miércoles, 17 de junio de 2026

Los gases que nos rodean.

 

Un viajero del tiempo entrevista a Carlomagno en 802.

 


El viajero del tiempo y Carlomagno

Aquisgrán, hacia el año 802. En una amplia sala del palacio imperial, un extraño viajero vestido de forma insólita es conducido ante el emperador. A su lado se encuentra el célebre sabio inglés Alcuino de York.


Viajero: Salve, emperador Carlomagno. Vengo de tierras y tiempos muy lejanos. ¿Puedo haceros algunas preguntas?

Carlomagno: Si habéis llegado hasta aquí sin que mis guardias os hayan confundido con un mago, supongo que podéis preguntar.

Alcuino: Y yo procuraré corregir a Su Majestad cuando su memoria embellezca demasiado los hechos.

Carlomagno: ¡Ja! Empezamos bien.


La familia del emperador

Viajero: Señor, habladme de vuestra familia.

Carlomagno: Mi familia es tan extensa como mi imperio. Mi padre fue Pipino el Breve y mi madre, Bertrada de Laon. He tenido varias esposas y concubinas, y muchos hijos.

Viajero: ¿Es cierto que apreciabais especialmente a vuestras hijas?

Carlomagno: Así es. Las mantuve cerca de mí en la corte. Muchos nobles querían casarse con ellas para ganar poder. Preferí no facilitarles semejante oportunidad.

Alcuino: Algunos dirían que las protegió demasiado.

Carlomagno: Algunos siempre dicen algo.


Comida y bebida

Viajero: ¿Cómo es vuestra relación con la comida?

Carlomagno: Me gusta comer bien, pero no el exceso. Prefiero la carne asada, especialmente de caza. Mis médicos me recomiendan moderación.

Alcuino: Recomendación que Su Majestad escucha con atención... durante unos minutos.

Carlomagno: ¡No exageréis!

Viajero: ¿Y el vino?

Carlomagno: Lo bebo, por supuesto, pero detesto la embriaguez. Un gobernante borracho entrega el reino a sus enemigos.


Cultura y sabiduría

Viajero: Se os considera un gran protector de la cultura.

Carlomagno: Cuando heredé el reino, muchos clérigos apenas sabían escribir correctamente el latín. Quise remediarlo. Fundamos escuelas y reunimos sabios de diversos países.

Alcuino: Entre ellos tuve el honor de encontrarme.

Viajero: Maestro Alcuino, ¿cómo era trabajar con el emperador?

Alcuino: Incansable. Preguntaba sobre gramática, teología, astronomía, historia... A veces parecía querer aprender todo lo que existía.

Carlomagno: Aprender es una forma de gobernar.

Viajero: ¿Sabíais leer?

Carlomagno: Sí. Aunque escribir me costó más. Practicaba por las noches con tablillas de cera bajo la almohada. No alcancé la soltura que deseaba.


Los nombres germánicos de los meses

Viajero: También intentasteis cambiar los nombres de los meses.

Carlomagno: Correcto. ¿Por qué usar únicamente nombres heredados de Roma? Mi pueblo tiene su propia lengua.

Alcuino: El emperador propuso denominaciones germánicas para cada mes.

Carlomagno: Enero era Wintarmanoth, el "mes de invierno". Mayo, Wunnimanoth, el "mes de los pastos". Quería que el calendario reflejara nuestra tradición.

Viajero: Pero esos nombres no sobrevivieron.

Carlomagno: No todas las batallas se ganan.


La campaña contra Zaragoza

Viajero: Hablemos de Hispania. ¿Por qué marchasteis contra Zaragoza?

Carlomagno: Algunos gobernantes musulmanes de la región me solicitaron ayuda contra sus rivales. Vi una oportunidad para extender mi influencia al sur de los Pirineos.

Viajero: Pero Zaragoza no abrió sus puertas.

Carlomagno: Exactamente. Quienes habían prometido cooperación cambiaron de opinión. Tras un asedio infructuoso decidí retirarme.

Alcuino: A veces la política es más imprevisible que la guerra.


Roncesvalles

Viajero: Y entonces llegó la famosa emboscada de Roncesvalles.

Carlomagno: Una amarga lección.

Viajero: ¿Qué ocurrió realmente?

Carlomagno: Durante la retirada, mi ejército avanzaba en una larga columna a través de los Pirineos. La retaguardia quedó aislada en un terreno montañoso y boscoso.

Alcuino: Los atacantes fueron principalmente vascones, no enormes ejércitos musulmanes como contarán después las leyendas.

Carlomagno: Conocían perfectamente el terreno. Golpearon con rapidez y desaparecieron. Entre los muertos estuvo mi noble servidor Roldán.

Viajero: Y con el tiempo nació una epopeya.

Carlomagno: La poesía suele ser más espectacular que la realidad.


Las guerras contra los sajones

Viajero: También librasteis largas campañas contra los sajones.

Carlomagno: Durante más de treinta años. Eran vecinos peligrosos y además seguían practicando cultos paganos.

Viajero: ¿La religión fue un motivo importante?

Carlomagno: Sí. Deseaba incorporar aquellas tierras al reino y al cristianismo.

Alcuino: Debo añadir que no siempre aprobé los métodos empleados.

Viajero: ¿Os referís a las conversiones forzosas?

Alcuino: Exactamente. La fe se enseña mejor con persuasión que con amenazas.

Carlomagno: Gobernar una frontera rebelde no permite siempre soluciones ideales.


La higiene del emperador

Viajero: Una cuestión curiosa. ¿Es cierto que os gustaba mucho la higiene?

Carlomagno: Desde luego. Disfruto de los baños calientes, especialmente aquí en Aquisgrán, donde abundan las aguas termales.

Alcuino: El emperador suele invitar a familiares, cortesanos y visitantes a bañarse con él. Las termas pueden parecer casi una asamblea política.

Carlomagno: ¡Las mejores conversaciones se tienen en el agua caliente!

Viajero: Eso sorprenderá a quienes imaginan la Edad Media como una época enemiga del baño.

Carlomagno: Entonces decidles que han escuchado demasiadas historias equivocadas.


Despedida

Viajero: Majestad, gracias por vuestro tiempo.

Carlomagno: Ha sido una conversación extraña, pero agradable. Si realmente venís del futuro, decidme una cosa.

Viajero: ¿Cuál?

Carlomagno: ¿Todavía recuerdan mi nombre?

Viajero: Más de mil años después, seguís siendo una de las figuras más famosas de Europa.

Carlomagno (sonriendo): Entonces no he trabajado en vano.

Alcuino: Y ahora, viajero, quizá deberíais regresar a vuestro siglo antes de que alguien os acuse de hechicería.

Viajero: Consejo prudente, maestro.

El viajero se inclina ante el emperador mientras las campanas de Aquisgrán resuenan en la distancia.

martes, 16 de junio de 2026

Cazan al león africano más viejo (2023).

 


El último festín del viejo rey

Durante años fue una leyenda de la sabana. Con casi dos décadas de vida —una edad excepcional para un león salvaje— el anciano macho había sobrevivido a sequías, luchas territoriales, cazadores furtivos y a la lenta pérdida de las grandes extensiones de fauna africana. Sus colmillos estaban desgastados, su melena mostraba amplias manchas grises y las cicatrices surcaban su rostro como un mapa de antiguas batallas. A los 19 años, era considerado uno de los leones más viejos de África.

Pero su final no llegó en un combate contra un rival joven ni durante una cacería épica. Llegó cerca de un poblado humano, atraído por el olor de un burro muerto.

Aquella noche, el león descendió desde las colinas hacia las cercanías de unas chozas en el norte de Tanzania. El cadáver del animal doméstico era una tentación imposible de ignorar para un depredador envejecido cuyas fuerzas ya no permitían perseguir cebras o ñúes. Durante horas se alimentó sin interrupción. Fue un festín inesperado para un rey agotado.

Con el vientre lleno, se retiró a descansar entre unos matorrales.

A la mañana siguiente regresó para terminar lo que había dejado. No sabía que varios pastores lo estaban esperando.

Cuando apareció entre la vegetación, sonó un disparo. La bala alcanzó al viejo león y puso fin a una existencia extraordinariamente larga para un animal salvaje. Los ganaderos justificaron la acción alegando la necesidad de proteger su ganado y sus medios de vida.

Su muerte simboliza una transformación silenciosa que se extiende por amplias regiones de África oriental. Durante generaciones, muchos pueblos pastoriles, entre ellos los masáis, afrontaban a los grandes depredadores con lanzas. Las confrontaciones eran directas, peligrosas y estaban rodeadas de un fuerte componente cultural. Matar a un león requería valor y suponía arriesgar la propia vida.

Hoy la situación ha cambiado. La expansión de los asentamientos humanos, el aumento del valor económico del ganado y la disponibilidad de armas modernas han modificado las reglas del conflicto. Cada vez son más frecuentes los fusiles de repetición, capaces de abatir a distancia a un depredador, y también el uso de venenos colocados sobre cadáveres de vacas, burros o cabras.

Los conservacionistas consideran especialmente alarmante esta última práctica. Un león envenenado rara vez es la única víctima. Los buitres, las hienas y otros carroñeros que acuden al cadáver también mueren, multiplicando el impacto ecológico.

A esa presión se suma una amenaza internacional. Mientras las poblaciones de tigres asiáticos sufrieron durante décadas una fuerte reducción por la caza y la pérdida de hábitat, algunos mercados vinculados a la medicina tradicional china comenzaron a mostrar interés por los huesos de león como sustituto de los del tigre. Diversas investigaciones han alertado de que esta demanda puede incrementar el comercio ilegal de restos de leones africanos, creando un incentivo económico adicional para su persecución.

El problema conecta con otro fenómeno controvertido: la llamada "caza enlatada". Presentada a menudo como una experiencia de aventura africana para turistas adinerados, consiste en criar leones en cautividad para que posteriormente sean abatidos en espacios cerrados o semiconfinados donde apenas tienen posibilidad de escapar. Los clientes pagan grandes sumas por obtener un trofeo que poco tiene que ver con la caza de un animal salvaje. Organizaciones conservacionistas denuncian desde hace años que se trata de una engañifa que explota la imagen romántica de la fauna africana mientras alimenta el comercio de huesos y otros productos derivados de los leones.

Entre las llanuras de Tanzania y Kenia, los viejos machos como aquel león de 19 años son cada vez más raros. Sus territorios se reducen, las rutas migratorias se fragmentan y los encuentros con las personas aumentan.

El anciano depredador buscaba simplemente una comida fácil para prolongar unos días más su existencia. Encontró un burro muerto, se dio un banquete y se alejó satisfecho. Cuando regresó para aprovechar los últimos restos, ya no era el dueño de la sabana.

Le esperaba una bala. Y con ella terminó la historia de uno de los leones más longevos de África.

¿Por qué engordamos si hacemos todas las dietas posibles?

 

Última hora: el cerebro declara el estado de emergencia y sabotea la dieta

Reportaje especial desde el interior del organismo humano

Redacción de Ciencia y Evolución

Bilbao. Son las 23:47. En apariencia todo está tranquilo. Un ciudadano lleva tres meses a dieta. Ha perdido 8 kilos, cuenta calorías con disciplina militar y sale a caminar cada tarde. Sin embargo, en las profundidades de su cerebro, en una pequeña región llamada Hipotálamo, se ha activado una alarma silenciosa.

No es una alarma contra la obesidad.

Es una alarma contra la hambruna.


"¡Nos estamos muriendo de hambre!"

Fuentes cercanas al hipotálamo informan de que la situación se interpreta como crítica.

"Llevamos semanas recibiendo menos energía de la habitual", declara un portavoz neuronal. "Las reservas de grasa disminuyen. La hormona leptina cae. Esto es exactamente lo que esperaríamos antes de una posible muerte por inanición."

Los expertos recuerdan que el hipotálamo no evolucionó para ayudarnos a lucir abdominales en verano.

Evolucionó para evitar que nuestros antepasados murieran de hambre.

Hace apenas unos miles de generaciones, un ser humano que perdía peso de forma continuada no estaba siguiendo una dieta cetogénica ni un plan de definición muscular.

Probablemente estaba atravesando un invierno duro, una sequía o una temporada sin caza.

Por ello, el hipotálamo no interpreta:

"Estamos mejorando nuestra composición corporal."

Interpreta:

"Tenemos un problema serio de suministro energético."

Y actúa en consecuencia.


La operación "Recuperar las calorías perdidas"

Documentos filtrados desde el sistema nervioso revelan tres medidas inmediatas.

Medida 1: aumentar el hambre

Las concentraciones de grelina, la llamada "hormona del hambre", aumentan.

De repente aparecen pensamientos inesperados:

  • "Solo un trocito."
  • "Hoy me lo he ganado."
  • "Mañana empiezo otra vez."

Los investigadores aclaran que no se trata de falta de voluntad.

Es una campaña biológica perfectamente organizada.

El cerebro incrementa la atención hacia la comida, aumenta el valor de recompensa de los alimentos hipercalóricos y hace que una pizza tenga el atractivo psicológico de un tesoro arqueológico.


Medida 2: reducir el gasto energético

El segundo paso es más discreto.

El organismo comienza a gastar menos.

Los ciudadanos afectados suelen declarar:

"Estoy haciendo exactamente lo mismo que hace dos meses y ya no adelgazo."

Los datos confirman que no es una ilusión.

El metabolismo se adapta.


El gran apagón energético

Nuestros corresponsales metabólicos describen varios recortes presupuestarios.

Menos termogénesis

El cuerpo genera menos calor.

Las células se vuelven más austeras.

Menos movimiento inconsciente

Se reduce el llamado NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis).

Traducido al lenguaje cotidiano:

  • mueves menos las piernas mientras estás sentado;
  • gesticulas menos;
  • cambias menos de postura;
  • te levantas menos veces.

Son movimientos minúsculos que pueden representar cientos de calorías diarias.

El problema es que nadie los controla conscientemente.

Simplemente desaparecen.


Más eficiencia muscular

En una decisión que algunos califican de "traición metabólica", los músculos aprenden a realizar el mismo trabajo utilizando menos energía.

El organismo concluye:

"Si la comida escasea, debemos convertirnos en una máquina más eficiente."

Desde el punto de vista de la supervivencia es brillante.

Desde el punto de vista de quien quiere perder grasa, es desesperante.


El papel del sedentarismo: una confusión evolutiva

Para entender el problema, debemos viajar unos 50.000 años atrás.

En aquella época, la actividad física tenía una característica fundamental:

estaba ligada a un objetivo biológico inmediato.

Se corría para:

  • cazar;
  • escapar;
  • buscar agua;
  • transportar recursos;
  • explorar territorio.

Cada caloría gastada podía generar una recompensa energética posterior.

Un cazador podía perseguir un uro durante horas, gastar miles de calorías y volver con cientos de miles de calorías en forma de carne para su grupo.

Desde la perspectiva evolutiva, aquello era una inversión.


El problema moderno: la nevera siempre gana

Ahora observemos la escena actual.

Un individuo realiza 45 minutos de bicicleta estática.

Gasta 350 calorías.

Después abre una nevera situada a tres metros.

En menos de un minuto puede ingerir 1.200 calorías.

Para los mecanismos ancestrales de regulación energética, esta situación es completamente anómala.

Durante millones de años nunca existió una combinación semejante:

  • alimentos ultracalóricos;
  • disponibilidad permanente;
  • ausencia de esfuerzo para conseguirlos.

El cerebro evolucionó para sobrevivir en un entorno de escasez.

No para gestionar un entorno de abundancia industrial.


El error de cálculo que conduce al estancamiento

Las investigaciones muestran que el organismo tiende a compensar parte del ejercicio.

Tras una sesión intensa suelen aparecer varios fenómenos:

  • aumento del apetito;
  • reducción espontánea de la actividad posterior;
  • mayor sensación de cansancio;
  • disminución de movimientos inconscientes.

Es como si el cuerpo dijera:

"Veo que has gastado energía. Voy a recuperarla por otro lado."

No siempre ocurre, pero sí con frecuencia suficiente como para explicar muchos estancamientos.


Entrevista exclusiva al hipotálamo

Nuestros periodistas lograron acceder a una conversación confidencial.

Pregunta: ¿Por qué sabotea usted las dietas?

Hipotálamo: "No las saboteo. Las confundo con hambrunas."

Pregunta: Pero la persona quiere adelgazar.

Hipotálamo: "Eso no existía durante la mayor parte de la evolución humana."

Pregunta: ¿Por qué aumenta el hambre?

Hipotálamo: "Porque perder peso era históricamente peligroso."

Pregunta: ¿Y por qué reduce el metabolismo?

Hipotálamo: "Porque mis antepasados que no lo hicieron murieron."

Pregunta: Entonces, ¿está intentando ayudar?

Hipotálamo: "Exactamente. El problema es que sigo trabajando con un manual de instrucciones escrito para el Paleolítico."


Conclusión

Los especialistas coinciden en que el fracaso frecuente de las dietas prolongadas no se debe únicamente a la falta de disciplina.

Se debe a una batalla entre dos sistemas:

  • una mente consciente que quiere perder peso;
  • un cerebro ancestral diseñado para impedir que eso ocurra cuando interpreta que la supervivencia está amenazada.

El hipotálamo no es un enemigo.

Es un guardaespaldas excesivamente protector.

El inconveniente es que sigue convencido de que, detrás de cada déficit calórico sostenido, podría estar acercándose otro invierno glacial... cuando en realidad lo único que hay es una cocina llena y una nevera a tres pasos de distancia.

¿Puedes explicar en que consiste la dieta Atkins y por qué es peligrosa para el organismo?

La dieta Atkins es una de las dietas bajas en carbohidratos más famosas de la historia. Fue popularizada por el médico Robert Atkins en los años 70 y se basa en una idea sencilla: reducir drásticamente los carbohidratos para obligar al organismo a utilizar grasa como combustible principal.

¿Cómo funciona?

La dieta se divide en varias fases.

Fase 1: Inducción

Durante las primeras semanas se limita la ingesta a unos 20 gramos de carbohidratos al día.

Para ponerlo en perspectiva:

  • una manzana tiene unos 20-25 gramos;
  • una ración de pasta puede superar los 50 gramos;
  • dos rebanadas de pan aportan unos 25-30 gramos.

Por tanto se eliminan o reducen muchísimo:

  • pan;
  • arroz;
  • pasta;
  • patatas;
  • legumbres;
  • frutas;
  • azúcar.

En cambio se permite comer abundantemente:

  • carne;
  • pescado;
  • huevos;
  • quesos;
  • mantequilla;
  • nata;
  • aceites.

El objetivo es entrar en cetosis, un estado metabólico en el que el hígado produce cuerpos cetónicos a partir de la grasa.


¿Por qué produce una pérdida de peso rápida?

Aquí hay un detalle importante.

Al principio no toda la pérdida es grasa.

Cuando disminuyen los carbohidratos se vacían las reservas de glucógeno del hígado y los músculos.

Cada gramo de glucógeno almacena aproximadamente tres o cuatro gramos de agua.

Por eso durante las primeras semanas muchas personas pierden varios kilos muy deprisa.

Una parte importante corresponde a agua corporal.

Además:

  • aumenta la saciedad por el elevado consumo de proteínas;
  • se reducen muchos alimentos ultraprocesados;
  • las opciones para picar se vuelven más limitadas;
  • suele disminuir espontáneamente la ingesta calórica.

¿Es peligrosa?

La respuesta corta es:

No necesariamente para todas las personas, pero tampoco es una dieta inocua ni universalmente recomendable.

Conviene separar los riesgos reales de algunos mitos.


Lo que sí puede ser problemático

1. Déficit de fibra

Al eliminar gran parte de frutas, legumbres y cereales integrales, muchas personas consumen poca fibra.

Esto puede favorecer:

  • estreñimiento;
  • alteraciones de la microbiota intestinal;
  • peor salud digestiva a largo plazo.

2. Mayor consumo de grasas saturadas

Muchas versiones populares de Atkins se basan en:

  • bacon;
  • embutidos;
  • mantequilla;
  • quesos grasos.

Si la dieta se estructura de esa manera, puede aumentar la ingesta de grasas saturadas y elevar el colesterol LDL ("malo") en algunas personas.

No ocurre en todos los individuos, pero sí en un porcentaje significativo.


3. Pérdida de masa muscular

Si el déficit calórico es importante y no se realiza entrenamiento de fuerza, puede perderse músculo junto con grasa.

Esto no es exclusivo de Atkins, pero puede ocurrir.


4. Adaptación metabólica

Volviendo al tema del hipotálamo que comentábamos antes, una pérdida rápida y prolongada de peso puede activar mecanismos de ahorro energético:

  • aumento del hambre;
  • reducción del gasto energético;
  • mayor eficiencia metabólica.

La dieta no escapa a la biología evolutiva.


5. Problemas renales en personas predispuestas

En individuos sanos, una dieta rica en proteínas no parece causar daño renal demostrado.

Sin embargo, en personas con enfermedad renal previa puede agravar la situación y requiere supervisión médica.


6. Adherencia difícil

Este es probablemente el mayor problema.

Desde una perspectiva evolutiva y psicológica, eliminar durante meses o años:

  • pan;
  • fruta;
  • arroz;
  • pasta;
  • postres;

es complicado para muchas personas.

Por eso una gran parte de quienes la siguen recuperan peso posteriormente.

No porque Atkins "deje de funcionar", sino porque resulta difícil mantenerla indefinidamente.


Lo que suele exagerarse

Hay varias afirmaciones frecuentes que no están bien respaldadas por la evidencia actual:

❌ "La cetosis es igual que la cetoacidosis diabética."

No lo es. Son estados metabólicos muy distintos.

❌ "Las dietas bajas en carbohidratos destruyen automáticamente los riñones."

No hay pruebas sólidas de ello en personas sanas.

❌ "El cerebro necesita carbohidratos obligatoriamente."

El cerebro necesita glucosa, pero parte puede producirse en el hígado y parte de la energía cerebral puede proceder de cuerpos cetónicos.


La cuestión evolutiva más interesante

Lo curioso es que Atkins intenta "engañar" parcialmente a los sistemas de regulación energética.

Durante la cetosis:

  • disminuyen las oscilaciones de glucosa;
  • muchas personas experimentan menos hambre;
  • aumenta la sensación de saciedad.

Eso puede reducir temporalmente el conflicto con el hipotálamo.

Pero el organismo sigue detectando la pérdida de grasa corporal.

Si el peso continúa descendiendo durante mucho tiempo, las señales de ahorro energético terminan apareciendo igualmente.

En otras palabras:

El hipotálamo puede tolerar que cambies de combustible.

Lo que no tolera tan fácilmente es que desaparezcan las reservas energéticas.

Por eso Atkins puede ser eficaz para perder peso en muchas personas, especialmente a corto y medio plazo, pero no es una solución mágica ni está exenta de inconvenientes. El factor que mejor predice el éxito a largo plazo suele ser algo mucho más aburrido: encontrar un patrón alimentario que permita mantener un déficit moderado sin sentirse permanentemente hambriento y que pueda sostenerse durante años, no solo durante unos meses.

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