eficiente industria para matar a todo el que estorba al gobierno alemán y hacer desaparecer sus cadáveres en su bonita villa con piscina y jardín. Su mujer opina que Auschwitz es el lugar ideal para criar a sus hijos. Siempre que no crucen la valla ni se relacionen con la guarnición de su esposo.

Rudolp Höss lee a sus hijos cuantos antes de volver al trabajo. Su jefe de guarnición le trae el último informe. Tantas personas llegadas en el último tren. Tantos útiles para trabajar por un tiempo. Tantos desechables. Gaseada esta cantidad. Höss firma los papeles, da las últimas instrucciones en voz baja y acuna a la chiquitina.

"Los perpetradores del Holocausto no eran más malvados que lo que podamos ser nosotros en las mismas circunstancias. La moral se había desplazado de sitio. Ser malo no era matar gente firmando un papel o dándole una paliza fatal con una porra extensible sino no hacer el trabajo y quedar mal con los jefes. Nadie quería hacer caer su responsabilidad en los hombros de los demás. Estaban totalmente disociados de sus crímenes", afirma Jonathan Glazer.

El comandante Höss existió en la vida real y solo respondía ante Himmler. Era el gran héroe del sistema de campos de concentración, el espejo en el que se miraban los otros oficiales funcionarios de la Solución Final. Y eso que dejó embarazada a una prisionera de origen holandés y le abrieron expediente por ello. Su hija mayor dice que era el mejor padre del mundo, que jamás golpeó a nadie ni levantó la voz a un subordinado casi nunca, salvo en cuestiones referentes a la seguridad de su familia. Y no siquiera era partidario de Hitler. Pero el caso es que allí estaba, trabajando en una fábrica de cadáveres, y eso le costó la vida en la horca.

Sus hijos recordaron una vez que él ya no estuvo y ya no pudo protegerlos un abrigo de pieles robado a un muerto, jugar a las damas con dientes humanos pintados de rosa y negro, un criado judío salvado por algún tiempo de las cámaras de gas que limpia las botas manchadas de sangre y barro de un suboficial de los campos de trabajos forzados. Y lo vieron como normal. Lo único que lamentaban era que un ascenso dado por sus superiores a Rudolp Höss les sacaran de ese paraíso, de esa estupenda villa para criar niños sanos y equilibrados.

Para ver:

https://www.youtube.com/watch?v=uXKZPfvF-mg

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Saladino (1138-1193).

  Saladino —cuyo nombre completo fue Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb — nació en 1137/1138 en Tikrit, en una familia de origen curdo al servici...