Candanchú, abril de 1997: el disparo que sacudió al Ejército español
La noche del 18 al 19 de abril de 1997, en el destacamento de Candanchú de la entonces Escuela Militar de Alta Montaña y Operaciones Especiales de Jaca, una escena que comenzó entre alcohol, vídeos bélicos y exhibiciones de autoridad terminó con la muerte de un joven cabo de reemplazo de 19 años: Samuel Ferrer Caja.
El autor del disparo fue el sargento primero Juan Carlos Miravete Duque. El caso no solo acabó con una condena militar ejemplarizante; también destapó graves carencias disciplinarias, controles internos deficientes y una cultura de tolerancia al alcohol y a ciertas conductas impropias dentro de algunos cuarteles del Ejército español de los años noventa.
La noche del crimen
Según las investigaciones judiciales y el informe presentado días después por el ministro de Defensa, Miravete había consumido vino, cerveza y pacharán durante horas junto a varios soldados de la unidad.
En el Hogar del Soldado del cuartel de Candanchú, el suboficial proyectó primero vídeos militares y después la película El sargento de hierro. Testigos declararon que el ambiente fue derivando hacia una mezcla de exaltación militar, relatos de supuestas experiencias como mercenario y demostraciones físicas y de manejo de armas.
En un momento de la noche, Miravete sacó su pistola reglamentaria. Según la reconstrucción oficial, retiró inicialmente el cargador y entregó el arma al cabo Samuel Ferrer. Más tarde, el arma volvió a cargarse. El sargento ordenó al cabo que disparara; Ferrer se negó. Poco después, Miravete recuperó la pistola y se produjo el disparo que alcanzó al joven en el pecho.
La versión oficial inicial habló de “disparo accidental”. Sin embargo, el contexto de intimidación, el estado de embriaguez del suboficial y la presión jerárquica dentro del cuartel provocaron un enorme escándalo público y político.
Un pasado inquietante que nadie frenó
Lo que convirtió el caso en una auténtica crisis institucional fue descubrir que Miravete ya había matado antes a otro militar.
En 1984, destinado en Sabiñánigo, había causado la muerte de otro sargento mientras manipulaba su arma tras consumir alcohol. Un tribunal militar lo condenó entonces a un año de prisión por imprudencia temeraria. La pena, relativamente leve, le permitió regresar posteriormente al servicio activo.
Ese antecedente no figuraba de manera efectiva en su historial operativo cuando fue destinado a Jaca. El propio ministro de Defensa, Eduardo Serra, reconoció en el Congreso que el sistema de seguimiento disciplinario y psicológico presentaba graves deficiencias.
Compañeros y vecinos describieron además a Miravete como una persona conflictiva cuando bebía. Algunos testimonios afirmaban que “la montaba” tras consumir alcohol.
La reacción política y militar
La muerte de Samuel Ferrer estalló en un momento especialmente delicado para las Fuerzas Armadas españolas. España avanzaba hacia la profesionalización del Ejército y el final del servicio militar obligatorio, mientras la opinión pública exigía modernización y transparencia.
El Ministerio de Defensa reaccionó con rapidez:
- El director de la escuela militar de Jaca fue destituido pocos días después.
- Se anunciaron revisiones de los controles psicotécnicos y disciplinarios.
- Defensa planteó restringir el consumo de alcohol en los acuartelamientos.
- Se abrió un debate sobre la cancelación automática de antecedentes penales y disciplinarios dentro de las Fuerzas Armadas.
El caso también dañó seriamente la imagen de una de las unidades más prestigiosas del Ejército de Tierra, la compañía de esquiadores-escaladores de Candanchú, considerada una élite de montaña.
La condena
En 1998, el Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona condenó a Miravete a 15 años de prisión por “maltrato de obra a inferior con resultado de muerte” y “extralimitación en el ejercicio del mando”. La sentencia reconocía una eximente incompleta de embriaguez, pero consideraba plenamente responsable al suboficial.
Además:
- Fue expulsado de las Fuerzas Armadas.
- Perdió sus derechos militares.
- El Estado fue declarado responsable civil subsidiario.
- La familia de Samuel Ferrer recibió una indemnización millonaria en pesetas.
En 1999, el Tribunal Supremo confirmó íntegramente la condena.
Las consecuencias para el Ejército español
El “caso Miravete” se convirtió en un símbolo de varios problemas estructurales del Ejército español de la época:
1. Fin de la tolerancia informal al alcohol en cuarteles
Aunque el consumo de alcohol no desapareció, Defensa endureció normas y controles internos. El caso dejó claro que ciertas prácticas normalizadas en ambientes militares podían tener consecuencias letales.
2. Mayor control psicológico y disciplinario
Se reforzaron los informes personales y las evaluaciones psicotécnicas para cuadros de mando. La idea de que un militar con antecedentes graves pudiera seguir ejerciendo autoridad armada provocó una fuerte alarma institucional.
3. Debate sobre la justicia militar
El caso abrió críticas sobre el corporativismo y la permisividad histórica de algunos tribunales militares. Muchos observadores señalaron que la primera condena de Miravete, en 1985, había sido demasiado benévola.
4. Impacto en la imagen pública del Ejército
La muerte de un soldado de reemplazo a manos de un superior, dentro de un cuartel y en un ambiente de alcohol, tuvo enorme repercusión mediática. El episodio aceleró demandas de profesionalización y modernización cultural de las Fuerzas Armadas.
Una herida todavía recordada en Jaca
La Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca ha seguido siendo una de las instituciones más exigentes y prestigiosas del Ejército español. A lo largo de los años ha sufrido otros accidentes mortales durante ejercicios y maniobras, aunque en contextos completamente distintos y relacionados con el alto riesgo operativo de sus actividades.
Pero el asesinato de Samuel Ferrer sigue ocupando un lugar singular en la memoria militar española: no fue un accidente de instrucción ni una muerte en maniobras. Fue un crimen cometido dentro de la cadena de mando, bajo un clima de abuso de autoridad y negligencia institucional que el Ejército español se vio obligado a revisar profundamente.

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