La actividad del local de Polly Adler, una proxeneta judía de origen ruso, empezaba a las tres de la tarde en cuanto se cerraba la Bolsa de Wall Street. Los brokers salían a celebrar sus ganancias- en caso de que las hubiese habido- con una copa de champám y la compañía de una chica. A cualquier hora te servían un almuerzo delicioso o un tentempié para picar.
Los clientes de Polly eran hombres de negocios, políticos ,artistas, gánsteres... Decian que Polly se esforzaba por evitar la presencia de chulos y de drogas en el local. Ella misma no jugaba, bebía con moderación y era una excelente relaciones públicas de su negocio. Solía visitar los clubs nocturnos con una o dos de sus pupilas, conversaba con cualquiera que mantuviera el interés en lo que ofertaba, y entregaba siempre una tarjeta de visita con un número de teléfono, sin ninguna dirección. Por las noches sus chicas atendían a los clientes en hoteles y domicilios. Era la protegida de Lucky Luciano, que consiguió que la excarcelaran tras 24 horas en una celda, la única ocasión que estuvo encerrada. "Fue la única vez, paradójicamente, que dormí toda la noche de un tirón", confesó amargamente Polly en sus memorias UNA CASA NO ES UN HOGAR.
Gracias a la ayuda de otro pequeño ganster subalterno, Dutch Schultz, Polly inauguró su negocio y evitó la intervención de otras bandas que hacían destrozos en los locales de otras madames "y destrozaban mi sistema nervioso". Aún así la Policía le pinchó los teléfonos de su club varias veces y organizaba redadas en el local con frecuencia. "A veces los líderes de la redada eran policías que habían pasado la noche en una de mis camas". Pagaba 50.000 dólares anuales en servicios de protección y en sobornos. "Me volví experta en estrechar la mano con un billete de cien dentro".
Entre sus clientes habituales estaba el cómico Harpo Marx y Dorothy Parker, la escritora. Tambien el hampón Frankie Costello la visitaba con frecuencia para preguntar si todo iba bien. Incluso matronas de la alta sociedad acudían a ver las actuaciones de las cantantes de cabaret travestidas de hombres y por el morbo de que las chicas les contasen en qué consistía su trabajo. Incluso ella afirmaba que el presidente Franklin Delano Rooselvelt había acudido a su local antes de presentarse a las elecciones. Los tertulianos le decían que eso no era posible porque el presidente iba en silla de ruedas a causa de una poliomielitis. Ella aseguraba que sus chicas sí podían atender a esa clase de cliente.
Intentó dejar el negocio varias veces, y los consiguió en 1945, después de treinta años al filo de la ley. Murió en 1962 rodeada de recuerdos de toda la gente interesante de la farándula de Broadway que había conocido. Las relaciones con sus familiares eran malas pero aceptaban su dinero, que ella usaba con generosidad con ellos. En 1964 se estrenó una película sobre la vida de Pollu Adler con el papel de una principiante como una de sus pupilas, una tal Rachel Welch. La película fue un fracaso de taquilla.

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