Entrevista a Kurt Wentzel: Berlín, una ciudad dividida
Entrevistador: Señor Wentzel, usted visitó Berlín poco después de la construcción del Muro en 1961. ¿Cuál fue la primera impresión que le produjo?
Kurt Wentzel: La sensación era la de una ciudad amputada de la noche a la mañana. Calles interrumpidas por alambradas y bloques de hormigón, familias separadas y una tensión permanente. No era únicamente una frontera: era una barrera que dividía barrios, viviendas e incluso vidas enteras.
Entrevistador: En aquellos primeros días hubo intentos desesperados de escapar.
Kurt Wentzel: Sí. Uno de los casos más impactantes fue el de un hombre que, atrapado en un edificio cuya fachada daba hacia Berlín Occidental, decidió saltar desde un segundo piso para alcanzar la libertad. La caída le rompió las dos piernas, pero consiguió llegar al sector occidental. Fue atendido por los servicios de emergencia y, pese a las graves lesiones, pudo considerarse libre. Aquellas escenas reflejaban hasta qué punto muchas personas estaban dispuestas a arriesgarlo todo con tal de abandonar la República Democrática Alemana.
Entrevistador: ¿Cómo reaccionaron las autoridades de Berlín Oriental ante ese tipo de fugas?
Kurt Wentzel: Actuaron con rapidez. Las ventanas y accesos de las plantas bajas y de los primeros y segundos pisos de los edificios situados junto a la frontera fueron tapiados. El objetivo oficial era impedir nuevas evasiones y evitar que la influencia de Berlín Occidental llegara al Este. Edificios que durante décadas habían formado parte de una misma ciudad quedaron convertidos en auténticas fortalezas.
Entrevistador: En ese contexto, ¿qué papel desempeñó la emisora RIAS?
Kurt Wentzel: La emisora RIAS, que transmitía desde Berlín Occidental, era una importante fuente de información para muchos habitantes del Este. Sus emisiones ofrecían noticias y programas alternativos a la información oficial del régimen comunista. Precisamente por ello, las autoridades de la RDA la consideraban un instrumento de propaganda occidental e intentaban dificultar que su señal llegara a la población.
Entrevistador: Usted también tuvo problemas con las autoridades de Berlín Oriental.
Kurt Wentzel: Durante mi trabajo periodístico fui detenido e interrogado por los llamados Volkspolizisten, los "vopos", la policía popular de la RDA. Aquella experiencia me hizo percibir un sistema basado en el control constante, la vigilancia y la intimidación. En mi relato expresé la impresión personal de que algunos de sus métodos me recordaban a los empleados por los antiguos nazis, una comparación nacida de lo que presencié durante aquellos días de enorme tensión política.Entrevistador: Usted mismo llegó a ser detenido mientras realizaba el reportaje. ¿Qué ocurrió exactamente?
Kurt Wentzel: Me encontraba fotografiando el recién levantado Muro de Berlín y las fortificaciones que comenzaban a transformar la ciudad. Como periodista y fotógrafo, mi intención era documentar aquellos acontecimientos para que los lectores pudieran comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, apenas había tomado unas cuantas imágenes cuando varios miembros de la Volkspolizei, los conocidos "vopos", se acercaron con rapidez y me exigieron la documentación.
Entrevistador: ¿Le explicaron el motivo?
Kurt Wentzel: Fotografiar instalaciones fronterizas era considerado una actividad sospechosa por las autoridades de la República Democrática Alemana. Los agentes afirmaron que estaba obteniendo imágenes de una zona militarmente sensible. Fui separado del resto de personas que se encontraban allí y conducido para ser interrogado.
Entrevistador: ¿Intervino también la Stasi?
Kurt Wentzel: Sí. Poco después aparecieron funcionarios del Ministerio para la Seguridad del Estado, la Stasi. Su forma de actuar era meticulosa y fría. Querían saber quién era, para quién trabajaba, qué fotografías había tomado, qué pretendía publicar y con quién había hablado durante mi estancia en Berlín. Cada respuesta parecía dar lugar a nuevas preguntas. Revisaron cuidadosamente mi equipo fotográfico y examinaron los carretes como si cada imagen pudiera contener información de valor estratégico.
Entrevistador: ¿Cómo recuerda aquel interrogatorio?
Kurt Wentzel: Lo que más impresionaba no eran los gritos ni la violencia física, sino la atmósfera. Todo estaba diseñado para hacer sentir al detenido que se encontraba completamente a merced del Estado. Las preguntas se repetían una y otra vez, buscando cualquier contradicción. La sensación era que cualquier explicación podía interpretarse como una prueba de espionaje o de colaboración con Occidente.
Entrevistador: ¿Qué impresión le dejaron los agentes?
Kurt Wentzel: En mi reportaje escribí que algunos de los métodos empleados por los vopos y los hombres de la Stasi me recordaban a los utilizados por los organismos represivos del régimen nazi. No me refería necesariamente a las personas, sino a la forma en que un Estado policial convierte la vigilancia, el miedo y la obediencia absoluta en instrumentos cotidianos de control. Para alguien que había conocido la Alemania del Tercer Reich, aquella semejanza resultaba inquietante.
Entrevistador: ¿Pudo conservar las fotografías?
Kurt Wentzel: Algunas imágenes fueron revisadas detenidamente antes de que me permitieran marcharme. Durante todo el proceso tuve la impresión de que el verdadero objetivo no era únicamente impedir determinadas fotografías, sino enviar un mensaje muy claro a cualquier periodista extranjero: en Berlín Oriental cada movimiento era observado y cualquier intento de documentar la realidad podía convertirse, de un momento a otro, en motivo de detención. Esa experiencia me permitió comprender que el Muro no era solo una barrera de hormigón y alambradas; también representaba un sistema basado en la vigilancia permanente y el control de la información
Entrevistador: En sus crónicas también aparecen escenas cotidianas en los puestos fronterizos.
Kurt Wentzel: Eran controles exhaustivos. Se registraban embarcaciones que navegaban por las aguas divididas de Berlín, se inspeccionaban vehículos y peatones y se examinaba cualquier objeto susceptible de ser introducido clandestinamente en uno u otro sector. Resultaba llamativo comprobar que entre el contrabando figuraban artículos tan corrientes como pastillas de jabón o prendas íntimas femeninas, bienes muy apreciados debido a la escasez existente en el Este.
Entrevistador: Incluso los lugares de recreo parecían afectados por la Guerra Fría.
Kurt Wentzel: Así era. En el lago Wannsee, muy frecuentado por los berlineses occidentales, podían verse aviones militares del bloque comunista realizando vuelos a baja altura cerca de la frontera. Aquellas pasadas eran interpretadas por muchos como maniobras destinadas a intimidar y recordar que el conflicto entre los dos bloques estaba presente incluso en los momentos de ocio.
Entrevistador: Después de todo lo que vio, ¿con qué imagen se quedó de Berlín?
Kurt Wentzel: Con la de una ciudad donde la vida cotidiana se había convertido en un escenario de la Guerra Fría. Cada ventana tapiada, cada control fronterizo y cada intento de fuga hablaban del coste humano que suponía la división de Alemania. El Muro no solo separó dos sistemas políticos; también separó familias, vecinos y proyectos de vida.

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