viernes, 9 de octubre de 2026

Lo que opinaba de los Neanderthales el presidente Theodore Rooselvelt en 1916,

 

El hombre de Neandertal frente al hombre de Cromañón: del «salvaje» de Theodore Roosevelt al pariente que llevamos dentro

Reportaje histórico y científico · Octubre de 2026

Neandertalare: Allt om Homo sapiens forntida grannar | varldenshistoria.se
evolve | Ancient Origins

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En febrero de 1916, el expresidente estadounidense Theodore Roosevelt publicó en la revista National Geographic una descripción del hombre de Neandertal que hoy nos resulta extraordinariamente reveladora, aunque no tanto por lo que nos dice sobre aquellos humanos prehistóricos como por lo que revela acerca de la mentalidad científica y cultural de su época.

Roosevelt los describió como individuos corpulentos, de cráneos grandes, frente huidiza y mandíbula casi desprovista de mentón. Pero fue más allá de la anatomía: sostuvo que las regiones cerebrales relacionadas con las capacidades intelectuales superiores estaban poco desarrolladas. Frente a ellos, la revista presentaba al hombre de Cromañón como una figura erguida, creativa y artísticamente dotada, capaz de pintar bisontes en las paredes de las cavernas.

No era una simple comparación entre dos poblaciones humanas antiguas. Era casi una representación teatral de la evolución: de un lado, el bruto primitivo; del otro, el ser humano que parecía anunciar nuestra propia superioridad.

Más de un siglo después, la paleoantropología ha desmontado buena parte de aquella imagen. Y el contraste resulta fascinante: los neandertales no fueron los caricaturescos seres incapaces de pensamiento complejo que imaginaron Roosevelt y otros autores de principios del siglo XX. Fueron humanos arcaicos con una historia evolutiva propia, una cultura material compleja y una relación biológica con nuestra especie mucho más estrecha de lo que entonces se sospechaba.

National Geographic
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1. Theodore Roosevelt y el Neandertal: una jerarquía presentada como ciencia

El texto de Roosevelt apareció en el número de febrero de 1916 de National Geographic, acompañado por ilustraciones del artista Charles R. Knight, uno de los grandes reconstructores visuales de animales extintos y humanos prehistóricos.

Roosevelt escribió:

«Estos hombres de Neandertal eran salvajes rechonchos, robustos, de cabeza grande y cráneo grueso, con cejas prominentes sobre ojos cavernosos, rodillas permanentemente dobladas y mandíbulas casi sin mentón».

Traducción al español de un pasaje del original inglés.

La descripción culminaba con un juicio sobre sus facultades intelectuales: aunque sus cerebros tenían un tamaño considerable, Roosevelt consideraba poco desarrolladas las partes vinculadas a las capacidades intelectuales superiores.

National Geographic

Hay que situar estas afirmaciones en su contexto. En 1916, la reconstrucción de los neandertales estaba muy influida por el estudio de un esqueleto hallado en 1908 en La Chapelle-aux-Saints, Francia. El paleontólogo francés Marcellin Boule interpretó su anatomía como prueba de una postura encorvada y una locomoción semejante a la de un simio.

Pero aquel individuo había sufrido graves problemas articulares, entre ellos osteoartritis. Sus limitaciones físicas se convirtieron, de manera equivocada, en una representación de toda su especie. Una característica patológica individual terminó condicionando durante décadas la imagen popular del neandertal.

National Geographic
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El problema de Roosevelt no consistía en señalar las diferencias anatómicas reales. Los neandertales poseían, efectivamente, un cuerpo robusto, arcos superciliares prominentes y una cara distinta de la nuestra. El error consistía en convertir esas diferencias en una jerarquía intelectual y cultural sin pruebas suficientes.

La anatomía visible se interpretaba como un indicador de inferioridad mental. Y el desenlace de la historia evolutiva —la supervivencia de Homo sapiens y la desaparición de los neandertales como población diferenciada— parecía confirmar retrospectivamente ese prejuicio.

2. Cromañón: el héroe de la prehistoria

En la ilustración contrapuesta a la del neandertal, el hombre de Cromañón aparece erguido, trabajando artísticamente en una cueva. La composición transmite una idea inequívoca: ya no estamos ante un ser dominado por sus instintos, sino ante un humano capaz de representar simbólicamente el mundo que lo rodea.

La comparación tenía una base arqueológica real. Los humanos asociados a los yacimientos de Cromañón, en Francia, pertenecían a nuestra propia especie, Homo sapiens. El registro arqueológico europeo contiene manifestaciones artísticas extraordinarias de poblaciones humanas de ese periodo: pinturas rupestres, grabados, adornos personales y objetos de uso ritual o simbólico.

Sin embargo, la contraposición era engañosa por tres motivos.

  • Cromañón no era una especie diferente de nosotros. Es una denominación histórica aplicada a humanos anatómicamente modernos, no el nombre de una especie que hubiera reemplazado evolutivamente al neandertal en una escala de progreso.

  • El arte visible no mide por sí solo la inteligencia. Que ciertos yacimientos de Homo sapiens hayan proporcionado manifestaciones artísticas especialmente espectaculares no demuestra que todos los neandertales fueran incapaces de pensamiento simbólico.

  • La evolución no es una escalera. Los neandertales y los humanos modernos representaban linajes diferentes, con adaptaciones propias, que compartieron antepasados y llegaron a encontrarse.

La ilustración de Knight no era, por tanto, una fotografía neutral del pasado. Era una interpretación visual que convertía una hipótesis científica en una narración moral: el neandertal representaba lo que habíamos dejado atrás; Cromañón, aquello en lo que supuestamente consistía ser plenamente humano.

National Geographic
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3. H. G. Wells: cuando la literatura convirtió al neandertal en el enemigo de la humanidad

Si Roosevelt trasladó al lenguaje divulgativo los prejuicios de una parte de la ciencia de su tiempo, el escritor británico H. G. Wells contribuyó a fijarlos en la imaginación popular.

Wells no era un observador cualquiera. Autor de La máquina del tiempo, La guerra de los mundos y otras obras fundamentales de la ciencia ficción, también se interesó por la evolución, la historia de la humanidad y el lugar de nuestra especie en la naturaleza.

Su visión de la prehistoria se manifestó especialmente en dos obras:

  • The Outline of History (1920), una historia general de la humanidad que incorporaba las teorías evolutivas de su tiempo.

  • The Grisly Folk, un relato en el que los neandertales aparecen como seres amenazadores, toscos y de lenguaje rudimentario, enfrentados a los humanos que representan nuestra propia línea evolutiva.

    National Geographic
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La importancia de Wells reside en que su interpretación no se limitó a describir unos restos fósiles. Les dio una personalidad, una conducta y un papel dentro de una narración sobre el origen de la humanidad.

Del fósil al monstruo literario

En el universo de Wells, el neandertal se convierte en el otro: un ser humanoide que inspira temor, cuya fuerza física contrasta con su supuesta pobreza intelectual y cuya desaparición parece formar parte de una lucha por la supervivencia.

Esta representación encajaba con una idea muy extendida a comienzos del siglo XX: la evolución entendida como una marcha ascendente desde formas inferiores hasta el ser humano moderno. En esa narración, los grupos desaparecidos eran interpretados como intentos fallidos de la naturaleza, mientras que nuestra propia existencia parecía demostrar una superioridad innata.

Pero esta lectura confundía dos cuestiones diferentes: sobrevivir en un proceso evolutivo y poseer capacidades intelectuales o culturales superiores en todos los aspectos.

La selección natural no funciona como un examen cuyo premio es convertirse en Homo sapiens. Una población puede desaparecer por su reducido tamaño, el aislamiento, los cambios ambientales o su interacción con otras poblaciones, sin que eso implique que sus individuos fueran menos inteligentes.

Wells ayudó a popularizar una imagen del neandertal que la evidencia posterior obligaría a revisar. Su aportación fue literaria, no una demostración científica de la inferioridad de aquella población. Precisamente por eso, su influencia es importante para comprender cómo se construyen los imaginarios colectivos a partir de la ciencia.

National Geographic
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4. Qué sabemos hoy: un humano adaptado, no un simio encorvado

دانشمندان جزئیات زندگی روزمره نئاندرتال‌ها را از روی جرم دندان کشف کردند | یورونیوز
Le Moustier - a Neanderthal site in the Dordogne, France
Breaking the Shanidar Neanderthal Stereotype: Evidence Based Analysis  | AramcoWorld
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Los avances de la arqueología, la anatomía comparada y, sobre todo, la genética antigua han transformado nuestra comprensión de los neandertales. No todas las preguntas están resueltas, pero el panorama actual es muy distinto del que presentaban Roosevelt y Wells.

Anatomía: distintos, pero plenamente bípedos

Los neandertales vivieron en Europa y partes de Asia occidental y central durante cientos de miles de años. Las poblaciones tardías desaparecieron hace aproximadamente 40.000 años, aunque las fechas varían según la región.

Su cuerpo era generalmente más robusto que el de los humanos actuales, con extremidades relativamente cortas, un tórax ancho y una musculatura poderosa. Estas características resultaban adecuadas para afrontar los ambientes fríos en los que vivieron muchas de sus poblaciones.

Su cerebro tenía un volumen comparable al nuestro y, en promedio, podía ser mayor. Sin embargo, el tamaño cerebral por sí solo no permite establecer una clasificación de inteligencia: importan también la organización cerebral, el desarrollo, la conducta y las condiciones en las que vivían.

Y hay un dato esencial: caminaban erguidos. La postura encorvada de las antiguas reconstrucciones no representa adecuadamente la anatomía habitual de la especie.

Orígenes Humanos Smithsonian
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Tecnología: herramientas que exigían planificación

Neanderthal Levallois Core Cast | Occpaleo

La técnica lítica

Los neandertales desarrollaron tecnologías de talla que permitían obtener lascas de formas determinadas a partir de núcleos de piedra preparados. Fabricaban instrumentos para cortar carne, trabajar pieles y madera, y preparar recursos esenciales para la supervivencia.

La fabricación de herramientas exigía seleccionar materias primas, anticipar resultados y transmitir procedimientos aprendidos. No era una actividad aleatoria.

Orígenes Humanos Smithsonian
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También dominaban el fuego, cazaban animales grandes y aprovechaban recursos vegetales. Hay indicios de que confeccionaban ropa y construían refugios. En algunos yacimientos se han encontrado pruebas de la fabricación de adhesivos a partir de corteza de abedul, una tecnología que requería controlar procesos térmicos.

No estamos, por tanto, ante criaturas que simplemente sobrevivían gracias a su fuerza física. Eran poblaciones capaces de resolver problemas complejos en entornos cambiantes.

Cultura y simbolismo: un debate que sigue abierto

The first known examples of Neanderthal rock art | Human World | EarthSky

¿Eran capaces de pensamiento simbólico?

Hay objetos ornamentales, garras de águila modificadas, pigmentos y grabados que se han relacionado con conductas simbólicas neandertales. Algunas dataciones de arte rupestre en la península ibérica apuntan asimismo a una posible autoría neandertal.

La interpretación de ciertos objetos y yacimientos sigue siendo discutida. Es importante distinguir entre indicios sólidos de comportamiento complejo y afirmaciones más controvertidas sobre la existencia de un arte equivalente al de los humanos modernos.

Natural History Museum
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También existen yacimientos con restos de individuos que sobrevivieron a lesiones y enfermedades graves. Esto sugiere que, en determinados casos, recibieron asistencia de otros miembros de su grupo.

La interpretación de los enterramientos neandertales es más compleja: hay evidencias que apoyan el depósito deliberado de algunos cuerpos, pero no todos los enterramientos propuestos permiten demostrar rituales elaborados. El cuidado de los enfermos, la cooperación y la posible conducta simbólica deben estudiarse caso por caso, sin sustituir los antiguos prejuicios por certezas igualmente exageradas.

5. La revolución genética: no desaparecieron sin dejar descendencia

Si existe un descubrimiento que obliga a reconsiderar la oposición tradicional entre neandertales y humanos modernos, es el análisis del ADN antiguo.

Durante mucho tiempo se imaginó que Homo sapiens había llegado a Europa y reemplazado a los neandertales, dos poblaciones separadas por una frontera biológica prácticamente infranqueable.

La secuenciación de genomas neandertales ha demostrado que la historia fue más compleja.

  • Compartimos antepasados comunes. Los linajes neandertal y moderno se separaron hace varios cientos de miles de años.

  • Hubo reproducción entre ambas poblaciones. Los neandertales y los humanos modernos tuvieron descendencia que, en algunos casos, también pudo reproducirse.

  • Parte de su herencia genética continúa entre nosotros. Muchas personas con ascendencia fuera de África conservan aproximadamente entre un 1 % y un 2 % de ADN neandertal, aunque las proporciones individuales y poblacionales varían. En algunas poblaciones y personas se han observado porcentajes superiores. La historia de las migraciones humanas también explica la presencia de segmentos de ascendencia neandertal en poblaciones africanas actuales.

    Orígenes Humanos Smithsonian
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Esto no significa que los seres humanos actuales seamos mitad neandertales ni que descendamos exclusivamente de ellos. Significa que nuestra historia evolutiva incluye episodios de mezcla entre linajes humanos que durante mucho tiempo se consideraron separados.

Y cambia profundamente la pregunta inicial. Ya no se trata únicamente de explicar cómo una población supuestamente inferior fue sustituida por otra superior. Hay que comprender cómo dos poblaciones humanas, con historias diferentes, interactuaron, se reprodujeron y dejaron una herencia genética compartida.

6. ¿Por qué desaparecieron los neandertales?

No existe una explicación única y definitivamente demostrada. La desaparición de las últimas poblaciones neandertales, hace alrededor de 40.000 años, probablemente estuvo relacionada con varios factores.

Cambios climáticos

Las oscilaciones de temperatura y la transformación de los ecosistemas modificaron la distribución de animales, plantas y hábitats. Las poblaciones pequeñas podían verse especialmente afectadas por estos cambios.

Poblaciones reducidas y aislamiento

La baja densidad demográfica y la fragmentación de algunos grupos pudieron limitar la diversidad genética y su capacidad de recuperarse tras periodos desfavorables.

Interacción con Homo sapiens

La competencia por recursos, las diferencias en las redes sociales y los intercambios entre poblaciones pudieron influir en el desenlace. La mezcla genética indica que no hubo únicamente separación o sustitución.

La expansión de Homo sapiens pudo contribuir a la desaparición de los neandertales como población diferenciada, pero no está demostrado que una única ventaja intelectual o tecnológica explique el proceso entero. Tampoco puede excluirse que la absorción parcial de algunas poblaciones por otras formara parte de la historia.

El registro fósil y genético apunta a una transición compleja, con diferencias regionales, no a una batalla definitiva entre dos tipos humanos claramente delimitados.

National Geographic
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7. Roosevelt y Wells frente a la ciencia actual

Cuestión

Visión de principios del siglo XX

Conocimiento actual

Anatomía

Un ser encorvado, casi simiesco.

Un humano bípedo, robusto y adaptado a distintos ambientes.

Cerebro

Grande, pero supuestamente incapaz de altas facultades intelectuales.

Volumen comparable al humano moderno; las capacidades cognitivas no pueden deducirse de la forma del cráneo por sí sola.

Tecnología

Herramientas de un ser primitivo.

Industria lítica sofisticada, fuego y técnicas de procesamiento de materiales.

Cultura

Incapaz de alcanzar el nivel simbólico de Cromañón.

Evidencias de conductas complejas y posibles expresiones simbólicas, con debates abiertos sobre algunos hallazgos.

Relación con nosotros

Una forma inferior sustituida por el humano moderno.

Un linaje humano emparentado con Homo sapiens, con el que hubo reproducción y flujo genético.

Desaparición

Resultado implícito de su inferioridad.

Proceso multifactorial aún investigado, posiblemente ligado al clima, la demografía y las interacciones entre poblaciones.

National Geographic
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Conclusión: el neandertal como espejo de nuestra propia humanidad

Lo más interesante de la comparación entre Roosevelt, Wells y la ciencia contemporánea es que la historia de los neandertales también constituye una historia de nuestras propias ideas sobre la humanidad.

A principios del siglo XX, la imagen del neandertal encajaba en una narración de progreso lineal. Su anatomía parecía confirmar su inferioridad; su desaparición parecía demostrarla, y el hombre de Cromañón ocupaba el lugar del vencedor natural.

La literatura de Wells contribuyó a convertir esa interpretación en un relato cultural duradero. Las ilustraciones de Charles R. Knight le dieron un rostro. La autoridad pública de Roosevelt contribuyó a difundirla.

Pero los descubrimientos posteriores han mostrado que aquella imagen era demasiado simple. Los neandertales fabricaban herramientas, cazaban, controlaban el fuego, se adaptaban a entornos difíciles y mantenían relaciones sociales complejas. Algunos de sus comportamientos pudieron tener dimensiones simbólicas, aunque las pruebas deben interpretarse con prudencia. Y, sobre todo, tuvieron descendencia con nuestros antepasados.

Quizá la lección más importante sea que la evolución no tiene una obligación de producirnos a nosotros. Los neandertales no fueron un borrador defectuoso de nuestra especie ni un peldaño que la naturaleza necesitara eliminar para llegar a la humanidad moderna. Fueron una población humana con su propia trayectoria evolutiva.

Roosevelt y Wells contemplaron sus restos desde una época que buscaba fronteras claras entre lo salvaje y lo civilizado. Hoy, gracias a los fósiles, la arqueología y la genética, esas fronteras resultan mucho menos nítidas.

El neandertal que antes aparecía como nuestro opuesto absoluto se revela como un pariente evolutivo. No somos neandertales, pero tampoco somos completamente ajenos a ellos. Parte de su historia permanece inscrita en nuestros genomas.

Y eso convierte al antiguo «salvaje» de las ilustraciones de 1916 en algo mucho más interesante que un personaje de la prehistoria: en una parte, pequeña pero real, de nuestra propia historia.

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