Dramatización: «El precio del peligro»
Personajes:
Joven cazador guaraní: ofrece un collar de dientes de jaguar.
Turista: considera excesivo el precio.
Vendedora guaraní de cerámica: interviene para apoyar al cazador.
Escena: Un mercado artesanal junto a un río. El joven guaraní muestra un collar elaborado con dientes de jaguar. A su lado, una mujer vende vasijas y otros objetos de cerámica.
Turista: ¡Pero bueno! ¿Tanto dinero por un collar de dientes? ¡Me parece un precio exagerado! Al fin y al cabo, son solo unos dientes ensartados en un cordón.
Joven cazador: Para usted serán solo unos dientes, señor, pero para conseguirlos hay que enfrentarse a animales muy peligrosos. El jaguar tiene una mordida potentísima. No es un animal al que uno pueda acercarse sin correr un riesgo enorme.
Turista: ¡Pero usted no me dirá que se enfrenta a un jaguar cada vez que hace un collar!
Joven cazador: No siempre, pero cada diente tiene detrás un trabajo difícil y peligroso. También están los yacarés, que viven en el río y pueden atacar con una fuerza tremenda. Para conseguir lo que necesito, tengo que adentrarme en lugares donde cualquier descuido puede costarme la vida.
Turista: Comprendo que sea peligroso, pero eso no significa que tenga que cobrarme una fortuna.
Joven cazador: Créame, si no necesitara recipientes de hierro para cocinar y anzuelos de hierro para pescar, no me arriesgaría de esa manera. Podría dedicarme a otras cosas. Pero necesito esas herramientas para alimentar a mi familia y vivir mejor.
Vendedora guaraní: El joven tiene razón. Mire estas vasijas que vendo. Para hacerlas, tengo que buscar la arcilla, prepararla, moldearla y cocer cada pieza. Si una se rompe durante la cocción, pierdo muchas horas de trabajo. ¿Usted cree que debería venderlas por unas pocas monedas solo porque están hechas de barro?
Turista: No, claro que no. Pero cada vendedor pone el precio que quiere.
Vendedora guaraní: Así es, y usted también es libre de comprar o no comprar. Pero antes de decir que un precio es demasiado alto, debería pensar en el trabajo que hay detrás de cada objeto y en lo que cuesta conseguir los materiales.
Joven cazador: Mi precio es proporcional al esfuerzo y al peligro que implica conseguir los dientes. Cuanto más arriesgado y difícil es el trabajo, más valor tiene lo que ofrezco. No le estoy cobrando solamente un collar, sino también el tiempo, la habilidad y el riesgo que hay detrás de él.
Turista: (Observa detenidamente el collar.) Nunca lo había pensado de esa manera. Yo solo veía el objeto terminado, no todo lo que había que hacer para conseguirlo.
Vendedora guaraní: Eso nos pasa a todos cuando miramos algo sin conocer su historia.
Turista: Está bien. Entiendo mejor su postura, aunque todavía me parece caro. ¿Aceptaría rebajar un poco el precio?
Joven cazador: Podemos hablarlo, señor, siempre que el precio siga siendo justo para mi trabajo.
Turista: De acuerdo. Hagamos un trato.
Vendedora guaraní: (Sonríe mientras vuelve a colocar sus vasijas sobre la mesa.) ¡Así se entiende la gente! Usted consigue su collar, el joven obtiene lo que necesita y todos aprendemos algo.
Narrador: El turista finalmente comprende que el precio de un objeto no depende únicamente de los materiales que lo componen, sino también del trabajo, las dificultades y las condiciones en las que se produce. Sin embargo, la compra solo se realiza si ambas partes llegan a un acuerdo justo.

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