Reportaje: Las peleas de perros, un negocio de crueldad a escondidas
Un reportaje para Secundaria, contado por un agente imaginario del SEPRONA, el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil.
«Quiero que os quedéis con una idea desde el principio: un perro no nace para pelear. Las peleas las organizan las personas, y son los animales quienes pagan las consecuencias».
Me llamo, para este reportaje, sargento Martín y soy un agente imaginario del SEPRONA. Mi trabajo consiste en investigar delitos contra la naturaleza y el bienestar animal. Hoy voy a contaros algo que sucede más cerca de lo que parece, aunque muchas veces se esconda: las peleas ilegales de perros.
1. ¿Qué son las peleas de perros y por qué se organizan?
Una pelea de perros consiste en enfrentar deliberadamente a dos animales para que se ataquen entre sí, normalmente mientras otras personas observan y, en algunos casos, apuestan dinero por el resultado.
No estamos hablando de dos perros que se pelean accidentalmente en un parque. En estos casos, alguien prepara el enfrentamiento, utiliza a los animales como instrumentos de violencia y obtiene algún beneficio, que puede ser económico o estar relacionado con el prestigio dentro de un grupo.
¿Por qué lo hacen? Las razones pueden variar:
Dinero: algunas peleas están relacionadas con apuestas clandestinas.
Poder y prestigio: ciertos participantes quieren demostrar que sus perros son más fuertes o que ellos tienen más influencia dentro del grupo.
Maltrato y explotación: los animales se tratan como herramientas para ganar dinero, en lugar de como seres vivos que sienten dolor, miedo y estrés.
Hay que entender algo importante: no todas las personas que tienen perros considerados potencialmente peligrosos participan en estas actividades. La inmensa mayoría de los propietarios cuida a sus animales con responsabilidad. El problema no es la raza del perro, sino el comportamiento de quienes lo explotan.
2. ¿Qué perfil tiene una persona que acude a estas peleas?
«Esta es una de las preguntas que más me hacéis cuando hablamos de estos delitos. ¿Cómo puede alguien disfrutar viendo sufrir a un animal?»
No existe un único perfil psicológico, una edad concreta ni una clase social que permita identificar automáticamente a quienes participan en peleas de perros. Sería un error pensar que todos son iguales.
Sin embargo, en las investigaciones pueden aparecer distintos papeles:
El organizador: busca animales, reúne a los participantes y obtiene beneficios económicos o influencia dentro del grupo.
El propietario que utiliza a su perro para pelear: lo somete a situaciones violentas y puede tratarlo como una inversión, en vez de como un compañero.
El apostante o espectador: acude para observar el enfrentamiento y, en algunos casos, apostar dinero.
Quien facilita el lugar o colabora: puede prestar instalaciones, transportar animales o ayudar a ocultar la actividad.
Una misma persona puede desempeñar varios de estos papeles.
¿Y qué características pueden compartir algunos participantes? En ciertos casos, hay una actitud de desprecio hacia el sufrimiento animal, interés por el dinero o deseo de demostrar poder ante los demás. Pero no debemos confundir estas conductas con un diagnóstico psicológico: no podemos determinar cómo es una persona por dentro sin una evaluación adecuada.
Tampoco debemos caer en otro error: tener un perro fuerte o de una raza determinada no convierte a nadie en maltratador. Lo que importa es lo que hace la persona y cómo trata al animal.
3. ¿Cómo se organizan estas peleas?
Estas actividades son clandestinas, es decir, se realizan a escondidas para evitar que las descubran las autoridades.
Los investigadores pueden encontrarse con grupos de personas que se conocen entre sí, propietarios que aportan animales y colaboradores que facilitan espacios o medios para los encuentros. En los casos relacionados con apuestas, también puede existir movimiento de dinero.
A veces, las pistas que permiten descubrir estas actividades proceden de denuncias vecinales, vídeos, mensajes o lesiones sospechosas en los animales. La investigación policial intenta comprobar los hechos, identificar a los responsables y reunir pruebas que puedan presentarse ante un juez.
Hay un caso que ayuda a entenderlo. En mayo de 2016, la Guardia Civil detuvo en Jaca (Huesca) a un hombre investigado por entrenar perros para peleas ilegales. La investigación comenzó después de que varios vecinos alertaran de que algunos perros desaparecían y regresaban en mal estado. Los agentes reunieron pruebas y grabaciones de peleas, y localizaron animales relacionados con los hechos.
Este ejemplo también demuestra algo importante: la colaboración ciudadana puede ser decisiva para descubrir el maltrato.
4. ¿Qué ocurre con los perros que quedan heridos?
Esta es, probablemente, la parte más dura del reportaje.
Durante una pelea, los perros pueden sufrir mordeduras profundas, hemorragias, fracturas, lesiones en los ojos y daños internos. También pueden experimentar un estrés extremo. En los casos más graves, las heridas pueden causar la muerte.
¿Y qué pasa después? No existe un único destino para todos los animales, pero pueden darse varias situaciones:
Atención veterinaria urgente. Si el perro sobrevive, necesita que un profesional evalúe sus lesiones, controle el dolor y trate las heridas.
Retirada del entorno peligroso. Si existen indicios de maltrato, las autoridades pueden intervenir para protegerlo y evitar que vuelva a ser utilizado.
Recuperación en una protectora o centro especializado. Algunas entidades colaboran en la alimentación, los cuidados médicos y la rehabilitación.
Recuperación emocional. Un perro que ha sufrido violencia puede necesitar tiempo y ayuda profesional para volver a confiar en las personas y relacionarse con otros animales.
Adopción, cuando sea posible. Algunos perros llegan a encontrar una familia responsable, pero otros necesitan cuidados especiales o no pueden darse en adopción inmediatamente porque forman parte de una investigación judicial.
También puede ocurrir que el animal muera o que las lesiones sean tan graves que dejen secuelas permanentes.
Un ejemplo de cómo actúan las autoridades ante el maltrato animal, aunque no se trataba específicamente de una operación contra peleas de perros, fue la operación Colaphus, en Málaga. En febrero de 2024, el SEPRONA informó del rescate de 111 animales y de la investigación de 34 personas por presuntos delitos de maltrato y abandono. Los animales quedaron al cuidado de asociaciones y protectoras o bajo otras medidas de protección, según cada caso.
Recordad esto: un perro herido no es un objeto estropeado que se tira a la basura. Es un ser vivo que necesita atención y protección.
5. ¿Se ha actuado contra estas personas en España recientemente?
Sí. En España se investiga y persigue el maltrato animal, y hay operaciones recientes contra personas sospechosas de cometerlo. Eso sí, debemos distinguir entre las actuaciones contra las peleas de perros y las que se dirigen contra otras formas de crueldad: no todas las operaciones por maltrato están relacionadas con peleas.
Estos son algunos ejemplos documentados:
Marzo de 2026 — Cádiz
La Guardia Civil investigó a 18 personas por presuntos delitos de maltrato animal y rescató a 75 perros, además de un burro y una yegua. Algunos perros estaban encadenados o atados permanentemente en instalaciones precarias y presentaban signos de abandono y desnutrición. No fue una operación específicamente contra peleas de perros, pero muestra cómo se actúa frente al maltrato.
Abril y mayo de 2026 — Gijón, Asturias
Tras intervenir un criadero en el que había cientos de perros en malas condiciones, fueron evacuados 339 animales. En mayo, dos responsables fueron detenidos por presunto maltrato animal. Los perros fueron trasladados a instalaciones de acogida y protectoras, y su situación quedó sometida a control judicial. Tampoco fue un caso específico de peleas clandestinas.
Mayo de 2016 — Jaca, Huesca
En una operación dirigida expresamente contra las peleas ilegales, la Guardia Civil detuvo a un hombre y localizó perros que presentaban signos de haber participado en ellas. Es un ejemplo claro de actuación contra esta práctica concreta, aunque no es reciente.
La conclusión es que existen actuaciones policiales y judiciales contra el maltrato, pero no sería correcto afirmar, sin una noticia concreta que lo demuestre, que todas estas operaciones han desmantelado redes de peleas de perros.
6. ¿Qué dice la ley española?
La legislación española prohíbe utilizar animales en peleas y maltratarlos. La Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, establece obligaciones para garantizar su protección, mientras que el Código Penal contempla delitos de maltrato animal y sus correspondientes penas.
Según las circunstancias y la gravedad de los hechos, las consecuencias para los responsables pueden incluir:
Penas de prisión o multas, cuando corresponda conforme al Código Penal.
Inhabilitación para ejercer profesiones relacionadas con animales o para tenerlos, en los supuestos previstos por la ley.
Intervención o retirada de los animales para protegerlos.
Otras responsabilidades administrativas o judiciales.
La sanción concreta depende de los hechos probados, de las lesiones causadas y de las circunstancias del caso. Que una persona sea investigada o detenida no significa que ya haya sido condenada.
7. ¿Qué podéis hacer vosotros si sospecháis que hay una pelea de perros?
«No hace falta ser policía para ayudar a proteger a un animal. A veces, avisar a tiempo es lo que permite salvarlo».
Si observáis una situación sospechosa, comunicadla a la Policía Local o a la Guardia Civil.
Si los hechos están relacionados con delitos contra los animales o con el medio ambiente, podéis contactar con el SEPRONA a través del teléfono 062.
Si es seguro hacerlo, anotad datos objetivos, como el lugar, la fecha y lo que habéis observado.
No os enfrentéis a los sospechosos ni intentéis entrar en propiedades privadas.
No os pongáis en peligro ni os acerquéis a perros heridos o asustados que puedan reaccionar de forma imprevisible.
No intentéis organizar una investigación por vuestra cuenta: corresponde a las autoridades comprobar los hechos y reunir las pruebas.
La reflexión final del agente Martín
«Si tuviera que explicaros todo este reportaje en tres frases, os diría lo siguiente: las peleas de perros no son un deporte, sino una forma de explotación y crueldad. Detrás puede haber dinero, intereses personales y grupos que intentan ocultar lo que hacen. Y, frente a ello, la ley, la investigación policial, los veterinarios y las protectoras trabajan para que los animales reciban protección y sus responsables respondan por sus actos».
Un perro no elige participar en una pelea ni comprende las apuestas que hacen las personas a su alrededor. Depende de nosotros para recibir alimento, cuidados y seguridad. Por eso, la verdadera fortaleza no consiste en conseguir que un animal haga daño a otro, sino en saber cuidarlo y protegerlo.
Fuentes para ampliar el reportaje
Te lo explicaría así, siguiendo con nuestro agente imaginario del SEPRONA. Hay dos cuestiones importantes: cómo se somete a los perros para convertirlos en animales de pelea y quién fue Fly, una perra cuyo nombre parece estar relacionado con una historia concreta.
1. ¿Cómo preparan a un perro para pelear?
«Cuando investigamos estos casos, no vemos un entrenamiento deportivo normal. Vemos cómo algunas personas intentan convertir el miedo, el dolor y los instintos del animal en instrumentos de violencia».
En las peleas clandestinas, algunos responsables someten a los perros a prácticas abusivas para fomentar su agresividad y conseguir que continúen luchando incluso cuando están heridos. Los métodos varían según el grupo y la época.
Podemos distinguir varios aspectos:
Condicionamiento mediante violencia: el animal puede ser sometido a intimidación, castigos o situaciones que le generan estrés. Eso no significa que se vuelva valiente: puede estar actuando por miedo o por respuestas aprendidas.
Preparación física abusiva: algunos responsables fuerzan el ejercicio y el esfuerzo físico, sin respetar el descanso, la hidratación ni los límites del animal.
Exposición a otros perros para provocar agresividad: en lugar de enseñar una convivencia segura, se fomenta una respuesta violenta frente a otros animales.
Resistencia al sufrimiento: algunas personas intentan que el perro siga actuando pese al dolor o al agotamiento. Eso puede agravar las lesiones y poner en peligro su vida.
No voy a dar instrucciones prácticas para enseñar a un perro a atacar o para hacer que aguante una pelea. Sí conviene entender el mecanismo general: no se trata de que el perro comprenda una competición, sino de que los humanos manipulan su conducta y lo exponen deliberadamente a situaciones peligrosas.
La Guardia Civil documentó un caso muy ilustrativo en la operación REINALDUS, en Jaca, en mayo de 2016. Investigó a un hombre acusado de entrenar perros para peleas ilegales; se decomisaron seis animales y se inmovilizaron otros diez que presentaban síntomas compatibles con haber participado en peleas.
2. ¿Cómo consiguen que un perro sobreviva a una pelea?
Aquí hay una diferencia fundamental entre preparar a un animal para soportar el abuso y proteger realmente su salud.
Quienes explotan perros en estos combates pueden intentar mantenerlos en condiciones físicas que les permitan seguir participando. Pero no existe una técnica que garantice que un perro sobreviva: incluso un animal fuerte y aparentemente sano puede morir por una hemorragia, lesiones internas, un golpe de calor o el agotamiento.
Desde el punto de vista veterinario, lo que de verdad puede salvarle la vida es recibir atención urgente, controlar las hemorragias, tratar el dolor y las lesiones, y mantenerlo bajo vigilancia profesional. Retrasar la atención para ocultar una pelea puede empeorar mucho su pronóstico.
En España, además, preparar animales para pelear, fomentar su agresividad y utilizarlos en combates son conductas prohibidas.
