Los 17 minutos que cambiaron el mundo: de la "avioneta" al segundo avión
Reportaje dramatizado basado en la cronología reconstruida por la Comisión del 11-S, la FAA, el FBI y testimonios de bomberos, controladores aéreos y pasajeros. El relato se centra exclusivamente en el intervalo comprendido entre las 8:46 y las 9:03 de la mañana del 11 de septiembre de 2001.
Nueva York, 8:46:30. "Ha sido una avioneta"
El cielo sobre Manhattan es de un azul perfecto. No hay nubes. La temperatura ronda los 20 grados. Es una de esas mañanas de septiembre que los neoyorquinos llaman "crystal clear".
A las 8:46 y 30 segundos, un estruendo atraviesa el Bajo Manhattan.
En la calle, miles de personas levantan la vista. Desde el suelo nadie ha visto llegar el avión. Sólo la explosión. Papeles arden y empiezan a caer como nieve.
En las primeras radios de la policía alguien lanza una frase que se repetirá durante varios minutos:
"Parece que una avioneta se ha estrellado contra la Torre Norte."
Las emisoras locales interrumpen su programación. Los presentadores hablan de un accidente aéreo. Algunos imaginan un piloto desorientado o un fallo mecánico.
Nadie, fuera de un pequeño grupo de controladores aéreos y secuestradores, sabe que acaba de comenzar el mayor atentado de la historia de Estados Unidos.
Mientras Nueva York mira al cielo, el secuestro ya llevaba media hora en marcha
El avión que acaba de desaparecer dentro de la Torre Norte no es una avioneta.
Es el vuelo 11 de American Airlines, un Boeing 767 que había despegado de Boston rumbo a Los Ángeles con 92 personas entre pasajeros y tripulación.
El secuestro había comenzado poco después del despegue.
Cinco hombres ocupan el aparato. Su líder es Mohamed Atta, un egipcio de 33 años formado por Al Qaeda. Había vivido en Hamburgo, aprendido a pilotar en Florida y llevaba meses preparando aquella mañana junto a otros dieciocho integrantes de la organización.
Los terroristas utilizan un método que en septiembre de 2001 parecía casi impensable.
No buscan negociar.
No piden dinero.
No exigen la liberación de presos.
Matan a varios miembros de la tripulación, irrumpen en la cabina con cuchillos y toman los mandos.
A las 8:24, Atta intenta hablar a los pasajeros por la megafonía, pero pulsa el botón equivocado. El mensaje llega al control aéreo de Boston.
"Tenemos algunos aviones. Manténganse tranquilos."
Los controladores se miran incrédulos.
Acaban de escuchar una confesión de secuestro.
Los secuestros aéreos antes del 11-S: una amenaza conocida... pero distinta
Hasta ese día, Estados Unidos había sufrido decenas de secuestros de aviones desde los años sesenta.
La lógica siempre era la misma:
desviar el avión hacia otro país,
negociar con gobiernos,
obtener rescates o publicidad.
Los protocolos de las aerolíneas estaban diseñados precisamente para eso.
La tripulación debía cooperar.
Los pasajeros debían permanecer sentados.
Se asumía que obedecer aumentaba las posibilidades de sobrevivir.
El 11 de septiembre rompe esa lógica.
Los cuatro equipos de Al Qaeda convierten los aviones en misiles.
Era un escenario que prácticamente no existía en la planificación cotidiana de la aviación estadounidense. La Comisión del 11-S concluyó que ni la FAA ni NORAD estaban preparados para responder a múltiples secuestros suicidas simultáneos.
Hollywood llevaba años imaginando terroristas... pero no esto
En septiembre de 2001, el terrorismo era un villano habitual del cine estadounidense.
Durante los noventa aparecían constantemente películas donde terroristas secuestraban aviones, edificios o ciudades:
Película | Amenaza terrorista |
| Die Hard | Toma de un rascacielos con rehenes. |
| Executive Decision | Secuestro de un avión comercial. |
| Air Force One | Secuestro del avión presidencial. |
| The Siege | Atentados islamistas en Nueva York. |
Pero incluso esas películas compartían una idea: los terroristas querían sobrevivir para negociar.
La posibilidad de utilizar un avión lleno de pasajeros como arma aparecía sólo en ficciones muy marginales y nunca como una amenaza considerada inminente por las autoridades. Esa diferencia explica parte de la confusión inicial de aquella mañana.
Dentro de la Torre Norte: un edificio herido
El Boeing entra entre las plantas 93 y 99.
La velocidad supera los 780 km/h.
El combustible del vuelo —casi lleno para cruzar Estados Unidos— explota inmediatamente.
Cientos de personas mueren en el impacto.
Otras centenares quedan atrapadas por encima de la zona destruida.
Las tres escaleras principales quedan inutilizadas a partir del piso 92.
Los ocupantes de los pisos superiores ya no tienen salida.
Empiezan las llamadas al 911.
Algunas describen humo.
Otras fuego.
Otras personas dicen simplemente:
"No podemos bajar."
Los operadores del 911 tampoco saben qué ocurre
Los teléfonos de emergencias se saturan en menos de dos minutos.
Los operadores reciben información contradictoria.
Unos hablan de una explosión.
Otros de un incendio.
Otros de un accidente aéreo.
Algunos operadores, rompiendo el protocolo habitual, aconsejan abrir ventanas o intentar evacuar si es posible.
Otros, creyendo que el incendio puede controlarse, piden permanecer donde están y esperar a los bomberos.
Esas instrucciones contradictorias marcarán el destino de muchas personas atrapadas.
Los bomberos de Nueva York movilizan todo lo que tienen
En el cuartel general del FDNY salta una quinta alarma, el nivel máximo de movilización.
En cuestión de minutos:
decenas de parques salen hacia Manhattan,
cientos de bomberos cruzan puentes y túneles,
ambulancias y unidades de rescate reciben orden de acudir al World Trade Center.
El jefe del Departamento, Peter Ganci, y otros altos mandos se dirigen personalmente al lugar.
En ese momento todavía creen que lucharán contra un incendio gigantesco.
No saben que otro avión viene hacia la ciudad.
Una decisión crucial... que nunca llegó a todos
A las 8:57, varios jefes de bomberos ordenan evacuar también la Torre Sur.
Han visto la magnitud del agujero de la Torre Norte y concluyen que todo el complejo debe vaciarse.
Pero ocurre un fallo de comunicación.
La orden no llega a muchos operadores del 911.
Tampoco a numerosos responsables de seguridad del edificio.
En la Torre Sur incluso se emite un mensaje por megafonía diciendo que el edificio está seguro y que algunas personas pueden volver a sus oficinas.
Mientras unos bajan por las escaleras...
...otros regresan a trabajar.
El FBI: de un posible accidente a una sospecha de terrorismo
En la oficina del FBI en Nueva York empiezan a sonar teléfonos.
Los primeros agentes creen que investigarán un accidente.
Pero en Washington ocurre algo distinto.
La unidad antiterrorista ya tiene información previa sobre Al Qaeda.
Durante los años noventa el grupo había atentado contra:
las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania,
el destructor USS Cole en Yemen.
Al Qaeda figuraba como una amenaza prioritaria del FBI y la CIA.
Sin embargo, nadie había conectado esos antecedentes con un avión incrustado en Manhattan.
Los directivos del FBI comienzan a preguntar una palabra concreta:
"¿Está desaparecido algún avión?"
La respuesta tarda unos minutos en llegar.
En Boston, los controladores ya viven otra pesadilla
Antes del impacto ya habían perdido contacto normal con el vuelo 11.
Después del choque descubren algo peor.
Otro Boeing 767, el vuelo 175 de United Airlines, también se comporta de forma extraña.
Había despegado quince minutos después desde Boston con destino a Los Ángeles.
El transpondedor cambia.
El avión gira hacia Nueva York.
Los controladores intentan llamarlo.
No responde.
NORAD y las Fuerzas Aéreas: cazas buscando un avión que ya había desaparecido
A las 8:37, la FAA había avisado a NORAD del posible secuestro del vuelo 11.
Dos cazas F-15 despegan desde la base de Otis, en Massachusetts.
Pero despegan demasiado tarde.
Cuando están en el aire, el vuelo 11 ya se ha estrellado.
Los pilotos reciben coordenadas confusas.
Buscan un avión que ya no existe.
Mientras tanto, nadie les informa todavía del vuelo 175 hasta prácticamente el momento del impacto en la segunda torre.
George W. Bush sigue sentado en un aula infantil
A las 8:50, un asistente se acerca al presidente.
Le dice discretamente:
"Un avión ha chocado contra el World Trade Center."
Bush pregunta si ha sido un accidente.
Eso es exactamente lo que cree.
Continúa con la visita escolar.
Los niños leen un cuento llamado The Pet Goat.
Fuera del aula, los asesores empiezan a recibir llamadas frenéticas desde Washington.
Pero todavía no interrumpen el acto.
Las primeras llamadas desde los aviones secuestrados
Mientras Manhattan mira las llamas, en el aire todavía vuelan tres aviones secuestrados.
Vuelo 11: las azafatas consiguen llamar
Las auxiliares de vuelo Betty Ong y Amy Sweeney logran contactar con American Airlines.
Describen con calma:
la cabina ha sido tomada,
dos compañeras han sido apuñaladas,
un pasajero ha sido asesinado,
creen que el piloto está muerto.
Van identificando incluso los asientos ocupados por algunos secuestradores.
Es información decisiva para comprender que no se trata de un accidente.
Vuelo 175: llamadas a familiares
En el vuelo 175 varios pasajeros utilizan teléfonos instalados en los respaldos de los asientos.
Llaman a sus familias.
Dicen frases cortas.
"Nos han secuestrado."
"Creo que van a estrellar el avión."
Una auxiliar comunica a la compañía que ambos pilotos han sido asesinados y que los secuestradores controlan la aeronave.
Muchas familias escuchan esas palabras sin comprender todavía que el primer avión ya ha golpeado Nueva York.
Manhattan empieza a vaciarse
Miles de personas salen caminando del distrito financiero.
Los teléfonos móviles comienzan a fallar.
Las líneas fijas se saturan.
Los ferris se llenan.
Los policías cortan calles.
Los hospitales activan planes de emergencia.
El Centro de Operaciones de Emergencia de la ciudad convoca representantes de bomberos, policía, sanidad y FEMA para coordinar la respuesta. En apenas diez minutos ya se ha movilizado el mayor dispositivo de rescate de la historia de Nueva York.
Las cámaras de televisión ya enfocan las Torres
Las principales cadenas nacionales emiten imágenes en directo.
Millones de estadounidenses observan una única torre ardiendo.
Los comentaristas siguen hablando de accidente.
Algunos expertos mencionan un Boeing.
Otros creen que pudo ser un avión pequeño.
Nadie imagina que las cámaras están apuntando exactamente al lugar donde llegará el siguiente avión.
9:02. Un punto negro aparece en pantalla
Un operador de cámara de televisión detecta un objeto entrando por la derecha de la imagen.
Crece muy rápido.
Demasiado rápido para una avioneta.
En la calle algunas personas lo ven girar.
Otras empiezan a gritar.
Dentro de la Torre Sur, miles siguen descendiendo por las escaleras.
Otros cientos permanecen en sus oficinas porque les dijeron que el edificio era seguro.
9:03:11. El segundo impacto
El vuelo United 175 atraviesa la Torre Sur entre las plantas 77 y 85.
La explosión es visible en directo por televisión.
Ya no queda ninguna duda.
No es un accidente.
No son dos accidentes.
Estados Unidos está siendo atacado.
En ese instante cambian simultáneamente varias cosas:
los bomberos entienden que enfrentan un ataque masivo y duplican la movilización;
Comisión del 11-Sla FAA comunica a NORAD que existe un segundo avión secuestrado;
Wikipedia+1la Casa Blanca comienza a tratar el suceso como un atentado terrorista;
9/11 National Memorial Trail+1las televisiones abandonan la palabra accidente.
Diecisiete minutos separaron ambos impactos.
Diecisiete minutos en los que Nueva York creyó enfrentarse a una catástrofe aérea.
Cuando terminó ese intervalo, el mundo comprendió que acababa de entrar en una era completamente distinta.