miércoles, 17 de junio de 2026

Las islas que nunca existieron.

 


Las islas que nunca existieron: reconstrucción de la entrevista de Simon Worrall a Malachy Tallack

Por décadas, los mapas fueron considerados retratos objetivos del mundo. Sin embargo, muchos de ellos mostraban territorios que jamás habían existido. Islas fantasma, paraísos míticos, errores de navegación y engaños deliberados poblaron durante siglos la imaginación geográfica de la humanidad.

En una entrevista realizada por el periodista Simon Worrall para National Geographic, el escritor Malachy Tallack explicó cómo surgieron estas geografías imaginarias y por qué, incluso en la era del GPS, siguen fascinándonos.

Una geografía nacida de la imaginación

Tallack sostiene que las islas han sido, desde tiempos remotos, el escenario ideal para proyectar sueños, temores y creencias. Cuando las personas observaban el horizonte desde la costa, resultaba natural imaginar tierras ocultas más allá de lo visible.

Muchas culturas desarrollaron relatos sobre islas que funcionaban como lugares de origen o de destino final. Entre los maoríes, por ejemplo, la legendaria Hawaiki era concebida tanto como la patria ancestral como el lugar al que regresaban los espíritus tras la muerte. Los antiguos griegos hablaban de las Islas de los Bienaventurados, mientras que las tradiciones celtas dieron forma a la célebre Avalon, el lugar donde, según la leyenda, fue llevado el rey Arturo tras su última batalla.

Para Tallack, estos territorios no eran simples fantasías: representaban intentos de explicar lo desconocido y de situar físicamente conceptos tan abstractos como la vida, la muerte o el más allá.

La princesa de una isla inventada

Entre todas las historias recogidas en su libro, Tallack destaca una especialmente singular: la de Javasu, una isla que nunca apareció en ningún mapa y que, aun así, llegó a ser considerada real.

A comienzos del siglo XIX, una joven apareció en el sur de Inglaterra hablando una lengua incomprensible. Un intérprete aseguró entenderla y afirmó que era una princesa procedente de la remota isla de Javasu, en Oriente.

La historia cautivó a la sociedad británica, fascinada entonces por todo lo relacionado con el exotismo oriental. Sin embargo, la verdad era mucho más prosaica: la supuesta princesa era una mujer inglesa llamada Mary Wilcox. El verdadero engaño había sido construido por el hombre que fingió comprender su idioma y que inventó la existencia de Javasu.

La anécdota revela cómo una geografía imaginaria puede llegar a adquirir una apariencia de realidad cuando coincide con los deseos y expectativas de una sociedad.

Islas errantes en los mapas

No todas las islas fantasma nacieron de leyendas. Algunas fueron consecuencia de errores de observación o de los limitados conocimientos náuticos de la época.

Tallack menciona el caso de Los Buenos Jardines (o Los Jardines), un supuesto archipiélago registrado en el Pacífico occidental en el siglo XVI. Durante más de cuatrocientos años permaneció en los mapas. Lo más sorprendente es que, con el paso del tiempo, cambió de posición: distintos cartógrafos lo situaron en lugares diferentes sin que nadie pudiera confirmar su existencia. Finalmente fue eliminado de las cartas hidrográficas en 1973.

Según el autor, este tipo de errores era comprensible en una época en la que los navegantes carecían de métodos precisos para calcular la longitud. Una observación equivocada podía perpetuarse durante generaciones porque los cartógrafos tendían a copiar la información de mapas anteriores.

Sandy Island y la era del “desdescubrimiento”

La historia más reciente de una isla inexistente es también una de las más sorprendentes.

Durante décadas, Sandy Island apareció en cartas náuticas, atlas e incluso en servicios digitales de cartografía. En 2012, una expedición científica australiana decidió comprobar su existencia y descubrió que no había ninguna isla en la posición señalada. Ni siquiera existía una elevación submarina que justificara el error.

Para Tallack, el episodio resulta significativo porque demuestra que incluso los sistemas modernos siguen siendo vulnerables a la transmisión de información incorrecta. Pero también revela algo más profundo: el deseo humano de que todavía existan rincones desconocidos en el planeta.

El autor denomina al siglo XX y comienzos del XXI una época de “desdescubrimiento”, en la que muchos territorios que alguna vez figuraron en los mapas han sido eliminados al demostrarse que nunca existieron.

Más allá de la cartografía

La reflexión final de Tallack va más allá de las islas fantasma. A su juicio, los mapas nunca han sido únicamente herramientas de navegación. También son documentos culturales que reflejan aspiraciones, errores, creencias y mitos.

Las islas inexistentes —desde Avalon hasta Sandy Island— muestran que la geografía no solo describe el mundo físico, sino también la imaginación humana. Aunque los satélites hayan reducido los espacios en blanco del planeta, persiste la fascinación por los lugares imposibles, quizá porque representan la posibilidad de que todavía quede algo por descubrir.

Así, la entrevista de Simon Worrall a Malachy Tallack termina convirtiéndose en algo más que una conversación sobre cartografía: es una exploración de la relación entre la realidad y la imaginación, y de cómo ambas han dibujado, juntas, los mapas de la historia.

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