martes, 16 de junio de 2026

Judy Clarke: la abogada de los peores criminales de los Estados Unidos.

 


Caminar una hora al día produce numerosos beneficios.

 

lunes, 15 de junio de 2026

Las esposas mormonas: desde el postureo glamouroso hasta la defensa de lo tradicional.

 

Los atletas griegos usaban halteras para impulsarse.

 


Entrevistador: Bienvenidos a nuestro programa. Hoy vamos a hablar de un elemento poco conocido del deporte antiguo: las halteras, unos pesos que utilizaban los atletas griegos en el salto de longitud. Para ello nos acompañan el físico Dr. Javier Martín y el arqueólogo Dr. Alejandro Ruiz. Gracias por estar aquí.

Físico: Encantado.

Arqueólogo: Un placer.


¿Qué eran exactamente las halteras?

Entrevistador: Alejandro, empecemos por lo básico. ¿Qué eran las halteras?

Arqueólogo: Las halteras eran pesos de piedra o metal que los saltadores sostenían en las manos durante la prueba de salto de longitud en los juegos atléticos de la antigua Grecia. Solían pesar entre uno y cinco kilogramos cada una, aunque existían diferentes modelos. Tenían formas variadas: algunas eran semicirculares, otras más alargadas, diseñadas para sujetarse cómodamente durante la carrera previa y el salto.

Entrevistador: ¿Tenemos pruebas de que realmente se utilizaban?

Arqueólogo: Sí, bastantes. Aparecen mencionadas por autores antiguos como Pausanias y Filóstrato. Además, las vemos representadas en cerámicas griegas, especialmente en vasos áticos de los siglos VI y V a. C., donde los atletas aparecen sujetando claramente estos pesos mientras se preparan para saltar.


¿Se han encontrado halteras auténticas?

Entrevistador: ¿Y en excavaciones arqueológicas?

Arqueólogo: También. Se han recuperado ejemplares en distintos yacimientos de Grecia. Algunos proceden de lugares vinculados al entrenamiento atlético, como la región de Olimpia, mientras que otros han aparecido en gimnasios y santuarios deportivos. Estas piezas conservadas coinciden bastante con las representadas en las cerámicas, lo que refuerza la interpretación de que realmente se empleaban en competición y entrenamiento.

Entrevistador: Entonces no es una simple teoría basada en textos.

Arqueólogo: En absoluto. Tenemos una combinación muy sólida de evidencias: fuentes escritas, representaciones artísticas y objetos arqueológicos reales.


¿Cómo ayudaban las halteras al salto?

Entrevistador: Javier, desde el punto de vista de la física, ¿cómo puede ayudar llevar pesos en las manos a saltar más lejos?

Físico: A primera vista parece contradictorio, porque añadir masa suele dificultar el movimiento. Sin embargo, las halteras permitían aprovechar mejor el balanceo de los brazos. El atleta impulsaba los pesos hacia delante durante el despegue y luego realizaba un movimiento coordinado durante el vuelo y el aterrizaje.

La clave está en la conservación del momento lineal dentro del sistema formado por el atleta y las halteras. Al mover los pesos en determinados momentos, el saltador podía modificar ligeramente la posición de su centro de masas corporal y mejorar la postura de aterrizaje.


¿Cuánta ventaja proporcionaban realmente?

Entrevistador: ¿Estamos hablando de una mejora espectacular?

Físico: No. A veces se imagina que las halteras actuaban como una especie de "propulsor", pero eso sería exagerado. No generan energía adicional ni permiten violar las leyes de la física.

Los experimentos modernos realizados con réplicas indican que podrían aportar una mejora modesta, normalmente de unos pocos centímetros y, en condiciones ideales, quizá entre un 2 % y un 5 % de la distancia alcanzada. El beneficio depende mucho de la técnica.

Entrevistador: O sea, que no convertirían a un atleta corriente en campeón olímpico.

Físico: Exactamente. Serían una ayuda técnica, no un milagro deportivo.


¿Serían útiles para los saltadores actuales?

Entrevistador: Imaginemos ahora a los mejores especialistas modernos de salto de longitud. ¿Qué ocurriría si pudieran competir con halteras?

Físico: Es una cuestión fascinante. Los saltadores actuales poseen una técnica extraordinariamente refinada. Sus carreras de aproximación son más rápidas y eficientes que las de cualquier atleta antiguo conocido.

Si se les permitiera entrenar específicamente con halteras durante años, probablemente algunos obtendrían pequeñas ganancias. Sin embargo, esas mejoras serían mucho menores de lo que mucha gente imagina. Un atleta que salta ocho metros podría ganar quizá algunos centímetros adicionales, pero no decenas de centímetros.

Entrevistador: Entonces no veríamos récords pulverizados.

Físico: No necesariamente. De hecho, el peso extra también tiene inconvenientes: puede afectar a la velocidad de carrera y complicar la coordinación. El beneficio solo aparece cuando el movimiento está perfectamente sincronizado.


¿Cómo se representaban en el arte griego?

Entrevistador: Alejandro, volvamos a la arqueología. ¿Cómo aparecen las halteras en las imágenes antiguas?

Arqueólogo: En muchas cerámicas vemos secuencias muy interesantes. Algunas muestran al atleta sosteniendo los pesos antes del salto; otras parecen captar el instante del impulso. Gracias a estas representaciones sabemos que las halteras eran un elemento característico de la disciplina.


Además, las formas de los objetos representados coinciden notablemente con las halteras descubiertas en excavaciones. Es uno de esos casos en los que arte y arqueología encajan de forma casi perfecta.


¿Existía una técnica específica?

Entrevistador: ¿Los griegos tenían una técnica concreta para utilizarlas?

Arqueólogo: Las fuentes sugieren que sí. Los atletas las balanceaban hacia delante durante el despegue y hacia atrás poco antes de aterrizar.

Físico: Y precisamente ahí entra la física. Ese movimiento hacia atrás al final del salto podía ayudar al atleta a adelantar ligeramente las piernas y retrasar el tronco, favoreciendo un aterrizaje más eficiente. Es una ventaja pequeña, pero real.


Conclusión

Entrevistador: Para terminar, ¿cuál sería la idea principal que debería recordar nuestra audiencia?

Arqueólogo: Que las halteras fueron un elemento auténtico del atletismo griego antiguo. Están documentadas en textos, representadas en numerosas obras de arte y confirmadas por hallazgos arqueológicos.

Físico: Y desde el punto de vista científico, sí podían mejorar el rendimiento, aunque de forma moderada. No eran una trampa ni una tecnología revolucionaria, sino una ayuda técnica que aprovechaba principios mecánicos bien conocidos.

Entrevistador: Una combinación perfecta entre historia, arqueología y física. Muchas gracias a ambos por acompañarnos.

Físico: Gracias a vosotros.

Arqueólogo: Ha sido un placer.

Un viajero de 1929 explica a un estadounidenses sus impresiones acerca de la ciudad de Barcelona.

15 de junio de 1929. Barcelona.



 —¡Amigo mío, Barcelona me ha dejado absolutamente maravillado!

Confieso que partí hacia España esperando encontrar una ciudad antigua y pintoresca, pero lo que encontré fue algo mucho más sorprendente: una urbe moderna, industriosa y llena de una personalidad propia que no he visto en ninguna otra parte de Europa.

Lo primero que me impresionó fue su arquitectura modernista. Hay edificios que parecen salidos de un sueño. Las fachadas ondulan como si estuvieran vivas, cubiertas de mosaicos de colores y adornos fantásticos. El nombre que más se repite es el del arquitecto Antonio Gaudí, un genio excéntrico cuyas obras parecen desafiar todas las reglas conocidas de la construcción.

Y hablando de Gaudí, debes saber que visité la gran iglesia de la Sagrada Familia. Aunque todavía está lejos de completarse, las obras avanzan con una ambición extraordinaria. Sus torres se elevan ya sobre la ciudad como agujas gigantescas, y los barceloneses están convencidos de que algún día será una de las maravillas del mundo. Después de verla, no me atrevería a contradecirlos.

La vida cotidiana también me resultó fascinante. Probé el turrón, un dulce elaborado con miel y almendras que los españoles consumen especialmente en Navidad. Asimismo degusté una bebida llamada horchata de chufas. Se sirve fría y posee un sabor delicado y refrescante que resulta perfecto para los calurosos días mediterráneos.

Por las calles y en algunas fiestas vi hombres llevando una curiosa prenda roja de lana terminada en una especie de borla. La llaman barretina y constituye uno de los símbolos tradicionales de Cataluña.

También tuve ocasión de presenciar una sardana, la danza más característica de aquella región. Hombres y mujeres forman un círculo, se toman de las manos y ejecutan pasos cuidadosamente medidos mientras una pequeña orquesta interpreta melodías muy particulares. Algunos eruditos locales sostienen que sus orígenes podrían remontarse a antiguas danzas griegas llegadas al Mediterráneo occidental hace siglos. No sé si tal teoría es cierta, pero la danza posee ciertamente algo de antiguo ritual.

Barcelona, además, parece vivir rodeada de historia. Allí escuché una hipótesis sumamente interesante. Siempre nos han enseñado que la ciudad fue fundada por los romanos, pero algunos aficionados a la historia especulan con que su origen podría ser aún más antiguo y estar relacionado con los cartagineses. Según esa tradición, la familia de Aníbal Barca habría establecido un asentamiento en la zona antes de la llegada de Roma. No existen pruebas definitivas, desde luego, pero resulta tentador imaginar que el nombre de Barcelona pudiera derivar precisamente del apellido Barca.

La ciudad siente un gran orgullo por su pasado cultural. Me hablaron de las primeras imprentas establecidas allí en el siglo XV. Ya en 1478 se publicaban libros impresos, cuando aquella técnica revolucionaria apenas comenzaba a difundirse por Europa. Barcelona figuró entre los primeros centros editoriales de la Península, contribuyendo a la circulación del saber en una época de profundos cambios.

Sin embargo, los catalanes recuerdan también algunos agravios históricos. Muchos me explicaron que, tras el descubrimiento de América, la Corona reservó inicialmente el comercio con el Nuevo Mundo a determinados puertos castellanos. Como consecuencia, los mercaderes catalanes quedaron excluidos durante largo tiempo de aquellas oportunidades comerciales. Lo consideran una de las razones por las que su antigua tradición marítima no pudo beneficiarse inmediatamente de las riquezas americanas.

Y es que los catalanes poseen una larga memoria de sus aventuras mediterráneas. Durante la expansión de la Corona de Aragón, sus navegantes y comerciantes alcanzaron Sicilia, Cerdeña, Nápoles e incluso territorios más lejanos del Mediterráneo oriental. Todavía hablan con orgullo de aquella época en la que sus barcos surcaban prácticamente todo el mar interior europeo.

En definitiva, amigo mío, Barcelona es una ciudad extraordinaria: moderna y antigua al mismo tiempo, orgullosa de sus tradiciones pero abierta al progreso. He visitado muchas ciudades durante mis viajes, pero pocas me han dejado una impresión tan profunda como aquella gran capital catalana junto al Mediterráneo.

Sazán, un enclave de Albania estratégico muy disputado.

 


Sazán, la isla que todos quisieron: de César a Hoxha

A primera vista, Sazán parece apenas una isla rocosa situada frente a la costa suroccidental de Albania, donde las aguas del Adriático se encuentran con las del Jónico. Sin embargo, durante más de dos mil años este pequeño territorio ha sido codiciado por imperios, repúblicas marítimas, generales romanos, sultanes, dictadores y estrategas militares. Su posición, dominando la entrada de la bahía de Vlorë y las rutas marítimas entre Oriente y Occidente, convirtió a Sazán en una pieza clave en la geopolítica del Mediterráneo.

La guerra civil romana llega a Sazán

La primera gran lucha documentada por el control de la isla se remonta a la guerra civil que enfrentó a Julio César y Pompeyo en el siglo I a. C. Conocida entonces como Sason o Saso, la isla ocupaba una posición estratégica para controlar el tráfico naval entre Italia y los Balcanes.

Cuando César cruzó el Rubicón en el año 49 a. C. y comenzó la guerra contra Pompeyo, el Adriático se convirtió en un escenario crucial. Pompeyo dominaba gran parte de las rutas marítimas y utilizó diversos puertos e islas de la región para abastecer a sus fuerzas. César, por su parte, comprendió que controlar enclaves como Sazán resultaba esencial para garantizar las comunicaciones con sus ejércitos en Grecia e Iliria.

Aunque la isla nunca fue escenario de una gran batalla terrestre, sí formó parte del complejo tablero estratégico de la campaña que culminaría en la decisiva batalla de Farsalia, donde César derrotó definitivamente a Pompeyo en el año 48 a. C. Desde entonces, Sazán quedó integrada en el espacio marítimo romano, protegida por la poderosa armada imperial.

Entre Venecia y el Imperio otomano

Tras la caída del Imperio romano y siglos de dominación bizantina, la isla volvió a adquirir importancia durante la expansión marítima de la República de Venecia. A partir de la Edad Media, los venecianos comprendieron que quien controlara Sazán podía vigilar el acceso al Adriático y proteger las rutas comerciales hacia sus posesiones dálmatas.

Durante los siglos XV y XVI, la expansión del Imperio otomano provocó una larga pugna por el control de las costas balcánicas. Sazán cambió varias veces de manos en el contexto de las guerras veneciano-turcas. Los venecianos la utilizaron como punto de observación y apoyo naval, mientras que los otomanos buscaban impedir que la Serenísima dominara las comunicaciones marítimas de la región.

Finalmente, la creciente superioridad otomana en los Balcanes permitió a Estambul incorporar la isla a su esfera de influencia. Durante siglos, Sazán permaneció como un puesto periférico del Imperio otomano, más importante por su ubicación estratégica que por sus escasos recursos naturales.

Una disputa entre italianos, griegos y otomanos

El declive otomano en el siglo XIX volvió a convertir la isla en objeto de rivalidad internacional. Italia, recién unificada y deseosa de expandir su influencia en el Adriático, observaba con interés cualquier enclave situado frente a sus costas. Grecia, inmersa en la construcción de su propio Estado nacional, también reivindicaba espacios vinculados históricamente al mundo helénico.

Cuando el Imperio otomano comenzó a perder el control efectivo de la región, Sazán quedó atrapada en una compleja disputa diplomática. Durante las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913, las potencias europeas debatieron intensamente el futuro de numerosos territorios costeros.

La isla fue ocupada temporalmente por fuerzas griegas, mientras Italia incrementaba su presencia militar en la zona. Finalmente, las grandes potencias reconocieron la soberanía albanesa sobre el territorio, aunque la situación continuó siendo extremadamente inestable.

Mussolini y la anexión italiana

La llegada del fascismo al poder en Italia transformó radicalmente el destino de Sazán. Para Benito Mussolini, el Adriático debía convertirse en un “mar italiano”, y la pequeña isla constituía una pieza fundamental dentro de esa visión geoestratégica.

Italia reforzó progresivamente su presencia militar y utilizó Sazán como base avanzada para controlar el estrecho de Otranto, la puerta marítima entre el Adriático y el Mediterráneo oriental. En la práctica, la isla quedó integrada en el sistema defensivo italiano mucho antes de la invasión de Albania de 1939.

Tras la ocupación fascista del país balcánico, Sazán fue fuertemente fortificada. Se construyeron baterías costeras, instalaciones militares y posiciones defensivas destinadas a impedir cualquier incursión enemiga. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla desempeñó un papel relevante en el control naval de la región.

La fortaleza secreta de Enver Hoxha

Ningún periodo marcó tanto el paisaje de Sazán como el régimen comunista de Enver Hoxha. Tras la guerra, Albania se convirtió en uno de los Estados más aislados del mundo y desarrolló una auténtica obsesión defensiva.

Convencido de que el país podía ser invadido tanto por Occidente como por la Unión Soviética o Yugoslavia, Hoxha impulsó una gigantesca militarización del territorio nacional. Sazán se transformó en una fortaleza prácticamente inaccesible.

La isla fue cerrada al público durante décadas. Se construyeron redes de túneles excavados en la roca, refugios antiaéreos, almacenes subterráneos y complejos militares capaces de resistir ataques convencionales. Miles de soldados estuvieron destinados allí en distintos momentos de la Guerra Fría.

Desde el mar apenas se percibía la magnitud de las instalaciones ocultas bajo las montañas. La isla se convirtió en un símbolo del aislamiento albanés y de la paranoia estratégica del régimen comunista.

De base militar a santuario natural

Con la caída del comunismo en los años noventa, Sazán comenzó una nueva etapa. Las instalaciones militares fueron abandonadas progresivamente y el acceso civil empezó a abrirse de forma limitada.

Hoy la isla forma parte del entorno protegido asociado al Parque Nacional Marino de Karaburun-Sazan, uno de los espacios naturales más valiosos de Albania. La combinación de ecosistemas terrestres y marinos ha favorecido una extraordinaria biodiversidad.

Las abruptas laderas de la isla sirven de refugio para numerosas especies de aves migratorias que utilizan el corredor adriático durante sus desplazamientos estacionales entre Europa y África. Ornitólogos y observadores de aves consideran la zona un enclave privilegiado para estudiar rapaces, aves marinas y otras especies migratorias.

La relativa ausencia de actividad humana durante décadas contribuyó además a conservar hábitats que en otros lugares del Mediterráneo han sufrido una intensa presión urbanística.

El paraíso de los arqueólogos subacuáticos

Las aguas que rodean Sazán guardan también un extraordinario patrimonio histórico. Durante siglos, miles de embarcaciones navegaron por esta ruta estratégica, y muchas no llegaron a completar el viaje.

Los fondos marinos albergan restos de barcos de distintas épocas: naves comerciales romanas, embarcaciones medievales, navíos de época moderna e incluso pecios relacionados con las guerras mundiales. Las corrientes, las tormentas y los conflictos bélicos convirtieron el entorno de la isla en un auténtico museo submarino.

Para los arqueólogos subacuáticos, Sazán representa una oportunidad excepcional para reconstruir las redes comerciales y militares que conectaron el Mediterráneo durante más de dos milenios. Cada ánfora recuperada, cada ancla y cada fragmento de casco aporta información sobre las civilizaciones que utilizaron este corredor marítimo.

Una pequeña isla con una historia inmensa

Pocas islas mediterráneas de tamaño tan reducido han acumulado una historia tan intensa. Desde las maniobras navales de César y Pompeyo hasta las rivalidades entre venecianos y otomanos; desde las ambiciones imperiales de Mussolini hasta los búnkeres de Hoxha, Sazán ha sido continuamente codiciada por quienes comprendieron el valor estratégico de su ubicación.

Hoy, mientras las antiguas fortificaciones se deterioran bajo el sol del Adriático y las aves migratorias sobrevuelan sus acantilados, la isla parece haber encontrado una vocación diferente. Después de siglos de guerras, invasiones y disputas geopolíticas, Sazán se ha convertido en un lugar donde la naturaleza y la memoria histórica conviven sobre un territorio que fue, durante mucho tiempo, uno de los secretos mejor guardados de Albania.

domingo, 14 de junio de 2026

Rebelde, de Kim Nguyen (2012). Los niños de la guerra.

 


Ficha técnica

  • Título original: Rebelle
  • Título internacional: War Witch
  • Director y guionista: Kim Nguyen
  • Año: 2012
  • Producción: Canadá
  • Rodaje: principalmente en la República Democrática del Congo
  • Duración: 90 minutos
  • Actriz protagonista: Rachel Mwanza
  • Nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera (85.ª edición, 2013)

Argumento

La protagonista, Komona, una niña de 12 años, es capturada por una guerrilla en un país africano no identificado. Los rebeldes la obligan a asesinar a sus propios padres y la convierten en niña soldado. Tras sobrevivir a una emboscada gracias a unas visiones que tiene en la selva, los combatientes empiezan a creer que posee poderes sobrenaturales y la llaman "bruja de guerra".

La película está narrada como una confesión dirigida al hijo que Komona lleva en su vientre. A través de ese relato aparecen el adoctrinamiento de menores, la brutalidad de los señores de la guerra, la explotación sexual, la superstición y, al mismo tiempo, la capacidad humana para conservar afecto y esperanza en circunstancias extremas.

Lo que la hacía especial

Lo que distinguió a War Witch de otras películas sobre niños soldados fue que evitó el tono de denuncia periodística convencional. Nguyen mezcló realismo y elementos espirituales africanos: los fantasmas que acompañan a Komona no son un efecto fantástico gratuito, sino una representación de los traumas que carga consigo. Muchos críticos destacaron precisamente esa combinación de horror y poesía.

Además, la interpretación de Rachel Mwanza —que no era actriz profesional— fue considerada extraordinaria y se convirtió en el principal motivo por el que la película atrajo tanta atención internacional.

¿Qué conclusión extraía Marc Silver?

Aunque no he podido recuperar el texto exacto de Silver, sí puede reconstruirse bastante bien su lectura a partir del tipo de análisis que hacía en The Projectionist.

Silver solía interesarse por películas extranjeras que acercaban al público occidental conflictos lejanos sin convertirlos en simples lecciones políticas. En el caso de War Witch, la clave no era la guerra africana en sí misma, sino la experiencia humana de Komona.

La conclusión que parece alinearse con sus comentarios de aquella época sería algo así:

  • La película muestra que los niños soldados no son únicamente víctimas ni únicamente perpetradores; son ambas cosas a la vez.
  • La violencia organizada destruye la frontera moral entre inocencia y culpabilidad.
  • La imaginación, las creencias y la espiritualidad funcionan como mecanismos de supervivencia psicológica.
  • Frente a la barbarie de los señores de la guerra, la resistencia más importante no es militar sino humana: conservar la capacidad de amar, recordar y construir una vida propia. 
Para ver:

Judy Clarke: la abogada de los peores criminales de los Estados Unidos.

  Judy Clarke: la abogada que intentó salvar de la pena de muerte a los criminales más odiados de Estados Unidos Pocas abogadas penalistas h...