El reportaje al que te refieres fue publicado originalmente por National Geographic Magazine en 1969, con texto de Joseph Judge y fotografías de Walter Meayers Edwards, con motivo del centenario de la expedición de John Wesley Powell por el río Colorado en 1869. Décadas después, National Geographic History adaptó y recuperó aquel reportaje para una nueva audiencia.
La expedición de 1869: un viaje al territorio desconocido
Powell era un personaje extraordinario. Había perdido el brazo derecho en la Guerra de Secesión, pero esa discapacidad nunca le impidió dirigir expediciones extremadamente arriesgadas. De hecho, en el río remaba y manejaba las embarcaciones con sorprendente destreza utilizando el único brazo que conservaba.
El 24 de mayo de 1869 partió desde Green River (actual Wyoming) con nueve compañeros y cuatro pequeñas embarcaciones de madera. Su objetivo no era simplemente descender el río, sino cartografiar un territorio prácticamente desconocido para la ciencia estadounidense.
Durante los 98 días de viaje sufrieron:
- pérdida de una embarcación en los rápidos de Disaster Falls;
- escasez creciente de alimentos;
- continuos portajes alrededor de rápidos imposibles;
- numerosos vuelcos y casi ahogamientos;
- calor extremo y tormentas.
Cuando llegaron al Gran Cañón apenas conservaban harina mojada, tocino en mal estado y café. Powell describía el cañón como "nuestra prisión de granito", consciente de que una vez dentro prácticamente no existía escapatoria.
El episodio más dramático ocurrió casi al final. Tres hombres (los hermanos Howland y William Dunn), convencidos de que morirían si continuaban río abajo, abandonaron la expedición por tierra en Separation Canyon. Paradójicamente, Powell y los demás sobrevivieron al descenso, mientras que aquellos tres fueron asesinados pocos días después, probablemente por un grupo de indígenas shivwits, aunque las circunstancias exactas siguen siendo objeto de debate histórico.
La expedición de National Geographic de 1969
El objetivo de Joseph Judge y sus compañeros no era repetir una hazaña deportiva sino comprender qué había sentido Powell un siglo antes.
Utilizaron balsas neumáticas modernas, mucho más seguras que las embarcaciones de madera de 1869, pero decidieron seguir prácticamente la misma ruta desde Lees Ferry hasta el final del Gran Cañón.
A lo largo del recorrido:
- leían en voz alta fragmentos del diario de Powell;
- comparaban las descripciones originales con el paisaje actual;
- visitaban exactamente los mismos lugares donde Powell había acampado;
- analizaban los cambios producidos por la construcción de la presa de Glen Canyon.
Aunque el río estaba regulado por la presa, seguían existiendo más de doscientos rápidos importantes, incluido Lava Falls, considerado todavía uno de los más peligrosos. Judge transmite continuamente la mezcla de miedo, fascinación y respeto que produce el río, insistiendo en que el Gran Cañón continúa siendo un lugar donde un error puede resultar fatal.
¿Qué impresión les producen los pueblos indígenas?
Este aspecto ocupa una parte importante del reportaje y resulta especialmente interesante porque refleja la evolución de la arqueología en los años sesenta.
Los anasazi
Los expedicionarios muestran una enorme admiración por los antiguos habitantes del cañón.
Visitan yacimientos excavados recientemente por el arqueólogo Douglas W. Schwartz y describen:
- aldeas de piedra;
- kivas ceremoniales;
- terrazas agrícolas;
- cerámicas;
- viviendas bajo los acantilados.
Subrayan que aquellos pueblos consiguieron desarrollar una agricultura relativamente sofisticada en un entorno extremadamente hostil.
El artículo recuerda que Powell fue uno de los primeros en comprender que aquellas ruinas pertenecían a un pueblo anterior a las tribus históricas conocidas, una intuición notable para su época.
El término "Anasazi"
En 1969 el reportaje utiliza con naturalidad el término "Anasazi", entonces habitual entre los arqueólogos.
Hoy muchos investigadores prefieren hablar de "Ancestral Puebloans" (Pueblo ancestrales), ya que "anasazi", palabra de origen navajo, suele traducirse como "los antiguos enemigos" o "los antiguos", y numerosos pueblos pueblo actuales consideran que ese nombre no refleja adecuadamente su propia historia.
Los pueblos Pueblo modernos
Judge insiste en que no existe una ruptura completa entre el pasado y el presente.
Menciona expresamente a los actuales:
- Pueblo Zuni;
- Hopi Tribe.
Los presenta como herederos culturales de aquellas antiguas civilizaciones, todavía empeñados en conservar ceremonias, lenguas y tradiciones pese a la creciente presión del turismo.
No hay un tono paternalista especialmente acusado; más bien aparece una mezcla de admiración y preocupación por la conservación de su patrimonio cultural.
Los zuñi
Los zuñi aparecen menos como protagonistas directos que como ejemplo de continuidad histórica.
El reportaje señala que:
- mantienen tradiciones religiosas muy antiguas;
- conservan una fuerte identidad cultural;
- ayudan a comprender que las ruinas no pertenecen a una civilización "desaparecida", sino a los antepasados de comunidades todavía vivas.
En este sentido, Judge se aparta de la visión romántica del siglo XIX que presentaba a los anasazi como un "pueblo misteriosamente extinguido".
Un descubrimiento arqueológico fascinante
Uno de los pasajes más interesantes describe unas pequeñas figuras de ramas de sauce encontradas en cuevas del Gran Cañón durante los años treinta y cincuenta.
Las dataciones mediante carbono-14 realizadas por Schwartz sorprendieron enormemente porque situaban algunas de ellas hacia 1580 a. C., mucho antes de la presencia conocida de los pueblos pueblo.
Judge presenta este hallazgo como uno de los grandes misterios arqueológicos del cañón y reconoce que entonces nadie sabía con certeza quiénes habían fabricado aquellas figuras rituales.
El mensaje final del reportaje
Más que un relato deportivo, el artículo termina siendo una reflexión sobre tres exploraciones distintas:
- la geográfica de Powell, que convirtió un espacio desconocido en territorio cartografiado;
- la arqueológica, que permitió reconstruir miles de años de ocupación humana;
- la emocional, experimentada por los propios expedicionarios de 1969, quienes descubren que el Gran Cañón sigue produciendo el mismo sentimiento de pequeñez y asombro que describió Powell un siglo antes.
El resultado es un reportaje que combina aventura, historia, geología y arqueología, y que transmite la idea de que el verdadero protagonista no es el explorador, sino el propio Gran Cañón: un paisaje capaz de poner a prueba tanto la resistencia física como la comprensión histórica del ser humano.

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