sábado, 20 de junio de 2026

Prácticas funerarias de todo el mundo.

 


Reconstrucción periodística de la entrevista de Simon Worrall a Caitlin Doughty sobre las prácticas funerarias del mundo

Por Simon Worrall (Book Talk, National Geographic) – reconstrucción en formato de reportaje

Mientras gran parte de Occidente procura mantener la muerte fuera de la vista, la directora funeraria estadounidense Caitlin Doughty ha dedicado su carrera a hacer exactamente lo contrario: devolver a las familias un papel activo en el cuidado de sus muertos. En una entrevista para la serie Book Talk de National Geographic, realizada por Simon Worrall, Doughty repasó algunas de las prácticas funerarias más llamativas del planeta y cuestionó muchas de las restricciones que rodean a la muerte en Estados Unidos.

La búsqueda de una “buena muerte”

Con motivo de la publicación de su libro From Here to Eternity, Doughty recorrió distintos países para estudiar cómo las sociedades se relacionan con sus difuntos. Su viaje la llevó desde cremaciones al aire libre en Colorado hasta aldeas de Indonesia donde los muertos momificados continúan viviendo simbólicamente entre los familiares.

Según la funeraria, la cultura estadounidense ha delegado la muerte casi por completo en profesionales. El modelo habitual consiste en que la funeraria recoge el cuerpo y la familia apenas vuelve a verlo hasta la ceremonia final. Su propia empresa, en cambio, intenta involucrar a los allegados en tareas como vestir al fallecido, velarlo en casa o participar directamente en los rituales de despedida.

Japón: convivir con los muertos antes de la cremación

Uno de los ejemplos que más impresionó a Doughty fue Japón. Allí la cremación alcanza porcentajes cercanos a la universalidad y, debido a la demanda en grandes ciudades como Tokio, pueden transcurrir varios días antes de que se realice. Durante esa espera existen instalaciones conocidas popularmente como “hoteles para cadáveres”, donde las familias permanecen junto al cuerpo día y noche.

Para Doughty, estos espacios reflejan una actitud menos temerosa hacia la muerte. Los familiares pueden rezar, conversar, descansar e incluso dormir en habitaciones equipadas mientras acompañan al difunto antes de la cremación.

El kotsuage: recoger los huesos con palillos

Entre todas las tradiciones descritas en la entrevista, una de las más singulares es el kotsuage, ritual japonés que tiene lugar después de la cremación. A diferencia de Estados Unidos, donde los restos óseos suelen triturarse mecánicamente hasta convertirse en cenizas homogéneas, en Japón se conserva el esqueleto cremado. Los familiares utilizan palillos para recoger los huesos y depositarlos cuidadosamente en una urna, comenzando por los pies y terminando por la cabeza. La intención simbólica es que la persona entre “erguida” en su nuevo receptáculo.

Doughty considera que este tipo de participación física tiene un profundo valor psicológico. No se trata únicamente de observar un ritual, sino de realizar una acción concreta que ayuda a asumir la realidad de la pérdida.

Indonesia y la momificación doméstica

Otro de los episodios más impactantes de su viaje tuvo lugar en Toraja, en la isla indonesia de Sulawesi. Allí algunas familias mantienen durante meses o incluso años a sus familiares fallecidos dentro de la vivienda. Los cuerpos son preservados mediante técnicas tradicionales y modernas de momificación, y continúan formando parte de la vida cotidiana.

Los muertos reciben ropa limpia, comida simbólica y atención familiar. Para los toraja, la muerte no se produce de forma instantánea en el momento del fallecimiento biológico; es un proceso gradual durante el cual la persona sigue presente en la comunidad. Doughty señaló que lo más sorprendente fue comprobar la normalidad con que se vive esta situación: niños jugando, animales domésticos y labores agrícolas conviven con la presencia de los ancestros momificados.

¿Por qué las funerarias estadounidenses ponen tantos límites?

Una de las cuestiones centrales de la entrevista fue la creencia extendida de que la ley estadounidense impide a las familias tener contacto con los cuerpos. Doughty sostuvo que, en muchos casos, no son las leyes las que restringen estas prácticas, sino las propias normas y políticas de las funerarias.

Según explicó, numerosas actividades que muchos ciudadanos creen ilegales —como velar al fallecido en casa, permanecer junto al cuerpo durante más tiempo o participar activamente en su preparación— son perfectamente posibles en distintas jurisdicciones. Sin embargo, las empresas funerarias suelen controlar el acceso por razones operativas, comerciales, sanitarias o de organización interna. De este modo, las familias terminan dependiendo de profesionales para casi todas las etapas del proceso.

Doughty argumenta que esta separación ha contribuido a que los estadounidenses se sientan cada vez más alejados de la realidad de la muerte. Su propuesta consiste en devolver protagonismo a los familiares, permitiéndoles participar en los cuidados del cuerpo y en rituales significativos, tal como ocurre en muchas otras culturas del mundo.

Una lección global sobre el duelo

Tras visitar cremaciones abiertas, hoteles funerarios, comunidades que conservan momias y proyectos experimentales de compostaje humano, Doughty llegó a una conclusión: no existe una única forma correcta de afrontar la muerte. Lo que sí parece universal es la necesidad de que los vivos participen activamente en la despedida de sus seres queridos. Los rituales, sostiene, ayudan a transformar una pérdida abstracta en una realidad asumible.

En la entrevista, la funeraria resumió esa idea con una crítica tanto a la industria funeraria como a la sociedad contemporánea: mientras la muerte permanezca escondida y delegada por completo en terceros, será más difícil encontrar lo que ella llama una “buena muerte”, es decir, una despedida consciente, participativa y humana.

Creo que también se habla de los entierros celestiales de los zoroastrianos.

Sí. Aunque en la entrevista de Simon Worrall para Book Talk el foco principal recae en Japón, Indonesia, la cremación al aire libre en Colorado y el compostaje humano, el tema de los entierros celestiales zoroastrianos aparece vinculado al libro de Caitlin Doughty y a su reflexión sobre alternativas funerarias.

De hecho, hacia el final de la entrevista, cuando Worrall le pregunta cómo ha cambiado su visión de la muerte, Doughty afirma que, si pudiera elegir libremente, le gustaría que su cuerpo fuera consumido por animales salvajes, comparándolo con los sky burials (entierros celestiales) practicados en algunas tradiciones asiáticas. Explica que considera justo devolver a otros animales la materia que ella misma consumió durante su vida.

En su libro From Here to Eternity, el tratamiento es más amplio. Doughty visita y estudia las prácticas funerarias de los zoroastrianos parsis de la India, cuyos muertos tradicionalmente son depositados en las llamadas Torres del Silencio (dakhmas). La razón teológica es que ni la tierra, ni el fuego ni el agua deben contaminarse con un cadáver; por ello, el cuerpo se expone para que sea consumido por buitres y otros carroñeros.

Uno de los problemas contemporáneos que ella analiza es el colapso de las poblaciones de buitres en la India durante las últimas décadas. Al desaparecer las aves carroñeras, el sistema tradicional dejó de funcionar como estaba previsto, generando un intenso debate dentro de la comunidad parsi sobre si mantener el rito ancestral o adoptar cremaciones y entierros convencionales.

Si reconstruyéramos el reportaje incluyendo este tema, podría añadirse un apartado como este:

Las Torres del Silencio: cuando los animales completan el ciclo

Entre las prácticas que más desafiaron las ideas occidentales sobre la dignidad de los muertos se encuentran los ritos zoroastrianos. En lugar de enterrar o quemar los cuerpos, los parsis los depositan en estructuras circulares elevadas donde son consumidos por aves carroñeras. Lejos de considerarlo una falta de respeto, los creyentes lo interpretan como un último acto de generosidad hacia el mundo natural. Para Caitlin Doughty, esta tradición ilustra una de las grandes lecciones de su viaje: muchas sociedades aceptan que el cadáver sigue formando parte de los ciclos ecológicos, mientras que la cultura funeraria estadounidense tiende a ocultar y aislar el proceso de descomposición.

Además, es interesante señalar que Doughty distingue entre los entierros celestiales zoroastrianos y los entierros celestiales tibetanos. Ambos implican que los restos sean consumidos por animales, pero surgen de tradiciones religiosas y significados muy diferentes. 

viernes, 19 de junio de 2026

Una periodista se disfraza de scort para investigar el tráfico de especies silvestres.

 


Tras las huellas del marfil: la escritora que se hizo pasar por escort para infiltrarse en el submundo del tráfico de fauna salvaje

Por la redacción, adaptación basada en entrevistas y reportajes de Simon Worrall para National Geographic

En los oscuros márgenes de la economía global existe un negocio que mueve miles de millones de dólares al año y que, sin embargo, rara vez ocupa los titulares con la intensidad que reciben el narcotráfico o el tráfico de armas. Se trata del comercio ilegal de fauna salvaje: una red internacional que conecta cazadores furtivos, intermediarios, funcionarios corruptos, coleccionistas y organizaciones criminales a través de varios continentes.

Para comprender cómo funciona este mundo clandestino, la escritora y periodista Rachel Love Nuwer decidió hacer algo poco habitual incluso entre los reporteros de investigación: infiltrarse en algunos de sus escenarios más peligrosos. Su experiencia fue relatada por el periodista Simon Worrall en una extensa entrevista publicada por National Geographic en 2018, con motivo de la aparición de su libro Poached: Inside the Dark World of Wildlife Trafficking.

Una entrada arriesgada al corazón del negocio

Uno de los episodios más llamativos de la investigación tuvo lugar en la Zona Económica Especial del Triángulo de Oro, en Laos, una región fronteriza conocida desde hace décadas por sus vínculos con el contrabando, el juego, las drogas y otras actividades ilícitas.

Antes de viajar allí, Nuwer había recibido una advertencia de investigadores especializados: los extranjeros que frecuentaban la zona solían ser turistas mochileros o prostitutas procedentes de Rusia y Ucrania. Para pasar desapercibida y poder observar el funcionamiento del mercado ilegal, decidió adoptar la apariencia de una escort extranjera. Acompañada por un amigo y por su marido, se vistió de forma llamativa y recorrió la zona sin levantar sospechas.

Lo que encontró fue sorprendente.

En los comercios cercanos al complejo de casinos Kings Romans observó productos de fauna salvaje vendidos prácticamente a plena vista. Colmillos de marfil, cuernos de rinoceronte y derivados de tigre aparecían expuestos como si se tratara de mercancías ordinarias. La facilidad con la que estos artículos podían adquirirse revelaba hasta qué punto ciertas áreas funcionan como enclaves donde la aplicación de las leyes resulta débil o inexistente.

El marfil: símbolo de una matanza silenciosa

Entre todos los productos ilegales, el marfil continúa siendo uno de los más lucrativos. La demanda procedente de determinados mercados asiáticos ha impulsado durante décadas la caza furtiva de elefantes africanos.

Durante su investigación, Nuwer asistió en Kenia a una de las grandes quemas públicas de marfil organizadas por las autoridades. Estas ceremonias consisten en destruir toneladas de colmillos confiscados para enviar un mensaje político y moral: el marfil no debe considerarse una mercancía legítima.

Según explicó la autora, el objetivo principal de estas quemas no es necesariamente reducir de forma inmediata el tráfico ilegal, sino generar conciencia internacional y evitar que los almacenes gubernamentales se conviertan en focos de corrupción. En numerosos países, parte del marfil confiscado termina desapareciendo de los depósitos oficiales y vuelve a entrar en los circuitos clandestinos.

La cuestión del comercio de marfil sigue siendo objeto de debate. Sin embargo, numerosos expertos sostienen que los mercados legales o semilegales facilitan el blanqueo de colmillos obtenidos mediante caza furtiva, dificultando distinguir el producto legal del ilegal.

La trampa de las especies protegidas por CITES

Las investigaciones citadas por Worrall también ponen de manifiesto otro problema menos conocido: las vulnerabilidades del sistema internacional de protección de especies.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) regula el comercio de miles de animales y plantas amenazados. Algunas especies, como tigres, orangutanes o rinocerontes, cuentan con la máxima protección y su comercio comercial está prohibido.

Sin embargo, los traficantes han aprendido a explotar lagunas legales.

Una de las prácticas más frecuentes consiste en declarar como criados en cautividad animales que en realidad han sido capturados en estado salvaje. Investigaciones de National Geographic sobre grandes traficantes internacionales mostraron casos en los que instalaciones supuestamente dedicadas a la reproducción legal servían como tapadera para introducir ejemplares extraídos de la naturaleza. Incluso se detectaron certificados vinculados a centros de cría inexistentes.

Esta modalidad resulta especialmente peligrosa porque permite que especies protegidas entren en los mercados internacionales acompañadas de documentación aparentemente legítima.

Tigres, pangolines y osos: las otras víctimas

Aunque los elefantes suelen acaparar la atención pública, Nuwer descubrió que el tráfico afecta a una enorme variedad de especies.

Los tigres son criados en instalaciones que oficialmente se presentan como granjas o centros turísticos, pero cuyos productos terminan abasteciendo mercados donde se venden huesos, pieles, dientes y otros derivados utilizados en medicina tradicional o como artículos de lujo.

Los pangolines, considerados los mamíferos más traficados del planeta, son perseguidos por sus escamas y su carne. Los osos asiáticos sufren además la extracción de bilis para usos medicinales, mientras que reptiles, aves exóticas y tortugas raras alimentan el mercado internacional de mascotas.

Según diversas investigaciones citadas por National Geographic, prácticamente cualquier especie con valor comercial puede convertirse en objetivo de las redes criminales.

Un delito global tratado como un problema secundario

Uno de los hallazgos más inquietantes que emergen de estos reportajes es que el tráfico de fauna salvaje continúa siendo percibido por muchos gobiernos como un delito menor, pese a generar beneficios comparables a los de otras actividades criminales transnacionales.

Las redes de contrabando utilizan empresas pantalla, documentos falsificados, sobornos y rutas internacionales complejas para mover mercancías entre África, Asia, Europa y América. En algunos casos, incluso han sido vinculadas a organizaciones armadas y grupos violentos que utilizan los beneficios del marfil para financiar sus operaciones.

Más allá de la conservación

La principal conclusión extraída por Rachel Love Nuwer tras años de investigación es que el tráfico de fauna no puede abordarse únicamente como un problema de conservación.

A su juicio, se trata ante todo de una cuestión de delincuencia organizada internacional. Mientras los consumidores sigan pagando grandes sumas por marfil, cuernos de rinoceronte, partes de tigre o especies exóticas protegidas, las organizaciones criminales encontrarán incentivos para continuar explotando las debilidades del sistema.

Su arriesgada incursión disfrazada de escort en Laos permitió observar algo que normalmente permanece oculto: un mercado donde especies amenazadas se transforman en mercancías de lujo y donde la frontera entre legalidad e ilegalidad se vuelve deliberadamente difusa. Detrás de cada colmillo tallado, cada escama de pangolín o cada piel de tigre hay una cadena internacional de corrupción, violencia y destrucción ambiental que continúa amenazando algunas de las especies más emblemáticas del planeta.

Insultar es bueno para tí.

 

PALABRAS PROHIBIDAS

Reportaje radiofónico de divulgación científica

Duración aproximada: 12-15 minutos

SINTONÍA DE APERTURA

PRESENTADOR

Hay palabras que aprendemos a evitar desde niños. Palabras que provocan risas nerviosas, enfados o escándalo. Palabras capaces de hacer que una conversación se detenga en seco.

Pero ¿por qué existen? ¿Por qué todas las sociedades parecen tener expresiones prohibidas? ¿Y por qué, cuando nos damos un golpe inesperado, una palabrota suele salir de nuestra boca antes incluso de que podamos pensarlo?

Hoy viajaremos desde los laboratorios de psicología hasta los centros de investigación con chimpancés para descubrir la sorprendente ciencia de los insultos.

MÚSICA DE TRANSICIÓN

PRIMER BLOQUE: EL EXTRAÑO PODER DE LOS TACOS

PRESENTADOR

Imagine la escena. Está clavando un cuadro en la pared. El martillo falla y golpea directamente uno de sus dedos.

Lo más probable es que no recite un poema ni cite un diccionario. Lo más probable es que pronuncie una palabrota.

Durante mucho tiempo se pensó que esta reacción era simplemente una pérdida momentánea del autocontrol. Sin embargo, diversos estudios han mostrado que las expresiones malsonantes pueden tener un efecto sorprendente: aumentar temporalmente nuestra resistencia al dolor.

Para entenderlo, hablamos con el antropólogo Javier Morales.

ANTROPÓLOGO

Las palabrotas no son palabras corrientes. Están asociadas a emociones intensas y a experiencias que aprendemos desde pequeños. Cuando las pronunciamos en situaciones extremas, activan mecanismos emocionales muy profundos.

El organismo entra en un estado de alerta. Aumenta la activación fisiológica y eso puede hacer que el dolor resulte más soportable durante un breve periodo.

PRESENTADOR

Es decir, los tacos podrían funcionar como una herramienta emocional heredada de nuestra evolución.

ANTROPÓLOGO

Exactamente. No eliminan el dolor, pero ayudan a gestionarlo.

EFECTO SONORO: LATIDOS SUAVES

SEGUNDO BLOQUE: LO QUE LOS INSULTOS DICEN SOBRE UNA SOCIEDAD

PRESENTADOR

Los insultos también son una ventana privilegiada a la historia.

Lo que una cultura considera ofensivo revela qué valores protege con más intensidad.

En la Europa medieval, por ejemplo, las blasfemias podían resultar mucho más graves que muchos insultos actuales. En otras sociedades, cuestionar el honor de una familia podía desencadenar conflictos duraderos.

Hoy, en cambio, gran parte de las expresiones más rechazadas están relacionadas con la discriminación, la identidad o la dignidad de las personas.

ANTROPÓLOGO

Los insultos funcionan como indicadores culturales. Si analizamos qué palabras están prohibidas en una época determinada, podemos descubrir qué preocupa a esa sociedad.

Por eso los insultos cambian constantemente. Lo que fue escandaloso hace doscientos años puede sonar inocente hoy, y viceversa.

PRESENTADOR

En otras palabras, las palabrotas tienen fecha de caducidad cultural.

ANTROPÓLOGO

Así es. Los tabúes cambian y el lenguaje cambia con ellos.

MÚSICA BREVE

TERCER BLOQUE: UNA CHIMPANCÉ LLAMADA WASHOE

EFECTO SONORO: SELVA, INSECTOS Y AVES

PRESENTADOR

A finales del siglo XX, varios investigadores intentaron responder una pregunta fascinante: ¿hasta qué punto pueden los chimpancés aprender formas de lenguaje humano?

Uno de los experimentos más famosos tuvo como protagonista a una chimpancé llamada Washoe.

Washoe fue criada en un entorno donde los investigadores se comunicaban mediante lenguaje de signos. Con el tiempo llegó a aprender decenas e incluso centenares de signos.

Para hablar de ella contamos con la presencia de la primatóloga Elena Ruiz.

PRIMATÓLOGA

Washoe no se limitaba a repetir gestos. Los utilizaba en contextos concretos para pedir objetos, expresar deseos o comunicarse con las personas que la rodeaban.

Lo interesante es que, en determinadas ocasiones, empleaba algunos signos de forma despectiva o agresiva cuando estaba enfadada.

PRESENTADOR

¿Podemos considerar eso un insulto?

PRIMATÓLOGA

No exactamente en el sentido humano. Debemos ser muy cautelosos. Pero sí parece que comprendía ciertas asociaciones negativas y que las utilizaba con intención social.

Eso resulta extraordinariamente interesante porque muestra que algunos componentes emocionales de la comunicación pueden tener raíces evolutivas muy antiguas.

CUARTO BLOQUE: ¿POR QUÉ INSULTAMOS?

PRESENTADOR

Si los insultos aparecen en prácticamente todas las culturas y si incluso nuestros parientes evolutivos muestran comportamientos comparables, la pregunta es inevitable.

¿Por qué insultamos?

Los especialistas apuntan a varias funciones.

Expresar dolor.

Liberar frustración.

Mostrar enfado.

Fortalecer vínculos dentro de un grupo.

Provocar risas.

Desafiar la autoridad.

Y, en ocasiones, simplemente llamar la atención.

ANTROPÓLOGO

Los insultos son una herramienta social extremadamente flexible. Pueden separar a las personas, pero también unirlas.

Muchos grupos utilizan expresiones ofensivas de manera amistosa, como una forma de confianza mutua. Todo depende del contexto.

PRESENTADOR

Es decir, una misma palabra puede ser una agresión o una muestra de complicidad.

ANTROPÓLOGO

Exactamente. El significado nunca está únicamente en la palabra. Está también en quién la dice, a quién se dirige y en qué situación se utiliza.

CIERRE

MÚSICA FINAL

PRESENTADOR

Las palabrotas suelen ocupar los márgenes del lenguaje, pero la ciencia las ha colocado en el centro de la investigación.

Nos hablan del cerebro y del dolor.

Nos hablan de la evolución y de nuestros parientes primates.

Nos hablan de religión, política, identidad y cultura.

Quizá por eso sobreviven generación tras generación. Porque, aunque intentemos expulsarlas del lenguaje cotidiano, siguen cumpliendo funciones profundamente humanas.

Y tal vez esa sea la mayor paradoja: las palabras que consideramos menos civilizadas pueden ayudarnos a comprender mejor quiénes somos.

Hasta aquí nuestro reportaje de hoy. Gracias por escucharnos.

SINTONÍA DE DESPEDIDA

El joven hindú de casta baja que recorrió por amor toda Asia Central y Europa en bicicleta.

 


jueves, 18 de junio de 2026

¿Son los perros pit bull peligrosos?


 REPORTAJE | Perros, conducta y percepción pública

¿Son los pit bull realmente peligrosos o lo es la forma en que los criamos?

En una conversación conducida por el periodista Simon Worrall con un especialista en comportamiento canino, emerge una idea que incomoda tanto como desafía el imaginario colectivo: el problema no es el perro como etiqueta, sino la historia que hay detrás de cada animal.

Durante años, el término “pit bull” ha funcionado casi como un atajo emocional. Para algunos evoca lealtad y fuerza; para otros, riesgo inmediato. Sin embargo, el experto entrevistado insiste en un matiz esencial que suele perderse en el debate público: no existe una única “raza pit bull” con un comportamiento uniforme, sino un conjunto de perros cuya conducta está profundamente influida por su crianza, su entorno y el uso que los humanos han hecho de ellos.

El peso del entorno frente al mito de la agresividad

Según el especialista, uno de los errores más extendidos es atribuir la agresividad a la genética como si fuera un destino cerrado. Si bien toda raza tiene predisposiciones físicas o energéticas, el comportamiento se moldea sobre todo en los primeros meses de vida: socialización, trato humano, experiencias de estrés o maltrato, y entrenamiento.

En ese sentido, el pit bull se convierte en un espejo incómodo: no tanto de una supuesta “naturaleza peligrosa”, sino de las prácticas humanas que lo rodean. Cuando un perro es criado en aislamiento, entrenado mediante violencia o expuesto a entornos de confrontación, su respuesta ante el mundo puede volverse defensiva o impredecible. Pero ese patrón no es exclusivo de esta raza.

Una reputación construida por la historia

El reportaje también recuerda un punto clave: durante décadas, ciertos perros de tipo bull fueron utilizados en actividades de pelea clandestina o criados selectivamente para resistencia física. Esa historia ha dejado una huella en la percepción pública, incluso cuando hoy muchos de esos animales viven como mascotas familiares perfectamente equilibradas.

El experto subraya que generalizar a partir de casos extremos distorsiona la realidad. “El problema no es el perro en sí, sino el contexto en el que se le coloca y la responsabilidad —o la falta de ella— de quien lo cría”, viene a ser la idea central.

El factor humano: la variable decisiva

Uno de los puntos más insistentes de la entrevista es el papel del ser humano como variable decisiva. El mismo perro puede desarrollar comportamientos completamente distintos dependiendo de si crece en un hogar estructurado, con normas claras y socialización, o en un entorno caótico, sin atención ni límites.

Esto lleva al especialista a una conclusión incómoda pero necesaria: hablar de “perros peligrosos” sin hablar de “humanos responsables” es una simplificación que deja fuera la mitad de la ecuación.

Más allá del miedo: una llamada a la responsabilidad

Lejos de negar que existan incidentes con pit bulls, el reportaje no los minimiza. Pero sí invita a contextualizarlos. La violencia canina, cuando ocurre, suele ser el resultado de múltiples factores acumulados, no de una única etiqueta racial.

El mensaje final que deja la entrevista es menos sensacionalista que transformador: el foco debería estar menos en el animal y más en la educación, la tenencia responsable y la regulación del bienestar animal.

En última instancia, el pit bull no es tanto el protagonista del problema como el escenario donde se proyectan nuestros propios fallos como cuidadores.

Los coyotes.

 


El siguiente texto es una adaptación en forma de reportaje basada en una entrevista periodística atribuida a Simon Worrall a un zoólogo especializado en coyotes. Está reescrito con tono narrativo y de divulgación.


El coyote: el superviviente invisible de América

El sol cae sobre un paisaje de suburbios y matorrales secos, en algún punto indefinido entre lo urbano y lo salvaje. Allí, donde las luces de la ciudad empiezan a mezclarse con el ruido del campo, se mueve un animal que pocos llegan a ver pero que muchos han aprendido a escuchar: el coyote.

En una entrevista conducida por el escritor y periodista Simon Worrall, un zoólogo especializado en este cánido describe al coyote como “uno de los animales más adaptables del planeta”. No es una exageración retórica. Es, más bien, una constatación científica nacida de décadas de observación.

El coyote (coyote) ha sabido hacer lo que pocas especies consiguen: prosperar mientras el mundo cambia a su alrededor. Antes habitante exclusivo de las grandes llanuras y desiertos de Norteamérica, hoy se le encuentra desde bosques remotos hasta el corazón de ciudades como Los Ángeles o Chicago.

Un animal que aprende a vivir con nosotros

El zoólogo entrevistado insiste en una idea clave: el coyote no solo sobrevive a la presencia humana, sino que la utiliza. Basura, roedores urbanos, parques y corredores verdes se han convertido en parte de su nuevo ecosistema. Lejos de ser un intruso descontrolado, el coyote es un estratega silencioso.

“Donde otros depredadores desaparecen, el coyote aprende”, explica el especialista en la conversación recogida por Worrall. Esa capacidad de aprendizaje rápido es, según él, la clave de su expansión.

El mito del “lobo pequeño”

Durante años, el coyote fue visto como una versión menor y casi despreciable del lobo. Pero la entrevista desmonta esa idea. Aunque ambos pertenecen a la misma familia, el coyote ha desarrollado una identidad ecológica propia: más flexible, más oportunista, menos dependiente de grandes presas.

Mientras el lobo necesita vastos territorios y presas abundantes, el coyote se conforma con mucho menos. Y ahí radica su éxito.

Vida entre sombras

Otra de las ideas que emergen del diálogo es la extraordinaria capacidad del coyote para evitar el contacto directo con los humanos. Incluso en zonas urbanas, rara vez se deja ver. Se mueve de noche, aprende rutas nuevas y ajusta sus horarios al ritmo de la ciudad.

Este comportamiento ha generado una convivencia silenciosa: humanos y coyotes comparten espacio sin apenas cruzarse, aunque sus mundos se solapen constantemente.

Un espejo incómodo

Más allá de la biología, el zoólogo sugiere una lectura más profunda: el coyote como reflejo de nuestra propia expansión. Allí donde la naturaleza parece retroceder, el coyote avanza. No como invasor, sino como consecuencia.

El reportaje de Worrall deja una imagen final potente: un animal que no domina el mundo, pero que ha aprendido a no ser derrotado por él.

En esa resistencia discreta, casi invisible, el coyote se convierte en algo más que un depredador urbano. Se convierte en símbolo de adaptación.

Los murciélagos.


 

Los murciélagos: los arquitectos invisibles de la noche

Reportaje ampliado al estilo revista a partir de una entrevista de Simon Worrall para National Geographic

La noche cae sobre el paisaje como una manta espesa. Mientras la mayoría del mundo humano reduce su ritmo o se apaga del todo, otro universo despierta. En ese intervalo silencioso entre el día y la oscuridad, los murciélagos toman el relevo de la vida.

Durante una conversación recogida por el periodista Simon Worrall en su estilo habitual de entrevistas de divulgación científica, el tono no es el de la alarma ni el del mito, sino el de la revelación. Lo que se cuenta no pertenece al terreno de lo fantástico, sino a la biología más sofisticada del planeta.

Y, sin embargo, los murciélagos siguen atrapados en una paradoja: son esenciales para los ecosistemas… pero siguen siendo profundamente incomprendidos.


🌌 El animal que trabaja mientras dormimos

“Si desaparecieran los murciélagos, lo notaríamos casi de inmediato”, explica el experto entrevistado. No como una pérdida abstracta de biodiversidad, sino como un impacto directo en la vida cotidiana: más insectos, menos control natural de plagas, y un desequilibrio ecológico difícil de revertir.

Los murciélagos insectívoros son auténticas máquinas biológicas de control ambiental. Una sola colonia puede consumir toneladas de insectos en una temporada. Mosquitos, escarabajos, polillas: una lista que, desde el punto de vista humano, incluye tanto molestias como amenazas agrícolas.

Pero la historia no termina ahí. Algunas especies desempeñan un papel aún más delicado: la polinización. En regiones tropicales y desérticas, ciertos murciélagos son responsables de transportar polen de planta en planta, asegurando la supervivencia de especies vegetales que, a su vez, sostienen cadenas alimentarias enteras.

“Son jardineros nocturnos”, dice el científico en la entrevista. “Sin ellos, muchos ecosistemas simplemente no funcionarían”.


🧠 Un diseño evolutivo fuera de lo común

Lo que más fascina a Worrall no es solo su función ecológica, sino su diseño biológico. El murciélago es uno de los pocos mamíferos capaces de volar activamente, una hazaña evolutiva que implica adaptaciones anatómicas extremas.

Sus alas no son alas en el sentido clásico, sino manos transformadas: dedos alargados unidos por membranas de piel fina y flexible. Esta estructura les permite una maniobrabilidad aérea que supera incluso a muchas aves.

Pero el verdadero prodigio está en su percepción del mundo.

La ecolocalización —un sistema biológico de sonar— permite a muchos murciélagos “ver” mediante el sonido. Emiten ultrasonidos que rebotan en los objetos y regresan como ecos, creando una imagen mental tridimensional del entorno.

“Es una forma de percepción que desafía nuestra intuición”, explica el experto. “No solo detectan obstáculos. Interpretan el mundo en movimiento en tiempo real, con una precisión asombrosa”.


🧬 Longevidad inesperada y resiliencia biológica

Otro de los puntos que sorprende en la entrevista es la longevidad de estos animales. Para su tamaño —pequeño, frágil, de metabolismo acelerado— muchos murciélagos viven décadas, mucho más de lo que los modelos biológicos tradicionales predecirían.

A esto se suma una resistencia inusual a ciertas enfermedades, lo que ha convertido a los murciélagos en objeto de estudio en campos como la inmunología y la biología evolutiva.

“Son una contradicción viviente”, resume el investigador. “Parecen vulnerables, pero han desarrollado estrategias de supervivencia extraordinariamente eficaces”.


🌍 El peso de los mitos

A pesar de su importancia ecológica, la relación entre humanos y murciélagos ha estado marcada por el miedo. Vampiros, supersticiones medievales, asociaciones con la oscuridad: la cultura popular ha moldeado una imagen distorsionada del animal.

Sin embargo, el entrevistado recuerda que esta percepción no es universal. En muchas culturas asiáticas, los murciélagos simbolizan la suerte, la prosperidad o la longevidad.

El problema, concluye, no es el animal, sino la distancia.

“No tememos lo que entendemos”, afirma. “Tememos lo que no vemos de cerca”.


🌿 Un equilibrio frágil entre desconocimiento y necesidad

El reportaje, en el tono característico de National Geographic, no busca solo informar, sino cambiar la perspectiva. Los murciélagos no son criaturas marginales de la naturaleza: son engranajes centrales de sistemas ecológicos complejos.

Y, sin embargo, muchas especies están amenazadas por la pérdida de hábitat, el cambio climático y enfermedades emergentes que afectan a sus colonias.

La paradoja es evidente: dependemos de ellos más de lo que creemos, pero sabemos menos de ellos de lo que deberíamos.


🌙 Epílogo: aprender a escuchar la noche

Al final de la entrevista reconstruida por Worrall, queda una idea persistente: la noche no es un vacío, sino un ecosistema activo.

Los murciélagos no son sombras errantes ni símbolos del miedo. Son parte de una red de vida que opera cuando el resto del mundo descansa.

“Si aprendemos a observarlos sin prejuicios”, dice el científico, “dejaremos de ver la noche como algo hostil. Y empezaremos a verla como lo que realmente es: un sistema vivo, complejo y absolutamente necesario”.


Prácticas funerarias de todo el mundo.

  Reconstrucción periodística de la entrevista de Simon Worrall a Caitlin Doughty sobre las prácticas funerarias del mundo Por Simon Worral...