martes, 14 de julio de 2026

Los nativos americanos de Hollywood. ¿Qué hay de cierto?

 

Reportaje: Hollywood frente al espejo: un documental cuestiona la imagen de los nativos americanos en el cine

Durante más de un siglo, el cine de Hollywood ha contribuido a construir una imagen estereotipada de los pueblos indígenas de Norteamérica. Guerreros salvajes, enemigos del progreso o personajes secundarios sin voz propia han sido algunos de los papeles que con mayor frecuencia se les ha asignado en la gran pantalla. Esta realidad es el eje central de un documental comentado por el periodista Marc Silver en el National Geographic Blog.

El documental analiza cómo la industria cinematográfica ha influido en la percepción que millones de espectadores tienen de los nativos americanos. A través de escenas de películas clásicas, entrevistas con historiadores, cineastas y representantes indígenas, la producción muestra que muchos de esos retratos responden más a prejuicios y mitos que a la verdadera historia y diversidad cultural de estos pueblos.

Según se explica en el reportaje de Silver, durante décadas los personajes indígenas fueron interpretados incluso por actores no nativos, mientras que sus lenguas, costumbres y formas de vida eran simplificadas o distorsionadas para ajustarse a los intereses narrativos de Hollywood. Como consecuencia, estas representaciones contribuyeron a consolidar estereotipos que aún persisten en la cultura popular.

El documental también destaca los cambios que comienzan a producirse en la industria audiovisual. Cada vez más directores, guionistas e intérpretes indígenas participan en la creación de películas y series que ofrecen una visión más auténtica y compleja de sus comunidades. Estas producciones buscan recuperar la diversidad de experiencias, tradiciones e identidades de los pueblos originarios, alejándose de los clichés del pasado.

La reflexión que plantea el documental va más allá del cine: invita a cuestionar cómo los medios de comunicación pueden influir en la construcción de la memoria histórica y en la percepción de diferentes culturas. En este sentido, la obra se presenta como una llamada a promover una representación más justa, respetuosa y fiel de los nativos americanos en la pantalla.

Con este análisis, Marc Silver pone de relieve la importancia de revisar el legado de Hollywood y de reconocer el papel que el cine desempeña en la formación de estereotipos, así como su capacidad para contribuir a una visión más inclusiva y realista del mundo.

¿Puedes hablar de una representación de un indio alcoholizado en el cine mudo o en la película LAS COLINAS DEL WHISQUEY?¿O de que los gritos guturales de los indios antes de iniciar un ataque jamás existieron mas que en el cine sino que se gritaba Hoka Hey en el caso de los lakota o Yi Yip Plow en el caso de los crow?¿También se ouede ahblar del hecho de que los lakota hablen su propia lengua en BAILANDO CON LOBOS aunque sea el dialecto de las mujeres?¿O de uso no correcto de los tambores ceremoniales en una película sobre los indios seminola?

Sí. Todos esos ejemplos sirven para enriquecer el reportaje porque ilustran cómo Hollywood ha creado o perpetuado estereotipos, aunque conviene distinguir entre afirmaciones ampliamente documentadas y cuestiones que siguen siendo objeto de debate entre especialistas.

Podrías incorporarlo así:


Uno de los estereotipos más persistentes ha sido el del indígena alcohólico. Ya en el cine mudo aparecían personajes nativos asociados a la embriaguez como un rasgo casi inherente de su identidad, una imagen que se repetiría en numerosos wésterns posteriores. Películas como Las colinas del whisky (Whiskey Mountain, según la edición o el mercado) recurrieron también a esta representación simplista, reforzando un prejuicio que ignoraba las complejas circunstancias históricas y sociales derivadas de la colonización y el desplazamiento de los pueblos indígenas.

Otro de los mitos creados por Hollywood es el famoso grito de guerra gutural que precedía a las cargas de los indios en incontables películas. Historiadores y especialistas en culturas indígenas señalan que ese sonido es una invención cinematográfica. Cada pueblo tenía sus propias formas de animarse antes del combate. Entre los lakota, por ejemplo, está documentado el grito "Hóka hé!", una exclamación que puede traducirse aproximadamente como "¡Adelante!" o "¡Es un buen día para ello!". Entre los crow existían otras expresiones rituales, aunque no un grito uniforme como el popularizado por Hollywood. Conviene señalar que la frase que mencionas como "Yi Yip Plow" no aparece ampliamente documentada en la bibliografía académica, por lo que sería recomendable verificar la fuente antes de incluirla como un hecho.

El documental también permite apreciar los avances logrados en producciones más recientes. Un caso destacado es Bailando con lobos (1990), donde los personajes lakota hablan mayoritariamente su propia lengua en lugar de un inglés estereotipado. Aunque lingüistas y hablantes nativos han señalado que el idioma empleado presenta algunas limitaciones —entre ellas que parte de los diálogos reflejan formas lingüísticas más cercanas al habla femenina que a la masculina—, la película supuso un importante paso adelante en la búsqueda de autenticidad y contribuyó a acercar al gran público una lengua indígena real.

No obstante, incluso las películas que intentan ser respetuosas pueden cometer errores culturales. Un ejemplo es el uso de tambores ceremoniales en escenas protagonizadas por seminolas. Diversos expertos han señalado que algunas producciones utilizan grandes tambores colectivos característicos de las culturas de las Grandes Llanuras para representar ceremonias seminolas, pese a que estas pertenecen a una tradición cultural diferente. Se trata de un ejemplo de cómo Hollywood ha tendido a mezclar costumbres de pueblos indígenas distintos, presentándolos como si formasen una única cultura homogénea.


Solo haría dos matizaciones importantes para mantener el rigor histórico:

  1. La afirmación sobre el dialecto femenino en Bailando con lobos está respaldada por comentarios de hablantes lakota y asesores lingüísticos, pero conviene presentarla como una crítica realizada por expertos, no como un error absoluto de la película.
  2. La expresión "Yi Yip Plow" atribuida a los crow no es una referencia que aparezca de forma consistente en las fuentes académicas sobre la lengua y cultura crow. Si procede de un libro concreto o de un documental, sería mejor citar esa fuente en lugar de presentarla como un hecho generalmente aceptado. 

Los grandes primates como alivios cómicos en películas de Hollywood y anuncios de la Superbowl.

 

Clint Eastwood, un orangután llamado Clyde y el legado incómodo de Hollywood

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En 1978, Clint Eastwood sorprendió a Hollywood aceptando protagonizar Every Which Way but Loose ("Duro de pelar" en España). Después de años interpretando al "hombre sin nombre" y al inspector Harry Callahan, decidió encarnar a Philo Beddoe, un camionero y luchador de peleas clandestinas cuya inseparable compañía era Clyde, un orangután. Contra todo pronóstico, la película fue un fenómeno comercial y se convirtió en uno de los mayores éxitos de la carrera de Eastwood, aunque la crítica la recibiera con bastante frialdad.

El orangután que interpretó a Clyde se llamaba Manis. Eastwood llegó a decir que era "uno de los actores más naturales" con los que había trabajado, aunque añadía con humor que había que filmarlo a la primera porque se aburría enseguida.

¿Qué fue de Manis después del rodaje?

Aquí es donde la historia suele confundirse.

Manis no murió al finalizar el rodaje, ni tampoco durante la primera película. Tras el éxito de Every Which Way but Loose regresó a su trabajo como animal de espectáculo y posteriormente apareció en otras producciones, como Going Ape! (1981), Cannonball Run II (1984) y algunos programas de televisión.

La confusión proviene de la secuela Any Which Way You Can (1980). Para entonces Manis había crecido demasiado para mantener la apariencia del personaje y fue sustituido por otros orangutanes, principalmente Buddha y C.J.. Durante años circularon denuncias de malos tratos que afirmaban que "el orangután de Clint Eastwood" había muerto tras ser golpeado por su entrenador. Sin embargo, numerosas investigaciones posteriores señalan que esas acusaciones se referían presuntamente a Buddha, no a Manis, y algunos profesionales del rodaje también han cuestionado aspectos de esa versión. En definitiva, existe controversia sobre los hechos concretos, pero no sobre un punto esencial: Manis sobrevivió al rodaje de la primera película y continuó trabajando durante varios años más.


Del cine al santuario: una nueva vida para los grandes simios

A partir de los años noventa cambió profundamente la percepción sobre el uso de chimpancés y orangutanes en el cine y la publicidad. Hoy la mayoría de los especialistas consideran que vestirlos, obligarlos a actuar como humanos y entrenarlos para escenas cómicas supone un problema tanto ético como de bienestar animal.

Estados Unidos cuenta con varios santuarios donde viven grandes simios retirados del espectáculo, la investigación biomédica o el comercio ilegal.

Center for Great Apes (Florida)

Acoge orangutanes y chimpancés procedentes de laboratorios, circos y la industria del entretenimiento. Su filosofía consiste en proporcionarles grupos sociales estables y grandes recintos naturales donde ya no tengan que actuar para el público.

Save the Chimps (Florida)

Es el mayor santuario de chimpancés del mundo. Alberga a cientos de chimpancés rescatados de laboratorios, anuncios publicitarios y espectáculos, que viven en islas boscosas conectadas mediante puentes.

Chimp Haven (Luisiana)

Es el santuario nacional para chimpancés retirados de la investigación biomédica financiada por el gobierno estadounidense, con amplias zonas naturales y programas de enriquecimiento ambiental.


Marc Silver y los "monos grasientos" de la Super Bowl

Uno de los episodios más citados por el periodista y documentalista Marc Silver aparece en sus trabajos sobre la representación de los chimpancés en la publicidad.


Silver describía un anuncio emitido durante la Super Bowl en el que aparecían chimpancés vestidos como mecánicos de taller, cubiertos de grasa y comportándose como operarios torpes: los llamaba, irónicamente, "greasy monkeys" ("monos grasientos"). El anuncio resultaba muy divertido para el público precisamente porque los animales imitaban conductas humanas absurdas.

Su crítica iba mucho más allá del spot concreto.

El problema del alivio cómico

Según Silver y numerosos primatólogos, la repetición de esta imagen produce un efecto inesperado:

  • el público percibe a los chimpancés como animales dóciles y graciosos;
  • se olvida de que son especies salvajes, muy fuertes y potencialmente peligrosas;
  • disminuye la sensación de que están amenazados en la naturaleza;
  • aumenta el deseo de tener uno como mascota exótica.

Diversos estudios realizados por especialistas en conservación han mostrado que ver chimpancés vestidos con ropa, conduciendo coches o realizando tareas humanas hace que muchas personas crean erróneamente que la especie no está en peligro de extinción. Ese fenómeno se conoce como el "efecto del chimpancé sonriente" y ha sido ampliamente documentado por investigadores y organizaciones conservacionistas.


La primatóloga Biruté Galdikas y los orangutanes salvajes de Borneo.

 


En el corazón de Borneo: entre los orangutanes salvajes

Adaptación inspirada en los trabajos de Biruté Galdikas para un reportaje al estilo de National Geographic (1975).

La selva tropical despierta antes que el sol alcance las copas de los gigantescos dipterocarpos. Una niebla espesa cubre el suelo del bosque mientras los primeros sonidos de los gibones anuncian un nuevo día. En este mundo verde, donde la humedad parece formar parte del aire mismo, vive uno de nuestros parientes más próximos: el orangután.

Durante años de observación en las selvas de Borneo, cada jornada ha revelado una nueva faceta de una especie tan inteligente como reservada. Algunas de las lecciones más valiosas han surgido gracias a jóvenes orangutanes que llegaron tras haber sido mantenidos como mascotas. Huérfanos por la caza o el comercio ilegal, estos animales habían perdido las habilidades necesarias para sobrevivir por sí mismos.

La rehabilitación exigía mucho más que proporcionar alimento. Había que enseñarles a trepar con seguridad, a reconocer los frutos de temporada, a construir plataformas para dormir y, sobre todo, a desconfiar de los seres humanos. Poco a poco, los jóvenes exploraban el bosque cada vez con mayor independencia, hasta que las visitas al campamento se hacían más esporádicas y finalmente desaparecían. Su ausencia era, paradójicamente, el mayor éxito del proyecto: significaba que habían recuperado una vida verdaderamente salvaje.

Pero el bosque también mostraba episodios mucho menos apacibles. Durante una observación inesperada, dos machos adultos coincidieron en presencia de una hembra receptiva. Lo que comenzó con profundas vocalizaciones y demostraciones de fuerza terminó convirtiéndose en un enfrentamiento físico. Los enormes brazos, capaces de partir ramas gruesas con facilidad, se emplearon en una lucha breve pero intensa. Tras varios minutos de forcejeos y embestidas, uno de los machos cedió y se retiró entre la vegetación, mientras el vencedor permanecía cerca de la hembra. Era una escena excepcionalmente rara de presenciar, pues estos grandes simios suelen evitar el contacto directo entre adultos.

Las caminatas por el bosque también desafiaban muchas ideas preconcebidas sobre la especie. Aunque los orangutanes son famosos por desplazarse entre las copas de los árboles, en numerosas ocasiones recorrían largas distancias sobre el suelo. Allí avanzaban con calma, utilizando sus largos brazos para mantener el equilibrio mientras atravesaban zonas donde el dosel estaba interrumpido o donde resultaba más eficiente caminar que trepar. Aquellos desplazamientos terrestres demostraban una flexibilidad de comportamiento que apenas empezaba a comprenderse.

La vida familiar ofrecía observaciones igualmente reveladoras. Las hembras mantienen con sus crías una de las relaciones maternales más prolongadas del reino animal. Durante años les enseñan dónde encontrar alimento, cómo desplazarse por el bosque y cómo afrontar los innumerables desafíos de la selva. Sin embargo, llega un momento en que esa estrecha dependencia debe terminar. Cuando la cría alcanza la madurez suficiente para vivir por sí sola, la madre modifica gradualmente su comportamiento. Rechaza el contacto constante, limita el acceso a los recursos que comparte y obliga al joven a buscar su propio camino. No se trata de una ruptura repentina, sino de un proceso de independencia imprescindible para la supervivencia de ambos.

Cada una de estas experiencias recuerda que los orangutanes poseen una vida social y un repertorio de comportamientos mucho más complejos de lo que se imaginaba hace apenas unas décadas. Su extraordinaria inteligencia, la prolongada infancia de sus crías y su capacidad para adaptarse a un entorno cambiante los convierten en uno de los grandes tesoros biológicos del planeta.

Sin embargo, mientras la investigación avanzaba, el bosque retrocedía. La tala y la transformación de la selva amenazaban un hábitat que había permanecido prácticamente intacto durante miles de años. Conservar a los orangutanes significaba, y sigue significando, proteger también el inmenso ecosistema del que dependen incontables especies.

En el silencio de la selva de Borneo, donde el crujido de una rama puede anunciar la presencia de un gran simio de pelaje rojizo, cada observación contribuye a comprender mejor la historia evolutiva que compartimos. Y cada orangután que regresa con éxito a la vida salvaje representa una pequeña victoria para la conservación de uno de los habitantes más extraordinarios de los bosques tropicales.

lunes, 13 de julio de 2026

Los cantos de las yubartas.

 


La ballena jorobada, también conocida como yubarta, es uno de los cetáceos más famosos por sus complejas vocalizaciones. El artículo clásico de National Geographic de enero de 1979, escrito por el biólogo Roger Payne, fue decisivo para dar a conocer estas investigaciones al público.

¿Para qué cantan las ballenas jorobadas?

Según los datos disponibles en 1979, los científicos sabían que:

  • Solo los machos producen las largas canciones durante la época reproductiva.
  • Las canciones pueden durar entre 6 y 30 minutos y repetirse durante horas.
  • No se conocía con certeza su función, aunque la hipótesis principal era que estaban relacionadas con la reproducción, ya fuera para atraer a las hembras o para competir con otros machos.

Roger Payne señalaba que, aunque se llamen "canciones", no se trata simplemente de sonidos agradables, sino de secuencias muy organizadas de frases y temas que se repiten siguiendo reglas muy precisas.

¿Por qué una ballena de Hawái canta diferente a una de las Bermudas?

Una de las observaciones más sorprendentes del artículo fue que las poblaciones de Hawái y las de las Bermudas cantaban canciones completamente distintas.

Payne propuso que esto se debía a que:

  • Ambas poblaciones casi nunca entran en contacto.
  • Cada población desarrolla su propia versión de la canción.
  • Sin embargo, ambas siguen una misma estructura general: las canciones están formadas por unos seis temas, cada uno compuesto por frases repetidas en un orden determinado. Es decir, cambian las "melodías", pero no las "reglas gramaticales" del canto.

En otras palabras, es parecido a dos idiomas distintos que comparten la misma gramática básica.

¿Por qué cambian las canciones de un año para otro?

Este fue el descubrimiento más revolucionario del estudio.

Los investigadores analizaron grabaciones obtenidas durante unos veinte años en las Bermudas y comprobaron que:

  • En un mismo año, todos los machos cantan prácticamente la misma canción.
  • Al año siguiente, todos han cambiado esa canción.
  • Los cambios no son aleatorios: la canción evoluciona poco a poco, incorporando nuevas frases y eliminando otras antiguas.
  • Las canciones de años consecutivos se parecen entre sí, pero las separadas por varios años pueden ser tan diferentes "como Beethoven y los Beatles", según la comparación de Payne.

¿Cómo aprenden esos cambios?

En 1979 se planteó una hipótesis: quizá las ballenas olvidaban la canción durante el verano y la reconstruían al regresar a las zonas de reproducción.

Sin embargo, las observaciones realizadas en Hawái mostraron que esto no era así:

  • Al comenzar la temporada reproductiva, los machos retomaban exactamente la canción del año anterior.
  • Solo conforme avanzaba la temporada iban introduciendo pequeñas modificaciones que todos acababan adoptando.

Esto indicaba que las ballenas recordaban perfectamente la canción y la iban modificando de forma colectiva.

Conclusión

Basándose exclusivamente en la información presentada por National Geographic en 1979, las principales ideas eran:

  • El canto de las ballenas jorobadas está relacionado con la reproducción.
  • Cada población geográfica (como Hawái o las Bermudas) desarrolla una canción propia porque permanece aislada de las demás.
  • Todas las ballenas de una misma población comparten la misma canción cada año.
  • Esa canción cambia gradualmente de un año al siguiente siguiendo reglas muy organizadas, un comportamiento que Roger Payne consideró extraordinario y sin equivalente claro en el resto del reino animal conocido entonces.

Hoy se sabe que estas canciones pueden difundirse incluso entre poblaciones vecinas como una especie de "moda cultural", pero esa idea se desarrolló décadas después; el artículo de 1979 ya había identificado el fenómeno fundamental: las canciones de las ballenas jorobadas evolucionan continuamente y son compartidas por toda una población

Iain Douglas- Hamilton y los elefantes africanos.

 


Iain Douglas-Hamilton: el hombre que cambió la forma de entender a los elefantes africanos

En septiembre de 2008, National Geographic publicó un extenso reportaje de David Quammen dedicado al conservacionista Iain Douglas-Hamilton, posteriormente digitalizado por National Geographic. El artículo recorre tanto sus descubrimientos científicos como los enormes riesgos personales que asumió para estudiar y proteger a los elefantes africanos.

Un pionero en el estudio de los elefantes

Cuando Douglas-Hamilton comenzó su trabajo en el Parque Nacional de Manyara (Tanzania), la mayor parte de los estudios sobre elefantes se basaban en censos o en animales muertos. Él revolucionó ese enfoque identificando a cada individuo mediante las muescas de las orejas, la forma de los colmillos y otros rasgos físicos, asignándoles incluso nombres propios.

Ese seguimiento prolongado le permitió demostrar que:

  • las familias de elefantes están organizadas alrededor de una matriarca experimentada;
  • cada individuo posee una personalidad reconocible;
  • las relaciones familiares perduran durante décadas;
  • las crías aprenden de madres, tías y abuelas, transmitiéndose conocimientos sobre rutas, agua y peligros;
  • los grupos se separan y vuelven a reunirse constantemente sin perder sus vínculos sociales.

Fue uno de los primeros investigadores en estudiar a los elefantes como individuos con historias y relaciones complejas, en lugar de simples componentes de una población.

Sus descubrimientos sobre la sociedad de los elefantes

A lo largo de cuarenta años de investigación, Douglas-Hamilton identificó varios aspectos fundamentales de la conducta social:

  • Las hembras viven en familias multigeneracionales dirigidas por una matriarca.
  • Las demás hembras colaboran en la protección y crianza de las crías, formando una auténtica "comunidad de madres".
  • Los jóvenes aprenden observando a los adultos, no solo por instinto.
  • Los elefantes toman decisiones evaluando riesgos, especialmente en zonas donde conviven con seres humanos.
  • Sus desplazamientos responden a tres necesidades básicas que Douglas-Hamilton resumía como las tres "S":
    • Sex (reproducción),
    • Sustenance (alimento y agua),
    • Security (seguridad).

Gracias al empleo de radiocollares GPS descubrió además el comportamiento denominado "streaking", desplazamientos rapidísimos de decenas o incluso cientos de kilómetros entre áreas seguras atravesando territorios peligrosos. Estos datos permitieron identificar corredores migratorios esenciales para la conservación.

Bokassa y la investigación del comercio de marfil

A finales de los años setenta Douglas-Hamilton comprendió que el problema principal ya no era únicamente estudiar a los elefantes, sino impedir su desaparición.

Organizó el primer gran estudio continental sobre las poblaciones africanas y comenzó a investigar directamente el comercio ilegal del marfil.

Durante esas investigaciones viajó al imperio centroafricano gobernado por el dictador Jean-Bédel Bokassa. Allí trató de seguir la pista del tráfico de marfil, pero abandonó el país precipitadamente cuando Bokassa empezó a interesarse por aquel científico extranjero que hacía demasiadas preguntas. El reportaje presenta este episodio como una muestra de los riesgos políticos que asumía además de los propios del trabajo de campo.

Uganda tras la caída de Idi Amin

También viajó a Uganda inmediatamente después del derrocamiento del dictador Idi Amin.

Lo que encontró fue devastador: los parques nacionales estaban sembrados de cadáveres de elefantes perforados por disparos. Aquella visión confirmó que el colapso político y militar había acelerado una matanza masiva de fauna salvaje.

Estas experiencias reforzaron su convencimiento de que la supervivencia de los elefantes dependía tanto de la estabilidad política como de la protección ambiental.

La pérdida de Anne

Uno de los momentos más emotivos del reportaje gira en torno a Anne, una joven elefanta equipada con radiocollar.

Douglas-Hamilton caminó hasta ella para comprobar un rumor según el cual el collar podía haber quedado demasiado ajustado. Tras acercarse con enorme cautela confirmó que todo estaba en perfecto estado.

Semanas después, sin embargo, recibió una noticia devastadora.

Anne había muerto.

Gracias a las últimas señales del radiocollar, Douglas-Hamilton localizó el cadáver desde su avioneta. Posteriormente, junto con su equipo, encontró los restos en un pequeño valle de Laikipia.

Había sido abatida por disparos.

Sus colmillos permanecían en el lugar, por lo que nunca pudo determinarse el motivo del asesinato. El autor tampoco fue identificado.

El artículo utiliza esta muerte para ilustrar una de las ideas centrales del investigador: los elefantes pueden elegir cuidadosamente dónde buscar alimento y agua, pero nunca pueden controlar completamente el riesgo que representan los seres humanos.

Cuando una elefanta estuvo a punto de matarlo

El episodio más dramático del reportaje ocurrió durante un paseo que Douglas-Hamilton realizó con el propio periodista David Quammen.

Los tres caminaban hacia una colina cuando observaron una elefanta acompañada de dos crías.

Creyeron que el grupo se alejaba.

Sin embargo, instantes después la madre apareció frente a ellos con las orejas desplegadas y cargó violentamente.

La elefanta —identificada posteriormente como Diana, perteneciente a la familia denominada "Royals"— derribó a Douglas-Hamilton y estuvo a punto de atravesarlo con los colmillos.

Milagrosamente, en el último instante desvió el ataque y decidió no rematarlo.

Después reconstruyeron varias hipótesis:

  • quizá el viento había impedido que la madre detectara su olor;
  • pudo sentirse sorprendida;
  • probablemente interpretó que sus dos crías estaban amenazadas;
  • tal vez ya estaba alterada por algún encuentro previo con un macho o con un león.

Douglas-Hamilton insistía en que nunca sabrían con certeza por qué la elefanta decidió detener el ataque en el último momento. Ese episodio reforzó una de sus principales conclusiones científicas: los elefantes no son máquinas guiadas únicamente por el instinto, sino animales inteligentes que toman decisiones complejas dependiendo del contexto.

Un legado científico y conservacionista

El reportaje concluye mostrando cómo la investigación iniciada décadas antes había evolucionado hacia una combinación de observación directa, radiocollares GPS, cartografía digital y colaboración con investigadores y rastreadores locales de Samburu.

Gracias a ese trabajo fue posible demostrar científicamente la existencia de corredores de migración, mejorar las estrategias contra la caza furtiva y convencer a los gobiernos africanos de que la conservación de los elefantes requería proteger tanto a los animales como los paisajes por los que se desplazan. La figura de Douglas-Hamilton aparece así no solo como la de un gran naturalista, sino como uno de los principales responsables del cambio de paradigma en la conservación del elefante africano. 

Salvemos los tigres.


 En la India existe un antiguo dicho: "Mientras el tigre camine por el bosque, el bosque seguirá vivo." Durante siglos, este magnífico cazador ha sido el guardián silencioso de las selvas de Asia. Su presencia inspira respeto, temor y admiración. Pero incluso el rey de estos bosques puede llegar a desaparecer cuando el equilibrio de la naturaleza se rompe.

El amanecer tiñe de oro los bosques de Ranthambore. Entre las ruinas de antiguos fuertes y los árboles de dhok, una tigresa avanza con el sigilo de una sombra. Cada uno de sus pasos ha sido aprendido durante millones de años de evolución. Sus ojos recorren el bosque, atentos al menor movimiento. No busca enfrentarse a otros animales; busca alimento para sus cachorros.

Hace apenas unas semanas dio a luz a tres crías en una guarida escondida entre las rocas. Nacieron ciegas, indefensas y completamente dependientes de ella. Durante los primeros meses, la madre apenas abandona el refugio, salvo para cazar. Cada salida supone un riesgo. Si fracasa demasiadas veces, el hambre puede acabar con toda la camada.

La vida de un cachorro de tigre nunca ha sido sencilla. Enfermedades, inundaciones durante el monzón, incendios forestales, encuentros con otros depredadores o con machos adultos pueden impedir que alcance la edad adulta. En la naturaleza, muchos cachorros no sobreviven a sus dos primeros años de vida. Solo los más fuertes aprenderán el arte de la caza y heredarán un territorio propio.

Cuando las crías comienzan a caminar tras su madre, empieza una de las enseñanzas más extraordinarias del mundo animal. La tigresa no les da órdenes. Les muestra el camino.

Observan cómo utiliza la hierba alta para ocultarse. Aprenden a detenerse cuando el viento cambia de dirección. Descubren que la paciencia vale más que la velocidad y que un solo error puede arruinar horas de espera.

El tigre no es un corredor de largas distancias. Es un maestro de la emboscada.

Cuando un grupo de chitales cruza un claro del bosque, el felino permanece inmóvil. Apenas respira. Espera hasta encontrarse a unos pocos metros de su presa. Entonces, en un estallido de fuerza, lanza un ataque fulminante que dura solo unos segundos. Si fracasa, rara vez insiste. La selva exige ahorrar energía.

Los ciervos chital, los sambares, los jabalíes y, en ocasiones, los enormes gaur constituyen la base de su alimentación en la India. En los bosques helados de Siberia persigue alces, ciervos y jabalíes. Más al sur, en las selvas de Indochina, durante generaciones dependió de sambares, muntíacos, banteng y otros grandes herbívoros.

Pero hoy el silencio invade muchos de esos bosques.

No porque el tigre haya dejado de rugir, sino porque sus presas han desaparecido.

Durante décadas, la caza excesiva de ungulados y otros grandes herbívoros por parte de las personas redujo gravemente sus poblaciones en numerosas regiones. Allí donde desaparecen los ciervos y los jabalíes, también termina desapareciendo el gran depredador que depende de ellos. En amplias zonas de Indochina y del sur de China, esta pérdida de presas ha contribuido al colapso de las poblaciones de tigres.

A esta escasez de alimento se suma otro desafío.

Los parques nacionales son islas verdes rodeadas por millones de personas. En lugares como Ranthambore, Bandhavgarh o las reservas de Karnataka, numerosas comunidades dependen del bosque para obtener leña, pastos y otros recursos. El ganado entra en las áreas protegidas y los caminos penetran cada vez más profundamente en el territorio del tigre.

Cuando el bosque se llena de personas, los animales salvajes se vuelven más esquivos. Las presas abandonan las zonas más transitadas y el tigre debe recorrer distancias mayores para alimentarse. A veces, desesperado, ataca al ganado doméstico, dando origen a conflictos con los habitantes de las aldeas cercanas.

Sin embargo, existe una amenaza aún más silenciosa.

Ocultos entre la vegetación, los furtivos colocan lazos de acero capaces de atrapar incluso al mayor de los tigres. Otros utilizan trampas o venenos. Su objetivo no es alimentarse, sino abastecer el comercio ilegal internacional de pieles, huesos, colmillos y garras. Durante décadas, estos productos fueron muy demandados en algunos mercados vinculados a prácticas de medicina tradicional, a pesar de que no existen pruebas científicas que demuestren la eficacia medicinal de las partes del tigre.

Cada tigre perdido representa mucho más que un animal menos.

Cada uno mantiene el equilibrio del bosque. Donde vive un tigre abundan los herbívoros, y donde estos prosperan también lo hacen los árboles, las aves, los insectos y los ríos que alimentan la vida.

Conservar al tigre significa proteger todo aquello que vive bajo la sombra de los grandes árboles de Asia.

Mientras el sol desaparece tras las colinas de Ranthambore, la tigresa regresa a la guarida. Sus cachorros salen a recibirla con torpes zancadas y suaves gruñidos. Esta noche habrá alimento. Mañana volverá a comenzar la búsqueda.

Porque en la selva, cada amanecer es una nueva batalla. Y mientras el tigre siga caminando entre las sombras del bosque, aún habrá esperanza para la naturaleza de Asia.

Jane Goodall y los chimpancés.

 


Gombe, 1963: cuando Jane Goodall cambió para siempre nuestra visión de los chimpancés

A comienzos de la década de 1960, las orillas boscosas del lago Tanganica, en lo que hoy es Tanzania, eran uno de los pocos lugares del planeta donde apenas existían estudios sistemáticos sobre chimpancés salvajes. Allí llegó una joven británica de veintiséis años llamada Jane Goodall, convencida de que la paciencia podía revelar aspectos desconocidos de nuestros parientes evolutivos más próximos.

Durante semanas, los chimpancés desaparecían en cuanto detectaban la presencia humana. Cada intento de aproximación terminaba con una rápida huida entre la vegetación. Sin embargo, uno de aquellos animales empezó a comportarse de forma diferente.

David Greybeard, el primer puente entre dos mundos

El protagonista de ese cambio fue un viejo macho adulto al que Goodall bautizó como David Greybeard por su característica barba gris.

Mientras el resto del grupo mantenía las distancias, David comenzó a tolerar la presencia de la investigadora. Al principio permanecía atento, observándola desde lejos mientras se alimentaba. Poco a poco redujo la distancia hasta permitir que ella permaneciera cerca sin provocar su retirada.

Aquella confianza resultó decisiva. Gracias a David, otros chimpancés fueron aceptando gradualmente la presencia de la observadora, permitiéndole contemplar por primera vez la vida cotidiana de una comunidad salvaje sin alterar excesivamente su comportamiento.

Goodall comprendió que el verdadero trabajo de campo no consistía en perseguir animales, sino en esperar el tiempo necesario para que fueran ellos quienes aceptaran al observador.

El descubrimiento que cambió la definición de "humano"

Con la llegada del final de la estación de las lluvias, Goodall observó una conducta completamente inesperada.

Los chimpancés se acercaban a los grandes termiteros y arrancaban ramitas o tallos de hierba. Después eliminaban cuidadosamente las hojas con los dedos o los dientes hasta dejar un fino vástago desnudo.

Introducían entonces aquella varilla en las galerías de las termitas. Los insectos soldados se aferraban al improvisado instrumento con sus fuertes mandíbulas y, al extraerlo, los chimpancés se llevaban las termitas directamente a la boca.

No se trataba de un uso casual de objetos. Los animales seleccionaban el material adecuado, lo modificaban y lo empleaban con un propósito concreto.

Hasta entonces se consideraba que fabricar y utilizar herramientas era una capacidad exclusivamente humana. La observación obligó a replantear una de las fronteras clásicas entre nuestra especie y el resto de los primates.

Cazadores oportunistas

Las sorpresas no terminaron ahí.

Durante sus observaciones, Goodall comprobó que los chimpancés no eran exclusivamente vegetarianos. Aunque la mayor parte de su dieta estaba formada por frutos, hojas y semillas, aprovechaban cualquier ocasión favorable para capturar presas.

Entre sus víctimas figuraban pequeños mamíferos, aves e incluso otros primates, especialmente crías cuando las circunstancias les resultaban favorables.

No organizaban necesariamente grandes batidas de caza cada día, pero sí demostraban ser cazadores oportunistas capaces de explotar recursos animales cuando aparecía la ocasión.

Este hallazgo modificó igualmente la imagen romántica que hasta entonces se tenía de los chimpancés como animales prácticamente frugívoros y pacíficos.

Arquitectos de una cama nueva cada noche

Al caer la tarde comenzaba una de las actividades más llamativas del grupo.

Cada chimpancé escogía un árbol adecuado y ascendía varios metros sobre el suelo.

Una vez instalada en una horquilla resistente, la construcción del nido apenas requería unos minutos. Las ramas principales se doblaban para formar una plataforma circular y, sobre ella, se entretejían otras ramas más finas y abundantes hojas que daban estabilidad y comodidad al conjunto.

Los adultos confeccionaban un nido diferente casi todas las noches.

Las crías observaban atentamente el trabajo de sus madres y aprendían la técnica mediante la práctica durante años, hasta ser capaces de construir sus propias camas arbóreas.

Estos nidos no solo proporcionan descanso, sino que reducen el riesgo de depredadores terrestres y ayudan a mantener una temperatura confortable durante la noche.

Una convivencia compleja con los babuinos

Los babuinos compartían gran parte del territorio utilizado por los chimpancés.

La relación entre ambas especies era muy variable. En numerosas ocasiones podían alimentarse relativamente cerca unos de otros sin mostrar señales de agresividad.

Sin embargo, cuando competían por determinados recursos alimenticios o surgían situaciones tensas, no eran raras las persecuciones y las demostraciones intimidatorias.

Los babuinos, especialmente los machos adultos, poseen grandes caninos y una notable fuerza física. Los chimpancés, por su parte, suelen imponerse cuando actúan en grupo, aunque ambas especies prefieren evitar enfrentamientos serios que puedan causar heridas.

El agricultor que perdió un ojo

Entre los habitantes africanos de la región circulaban numerosas historias sobre la extraordinaria fuerza de los chimpancés.

Una de ellas hacía referencia a un agricultor que buscaba frutos en un nogal de aceite sin advertir que un chimpancé permanecía oculto entre las ramas.

Al ascender por el árbol sorprendió al animal a muy corta distancia. Sintiéndose acorralado y sin posibilidad de escapar, el chimpancé reaccionó con un violento ataque defensivo.

El agricultor cayó gravemente herido y perdió un ojo durante el enfrentamiento.

Episodios como este explicaban por qué muchos habitantes locales mostraban un profundo respeto hacia los chimpancés. No eran animales agresivos por naturaleza, pero un individuo adulto acorralado podía convertirse en un adversario extremadamente peligroso.

Cuando la propia Goodall fue atacada

La investigadora también experimentó personalmente esa fuerza.

En 1963, un macho joven la atacó de forma repentina durante una observación.

Aunque el incidente fue breve, bastó para demostrar la enorme potencia física de un chimpancé incluso antes de alcanzar la plena madurez. Goodall sufrió diversas contusiones y comprendió que nunca debía olvidar que trabajaba con animales salvajes.

Aquella experiencia reforzó una de las normas fundamentales de su investigación: evitar cualquier situación que pudiera hacer sentir amenazado a un chimpancé.

El legado de Gombe

Las observaciones realizadas en aquellos primeros años transformaron profundamente la primatología. Gracias a la paciente relación establecida con David Greybeard, el mundo descubrió que los chimpancés fabrican y utilizan herramientas, consumen carne cuando tienen la oportunidad, construyen sofisticados nidos para dormir y mantienen relaciones sociales mucho más complejas de lo que se había imaginado.

Más allá de los descubrimientos científicos, el trabajo de Jane Goodall cambió también la forma de estudiar a los animales. Demostró que la observación prolongada, el respeto por los individuos y la paciencia podían revelar comportamientos imposibles de detectar mediante expediciones breves.

Desde entonces, la imagen de los chimpancés dejó de ser la de simples simios para convertirse en la de seres con culturas, personalidades y capacidades cognitivas extraordinariamente cercanas a las nuestras.

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