viernes, 17 de julio de 2026

Odiseo o Ulises no era un héroe inmaculado.


 Aquí tienes un reportaje dramatizado, con forma de confesión de Odiseo a su hijo Telémaco, en el que el héroe explica y trata de justificar algunas de las decisiones más controvertidas de su vida.

Odiseo ante el juicio de su hijo

Reportaje dramatizado

La guerra de Troya había terminado hacía muchos años. Ítaca volvía a respirar en paz. Una noche, mientras el viento agitaba suavemente los olivos del palacio, Telémaco se acercó a su padre.

—Padre, los poetas cantan tus hazañas, pero también he oído otras historias. Dicen que no fuiste un buen esposo, ni un buen padre, ni siquiera un rey prudente. Quiero conocer tu versión.

Odiseo permaneció largo rato en silencio.

—Es justo que preguntes. Los héroes también cargamos con nuestros errores.

El padre ausente

—Cuando partí hacia Troya tú apenas caminabas. Veinte años después regresé y encontré a un hombre. Nunca te enseñé a pescar, ni a luchar, ni estuve cuando necesitabas un padre.

—Pero no fue culpa tuya ir a la guerra —respondió Telémaco.

—No. La guerra era un juramento que todos los reyes habían hecho. Lo que sí es cierto es que mi obsesión por sobrevivir y regresar acabó convirtiéndose en una cadena de decisiones que prolongaron mi ausencia. Algunas fueron inevitables; otras nacieron de mi orgullo. En eso sí fallé como padre.

¿Un marido fiel?

Telémaco bajó la mirada.

—También dicen que viviste siete años con Calipso.

Odiseo suspiró.

—Sí. La ninfa me amaba y me retenía en su isla. Los dioses mismos cuentan que no podía marcharme mientras ella me mantuviera cautivo. ¿Hubo intimidad entre nosotros? Sí. No voy a mentirte. Los dioses y los hombres juzgan de forma distinta esas situaciones.

—¿Entonces traicionaste a mi madre?

—A ojos de muchos, sí. Penélope permaneció fiel durante veinte años mientras yo compartía la vida con otra mujer. No puedo pedir que todos comprendan aquella circunstancia. Solo puedo decirte que jamás dejé de desear volver a Ítaca.

El rechazo de la inmortalidad

—Entonces, ¿por qué rechazaste la inmortalidad que Calipso te ofrecía?

Odiseo sonrió con amargura.

—Porque el regalo no era tan perfecto como parece. Calipso me ofrecía no morir nunca, pero no me prometía conservar eternamente la juventud.

Telémaco frunció el ceño.

—¿Habrías seguido envejeciendo?

—Así lo entendí. Imagina un cuerpo cada vez más débil, más anciano, condenado a existir para siempre. Una inmortalidad sin eterna juventud podía convertirse en el peor castigo imaginable. Además, ¿de qué sirve vivir para siempre si todo cuanto amas desaparece? Preferí una vida mortal junto a tu madre antes que una eternidad vacía.

Las esclavas ejecutadas

El ambiente se volvió más tenso.

—Lo que más me cuesta comprender es la muerte de las esclavas.

Odiseo cerró los ojos.

—Ese es el recuerdo que más pesa sobre mí.

—¿Por qué las mataste?

—Porque, según las leyes de mi tiempo, habían servido a los pretendientes, compartido su lecho y ayudado a quienes saqueaban mi casa. Yo las consideré colaboradoras de quienes intentaban arrebatarme el reino.

—¿Y no pudieron ser obligadas?

Odiseo permaneció callado.

—Hoy muchos dirían, con razón, que eran mujeres sin libertad para elegir. Eran esclavas. Su capacidad para negarse era muy limitada. En aquel momento vi traición; hoy también veo miedo, abuso y desigualdad. No sé si la justicia estuvo de mi lado. Sé que la sangre derramada ya no puede deshacerse.

El orgullo frente a Polifemo

Telémaco cambió de tema.

—También dicen que todo empezó porque robaste al cíclope.

Odiseo asintió.

—Entramos en su cueva y tomamos parte de sus provisiones antes de que llegara. Después él devoró a varios de mis hombres. Para escapar tuve que cegarlo.

—Eso fue legítima defensa.

—Sí. Pero después cometí el error imperdonable.

—¿Decirle tu nombre?

—Exacto. Cuando ya navegábamos lejos, no pude contener mi orgullo. Me burlé de él. Quise que supiera quién lo había vencido. Entonces Polifemo invocó a su padre, Poseidón.

Odiseo miró al mar desde la ventana.

—Mi vanidad condenó a todos los hombres que aún seguían conmigo.

La bolsa de los vientos

—¿Y la bolsa de Eolo?

—Otra lección de orgullo.

—¿Por qué no dijiste qué contenía?

—Temí que mis hombres intentaran usar aquellos vientos para desafiarme o que no comprendieran el regalo divino. Les dije que era un tesoro reservado al rey.

—Y ellos pensaron que escondías riquezas.

—Exactamente. Cuando dormía, abrieron la bolsa creyendo hallar oro y plata. Los vientos escaparon y nos devolvieron casi al punto de partida, cuando Ítaca ya estaba a la vista.

Telémaco negó con la cabeza.

—Si hubieras confiado en ellos...

—Quizá habríamos llegado a casa diez años antes. A veces una mentira pequeña cambia el destino de muchas vidas.

El juicio del hijo

Tras un largo silencio, Telémaco habló.

—Los poetas cantan tu inteligencia.

Odiseo sonrió con tristeza.

—La inteligencia sirve de poco cuando el orgullo la gobierna.

—También cantan tu valor.

—El valor sin prudencia puede destruir a quienes más amas.

—¿Y qué quieres que recuerde de ti?

Odiseo apoyó una mano sobre el hombro de su hijo.

—Que un héroe no es un hombre perfecto. Es un hombre que logra regresar cargando con las consecuencias de sus decisiones. Yo vencí en Troya, engañé a monstruos y sobreviví a los dioses. Pero también fui un padre ausente, un esposo imperfecto, un rey demasiado severo y un hombre cuya soberbia costó muchas vidas.

Los dos permanecieron mirando el mar.

Por primera vez, Telémaco comprendió que las mayores batallas de Odiseo no habían sido contra cíclopes, sirenas o tempestades, sino contra sus propias virtudes llevadas al exceso: la astucia convertida en engaño, el orgullo convertido en arrogancia y el deseo de volver a casa convertido, demasiadas veces, en el motivo de nuevas desgracias.

1 comentario:

  1. Cuando esta en la isla de lo ciclopes, hay que entender que la hospitalidad es una virtud valorada en el pueblo griego y Polifemo no lo es. También que hay circunstancias que debes pasar por encima de la otra gente y que otros personajes de la mitología grecorromana no son un dechado de virtudes y que aquí no hay moral judeocristiana

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Odiseo o Ulises no era un héroe inmaculado.

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