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miércoles, 29 de julio de 2026

EL DÍA DE LA BESTIA y el terror satánico de finales del siglo XX.

 


Bilbao, finales de los años noventa. En un rincón tranquilo del bar Social, las paredes están cubiertas de carteles de conciertos, festivales de cine y viejas campañas políticas. José Félix termina de pegar uno anunciando un ciclo de cine fantástico. Arancha observa divertida mientras su hermano, el director Álex de la Iglesia, apura un café.

Álex: Bueno, ya que estamos aquí… ¿sabéis por qué El día de la Bestia parece tan exagerada y, al mismo tiempo, tan cercana?

Arancha: Porque tú siempre has tenido tendencia a mezclar el Apocalipsis con el humor negro.

Álex (riendo): También. Pero la película nace de una España muy concreta. A mediados de los noventa había un ambiente muy curioso. La televisión hablaba continuamente de sectas, satanismo, profecías del fin del mundo, exorcismos… Todo eso convivía con una sociedad que empezaba a modernizarse muy deprisa.

José Félix: Yo me acuerdo de ver programas donde parecía que había cultos satánicos escondidos en cualquier pueblo.

Álex: Exacto. Había una especie de "terror satánico" importado en parte de Estados Unidos, pero adaptado aquí. Muchos rumores, sucesos magnificados por algunos medios y una fascinación enorme por lo oculto. No es que España estuviera dominada por satanistas; era más bien una mezcla de miedo, sensacionalismo y cultura popular.

Arancha: Y por eso sitúas el nacimiento del Anticristo en Madrid.

Álex: Claro. Si el Apocalipsis ocurriera de verdad, ¿por qué tendría que empezar en Nueva York o en Jerusalén? Me hacía gracia imaginar que sucediera entre antenas de televisión, edificios en construcción y una ciudad caótica como el Madrid de los noventa.

José Félix deja el cubo de cola en el suelo.

José Félix: Pero el cura de la película no parece el típico héroe.

Álex: Porque quería romper con los clichés. Es un sacerdote que decide hacer el mal para impedir el Mal absoluto. Moralmente es un desastre, pero humanamente resulta cercano. El héroe clásico no habría funcionado.

Arancha: Y luego está el presentador de televisión esotérica…

Álex: Ese personaje resume otra obsesión de la época. Había programas nocturnos sobre ovnis, espiritismo, parapsicología, tarot… Algunos eran rigurosos dentro de sus posibilidades y otros convertían cualquier misterio en espectáculo. Yo exageré todo eso hasta convertirlo en una comedia negra.

José Félix: O sea, que la película se ríe del miedo.

Álex: Exactamente. El miedo siempre funciona mejor cuando también te hace sonreír.

José Félix mira el cartel recién colocado.

José Félix: ¿Y de dónde sacaste tantas ideas? Porque la película parece una mezcla imposible.

Álex sonríe.

Álex: Porque lo es. Bebí de muchísimas fuentes.

Levanta los dedos mientras enumera.

Álex: Del cine fantástico italiano, de directores como Dario Argento o Mario Bava.

Del terror moderno de John Carpenter, especialmente esa mezcla de horror y sentido del espectáculo.

De la violencia estilizada de Sam Raimi.

Del humor absurdo de los cómics españoles.

De la estética punk, el heavy metal y las portadas de discos.

De las novelas de Stephen King.

Y, por supuesto, de clásicos como The Omen, The Exorcist y Rosemary's Baby.

Arancha: También hay mucho cómic.

Álex: Muchísimo. Yo empecé dibujando. Mi manera de encuadrar, de exagerar los personajes y de convertir Madrid en una ciudad casi fantástica viene directamente del lenguaje del cómic.

José Félix permanece unos segundos en silencio.

José Félix: Entonces… cuando yo veía la película pensaba que todo aquello era una locura inventada.

Álex: Lo era… pero construida con piezas reales. Coges el miedo al fin del milenio, las teorías conspirativas, el sensacionalismo televisivo, la cultura del heavy metal, el cine de terror clásico y el humor español. Lo mezclas todo… y obtienes una historia donde el Anticristo puede nacer en una Nochebuena cualquiera.

Arancha sonríe.

Arancha: En el fondo, la película dice que el verdadero caos ya estaba aquí antes de que llegara el Diablo.

Álex asiente.

Álex: Exacto. El demonio sólo tenía que aparecer en una sociedad que ya vivía rodeada de ruido, televisión, consumismo y supersticiones. Ese era el verdadero paralelismo. No hablaba tanto del fin del mundo como de la España que estaba entrando en el siglo XXI con todos sus miedos y contradicciones.

José Félix observa el cartel recién pegado.

José Félix: Pues visto así… da más miedo la realidad que la propia Bestia.

Álex sonríe.

Álex: Esa era precisamente la idea.

El ambiente en el teatro se ha vuelto más tranquilo. Afuera empieza a anochecer. José Félix coloca el último cartel mientras intenta no mirar demasiado a Arancha. Ella, sin darse cuenta o fingiendo no darse cuenta, le acerca un café.

Arancha: Toma. Llevas toda la tarde pegando carteles.

José Félix sonríe con timidez.

José Félix: Gracias...

Álex observa la escena con una sonrisa apenas perceptible antes de retomar la conversación.

Álex: Hay otra cosa que explica por qué El día de la Bestia conectó con tanta gente. No apareció en el vacío. Llegó cuando la sociedad llevaba años oyendo historias sobre satanismo.

José Félix: ¿Historias de verdad?

Álex: Algunas sí. Otras eran exageraciones. Y otras acabaron demostrando que nunca existieron.

Hace una pausa.

Álex: Mira Estados Unidos. El juicio de la guardería Ray Buckey y el llamado caso McMartin Preschool. Durante años hubo acusaciones de túneles secretos, sacrificios rituales, vuelos en escoba... La prensa convirtió aquello en un espectáculo enorme. Al final, después de uno de los procesos judiciales más largos y caros de la historia del país, nadie pudo demostrar aquellas supuestas ceremonias satánicas.

Arancha: O sea... el miedo acabó siendo más poderoso que las pruebas.

Álex: Exactamente.

Se inclina hacia delante.

Álex: En Italia ocurrió algo parecido con el llamado caso de Bassa Modenese. Durante los noventa y principios de los dos mil circularon acusaciones terribles sobre supuestas redes satánicas y abusos rituales. Fue un escándalo enorme, muy mediatizado, y con el tiempo muchas actuaciones judiciales y testimonios quedaron profundamente cuestionados. Ahí ves cómo el miedo colectivo puede llegar a deformar la realidad.

José Félix escucha fascinado.

José Félix: ¿Y aquí?

Álex asiente.

Álex: Aquí también hubo sucesos que alimentaban ese ambiente. Por ejemplo, el caso de las llamadas "brujas de San Fernando", Iria y Raquel. Más allá de los hechos investigados por la justicia, muchos medios insistían una y otra vez en presentarlo todo bajo una estética de satanismo, rituales y ocultismo. Aquello vendía muchísimo.

Arancha: La televisión parecía disfrutar asustando a la gente.

Álex: Porque el miedo da audiencia.

Hace otra pausa.

Álex: Luego vino el asesinato cometido por Javier Rosado. Fue un crimen real, brutal, pero enseguida apareció otro fenómeno: parte de la opinión pública señaló al rol, la literatura fantástica y determinadas aficiones juveniles como si fueran responsables del asesinato. Era otra forma de buscar un demonio sencillo.

José Félix frunce el ceño.

José Félix: Como si fuera más fácil culpar a un juego que entender por qué una persona mata.

Álex: Exacto.

Álex golpea suavemente la mesa.

Álex: Y ahí está el paralelismo con El día de la Bestia. La película juega constantemente con esa necesidad de encontrar culpables sobrenaturales. Mientras todos buscan al Diablo, casi nadie mira la televisión basura, la codicia, el fanatismo o la estupidez humana.

Arancha sonríe.

Arancha: Al final el Mal siempre parece mucho más... cotidiano.

Álex: Esa era la gracia. El Anticristo podía nacer entre anuncios luminosos, tertulias nocturnas y centros comerciales.

José Félix mira a Arancha un instante más de lo debido.

Ella levanta la vista.

Durante apenas dos segundos ninguno dice nada.

Álex carraspea con una media sonrisa.

Álex: También por eso quise que los protagonistas fueran personas normales. Gente que se cruza cada día sin darse cuenta de lo importantes que pueden llegar a ser unos para otros.

José Félix baja inmediatamente la mirada.

José Félix: Supongo que... a veces uno tarda mucho en decir ciertas cosas.

Arancha mantiene la taza entre las manos.

Arancha: ¿Como cuáles?

José Félix vacila.

José Félix: Nada... tonterías.

Álex contempla la escena como si estuviera viendo un plano de una película.

Álex: El cine fantástico funciona igual que la vida. Todos creen que la historia trata del Diablo... y, al final, descubres que lo que realmente te importa es quién estaba sentado a tu lado todo ese tiempo.

Arancha sonríe con una ternura casi imperceptible.

No responde.

Pero, al levantarse para irse, recoge sin decir una palabra el cubo de cola de José Félix para ayudarle.

Él tarda un segundo en reaccionar.

Después caminan juntos hacia la puerta del Social, hablando de cosas sin importancia.

Álex los observa alejarse y murmura para sí:

—Siempre he pensado que las historias de terror funcionan mejor cuando, debajo de toda la sangre y todos los demonios, hay alguien enamorado que todavía no se atreve a decirlo.

Álex deja la taza sobre el plato.

Álex: Hay una cosa que siempre me ha divertido de la película y que mucha gente pasa por alto.

José Félix: ¿Cuál?

Álex: Que el espectador entra esperando una historia donde el peligro venga de pentagramas, invocaciones y sacrificios. Pero enseguida descubre otra cosa.

Arancha lo mira con curiosidad.

Arancha: ¿Que el auténtico infierno está en la calle?

Álex asiente.

Álex: Exacto. Los héroes son dos personas que, según muchos prejuicios de la época, no deberían ser héroes.

Levanta dos dedos.

Álex: Un sacerdote católico que cree hasta las últimas consecuencias en el bien, aunque tenga que ensuciarse las manos para impedir un mal mayor...

...y un heavy metalero, ruidoso, extravagante y lleno de tatuajes, al que la sociedad probablemente miraría con desconfianza.

José Félix sonríe.

José Félix: El que todos señalarían como sospechoso.

Álex: Justo. Durante aquellos años había quien asociaba el heavy con el satanismo, la violencia o las sectas. A mí me hacía gracia darle la vuelta: el supuesto "adorador del Diablo" acaba siendo quien se juega la vida para salvar a los demás.

Arancha: Mientras que quienes parecen respetables...

Álex completa la frase.

Álex: ...no siempre lo son.

Se queda pensativo unos segundos.

Álex: Hay una escena que resume muy bien la idea.

José Félix: Los cabezas rapadas.

Álex asiente despacio.

Álex: Sí. No aparecen como caricaturas sobrenaturales. Son seres humanos que han elegido el odio. Persiguen inmigrantes, atacan a quienes consideran débiles y convierten la violencia en una forma de identidad.

Hace un gesto con la mano.

Álex: Ahí está el verdadero demonio. No hace falta que tenga cuernos.

Arancha baja la mirada.

Arancha: Porque el mal auténtico no necesita magia.

Álex: Exacto. Puede vestir botas militares, llevar la cabeza rapada y creer que pegar a un extranjero o a alguien indefenso le convierte en más fuerte.

José Félix recuerda la escena.

José Félix: Y el cura y el heavy son quienes se enfrentan a ellos.

Álex: Porque me interesaba desmontar prejuicios. El sacerdote representa la compasión. El heavy representa a una subcultura demonizada injustamente. Los violentos representan el odio organizado.

Sonríe.

Álex: Eso tiene más fuerza dramática que poner simplemente un monstruo con cuernos.

José Félix mira de reojo a Arancha.

José Félix: Es curioso...

Arancha: ¿Qué?

José Félix: Que quienes hablan continuamente del Demonio casi nunca ven el mal cuando lo tienen delante.

Álex señala a José Félix con el dedo.

Álex: Esa frase podría haber estado en el guion.

Hace una pausa antes de concluir.

Álex: Siempre pensé que el Anticristo era una excusa narrativa. El espectador entra buscando al Diablo y termina encontrándose con algo más incómodo: la intolerancia, el fanatismo y la violencia que ejercen personas corrientes. El monstruo sobrenatural pertenece al cine. Los monstruos capaces de perseguir al diferente, al inmigrante o al más vulnerable pertenecen a la realidad.

El silencio dura unos segundos.

Arancha rompe la tensión con una sonrisa dirigida a José Félix.

Arancha: Al final va a resultar que los dos héroes más improbables de Madrid eran un cura... y un heavy.

José Félix sonríe.

José Félix: Supongo que los héroes casi nunca se parecen a los de los carteles.

Álex los mira a ambos con una expresión cómplice.

Álex: Ni los demonios tampoco. Ahí estaba la verdadera película. El Apocalipsis era el envoltorio; el corazón de la historia era preguntarse quién decide proteger a los demás y quién decide convertir el odio en una forma de vida.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

MASTER AND COMANDER, de Peter Weir.

 


Master and Commander: The Far Side of the World (Peter Weir, 2003) es una de las recreaciones cinematográficas más serias y respetuosas del mundo naval napoleónico, pero, como toda obra de ficción histórica, presenta agujeros de guion, licencias naturalistas y simplificaciones geopolíticas, especialmente si se la observa con lupa en el contexto de 1804–1805, cuando Europa estaba inmersa en la fase más tensa de las guerras napoleónicas.

Contexto histórico general (1804)

En 1804 Napoleón Bonaparte se proclama Emperador de los franceses, y Gran Bretaña se encuentra prácticamente sola frente a Francia tras la breve paz de Amiens (1802–1803). La Royal Navy es el instrumento clave del poder británico: controla rutas comerciales, bloquea puertos franceses y persigue corsarios. El mundo marítimo que muestra la película —aislado, brutal, jerárquico y obsesionado con el honor— es históricamente verosímil, aunque condensado para fines narrativos.


Agujeros y licencias históricas

Uno de los elementos más discutidos es la ambigüedad temporal y espacial. La película nunca fija con precisión el año, pero el tipo de guerra, los uniformes y el estado de la marina británica apuntan claramente a 1805. Sin embargo, el antagonista, el Acheron, es presentado como un buque francés de diseño casi “protoindustrial”, más rápido y tecnológicamente avanzado que cualquier navío británico. En la realidad, la marina francesa no tenía una ventaja tecnológica clara sobre la Royal Navy en ese momento; de hecho, sufría problemas crónicos de tripulación, financiación y entrenamiento. El Acheron funciona más como un villano narrativo que como una representación fiel del poder naval francés.

Otro punto problemático es la duración y el alcance de la persecución. El HMS Surprise persigue al Acheron desde el Atlántico hasta el cabo de Hornos y el Pacífico sin apenas apoyo logístico, algo extremadamente difícil en la realidad. Los navíos de la época dependían de puertos aliados, reabastecimiento constante y comunicaciones lentísimas. La película comprime meses —o incluso más de un año— de navegación en una sensación de continuidad casi inmediata.

También hay una idealización del control absoluto del capitán. Aunque Jack Aubrey está inspirado en oficiales reales (especialmente en Thomas Cochrane), su capacidad para mantener disciplina, moral y eficacia durante una misión tan prolongada roza lo inverosímil. En la práctica, las tripulaciones sufrían motines, enfermedades, deserciones y tensiones sociales mucho más graves de lo que el film sugiere.


Naturalismo y ciencia: precisión y concesiones

El tratamiento del naturalismo —especialmente a través del personaje de Stephen Maturin— es uno de los aspectos más cuidados, pero no está exento de licencias. La expedición a las islas Galápagos, por ejemplo, es anacrónica en términos de relevancia científica: en 1804 aún no existía el marco teórico que daría sentido a esas observaciones (Darwin llegará décadas después). Maturin representa una ciencia adelantada a su tiempo, más cercana al naturalismo ilustrado tardío que a la práctica común de los cirujanos navales.

La famosa escena de las tortugas gigantes y la fascinación por la biodiversidad es históricamente plausible, pero su peso simbólico está claramente amplificado para contraponer ciencia y guerra, razón y violencia. En la realidad, un capitán británico difícilmente habría tolerado una interrupción prolongada de una misión militar crítica por motivos científicos.


Geopolítica: simplificación y sesgo británico

Desde el punto de vista geopolítico, la película presenta una visión muy anglocéntrica del conflicto. Francia aparece casi exclusivamente como una amenaza abstracta, sin rostro político ni motivaciones estratégicas claras. No se menciona el contexto continental: la Tercera Coalición, las guerras en Europa Central, ni la tensión previa a Trafalgar. El conflicto se reduce a una caza personal en alta mar, lo que refuerza el tono de aventura clásica pero empobrece la comprensión histórica.

Además, se omite el papel de España, aliada de Francia desde 1804, a pesar de que gran parte de las operaciones navales británicas se centraban precisamente en debilitar esa alianza. La ausencia española es una simplificación narrativa notable.


El mayor “agujero”: el final

El giro final —cuando Aubrey descubre que el capitán francés ha sobrevivido disfrazado de médico— es eficaz cinematográficamente, pero plantea problemas de credibilidad histórica. La facilidad del engaño, el desconocimiento prolongado del capitán enemigo y la rápida reanudación de la persecución ignoran las estrictas normas de identificación, prisioneros y control sanitario de la época.


Conclusión

Master and Commander no es una película históricamente falsa, pero sí selectivamente verosímil. Peter Weir sacrifica precisión logística, complejidad geopolítica y rigor cronológico en favor de una experiencia inmersiva que transmite muy bien el espíritu del mundo naval británico de principios del siglo XIX. Sus “agujeros” no son errores por ignorancia, sino decisiones conscientes para construir un relato épico, casi mitológico, sobre el deber, la ciencia y el imperio en el umbral de la modernidad.

Si quieres, puedo profundizar solo en los errores navales técnicos, o comparar la película con las novelas de Patrick O’Brian y señalar qué cambios introdujo el guion.

Creo que Valparaíso, dónde envían la Acheron, es un puerto bajo control español. Es imposible que mandasen la Acheron capturada allí porque equivaldría a devolver a los franceses un arma de alta tecnología,

Tu observación es muy acertada, y aquí sí entramos en uno de los agujeros geopolíticos más serios de Master and Commander.

En 1804–1805, Valparaíso era un puerto del Imperio español, dependiente del Virreinato del Perú. Y, además, España no era neutral de facto: tras el tratado de San Ildefonso, España era aliada de Francia. Así que, efectivamente, enviar la Acheron capturada a Valparaíso sería estratégicamente absurdo para la Royal Navy.

Históricamente, eso equivaldría a:

  • Entregar un buque enemigo intacto a un aliado directo de Francia.

  • Permitir que oficiales franceses recuperaran la nave.

  • Facilitar el estudio de una supuesta “ventaja tecnológica” por parte del bloque franco-español.
    En términos militares del siglo XIX, sería casi traición por negligencia.

¿Qué habría sido lo correcto históricamente?

Un buque francés capturado debía:

  • Ser enviado a un puerto británico (Cádiz no, por razones obvias).

  • O, si eso no era viable, a un puerto aliado fiable (por ejemplo, puertos portugueses).

  • O ser desmantelado, quemado o hundido tras retirar artillería y documentos.

La Royal Navy era obsesiva con esto. Los “prize ships” eran botines valiosos, pero solo si podían asegurarse. En el Pacífico, donde Gran Bretaña tenía presencia mínima, capturar una nave enemiga solía implicar destruirla, no escoltarla a un puerto hostil.

¿Por qué la película toma esa decisión?

Aquí entra la lógica narrativa por encima de la histórica. Valparaíso se presenta como:

  • Un puerto “civilizado” y reconocible.

  • Un lugar dramáticamente útil para cerrar la caza.

  • Un espacio que permite la ilusión de neutralidad, aunque no lo fuera en absoluto.

La película suaviza deliberadamente la realidad del imperio español en América, presentándolo como un telón de fondo casi invisible. En la práctica, los británicos veían esos puertos como territorio enemigo potencial.

Matiz importante

El Pacífico era una zona gris. Existía contrabando, corrupción, tolerancia interesada de autoridades coloniales… pero eso no aplica a un navío de guerra capturado. Una cosa era comerciar en la sombra; otra muy distinta introducir un buque militar francés intacto en un puerto español.

Conclusión

Tienes razón: es uno de los mayores fallos geopolíticos del film. La Acheron jamás habría sido enviada a Valparaíso bajo control español sin provocar un incidente diplomático inmediato o, directamente, la recuperación del buque por fuerzas franco-españolas. Es un ejemplo claro de cómo Master and Commander prioriza el cierre dramático sobre la coherencia estratégica real.

Si quieres, puedo reconstruir qué habría pasado en la realidad con una captura así en el Pacífico, o señalar otros momentos donde España “desaparece” del mapa en la película cuando históricamente era clave.

Creo que en el filme un suboficial no se adapta a la vida en el mar y se suicida. ¿Qué haría un oficial comandante de la Royal Marine en esa situación en 1804?

Sí, lo recuerdas bien. En Master and Commander el marinero/suboficial Hollom (no es Royal Marine, sino oficial menor de la Marina, un midshipman tardío o mate frustrado) se suicida arrojándose al mar. Y lo interesante es que la película, aunque sobria, suaviza bastante lo que habría ocurrido en 1804.

Vamos a la realidad histórica.

En 1804, dentro de la Royal Navy (y también entre los Royal Marines embarcados), el suicidio no se entendía como un problema psicológico, sino como una falta moral, religiosa y disciplinaria.


La respuesta inmediata del mando

Un capitán (o el comandante del destacamento de Royal Marines, si el fallecido lo fuera) habría actuado con frialdad reglamentaria:

  • No se consideraba una “muerte honorable”.

  • El cuerpo, si se recuperaba, no recibía funeral naval con honores.

  • El suicida era registrado oficialmente como muerto “por su propia mano”, lo cual tenía consecuencias administrativas.

En muchos casos, si el cadáver no se recuperaba (como en el filme), se hacía una declaración formal ante el oficial de guardia y el cirujano del barco.


Consecuencias disciplinarias y simbólicas

Aquí la película es claramente benévola.

Históricamente:

  • El suicida podía ser considerado culpable post mortem de cobardía o deserción moral.

  • Sus pertenencias podían ser confiscadas.

  • A la familia se le podía negar la paga pendiente o compensación.

  • El nombre del fallecido se eliminaba del libro de tripulación sin elogios.

En tierra, el suicidio era delito civil; en el mar, era un escándalo disciplinario.


El papel de los Royal Marines

Si el fallecido hubiera sido un Royal Marine (un infante de marina, no el caso del filme), la reacción habría sido incluso más dura:

  • El comandante del destacamento habría informado al capitán.

  • El hecho se habría tratado como una falla de disciplina militar, no como tragedia personal.

  • Se habría reforzado la vigilancia del resto del destacamento para evitar “contagio moral”.

Los Marines estaban ahí, precisamente, para mantener el orden y prevenir motines. Un suicidio era visto como síntoma peligroso de debilidad colectiva.


¿Y el capitán Aubrey?

Aquí es donde Weir se separa conscientemente de 1804.

Aubrey muestra:

  • Silencio respetuoso.

  • Una suerte de duelo tácito.

  • Ningún castigo simbólico adicional.

En la realidad, un capitán eficaz habría:

  • Pronunciado una amonestación pública recordando el deber, el honor y la obediencia.

  • Reforzado la disciplina inmediatamente después.

  • Evitado cualquier ritual que pudiera interpretarse como compasión pública.

Mostrar empatía abierta habría sido visto como peligroso para la autoridad.


¿Por qué la película cambia esto?

Porque Master and Commander mira el siglo XIX con sensibilidad del siglo XXI. El suicidio se presenta como resultado del aislamiento, la superstición y la presión social, no como pecado o delito.

Eso hace al filme más humano… pero menos fiel a la mentalidad de 1804.


Conclusión

En 1804, un comandante de la Royal Navy o de los Royal Marines no habría “acompañado” emocionalmente el suicidio. Lo habría tratado como una falta grave que debía cerrarse rápido, sin honra, sin ritual y con refuerzo inmediato de la disciplina. La película opta por la compasión silenciosa para no romper la empatía del espectador moderno, aun a costa de traicionar la dureza moral de la época.

En Master and Commander, el marinero Joe Plaice agrede a Hollom y provoca un altercado abierto, motivado por superstición, duelo personal y resentimiento. Dramáticamente funciona. Históricamente, eso roza —y cruza— la línea del motín, aunque sea individual.

Y el motín era la pesadilla absoluta de la Royal Navy.


Cómo se habría interpretado el hecho en 1804

Un oficial comandante real no habría visto el episodio como:

  • una explosión emocional,

  • ni un conflicto personal,

  • ni un problema psicológico.

Lo habría clasificado como:
insubordinación violenta con riesgo de motín, agravada por superstición colectiva.

Después de Spithead y el Nore (1797), la Marina británica estaba hipersensibilizada. Cualquier desafío público a la autoridad o al orden jerárquico se reprimía con rapidez y ejemplaridad.


Respuesta inmediata del mando

En el mundo real, el procedimiento habría sido más o menos así:

El marinero sería:

  • Reducido de inmediato, normalmente por los Royal Marines armados.

  • Encadenado o puesto en grilletes (irons) en la bodega.

  • Separado del resto de la tripulación para evitar simpatías o contagio emocional.

El capitán no habría tolerado el discurso supersticioso como explicación. La superstición se consideraba peligrosa porque socavaba la autoridad racional del mando.


Consejo de guerra a bordo

Muy probablemente se habría celebrado un court martial sumario (o, al menos, una audiencia disciplinaria):

  • Agredir a un compañero.

  • Alterar el orden.

  • Señalar a un oficial o suboficial como “maldito”.

  • Poner en peligro la cohesión de la tripulación.

Todo eso podía encajar bajo los Articles of War como conducta sediciosa.


Castigos posibles (y realistas)

Aquí la película se queda corta.

En la realidad, el castigo habría sido uno de estos (o una combinación):

  • Azotes públicos (flogging round the fleet en casos graves).

  • Reducción de ración o salario.

  • Prisión en puerto al llegar a tierra.

  • En el peor de los casos, pena de muerte, si se consideraba incitación al motín (no automática, pero sí posible).

Incluso sin llegar a ese extremo, un castigo ejemplar era casi seguro. La clemencia pública era peligrosa.


El papel de los Royal Marines

Los Marines no eran decorativos.

  • Habrían intervenido físicamente.

  • Su presencia armada servía como recordatorio de que el capitán tenía fuerza letal legítima a bordo.

  • Tras el incidente, se reforzaba la guardia y la vigilancia nocturna.

Un marinero que hablaba de “maleficios” podía convertirse en chispa de motín, y eso se cortaba de raíz.


Qué hace Aubrey en la película (y por qué es irrealista)

Aubrey:

  • Escucha.

  • Canaliza el conflicto.

  • Apela al honor colectivo.

  • No aplica castigo inmediato.

Eso es muy poco 1804.

Un capitán real habría pensado:

“Si no castigo esto ahora, mañana lo hará media tripulación.”

La película opta por un liderazgo moderno y carismático, casi terapéutico, que habría sido visto entonces como blando y arriesgado.


Conclusión

En la Armada británica real de comienzos del siglo XIX, un marinero que se amotinaba —aunque fuera solo, aunque fuera por dolor o superstición— habría sido castigado con dureza y rapidez. No por crueldad gratuita, sino porque el sistema naval se sostenía sobre una idea muy clara:
la autoridad del capitán no se discute, se obedece.

Weir elige mostrarnos cómo nos gustaría que actuaran los líderes; la historia nos recuerda cómo tenían que actuar para que un navío de guerra no se convirtiera en una tumba flotante.

Si quieres, puedo comparar esta escena con motines reales documentados o explicar por qué la superstición era tan temida en los barcos de la época.

¿Por qué la superstición era tan temida en los buques de guerra de principios del siglo XIX?

Porque en un buque de guerra de principios del siglo XIX la superstición no era una rareza folclórica: era un riesgo estructural. No se temía por ignorancia, sino porque amenazaba directamente los tres pilares que mantenían el barco a flote: autoridad, cohesión y previsibilidad.

Voy por partes.


El barco como micro-sociedad cerrada

Un navío de línea o una fragata eran mundos sellados durante meses o años.
Cientos de hombres:

  • hacinados,

  • mal alimentados,

  • expuestos a enfermedad, castigo corporal y muerte súbita,

  • sin escapatoria posible.

En ese contexto, la explicación racional de los oficiales (viento, disciplina, órdenes) competía con explicaciones mágicas simples. Y lo mágico tenía una ventaja: daba sentido emocional inmediato al sufrimiento.

Cuando algo iba mal, la pregunta no era “¿qué error técnico cometimos?”, sino:

“¿Quién ha traído la mala suerte?”

Ese “quién” era dinamita social.


La superstición personaliza el desastre

La superstición no dice “el mar es peligroso”; dice:

  • este hombre está maldito,

  • este oficial trae desgracia,

  • este barco está condenado.

Eso convierte el azar en culpa humana.
Y cuando la culpa se encarna en una persona concreta (como Hollom), el siguiente paso lógico es expulsarla o eliminarla.

Desde la óptica del mando, eso es un embrión de motín.


Rival directo de la autoridad del capitán

El capitán necesitaba que la tripulación creyera una cosa por encima de todas:

“El capitán controla el destino del barco.”

La superstición introduce una autoridad paralela:

  • amuletos,

  • presagios,

  • “hombres de mal fario”,

  • señales que el capitán no puede controlar.

Si la tripulación cree más en un augurio que en una orden, la cadena de mando se rompe.
Por eso los oficiales combatían la superstición no por racionalismo ilustrado, sino por supervivencia institucional.


Memoria traumática de los motines

Los grandes motines de Spithead y el Nore (1797) estaban todavía muy presentes en 1804. Aunque sus causas fueron económicas y políticas, dejaron una lección clara:

la moral colectiva puede cambiar de estado en cuestión de horas.

La superstición era vista como un acelerador emocional:
miedo → rumor → identificación de un culpable → desafío a la autoridad.

Un capitán que toleraba supersticiones parecía débil o desconectado, lo que aumentaba el riesgo de insubordinación.


Religión sí, superstición no (y por qué)

Curiosamente, la religión sí era aceptada.

¿Por qué?

  • Porque la religión oficial reforzaba el orden: obediencia, sacrificio, providencia.

  • Porque el capellán no competía con el capitán.

La superstición, en cambio, era anárquica: no tenía jerarquía ni doctrina fija.
Hoy rezaban por buen viento; mañana acusaban a un compañero.


El miedo al “contagio”

Los oficiales hablaban del miedo como de una enfermedad.
Un marinero supersticioso no era peligroso solo por sí mismo, sino porque:

  • verbalizaba temores difusos,

  • daba palabras a la angustia colectiva,

  • legitimaba el pánico.

Por eso la represión era rápida y visible:
no para castigar al individuo, sino para inmunizar al grupo.


Lo que la película entiende… y suaviza

Master and Commander acierta al mostrar que la superstición nace del dolor, la soledad y la pérdida.
Pero suaviza su efecto sistémico.

En la realidad, un capitán pensaba:

“No estoy luchando contra la superstición; estoy luchando contra el colapso del orden.”


En resumen

La superstición era temida porque:

  • personalizaba la desgracia,

  • creaba autoridades alternativas,

  • erosionaba la confianza en el mando,

  • y podía convertir el miedo en violencia colectiva.

No era un problema cultural; era un problema de seguridad.

Si quieres, puedo explicar qué supersticiones concretas eran comunes en la Royal Navy, o cómo los capitanes “inteligentes” las usaban a su favor sin permitir que se desbordaran.

martes, 13 de diciembre de 2022

Aclaraciones históricas sobre la saga de LA MOMIA (primeras dos películas).


 1) En esta saga mezclan los acontecimientos históricos del Antiguo Egipto y hacen que coincidan en el tiempo personajes históricos que jamás se conocieron. Setí I es un faraón de la XIX Dinastía que es asesinado por Inhotep, un sumo sacerdote de la IV Dinastía por amor a la princesa Anjesenamón, que es de la XVIII Dinastía.

Seti no murió asesinado sino que asoció al trono a su hijo, el principe Ramsés II, para asegurarse una sucesión sin intrigas políticas. Su momia se conserva en el Museo Egipcio de El Cairo.

Inhotep era lo más parecido a Leonardo Da Vinci que había en 2600 a de C (IV Dinastía). Es el arquitecto de la primera pirámide funeraria, la de Saqara, levantada por orden del faraón Dzoser.

Anjesenamón fue hija y esposa de Akhenatón, el faraón hereje del siglo XIV a de C. Se casó en segundas nupcias con su hermanastro Tutankhamón. No se sabe que conspirase contra su padre, con el que tuvo cinco hijas que no llegaron a nacer.

2) Egipto era un protectorado británico desde 1919. ¿Que hace la Legión Extranjera Francesa interviniendo militarmente allí? Además Rick, el protagonista, dice que han llegado desde Libia, que es una colonia italiana dirigida por Mussolini. No tendrían que haber ido más allá de Argelia.

3) En la segunda película aparece una especie de dirigible a reacción, pero su vela es demasiado pequeña para soportar lo que parce una pequeña embarcación volante. Los motores a reacción aparecieron en 1944, en los laboratorios aeronauticos nazis como armas secretas. Nadie los tenía en 1922.

También aparece un piloto superviviente de la Primera Guerra Mundial con neurosis de guerra que solo desea morir en su aparato. Teniendo en cuenta que el 60 por ciento de los pilotos, tanto aliados como de las Potencias Centrales, murieron en combate, tendría que considerarse afortunado de haber sobrevivido.


4) Los mejdays existieron aunque no de la forma en que aparcen en la primera película. Eran unos mercenarios nubios que protegían a los faraones y sus templos. De hecho patrullaban por los mercados con babuinos para poder atrapar a los rateros. Eran policías a las órdenes del faraón. No se tatiaban en la cara la palabras INFRAMUNDO.


5) Anjesenamon va medio desnuda, vestida solo con un taparrabos, con los pechos al aire. Esta desnudez es correcta. Lo que no sé si es correcto es que use pintura corporal para que el faraón pueda enterarse de si un usurpador ha tocado su cuerpo. Tampoco que pelee con una daga oriental llamada sais, que es de Japón y China.

6) Se evisceraba los cuerpos que iban a ser momificados es es correcto. las entrañas se introducían en unas vasijas especiales llamadas los vasos canopes. Eran cuatro, no cinco, como aparecen en la primera película.

El corazón no se desechaba pero si el cerebro que los médicos y curanderos egipcios consideraban una víscera sin mayor interés. Creían que el hombre pensaba con el corazón. Además tenías que llevar tu corazón ante Osiris que lo pesaba en una balanza frente a la pluma de la Verdad para dilucidar si merecías la vida eterna.

Si no, se te comía el monstruo Annuit, con cuartos traseros de león, cuerpo de hipopotamo y rostro de cocodrilo. Ya no existías más.

7) Las pirámides están en Gizeh, cerca de El Cairo. Para nada se podían ver desde Tebas en tiempos de Seti I.

8) La gente, además de ir medio desnuda en el Antiguo Egipto, sobre todo para trabajar, se rapaba el pelo, tanto ellas como ellos, por higiene. Por eso vemos tanta gente calva en las dos películas de las que nos ocupamos. Se cubrían el cráneo con pelucas.

PARA VER:

https://www.youtube.com/watch?v=CT6yWV9e4Ig

sábado, 3 de diciembre de 2022

EL CUARTO PASAJERO, de Alex de la Iglesia.

 


Esta película de carretera se iba a llamar BLABlACAR, en homenaje a la aplicación de Internet donde los usuarios comparten coches particulares a cambio de ayudar al conductor a pagar los gastos del trayecto.

Julián, el conductor, un hombre de 50 años divorciado y sin empleo, está enamorado de Lorena, una joves de 30 escasos. Viajan juntos de Bilbao a Madrid todas las semanas a fin de que la muchacha pueda pasar el  fin de semana con sus padres. Julian quiere declararse durante el viaje, pero es que en esta ocasión también le acompañas Rodrigo, un cargante bohemio metido en negocios turbios, cuyas consecuencias y naturaleza se harán notar durante el viaje. Y Sergio, un joven de la misma edad por el que Julian no tarda en sentir celos.

Rodrigo lleva a sus compañeros de viaje a una serie de situaciones extremas como una pelea multitudinaria en la tienda de una gasolinera a cuenta de pagar o no una bolsa de patatas fritas, a encuentros con la Guardia Civil y con un narcotraficante al que Rodrigo tampoco paga su mordida, y a una persecución en medio de un atasco cuando se descubra la verdadera ocupación de este verdadero "cuñao" que es él.

PARA VER:

https://www.youtube.com/watch?v=6hAN_veIi6E

sábado, 28 de mayo de 2022

El día de la Bestia. (1995)


 A los occidentales nos gusta pasar miedo. Queremos que el mundo tenga lógica, aunque no sea precisamente la nuestra, y que haya alguien moviendo los hilos, dando una explicación racional dentro de un contexto a todo lo que sentimos y sucede en general. Esta película de Alex de la Iglesia parte de eas emociones.

En 1995 quedaban cinco años para que se acabase el segundo milenio después de Cristo. La gente practicamente exigía que el mundo se acabase a continuación, no por el papel que pudieran tener en todo aquello y sus implicaciones, sino porque la lógica les decía que las cosas debían tener un final. De la Iglesia explotó esto en esta comedia de terror.

Ángel de Berriatua ( Alex Angulo) es un sacerdote del Santuario de Aranzazu, estudioso del Apocalipsis de San Juan. Ha determinado, tras años de estudio, que el Anticristo nacerá en un lugar indeterminado de Madrid el 25 de diciembre de 1995. Con la ayuda entusiasta del heavy José María (Santiago Segura) y del experto en lo paranormal y saco de las hostias a lo largo de la película Profesor Cavan ( Armando de Razza) se enfrentan a la madre de José María (Terele Pavez), a un grupo de ultras violentos que matan gente al grito de Limpia Madrid y al Anticristo en una trepidante lucha final en la Puerta de Europa.


El Madrid de los 90 es el protagonista de esta película con escenas en la Puerta de Europa y el edificio Carrión, ubicado en la Calle Colón. Es la sensación de que el optimismo de la década se podía acabar de una forma indeterminada. Aún no se habían derrumbado las Torres Gemelas y el mundo no se había digitalizado, con la falsa sensaciónde que lo sabemos todo sobre todo y sobre los demás.

La representación del Diablo como un macho cabrío corresponde al Akerra, un representación de las fuerzas de la naturaleza y su poder genésico, muy perseguida en los tiempos de la Contrareforma. El Akerra aparece en un famoso cuadro de Goya sobre el mundo de las brujas.

Todos estamos familiarizados con el mal de la vida real y hasta participamos de él. Es de un gris mediocre y banal. No necesitamos machos cabrios para tener miedo al futuro sino más miembros de Limpia Madrid que se salgan con la suya.

Para ver:

https://www.youtube.com/watch?v=iUtXKhWTX3A 


Entrevista al jefe de servicios de Inteligencia estadounidense Scheuer sobre la actualidad de Al Qaeda en julio de 2005.

  2005: Michael Scheuer y la amenaza de una Al Qaeda sin cabeza visible Reconstrucción periodística de la entrevista concedida por el exresp...