El cine quinqui de la época de 1980 ha perpetuado a héroes del barrio de La Mina o del Campo de la Bota en Barcelona como el Vaquilla o ha glosado las hazañas - hasta que lo mataron- del madrileño El Jaro. Lo que el español medio no sabe - porque se ha perdido y los historiadores y periodistas de sucesos nacionales no le dedicaron tanto tiempo como a los anteriores casos- es que hubo lumpen juvenil bilbaíno. Ahora el escritor Alvaro Heras-Gröh acomete esta tarea de antropología urbana a través de los recuerdos de los testigos y muchos de los supervivientes de esas noches salvajes y de esas quedadas entre pandillas para pegarse.
Esta es la historia del Morros, el Hojalatas, el Nervios y el Pechines... o del Mascachicles, del cual se decía que era policía. Es una historia de peleas entre bandas con cadenas o nunchakus, de trenes apedreados, atracos a farmacias y muertes violentas.
Gröh había dedicado sus libros anteriores al auge del rock y del punk en el País Vasco de los 80 y al auge de la heroína durante el mismo periodo, pero estos temas tan graves le llevaron a uno más ligero, A TOPE, repleto de batallita del abuelo Cebolleta sobre chavales de Rekalde que cobraban un impuesto especial de protección a los chicos de fuera del barrio que querían salir con una chica local, o trucaban motos. Leyó titilares como 40 POLICÍAS CONTRA 400 CHORIZOS.
Y es que el germen del pandillerismo de Bilbao está en el Barrio de Rekalde a mediados de los años 1950, tras un encontronazo con unos niños de clase alta en el Parque de Santa Casilda, entre los que se encontraba el hijo del gobernador civil. "El Hijísimo acabó en el estanque", escribe Gröh. En 1962, una quedada para pegarse entro los chicos de Rekalde y los del barrio de Masustegui acabó con un muerto de una cuchillada cuando intentaba calmar los ánimos. Fue en el chicharillo de la Casilla.
En 1974 los quinquis de Santutxu y los de San Ignacio hacen una quedada en la playa para pegarse. Iban todos en bañador, pero con cadenas, porras y bates. En 1976 muere un policía de paisano cuando intenta mediar en una pelea en el Arenal entre las bandas de San Ignacio y Zurbarán. Ahí la policía Político- Social se olvidó de los militantes de izquierdas y se centró en los pandilleros de las barriadas obreras de Bilbao por mero corporativismo.
Entonces llega la democracia, el desmantelamiento industrial, los años de plomo de ETA- un muerto o dos cada semana-...y la heroína. "Primero se llenó todo de quinquis que robaban el dinero y arrancaban las cadenas del cuellos a los niños y a la gente por la calle. Ahí ya no eran chavales que podían preparar alguna gamberrada o robar alguna cosa de vez en cuando: eran directamente ladrones y delincuentes !Y algunos eran muy malos!" recuerda una señora que regentaba una mercería en las 80.
Es la época de Cacheiro, la versión bilbaína del Jaro y del Vaquilla, y de los comités de vigilancia ciudadana, que preparaba auténticos linchamientos de chavales. Algunos ven los años 1980 como los tiempos de la Movida pero lo cierto es que fueron convulsos. Una década muy dura si nacías en el barrio equivocado y te juntabas con la gente menos apropiada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario