¿Quién fue el maestro Mateo, el creador del impresionante Pórtico de la Gloria? El escritor de novela histórica Juan Eslava Galán nos conduce hasta el siglo XII, a la corte del rey Fernando II de León, para descubrirnos el genio de un joven maestro cantero que, al mande de geómetras, canteros, imagineros y pintores, asombró al mundo.
Desde hace un tiempo inmemorial, los peregrinos que aciden a la catedral acostumbar a cumplir con la tradición de darse un ligero coscorrón con la cabeza de la escultura presumiblemente masculina que existe a espaldas del Pórtico de la Gloria. La leyenda dice que se trata del Maestro Mateo, pero los medievalistas aseguran que más bien es una muchacha que representa a la villa de Santiago de Compostela, ya que el maestro de obras jamás se habría representado como un muchacho imberbe. A esta figura se la conocce como el Santo dos Croques ( Santo de los Coscorrones). La tradición dice que partte de la sabidurio del finado maestro masón se transmitiría por efecto del cabezazo suave al peregrino o visitante compostelano.
En el año 813, un eremita se presentó ante el obispo de Iria Flavia y le comunicó que veía a las estrellas fugaces caer sobre un campo. El arzobispo hizo cavar en el terreno y se encontró con un sarcófago que contenía los presuntos huesos de Santiago el Mayor, el presunto evangelizador de Hispania.
En torno al santuario fue creciendo una ciudad que se convirtió en uno de los mayores centros de peregrinación de la Cristiandad, junto con Jerusalém, en manos de los turcos seljucidas, y Roma, sede del papado.
En el siglo XII, el monarca Fernando II, rey de León, trata de prclamarse "Rex Hispaniorum" ( Rey de los españoles) o Rex Hispaniorum (Rey de las Españas) porque se considera heredero directo de Pelayo, el líder que derrotç´ó a los árabes en la escaramuza de Covadonga y cuyo linaje fundó el reino de Asturias. Necesitaba actos de prestigio que apreciasen los demás monarcas de la Cristiandad por lo que convirtió a Compostela en un centro cultural y religioso de primer orden,. Y una Villa así necesita una catedral.
En 1168 Fernando II contrata a un maestro cantero y escultor, el Maestro Mateo, para que dirigiera las obras de la fachada principal de la basílica, así como el resto de las obras. Mateo cobraría dos marcos de plata, lo cual significa que era un capataz de obras ya conocido y con prestigio en el gremio de los masones, los maestros de la piedra labrada.
Mateo se puso al frente de un experimentado equipo de geómetras, matemáticos, canteros, imagineros y pintores.Muchos de ellos serían gallegos. Quizá también él, pero es improsible descartar una procedencia foránea ya que los canteros viajaban mucho de iobra en obra. Los llamaban los nmasones libres porque, a diferencia de otros profesionales, no dependían de un solo señor feudal para trabajar, sino que se trasladaban con sus aprendices allá donde estuviera el trabajo.
Mateo debía coordinar las tareas del día con los maestros de los gremios implicados para que transmitieran las órdenes a sus cuadrillas respectivas. Había oficiales y aprendices. Los aprendices estaban un tiempo a prueba, y si demostraban maestría y sabiduría en sus trabajo se les permitía poner su marca en las piedras labradas. Al final de la jornada el maestro cantero pagaba a tanto el sillar terminado tras comprobar su validez con la plomada.
El maestro cantero también era una especia de protoarquitecto en una época en que esa palabra todavía no se empleaba para designar a la tarea de diseñar vóvedas, nervaduras y arbotantes. Los aprendices de maestro cantero echarían una capa de yeso fresco en el suelo del taller y, una vez seca, Mateo se ayudaría a resolver lños problemas técnicos con la ayuda de cuerdas, compases, cálculo y reglas.
Es posible que tanto el rey Fernando II como el maestro Mateo tuvieran en mante la labor del abad Suger en la abadía de Saint Denis, la primera catedral gótica, en París. De allí pudoi tomar Mateo las bóvedas de crucería y de la catedral de Notre Dame de París, ciertas tramas del Pórtico, así como el conmovedor hecho de que las imágenes de santos y profetas parezcan conversar entre ellos, por parejas, lejos del hieratismo del Románico del periodo anterior.
"!Védeos! Parece que os labios moven, que fablan quedo".
Rosalía de Castro, escritora del Romanticismo.
En la Edad Media se consideraba pecado de soberbia firmar las obras, ya fueran códices o representarse en las imágenes religiosas. Cuenta una leyenda apócrifa que el arzobispo de Santiago se molestó cuando Mateo se representó en su Pórtico en la figura del ángel que sostiene la columna de la flagelación ( aquí, símbolo de la arquitectura).
-¿Cömo te atreves a representarte en la Gloria, infeliz?
-Después de hacer esta obra he pensado que Nuestro Señor me recompensará con ella.- contestó con humildad Mateo.
De todas maneras el nombre de Mateo aparece en los dinteles:"En el año de la Encarnación del Señor de 1188, día de las calendas de abril, los dinteles del Pórtico principal de la iglesia de Bienaventurado Santiago fueron colocadas por el Maestro Mateo, que dirigió este protal desde los cimientos",

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