domingo, 14 de junio de 2026

De Herodes a Custer; cuando la medicina y la psicología modernas intentan interpretar el pasado.

 

Médicos, historiadores y la tentación de “diagnosticar” el pasado

Existe una tradición académica curiosa —y bastante atractiva para la divulgación— en la que médicos, patólogos e historiadores intentan reconstruir enfermedades o incluso estados físicos de personajes históricos a partir de fuentes antiguas. A veces esto ocurre en contextos muy formales (como las Clinical-Pathological Conferences, CPC) y otras en ensayos de psicohistoria o análisis históricos retrospectivos.

Pero hay un matiz importante: no todos estos casos tienen el mismo nivel de rigor ni el mismo estatus científico. Y es ahí donde suelen aparecer confusiones.


Herodes el Grande: cuando un texto antiguo parece una historia clínica

Uno de los casos más conocidos de este tipo de ejercicio académico fue el análisis de la muerte de Herodes el Grande, presentado en una CPC en 2002 y difundido por la periodista Hillary Mayell en National Geographic News.

El material de base no era médico, sino histórico: las descripciones de Flavio Josefo, que narra con detalle los últimos días del rey.

Entre los síntomas descritos se incluyen:

  • picor generalizado intenso
  • dolor abdominal severo
  • dificultad respiratoria
  • edema (hinchazón corporal)
  • convulsiones
  • y una grave lesión final en la zona genital

Con ese conjunto de datos, el equipo médico propuso una hipótesis diagnóstica moderna.

Conclusión del panel (hipótesis, no certeza)

La explicación más plausible fue:

  • insuficiencia renal crónica avanzada (uremia)
  • complicaciones infecciosas terminales, posiblemente una infección necrotizante genital (a veces comparada con gangrena de Fournier)

El punto clave aquí es metodológico: no se “diagnostica” a Herodes como a un paciente real, sino que se propone una interpretación médica probable de un relato histórico incompleto.



Custer en Little Bighorn: donde la historia se mezcla con la psicología popular

En contraste, el caso de George Armstrong Custer es muy distinto y aquí conviene corregir una idea importante: no existió un panel de psiquiatras que le realizara un diagnóstico clínico formal, ni un consenso médico sobre su “estado mental” como explicación de su conducta.

Lo que sí existe es otra cosa:

  • análisis históricos y militares muy extensos
  • interpretaciones psicológicas retrospectivas (psicohistoria)
  • y lecturas populares que tienden a “psicologizar” decisiones militares catastróficas

Qué ocurrió realmente en Little Bighorn (1876)

En la batalla de Little Bighorn, Custer dirigía parte del 7º de Caballería estadounidense.

Correcciones importantes respecto a la versión simplificada:

  • Su fuerza directa era de aproximadamente 210 hombres, no 300
  • Se enfrentó a una fuerza indígena estimada entre 1500 y 3000 guerreros lakota, cheyenne y arapaho, no una cifra fija de 5000
  • El ejército sí contaba con armamento más pesado en la expedición, incluyendo ametralladoras Gatling, pero estas no fueron utilizadas en el ataque inmediato de Custer porque estaban con otras columnas o en retaguardia

¿Decisión irracional o error táctico?

La historiografía militar no habla de “locura” ni de “delirio político”, sino de una combinación de factores bastante humanos:

  • subestimación del tamaño del campamento enemigo
  • información incompleta
  • división de fuerzas en varios destacamentos
  • deseo de atacar rápidamente antes de que el enemigo se reorganizara

Esto produjo una derrota total del destacamento de Custer, pero dentro de un marco de decisiones militares que, aunque erróneas, son explicables sin recurrir a diagnósticos psiquiátricos.


De Herodes a Custer: el problema de “psiquiatrizar” la historia

Estos dos casos muestran algo interesante:

  • En Herodes, la medicina moderna puede aportar hipótesis útiles porque hay un conjunto relativamente rico de síntomas descritos.
  • En Custer, el riesgo es otro: convertir decisiones estratégicas complejas en explicaciones psicológicas simplificadas (ego, locura, megalomanía), sin base clínica real.

En otras palabras:

Una cosa es reconstruir una enfermedad probable a partir de síntomas antiguos.
Otra muy distinta es diagnosticar “estados mentales” históricos como si fueran pacientes modernos.


Idea clave para cerrar el artículo

La frontera entre historia, medicina y psicología es fértil, pero también peligrosa para la divulgación: cuanto más atractiva es una explicación psicológica, más fácil es que simplifique en exceso lo que en realidad fueron contextos políticos, militares y humanos muy complejos.


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