¿Se usó pasta de arroz como elemento de construcción en la antigua China? Quiero saber quién descubrió esto, cómo se preparaba esta pasta de arroz y en qué construcciones del patrimonio arquitectónico chino está presente. En español coloquial no esquematizado.
Sí, y es una de esas historias de la ingeniería antigua que parecen casi una leyenda hasta que la ciencia moderna las confirmó. Lo que se utilizó no era simplemente "pasta de arroz" como si fuera un pegamento de cocina, sino un mortero elaborado con cal apagada mezclada con una sopa espesa de arroz glutinoso (el arroz pegajoso, muy rico en amilopectina). Esa combinación dio lugar a uno de los morteros más resistentes del mundo antiguo.
Lo curioso es que no hubo una persona que "descubriera" esta técnica en el sentido moderno. Surgió durante la dinastía Ming, aproximadamente entre los siglos XIV y XVII, cuando los constructores chinos comenzaron a mezclar la cal con la papilla de arroz para mejorar las propiedades del mortero. Probablemente fue el resultado de la experiencia acumulada de los albañiles y artesanos, más que de un inventor concreto. Lo que sí tiene autor es el descubrimiento científico moderno de por qué funcionaba tan bien. A comienzos del siglo XXI, un grupo de investigadores chinos dirigido por el profesor Bingjian Zhang analizó muestras históricas y demostró que la mezcla era un material compuesto extraordinariamente avanzado para su época. Descubrieron que las moléculas de amilopectina del arroz interactuaban con los cristales de carbonato cálcico de la cal, formando una estructura mucho más resistente y menos permeable al agua.
La preparación tampoco era complicada, aunque sí requería paciencia. Primero se cocía arroz glutinoso durante bastante tiempo hasta obtener una especie de gachas muy espesas y pegajosas. Esa pasta se trituraba o removía hasta conseguir una textura homogénea. Paralelamente se preparaba la cal apagada, obtenida al hidratar óxido de calcio. Después ambas sustancias se mezclaban en proporciones que podían variar según la región o el tipo de obra. El resultado era un mortero blanco, muy adhesivo y sorprendentemente duradero.
La ventaja de este material era enorme. Era más resistente que un mortero de cal convencional, soportaba mejor los terremotos, resistía la lluvia y dificultaba el crecimiento de microorganismos. Muchas estructuras construidas con este mortero han sobrevivido siglos prácticamente intactas, incluso en zonas húmedas.
En cuanto a los edificios donde está presente, aparece en bastantes monumentos históricos chinos. Uno de los ejemplos más conocidos son numerosas secciones de la Gran Muralla China reconstruidas durante la dinastía Ming. Aunque la muralla es mucho más antigua en su origen, muchas de las partes que hoy visitan los turistas fueron levantadas o restauradas con este mortero de arroz y cal.
También se ha identificado en las murallas de ciudades históricas como las de Muralla de Nankín, una de las mayores fortificaciones urbanas medievales del mundo. Igualmente aparece en puentes de piedra, pagodas, tumbas imperiales, fortalezas y templos construidos o restaurados durante las dinastías Ming y Qing.
En el complejo de Ciudad Prohibida también se han encontrado morteros de este tipo en diversas intervenciones constructivas y de restauración, al igual que en partes del Templo del Cielo. Los especialistas en conservación siguen estudiando este material porque, para restaurar estos monumentos, es importante utilizar mezclas compatibles con las originales.
Lo fascinante es que, desde el punto de vista de la ciencia de materiales, este mortero se considera uno de los primeros materiales compuestos diseñados por el ser humano. Hoy sabemos que no era una simple mezcla artesanal: el almidón del arroz modificaba la formación de los cristales de la cal, creando una microestructura mucho más compacta y resistente. En cierto modo, los constructores chinos desarrollaron hace más de seiscientos años una tecnología que la química solo ha podido explicar con detalle en tiempos recientes.

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