sábado, 18 de abril de 2026

Primer crime: a true history. (Dead Man´s Wire), de Gus Van Sant.

 


La historia que mencionas es real… pero con algunos matices importantes, porque hay nombres que a menudo se citan mal. La película y el caso gira en torno a Tony Kiritsis.

viernes, 17 de abril de 2026

Lo que se sabe de cierto sobre las cacerías organizadas de civiles en Sarajevo entre 1992 y 1996.

 


Lo primero importante es poner los pies en el suelo: no estamos ante hechos probados judicialmente, sino ante acusaciones muy graves que están siendo investigadas desde hace poco (sobre todo en Italia) y que siguen siendo parcialmente controvertidas. Hay testimonios, indicios y un documental (Sarajevo Safari), pero todavía no existe una reconstrucción definitiva ni condenas por este fenómeno concreto.

Dicho eso, te explico lo que sí se sabe —y lo que no— de forma clara.


Qué son esas “cacerías humanas” en Sarajevo

Durante el asedio de Sarajevo (1992-1995), controlado en gran parte por fuerzas serbobosnias, surgieron denuncias de lo que se ha llamado “sniper tourism” o “safaris humanos”.

Según esas denuncias:

  • Extranjeros adinerados (Italia, EE. UU., Rusia, etc.) viajaban a zonas controladas por fuerzas serbias.
  • Pagaban grandes sumas (unos 80.000–100.000 € actuales) para disparar a civiles desde posiciones de francotirador.
  • Eran llevados a las colinas alrededor de Sarajevo por unidades serbobosnias.

Las fuentes que sostienen esto proceden sobre todo de:

  • Testimonios recogidos por el periodista italiano Ezio Gavazzeni.
  • Declaraciones de exmilitares o agentes de inteligencia bosnios.
  • El documental Sarajevo Safari (2022).

Pero hay que subrayar algo clave:
👉 también hay escepticismo serio, incluso de militares internacionales que estuvieron allí y dicen no haber visto nada así.


¿Qué “trofeos” recibían los cazadores?

Aquí hay mucha menos solidez documental.

  • Lo único que aparece en varias informaciones es la existencia de una especie de “lista de precios” según el tipo de víctima (niños más caros, luego adultos, etc.).
  • No hay pruebas sólidas ni consistentes de que se entregaran trofeos físicos estandarizados (como objetos, insignias, etc.).

Algunas versiones periodísticas o testimonios hablan de:

  • “acreditaciones” informales,
  • o simplemente el “logro” de haber disparado,

pero esto entra en el terreno de lo no verificado. No existe evidencia judicial de un sistema formal de trofeos.


Qué investiga actualmente Italia

Italia es el país donde la investigación está más avanzada.

  • La Fiscalía de Milán abrió una investigación en 2025 por asesinato con agravantes de crueldad.
  • Se intenta identificar a ciudadanos italianos implicados en estos hechos.
  • Ya hay un primer sospechoso identificado (un hombre de unos 80 años).

Las dificultades son enormes:

  • Han pasado más de 30 años
  • Pruebas escasas o fragmentarias
  • Hechos en varios países

Por eso, todavía no hay condenas derivadas de esta investigación.


¿Qué militares serbios están implicados?

Aquí hay que separar bien:

  • En general, las acusaciones hablan de miembros de fuerzas serbobosnias que habrían facilitado acceso a posiciones de tiro.
  • En algunas informaciones aparece el nombre de Jovica Stanišić como posible organizador o figura vinculada.

Pero cuidado:

  • No existe, a día de hoy, una condena específica en tribunales internacionales por “sniper tourism”.
  • Los tribunales como el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia sí condenaron a militares serbios por:

    • crímenes de guerra,
    • ataques a civiles,

    pero no por organizar safaris de extranjeros como tal.

En resumen:
👉 La responsabilidad penal por este fenómeno concreto no está establecida judicialmente.


El Hollywood de los años dorados y la cirugía estética.


 La relación entre el cine clásico de Hollywood y la cirugía estética es bastante más compleja de lo que suele imaginarse. En las primeras décadas del siglo XX, la industria construyó un ideal de belleza muy rígido, pero paradójicamente todavía existía cierto rechazo —o al menos discreción— hacia las intervenciones quirúrgicas visibles. La “magia” debía parecer natural, aunque detrás hubiera disciplina extrema, maquillaje sofisticado o, en algunos casos, intervenciones médicas incipientes.

En el caso de Mary Pickford, su imagen estaba profundamente ligada a la inocencia juvenil: rizos dorados, rostro aniñado, gestos dulces. No hay evidencia sólida de que recurriera a cirugía estética como tal, pero sí se sabe que controlaba con rigor su imagen y temía perder ese aire juvenil que definía su carrera. En su época, cualquier alteración quirúrgica visible podía ser vista como una amenaza a esa autenticidad que el público adoraba.

Hedy Lamarr, considerada una de las mujeres más bellas del cine, tampoco es un caso claro de cirugía estética temprana. Su rostro se convirtió en un estándar casi “perfecto” en Hollywood, pero esa perfección respondía más a genética, iluminación y maquillaje que a intervenciones quirúrgicas conocidas. Sin embargo, como muchas actrices, vivió bajo una enorme presión para mantener esa imagen con el paso del tiempo, lo que en décadas posteriores sí llevó a muchas estrellas a recurrir a cirugías.

Más interesante es el caso de Marlene Dietrich. Aunque nunca reconoció abiertamente haberse sometido a cirugía estética, existen rumores persistentes sobre procedimientos para afinar el rostro o elevar los pómulos. Lo que sí está documentado es su uso innovador de técnicas no quirúrgicas: iluminación estratégica, depilación de la línea del cabello y, según algunos testimonios, incluso métodos físicos como cintas para tensar la piel. Dietrich entendía la imagen como una construcción técnica, casi arquitectónica.

Gloria Swanson ofrece un ejemplo más cercano al choque entre envejecimiento y estética en Hollywood. Aunque tampoco hay pruebas concluyentes de cirugía temprana, sí se sabe que, ya en la era del cine sonoro y especialmente en su madurez, exploró tratamientos cosméticos para mantenerse vigente. Su papel en Sunset Boulevard refleja precisamente esa obsesión de la industria por la juventud eterna.

En cuanto a los hombres, figuras como John Wayne y Clark Gable muestran una relación distinta con la estética. La presión existía, pero era menos intensa y más específica. En el caso de Gable, por ejemplo, su problema más conocido no fue la cirugía estética sino su dentadura: usaba prótesis que influyeron en su apariencia facial. Wayne, por su parte, proyectaba una masculinidad robusta que no requería los mismos estándares de perfección facial. La cirugía estética masculina era mucho menos común y menos aceptada, salvo en casos discretos o correctivos.

Donde la situación se vuelve más problemática es en el tema del aumento de pecho, especialmente a partir de mediados del siglo XX. Aunque no era tan común en la época dorada más temprana, la presión por cuerpos más voluptuosos fue creciendo con el tiempo. Las primeras técnicas de aumento mamario eran rudimentarias y, en muchos casos, peligrosas: se experimentó con inyecciones de parafina, silicona líquida e incluso materiales no médicos. Las consecuencias para muchas mujeres fueron graves, incluyendo infecciones, deformidades y problemas de salud a largo plazo.

La industria del cine jugó un papel ambiguo. Por un lado, impulsaba ideales físicos difíciles de alcanzar; por otro, no ofrecía protección ni regulación suficiente a las actrices que recurrían a métodos arriesgados para mantenerse competitivas. Muchas decisiones se tomaban en un entorno de presión laboral, miedo al reemplazo y falta de información médica fiable.

En conjunto, estas historias muestran que la cirugía estética en Hollywood no empezó como una práctica abierta y normalizada, sino como algo oculto, experimental y, en ocasiones, peligroso. Las grandes estrellas del cine clásico no siempre pasaron por el quirófano, pero sí vivieron bajo un sistema que las empujaba constantemente hacia la perfección física, a veces a costa de su salud y su identidad.

¿Llegaron Bennett y Byrd los primeros al Polo Norte en aeroplano?¿O fue un fraude?


 El supuesto fraude en torno a los vuelos sobre el Polo Norte a comienzos del siglo XX es una de esas historias donde la ambición, la tecnología incipiente y la falta de pruebas concluyentes se mezclan bastante.

En 1926, el explorador estadounidense Richard E. Byrd afirmó haber sobrevolado el Polo Norte junto con el piloto Floyd Bennett a bordo de un avión Fokker trimotor. En su momento, la hazaña fue celebrada como un logro histórico: sería la primera vez que un avión alcanzaba el Polo Norte. Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron dudas serias sobre si realmente lo lograron.

El principal problema es la falta de pruebas verificables. Byrd registró datos de navegación en su diario, pero décadas más tarde, cuando este documento salió a la luz, algunos expertos detectaron inconsistencias. Por ejemplo, la velocidad registrada del avión parece insuficiente para haber completado el trayecto en el tiempo declarado, especialmente considerando las duras condiciones del Ártico. Además, no existían en ese momento instrumentos de navegación lo suficientemente precisos como para confirmar con exactitud que habían pasado exactamente por el Polo. Todo esto ha llevado a muchos historiadores a pensar que Byrd y Bennett pudieron haber dado la vuelta antes de llegar y, aun así, declarar el éxito.

Ese mismo año, unos días después, el explorador noruego Roald Amundsen —famoso por haber sido el primero en llegar al Polo Sur— lideró una expedición diferente. Junto con el ingeniero italiano Umberto Nobile, sobrevolaron el Polo Norte en el dirigible Norge. A diferencia del vuelo de Byrd, esta expedición sí contó con múltiples testigos, una ruta mejor documentada y mayor credibilidad histórica. Por eso, hoy en día, muchos consideran que el vuelo del Norge fue el primer sobrevuelo confirmado del Polo Norte.

La polémica, en el fondo, refleja los límites de la exploración en aquella época. No es que haya una “prueba definitiva” de fraude en el caso de Byrd y Bennett, pero sí un cúmulo de dudas razonables que han erosionado su reputación histórica. Mientras tanto, Amundsen y Nobile han quedado con un reconocimiento más sólido, en parte porque su expedición fue más transparente y mejor documentada.

En resumen, más que un fraude demostrado, lo de Byrd y Bennett se mueve en una zona gris: una hazaña proclamada que, con el tiempo, ha perdido credibilidad frente a una alternativa mejor respaldada.

La Nueve.

 


La llamada “La Nueve” —nombre popular de la 9.ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad dentro de la 2.ª División Blindada de la Francia Libre— constituye uno de los episodios más singulares de la Segunda Guerra Mundial: una unidad integrada casi por completo por exiliados republicanos españoles que combatieron bajo bandera francesa contra el nazismo desde África hasta el corazón de Alemania.


Origen: del exilio republicano a la Francia Libre

El origen de La Nueve está directamente ligado a la derrota republicana en la Guerra Civil española. Tras 1939, miles de combatientes antifranquistas cruzaron la frontera y fueron internados en campos franceses o enviados a trabajos forzados en el norte de África. Muchos acabarían integrándose en unidades militares francesas tras el colapso de Francia en 1940 y la posterior reorganización de las fuerzas leales a la Francia Libre de Charles de Gaulle.

Cuando en 1943 se organiza la 2.ª División Blindada del general Philippe Leclerc, estos españoles —anarquistas, socialistas, comunistas o simplemente antifranquistas— se concentran en gran número en una compañía concreta: la 9.ª, que pronto será conocida como “La Nueve”. De unos 160 hombres, aproximadamente 146 eran españoles.

Para muchos de ellos, la guerra mundial era la continuación natural de la guerra contra el fascismo iniciada en España. Existía incluso la esperanza —nunca cumplida— de que, tras derrotar a Hitler, los aliados apoyaran la caída del régimen de Franco.


Relación con la Francia Libre y su mando

La Nueve nunca fue una unidad autónoma española, sino plenamente integrada en la estructura militar de la Francia Libre. Estaba encuadrada en la División Leclerc, subordinada al mando aliado (especialmente al ejército estadounidense en campaña).

Sin embargo, su identidad española era evidente:

  • Se les permitió portar la bandera republicana en los uniformes.
  • Sus vehículos llevaban nombres como Guadalajara, Ebro o Teruel, evocando batallas de la Guerra Civil.

El mando formal era francés, pero con una fuerte presencia de suboficiales españoles:

Oficiales destacados:

  • Capitán Raymond Dronne (francés), jefe de la compañía.
  • Teniente Amado Granell (español), figura clave en la entrada en París.

El alto mando francés, incluido De Gaulle, reconoció su valor —aunque ese reconocimiento fue tardío y durante décadas incompleto—.


Armamento y estructura

La Nueve era una unidad de infantería mecanizada, equipada principalmente con material estadounidense suministrado a la Francia Libre:

  • Semiorugas M3 (vehículos principales de combate)
  • Tanques M4 Sherman (en apoyo)
  • Vehículos blindados M8 Greyhound
  • Jeeps y camiones logísticos (GMC, Dodge, etc.)

Cada sección operaba con semiorugas armados (a menudo con cañones de 57 mm o ametralladoras pesadas), lo que les daba gran movilidad y potencia de fuego en operaciones rápidas.


Operaciones en el norte de Francia

La Nueve desembarcó en Normandía en agosto de 1944, integrada en el Tercer Ejército estadounidense de Patton.

Participó en combates intensos en:

  • Alençon
  • Écouché
  • Zona del cerco de Falaise

Actuaron frecuentemente como unidad de vanguardia, caracterizada por audacia y rapidez. En Écouché, por ejemplo, realizaron incursiones tras líneas alemanas capturando prisioneros y material.


La liberación de Francia: París como momento culminante

El episodio más célebre de La Nueve es su papel en la liberación de París.

El 24 de agosto de 1944, por decisión de Leclerc —apoyado por De Gaulle—, la compañía fue enviada como avanzadilla hacia la capital sublevada contra los alemanes.

Esa misma noche:

  • La sección del teniente Amado Granell fue la primera en llegar al Ayuntamiento de París.
  • Sus vehículos, con nombres españoles, fueron los primeros blindados aliados en entrar en la ciudad.

Este hecho tiene una enorme carga simbólica: los primeros soldados aliados en París eran, en su mayoría, españoles antifranquistas.


Continuación de la guerra: Alsacia y Alemania

Tras París, la guerra continuó sin pausa.

La Nueve participó en:

  • Campaña de Lorena
  • Liberación de Estrasburgo (noviembre de 1944)
  • Combates en Alsacia, muy duros en invierno

En 1945 cruzaron el Rin y penetraron en Alemania, sufriendo bajas tanto por combate como por condiciones extremas (frío intenso, bombardeos).

Su última gran acción fue la toma del “Nido del Águila” en Berchtesgaden (mayo de 1945), uno de los últimos símbolos del poder nazi.

Al final de la guerra, la unidad había sufrido enormes pérdidas: de los aproximadamente 160 hombres iniciales, apenas quedaban unas decenas en activo.


Balance histórico

La Nueve representa:

  • La continuidad del antifascismo español en el exilio
  • La dimensión internacional de la lucha contra el nazismo
  • Un caso paradigmático de memoria olvidada y posteriormente recuperada

Durante décadas, su papel fue minimizado en Francia (por razones políticas y narrativas nacionales) y prácticamente ignorado en España franquista. Solo desde finales del siglo XX se ha reconocido plenamente su contribución.


Bibliografía recomendada

Aquí tienes algunas obras fundamentales (académicas y divulgativas):

  • Evelyn Mesquida — La Nueve. Los españoles que liberaron París
  • Raymond Dronne — Carnets de route d’un croisé de la France libre
  • Diego Gaspar Celaya — estudios sobre españoles en la Francia Libre
  • Jean-François Muracciole — La Libération de Paris
  • Alberto Marquardt — La Nueve. Libération de Paris

También merece la pena:

  • Paco Roca — Los surcos del azar (novela gráfica muy documentada)

jueves, 16 de abril de 2026

El clan de los Pelayos. Cómo saltar la banca de los casinos una y otra vez.


 La historia del llamado “clan de los Pelayos” es uno de los casos más fascinantes (y reales) de gente que logró ganar de forma sistemática en un juego diseñado para que la casa siempre tenga ventaja. Y lo interesante es que no usaron trampas en el sentido clásico: ni imanes, ni dispositivos ocultos, ni nada ilegal. Lo que hicieron fue algo mucho más incómodo para los casinos… usar matemáticas, paciencia y observación extrema.

Todo empieza a principios de los años 90 con Gonzalo García-Pelayo, que parte de una idea muy simple pero potente: las ruletas no son perfectas. En teoría, cada número debería salir con la misma probabilidad, pero en la práctica hay pequeños defectos físicos —ligeras inclinaciones, desgaste, diferencias en el material— que hacen que ciertos números aparezcan más de lo esperado.

A partir de ahí construyen un sistema casi obsesivo. No llegaban al casino a apostar sin más: primero observaban durante días o semanas una misma ruleta, anotando miles de tiradas. Con esos datos identificaban qué números estaban “sesgados”. Cuando encontraban una desviación suficiente, volvían y apostaban únicamente a esos números, repitiendo jugadas con disciplina. La clave no era ganar una vez, sino tener una pequeña ventaja estadística sostenida en el tiempo.

Además, funcionaban como una pequeña empresa familiar. Mientras unos recogían datos, otros analizaban, y otros ejecutaban las apuestas para no levantar sospechas. Ese trabajo coordinado les permitió ganar enormes cantidades de dinero en varios casinos de España, Europa e incluso Las Vegas, acumulando cientos de millones de pesetas.

Naturalmente, los casinos no tardaron en reaccionar. Al principio intentaron medidas bastante directas: expulsarlos o prohibirles la entrada cuando los reconocían. Pero eso les generó problemas legales, porque los Pelayos no hacían trampas; simplemente explotaban fallos del propio sistema. De hecho, años después los tribunales españoles les dieron la razón y reconocieron su derecho a jugar.

Así que los casinos tuvieron que ponerse más técnicos. Empezaron a cambiar las ruletas con más frecuencia, rotarlas, ajustar sus mecanismos o sustituirlas por modelos más precisos donde esos sesgos prácticamente desaparecen. También evolucionaron hacia ruletas electrónicas o sistemas con generadores aleatorios, donde este tipo de análisis ya no funciona.

Con el tiempo, ese “agujero” que explotaban los Pelayos se fue cerrando. Las ruletas modernas están mucho más calibradas, así que su método original dejó de ser tan rentable. Pero aquí viene lo interesante: el clan no desapareció, sino que se adaptó.

Hoy en día siguen activos en el mundo del juego, pero aplicando la misma filosofía a otros ámbitos: póker, apuestas deportivas, máquinas y entornos online. Es decir, ya no buscan defectos físicos en una ruleta, sino patrones, probabilidades y ventajas estadísticas en sistemas más complejos y digitales.

Al final, lo que define a los Pelayos no es tanto “ganar a la ruleta”, sino algo más general: detectar cuándo un sistema que parece aleatorio en realidad no lo es del todo… y tener la disciplina para explotarlo. Y eso, más que un truco, es casi una forma de pensar.

Simo Häyhä, la Muerte Blanca.

 


[Escenario: una cabaña de madera en Finlandia. Nieve cayendo fuera. Un periodista se sienta frente a un hombre bajo, de rostro marcado, tranquilo.]

Periodista: Señor Häyhä… antes de la guerra, ¿quién era usted?

Häyhä: Un campesino. Cazador. Nada más. Crecí en el campo… disparar era parte de sobrevivir. No pensaba en guerras, ni en política.

Periodista: ¿Era usted pacifista?

Häyhä: No me gustaba la violencia. Pero cuando empezó la Guerra de Invierno… no era una elección. Defendíamos nuestras casas.


Periodista: Se convirtió en el francotirador más letal de Finlandia. ¿Cómo ocurrió?

Häyhä: No ocurrió de golpe. Sabía moverme en el bosque. Sabía esperar. La paciencia mata más que la prisa.

Periodista: ¿Era difícil disparar a soldados soviéticos vestidos de verde?

Häyhä: No si sabes mirar. El blanco no es el uniforme… es el error. Ellos no entendían la nieve. Se movían demasiado. Respiraban fuerte. Brillaban.

Periodista: ¿Horas tumbado a -50 °C?

Häyhä: Si te mueves, mueres. Compactaba la nieve frente a mí para que el disparo no levantara polvo. Incluso mantenía nieve en la boca… para que el vapor no me delatara.


Periodista: Los soviéticos lo llamaban “La Muerte Blanca”.

Häyhä: (encoge los hombros) Yo no pensaba en nombres.


Periodista: ¿Qué recuerda del día en que fue herido?

Häyhä: Una bala explosiva. Aquí. (señala la mandíbula)
No sentí dolor al principio… solo luz. Desperté días después. La guerra había terminado.

Periodista: Su rostro…

Häyhä: Es lo que queda.


Periodista: Algunos dicen que la resistencia finlandesa influyó en Adolf Hitler para subestimar a la Unión Soviética antes de la Operación Barbarroja.

Häyhä: No soy estratega. Pero vi al Ejército Rojo fallar aquí. Quizá otros lo vieron también… y sacaron conclusiones equivocadas.

Periodista: ¿Cree que eso llevó a decisiones precipitadas?

Häyhä: La guerra siempre castiga la arrogancia.


Periodista: Después de todo lo que hizo… ¿se arrepiente?

Häyhä: Hice lo que me ordenaron. Tan bien como pude.
No odio a los hombres que disparé. Pero si no lo hacía yo… ellos habrían venido a mi casa.


[Silencio. El viento golpea la cabaña.]

Periodista: ¿Y ahora?

Häyhä: Ahora… prefiero cazar alces.


Primer crime: a true history. (Dead Man´s Wire), de Gus Van Sant.

  La historia que mencionas es real… pero con algunos matices importantes, porque hay nombres que a menudo se citan mal. La película y el ca...