jueves, 23 de julio de 2026

Los cerdos.


 

Los cerdos: mucho más inteligentes de lo que creemos

Durante siglos, los cerdos han sido víctimas de numerosos prejuicios. Con frecuencia se les asocia con la suciedad, la glotonería o la falta de inteligencia. Sin embargo, diversas investigaciones científicas demuestran que esta imagen está muy alejada de la realidad. En una entrevista para Book Talk, el periodista Simon Worrall analiza estos animales y revela datos sorprendentes sobre su comportamiento y capacidades. No es casual que incluso Winston Churchill afirmara que, si quería verse reflejado en un igual, se sentía identificado con los cerdos más que con los perros.

Los expertos explican que los cerdos figuran entre los animales más inteligentes del planeta. Son capaces de resolver problemas, aprender con rapidez y recordar información durante largos periodos de tiempo. Además, pueden reconocer a otros individuos, comprender señales e incluso utilizar herramientas sencillas para conseguir sus objetivos.

Otro aspecto destacado es su compleja vida social. Los cerdos viven en grupos organizados, establecen fuertes vínculos entre ellos y se comunican mediante una amplia variedad de sonidos y gestos. Las madres muestran un gran cuidado hacia sus crías y estas aprenden observando el comportamiento de los adultos, lo que demuestra un importante desarrollo cognitivo.

La entrevista también desmonta el mito de que los cerdos son animales sucios. En realidad, cuando disponen de espacio suficiente, mantienen separadas las zonas donde comen, descansan y hacen sus necesidades. Revolcarse en el barro no responde a una falta de higiene, sino a una estrategia para regular su temperatura corporal y proteger su piel del sol y de los insectos.

Las conclusiones que se desprenden de estas investigaciones invitan a reflexionar sobre la forma en que los seres humanos tratamos a los cerdos. Su inteligencia, sensibilidad y capacidad para establecer relaciones sociales hacen que merezcan una consideración muy distinta de la que tradicionalmente han recibido. La observación de Churchill refuerza esta idea, al presentar al cerdo no como un animal despreciable, sino como un ser digno de respeto y cercanía.

En definitiva, los cerdos son animales complejos, inteligentes y sociables. Lejos de los estereotipos que los han acompañado durante siglos, la ciencia demuestra que poseen cualidades sorprendentes que obligan a replantear la imagen que tenemos de ellos y el respeto que se merecen.

¿Es cierto que los cerdos han atacado a niños de muy corta edad y los han llegado a mutilar?

Sí, es cierto, aunque se trata de casos muy poco frecuentes.

Los ataques graves de cerdos domésticos a niños pequeños están documentados en la literatura médica. Se han descrito casos de mordeduras que provocaron mutilaciones e incluso la amputación de extremidades debido a la gravedad de las lesiones o a complicaciones posteriores.

También existen informes de niños que sufrieron heridas abdominales muy graves tras ser atacados por cerdos en entornos rurales. Los autores de estos estudios destacan que estos incidentes son raros, pero que, cuando ocurren, pueden ser extremadamente graves debido a la fuerza de la mandíbula y al tamaño del animal.

Esto no significa que los cerdos sean animales normalmente agresivos hacia las personas. De hecho:

  • La mayoría de los cerdos domésticos son tranquilos si están bien manejados.
  • Los ataques suelen producirse en circunstancias concretas, como cuando un niño queda sin supervisión dentro de un corral, una cerda está protegiendo a sus lechones, el animal se siente amenazado o existe competencia por el alimento.

En resumen, sí existen casos reales de niños muy pequeños que han sido mutilados por ataques de cerdos, pero son sucesos excepcionales y no representan el comportamiento habitual de estos animales. Su enorme fuerza y su dentadura hacen que, cuando un ataque ocurre, las consecuencias puedan ser muy graves.

Contribuciones de los pollos y las gallinas al mundo de los humanos.

 


Las gallinas, las grandes protagonistas olvidadas de la historia

Por [Nombre del autor]

Cuando se piensa en una gallina, lo primero que suele venir a la mente son los huevos o la carne. Sin embargo, la historia de estas aves es mucho más rica de lo que parece. En una entrevista para Book Talk, el periodista Simon Worrall pone de relieve cómo las gallinas han desempeñado un papel decisivo en la agricultura, la medicina popular y la gastronomía, hasta el punto de influir en la alimentación y las costumbres de distintas sociedades.

Uno de los aspectos que más llama la atención es su eficacia como aliadas contra las plagas. Las gallinas recorren el terreno en busca de insectos, larvas y otros pequeños animales que dañan los cultivos, convirtiéndose en un método natural y sostenible para proteger los campos. Su labor permite reducir la presencia de plagas y disminuir el uso de pesticidas, una práctica que hoy vuelve a despertar el interés de muchos agricultores.

Pero su importancia no termina ahí. Durante siglos, el caldo de gallina ha sido considerado un remedio casero casi milagroso para combatir los resfriados. Generación tras generación, numerosas familias han recurrido a esta receta para aliviar la congestión, reconfortar al enfermo y favorecer su recuperación. Aunque la ciencia aclara que no se trata de una cura, sí reconoce que puede ayudar a mitigar algunos síntomas y aportar hidratación y nutrientes al organismo.

La entrevista también rescata un episodio poco conocido de la historia de la alimentación en Estados Unidos. Durante el siglo XVIII, las cocineras afroamericanas esclavizadas desempeñaron un papel fundamental en la incorporación del pollo a la dieta de las familias blancas para las que trabajaban. Gracias a su experiencia culinaria y a la adaptación de recetas heredadas de sus tradiciones, transformaron este ave en un alimento apreciado y frecuente en las mesas de sus amos, dejando una huella profunda en la cocina estadounidense.

Las palabras de Simon Worrall invitan a mirar a las gallinas desde una perspectiva diferente. Más allá de su valor económico, estas aves han contribuido al equilibrio de los ecosistemas agrícolas, han formado parte de la medicina popular y han sido protagonistas silenciosas de importantes cambios culturales y gastronómicos. Su historia demuestra que, a veces, los animales más comunes esconden un legado extraordinario que merece ser conocido.

Los gallos tienen fama de ser animales muy activos sexualmente porque un mismo macho puede aparearse con numerosas gallinas de su grupo. En condiciones naturales, un gallo dominante puede cubrir a varias hembras al día y mantener un harén dentro de la bandada. Esa conducta contribuyó desde antiguo a asociar al gallo con la virilidad, la fecundidad y la promiscuidad en el imaginario popular.

Sin embargo, la relación con la palabra «polla» es más compleja. En español, polla fue originalmente el femenino de pollo y designaba a una gallina joven. Con el paso del tiempo, en el lenguaje coloquial y vulgar de algunas zonas de España, la palabra pasó a emplearse como sinónimo del pene. Los lingüistas consideran que este cambio de significado se produjo por un proceso metafórico y de tabú lingüístico, no porque el gallo posea un pene especialmente destacado ni por su comportamiento sexual.

De hecho, desde el punto de vista biológico, los gallos no tienen pene externo. La mayoría de las aves domésticas, incluido el gallo, se reproducen mediante el contacto de las cloacas del macho y la hembra, un proceso conocido como "beso cloacal". La fecundación se produce sin un órgano copulador visible, a diferencia de lo que ocurre en mamíferos y algunas otras aves, como los patos, cuyos machos sí poseen pene.

miércoles, 22 de julio de 2026

LA MONTAÑA MÁGICA (2009), de Disney.

 


Dramatización: "La Montaña Mágica... y un planeta que necesita oxígeno"

Personajes:

  • Lucas (10 años)
  • Sara (8 años)
  • Mamá (bióloga)

Lucas: ¡Mamá, acabamos de ver La Montaña Mágica de 2009!

Sara: ¡Sí! Salen dos niños extraterrestres, Seth y Sara, que llegan a la Tierra porque necesitan ayuda para salvar su planeta.

Mamá: Suena interesante. ¿Qué más pasa?

Lucas: Hay un taxista, Jack Bruno, que los ayuda a escapar de unos hombres muy malos y de un extraterrestre gigantesco que los persigue.

Sara: Y los niños tienen poderes. Ella puede leer la mente y mover cosas, y él sabe un montón de ciencia.

Lucas: Al final consiguen volver a su planeta con información muy importante.

Mamá: Me gusta que la historia use la ciencia como parte de la aventura. Ahora imaginemos una explicación científica de por qué su planeta necesita ayuda.

Sara: ¡Vale!

Mamá: Supongamos que hace millones de años su planeta tenía bosques, océanos y muchísimas plantas microscópicas, parecidas a las algas y al fitoplancton de la Tierra. Esos organismos realizaban fotosíntesis: absorbían dióxido de carbono (CO₂), utilizaban la luz de su estrella y liberaban oxígeno (O₂).

Lucas: Como los árboles de aquí.

Mamá: Exactamente. Pero imaginemos que ocurrió una catástrofe: una enorme actividad volcánica, un cambio climático extremo o un impacto de asteroides. Gran parte de esos organismos desapareció.

Sara: Entonces... ¿ya no se fabrica oxígeno?

Mamá: Muy poco. Mientras tanto, los animales y las industrias del planeta siguen consumiendo oxígeno y produciendo dióxido de carbono. Poco a poco, el aire tendría menos oxígeno respirable.

Lucas: ¿Y por eso los niños buscan ayuda en la Tierra?

Mamá: Podría ser. Quizá estudian cómo nuestro planeta mantiene el equilibrio entre plantas, océanos y atmósfera para copiar esas ideas.

Sara: ¿Qué podrían hacer al volver?

Mamá: Varias cosas:

  • Recuperar bosques y plantas nativas.
  • Cultivar algas gigantes y microorganismos fotosintéticos que produzcan mucho oxígeno.
  • Limitar la contaminación para que esos organismos puedan crecer.
  • Proteger los océanos, si los tienen, porque podrían ser la principal fuente de oxígeno.
  • Usar energía limpia para reducir las emisiones de CO₂.

Lucas: O sea... ¡reoxigenar el planeta!

Mamá: Exacto. Reoxigenar significa aumentar otra vez la cantidad de oxígeno en la atmósfera. No ocurre de un día para otro; es un proceso que puede llevar décadas o incluso siglos, dependiendo del tamaño del planeta y del daño sufrido.

Sara: ¿Y podrían fabricar oxígeno con máquinas?

Mamá: Sí, mediante electrólisis del agua o sistemas químicos. Eso serviría como ayuda temporal, pero para mantener una atmósfera estable durante miles o millones de años necesitarían un ciclo natural, con organismos que produzcan oxígeno continuamente.

Lucas: Así que la misión de Seth y Sara no solo sería salvar a su gente...

Mamá: ...sino también restaurar todo el ecosistema de su mundo.

Sara: ¡Entonces la aventura sería el comienzo de la recuperación de todo un planeta!

Mamá: Exacto. Y esa es una buena lección científica: un planeta habitable depende del equilibrio entre la atmósfera, el agua, los seres vivos y la energía de su estrella. Cuando ese equilibrio se rompe, hace falta mucha ciencia y mucha cooperación para recuperarlo.


Para ver:

https://www.youtube.com/watch?v=WKRodkEmbwM

Bioko, el paraíso de los primates.

 Bioko: la isla donde sobreviven los fantasmas de la selva africana** 

 *Reportaje* La lluvia comenzó antes del amanecer. No era una lluvia violenta, sino una cortina de agua tan fina y persistente que parecía formar parte del propio bosque. Durante la noche, las nubes habían ascendido desde el golfo de Guinea hasta envolver las laderas del Pico Basilé, el gran volcán que domina la isla de Bioko con sus más de tres mil metros de altitud.

 Bajo aquel techo de niebla, los árboles centenarios desaparecían unos metros por encima del suelo, cubiertos por un tapiz de musgos, líquenes y orquídeas. El aire olía a tierra húmeda, hojas en descomposición y flores invisibles. Entonces, desde algún punto de la espesura, llegó un grito profundo. No era el rugido de un gran felino ni el canto de un ave. Era el reclamo de un grupo de monos que despertaba entre las copas de los árboles. 

 En pocos minutos, otros sonidos respondieron desde diferentes direcciones. El bosque entero parecía conversar consigo mismo. Así comienza cada día en una de las selvas más extraordinarias del planeta. Bioko, la mayor isla de Guinea Ecuatorial, constituye uno de los últimos refugios de los primates africanos. Aunque apenas la separan unos treinta kilómetros del continente, su aislamiento geográfico, su relieve volcánico y la dificultad histórica para penetrar en su interior han permitido que conserve ecosistemas cuya riqueza rivaliza con la de algunos parques nacionales mucho más conocidos. Para los biólogos, la isla es un laboratorio evolutivo. Para los historiadores, un escenario donde confluyen las exploraciones europeas, el comercio atlántico y el nacimiento de la Guinea Española. Y para quienes recorren sus bosques al amanecer, sigue siendo uno de los pocos lugares donde África conserva el aspecto que tenía hace miles de años. 

Una isla nacida del fuego Bioko no surgió lentamente de sedimentos marinos. Nació del fuego. Hace millones de años, sucesivas erupciones volcánicas levantaron una cadena de montañas que hoy continúa hacia el continente en forma de la llamada Línea Volcánica de Camerún. El Pico Basilé, el Pico Biao y el Pico Santa Isabel —como fue conocido durante la época colonial— recuerdan todavía ese origen geológico.

 Las pendientes son abruptas. Los barrancos se precipitan hacia el océano. Las lluvias superan en algunas zonas los diez metros anuales. En semejante escenario, construir caminos nunca resultó sencillo. Durante siglos, buena parte del interior permaneció prácticamente desconocida para los europeos. Ese aislamiento terminaría convirtiéndose en el mejor aliado de la naturaleza. 

El país de los primates 

 Pocos lugares de África concentran tantos monos diferentes en un territorio tan reducido. Los científicos calculan que varias especies de primates conviven en la isla, ocupando alturas, bosques y hábitos alimenticios distintos para evitar competir entre sí. Cada una desempeña un papel esencial. Al alimentarse de frutos, dispersan semillas que regeneran el bosque. Al consumir hojas jóvenes, mantienen el equilibrio de la vegetación. Incluso sus excrementos forman parte del ciclo que fertiliza la selva. Sin ellos, el bosque sería otro. Entre todos destaca el dril. 

El señor silencioso del bosque 

 El **dril** (*Mandrillus leucophaeus*) parece salido de otra época. Los machos adultos pueden superar los treinta kilogramos. Su cuerpo musculoso recuerda al de un pequeño oso, mientras que la cabeza, enorme y poderosa, transmite una autoridad casi inquietante. A diferencia de su célebre pariente, el mandril, el rostro del dril apenas presenta colores brillantes. Su expresión es sobria, casi austera. Sin embargo, basta observar un grupo durante unos minutos para comprender que se trata de uno de los primates más complejos del continente africano. 

 Viven organizados en grupos numerosos, donde un macho dominante dirige los desplazamientos. Las hembras cuidan colectivamente de las crías. Los jóvenes aprenden observando. Cuando detectan peligro, el grupo entero desaparece en cuestión de segundos entre la vegetación. Paradójicamente, uno de los animales más impresionantes de África es también uno de los menos conocidos. Su área de distribución apenas comprende una pequeña región entre Nigeria, Camerún y Bioko. Su población ha disminuido durante las últimas décadas debido principalmente a la caza. Cada ejemplar que sobrevive representa un patrimonio evolutivo irrepetible. 

Vecinos de todos los colores 

 El dril no está solo. En las copas más altas se mueve el **colobo negro**, un especialista en alimentarse de hojas difíciles de digerir gracias a un sistema digestivo extraordinariamente complejo. Más abajo aparecen los ágiles **cercopitecos de orejas rojas**, siempre atentos al menor movimiento. El escaso **cercopiteco de Preuss**, con su característica barba blanca, figura entre los monos más raros de África. Mientras tanto, el **mangabey de collar** explora el suelo del bosque levantando hojas secas en busca de semillas, insectos y frutos caídos. 

 La selva funciona como una ciudad vertical. Cada especie ocupa un piso distinto. Cada una utiliza recursos diferentes. Es un delicado equilibrio construido durante cientos de miles de años. 

¿Por qué la selva sigue aquí?

 En el continente africano, muchas selvas desaparecieron bajo carreteras, explotaciones forestales y asentamientos humanos. Bioko siguió otro camino. La isla nunca fue un lugar fácil. Los árboles crecían sobre pendientes volcánicas. Las lluvias convertían los senderos en torrentes. Las enormes distancias que podían recorrerse en un día sobre el continente aquí se reducían a unos pocos kilómetros. Para las grandes empresas madereras, aquellas condiciones suponían enormes costes. Mientras extensas zonas del continente eran explotadas industrialmente, buena parte del bosque de Bioko permanecía intacta. Sin embargo, la conservación nunca ha sido absoluta. 

 Hoy, la principal amenaza llega con los cazadores que abastecen el mercado de carne silvestre. En numerosas aldeas y ciudades de África central, la carne de primates continúa siendo un producto comercializado pese a su impacto sobre especies amenazadas. La selva sigue en pie. Pero muchos de sus habitantes empiezan a desaparecer. 

El extraño simio que maravilló a Europa. 



 Mucho antes de que Linneo clasificara científicamente a los primates, un animal extraordinario recorrió el continente europeo. Fue exhibido en Augsburgo durante el año 1551. Las ilustraciones muestran un mono robusto, de grandes colmillos y hocico alargado. Los naturalistas modernos aún discuten qué especie contemplaron aquellos europeos. Una posibilidad especialmente sugerente apunta hacia el dril.

 Durante aquella época, los navegantes portugueses mantenían rutas comerciales con las costas del golfo de Guinea. No resulta imposible imaginar que un ejemplar capturado en los bosques cercanos a Bioko emprendiera un viaje de miles de kilómetros hasta convertirse en una curiosidad exótica en una ciudad alemana. Nunca podrá demostrarse. Pero tampoco descartarse. 

España llega al golfo de Guinea.

 En 1778, España heredó de Portugal la soberanía sobre Fernando Poo y Annobón. La ocupación efectiva fue lenta. Las enfermedades tropicales diezmaban a los europeos. La malaria, la fiebre amarilla y otras infecciones hicieron que durante décadas la isla fuera conocida como uno de los destinos más peligrosos del África occidental. No sería hasta el siglo XIX cuando las exploraciones adquirieron un carácter sistemático. Y ningún nombre sobresale tanto como el de Manuel Iradier y Bulfy. 

 La expedición de una familia.



 En 1875, un joven vitoriano de apenas veintiún años embarcó rumbo al golfo de Guinea. No viajaba solo. Le acompañaban su esposa, **Isabel de Urquiola**, y la hermana de esta, **Juliana**. Pocas expediciones científicas europeas de aquella época contaban con una presencia femenina tan activa. Las dos mujeres soportaron exactamente las mismas penalidades que el explorador. Atravesaron selvas. Sufrieron enfermedades. Levantaron campamentos. Registraron observaciones. El precio fue enorme. Durante la expedición falleció la hija del matrimonio, víctima de las durísimas condiciones sanitarias. Aun así, Iradier regresaría años después para continuar explorando el continente. Recorrió miles de kilómetros. Elaboró mapas. Recopiló datos geográficos y zoológicos. Firmó acuerdos con numerosos jefes locales. Su trabajo contribuiría decisivamente a fijar los límites de la futura Guinea Española. Hoy, su figura simboliza tanto el impulso científico de las exploraciones del siglo XIX como las contradicciones del proyecto colonial europeo. 

Los Bubi y los Fang 

 Mucho antes de la llegada de los europeos, Bioko estaba habitada por los **Bubi**, descendientes de poblaciones bantúes que desarrollaron una identidad propia gracias al aislamiento insular. En el continente predominaban los **Fang**, cuya expansión fue relativamente reciente en términos históricos. Tras la independencia, el nuevo Estado quedó marcado por profundas tensiones políticas y étnicas. 

 Los gobiernos de Francisco Macías Nguema y, posteriormente, de Teodoro Obiang Nguema concentraron el poder y ejercieron un fuerte control sobre la seguridad interna. En ese contexto hubo campañas de desarme y restricciones al acceso a las armas. Sin embargo, los especialistas subrayan que no puede afirmarse que el pueblo Fang, como colectivo, desarmara a los Bubi para impedir una rebelión. Se trató de políticas impulsadas por el Estado, en un marco político complejo que no puede reducirse a una confrontación entre dos comunidades. Comprender esta historia exige distinguir entre identidad étnica, poder político y decisiones gubernamentales, evitando simplificaciones que no reflejan la realidad histórica. 

 El futuro de un paraíso.

  Cuando cae la noche sobre Bioko, la humedad vuelve a cubrir la selva. Los insectos sustituyen a los pájaros. Las ranas comienzan su concierto. En algún lugar, oculto entre árboles gigantes, un grupo de driles busca refugio para dormir. Ellos ignoran los mapas, las fronteras y la historia humana. Ignoran también que pertenecen a una de las especies de primates más amenazadas del planeta. Su supervivencia depende ahora de decisiones tomadas muy lejos de estas montañas: leyes de conservación, investigación científica, cooperación internacional y el compromiso de las comunidades locales.

 Bioko ha logrado conservar una parte del África primigenia gracias a su aislamiento. Pero el aislamiento ya no basta. En una época en la que la pérdida de biodiversidad avanza a un ritmo sin precedentes, esta isla volcánica representa mucho más que un territorio de Guinea Ecuatorial. Es un recordatorio de que la naturaleza aún puede resistir cuando encuentra un lugar donde el tiempo parece transcurrir más despacio. Y mientras la niebla siga ascendiendo cada amanecer por las laderas del Pico Basilé y los gritos de los primates resuenen entre los árboles centenarios, Bioko continuará siendo uno de los últimos grandes santuarios salvajes de África. 

martes, 21 de julio de 2026

!Qué paranoicos están los Grandes Maestros de ajedrez rusos! (1978)


 El Campeonato del Mundo de Ajedrez de 1978, disputado en Baguio (Filipinas) entre Anatoli Karpov y Víktor Korchnoi, ha pasado a la historia no tanto por la calidad de las partidas (aunque hubo algunas muy buenas), sino por el ambiente casi surrealista que rodeó el encuentro. Era, además, un episodio de la Guerra Fría: Korchnoi había desertado de la URSS dos años antes y para las autoridades soviéticas derrotarlo era una cuestión de prestigio nacional.

El cambio de tablero por un modelo Stanton

Uno de los primeros conflictos fue el material de juego. Hubo discusiones sobre el diseño de las piezas y del tablero. Korchnoi prefería un juego de piezas de estilo Staunton (a veces escrito erróneamente "Stanton"), mientras que el material inicialmente previsto no le convencía. Tras varias protestas y negociaciones se acabó utilizando un conjunto aceptable para ambos, aunque este incidente quedó eclipsado por los escándalos posteriores.

El famoso "código del yogur"

Éste es probablemente el episodio más conocido.

Durante la segunda partida, un camarero llevó a Karpov un vaso de yogur de color violáceo (generalmente descrito como de arándanos). El equipo de Korchnoi presentó una protesta formal alegando que:

  • el momento en que aparecía el yogur podía transmitir información;
  • incluso el sabor o el color podían constituir un código preparado de antemano.

Llegaron a ironizar con ejemplos como:

  • "yogur tras la jugada 20 = ofrece tablas";
  • "huevos de codorniz = juega el caballo".

Aunque algunos miembros del equipo de Korchnoi afirmaron posteriormente que la protesta tenía parte de ironía para denunciar el exceso de influencia de los ayudantes soviéticos, los representantes de Karpov la tomaron completamente en serio. El árbitro Lothar Schmid terminó imponiendo una regla: el sabor y la hora exacta del yogur debían comunicarse antes de la partida, y cualquier cambio necesitaba autorización.

¿Hipnosis soviética?

Quizá el aspecto más extravagante del encuentro.

El equipo soviético incorporó al doctor Vladimir Zukhar, presentado como psicólogo o parapsicólogo. Durante las primeras partidas se sentaba en primera fila mirando fijamente a Korchnoi.

Korchnoi llegó a afirmar que:

  • intentaba hipnotizarlo;
  • alteraba su concentración mediante técnicas psicológicas;
  • formaba parte de una estrategia organizada por la delegación soviética.

Tras numerosas protestas, los árbitros obligaron a Zukhar a sentarse mucho más atrás. Nunca apareció ninguna evidencia de que ejerciera una influencia real sobre el juego, pero la tensión psicológica era evidente.

Las gafas de espejo

Como respuesta, Korchnoi comenzó a jugar con gafas de espejo.

Según él tenían dos objetivos:

  • impedir que Karpov pudiera leer sus expresiones;
  • devolver hacia la sala la mirada de Zukhar.

Karpov protestó inmediatamente alegando que las gafas reflejaban la iluminación directamente a sus ojos.

Finalmente se alcanzó un compromiso:

  • Zukhar sería desplazado al fondo de la sala.
  • Korchnoi dejaría de utilizar las gafas.

La secta oriental entre el público

Este episodio sí ocurrió, aunque suele exagerarse.

Tras una mala racha, Korchnoi conoció en Manila a dos miembros occidentales de Ananda Marga, un movimiento espiritual de origen indio.

Los dos:

  • vestían túnicas de color azafrán;
  • practicaban meditación y yoga;
  • habían sido condenados en Filipinas por un ataque contra un diplomático indio y estaban en libertad bajo fianza mientras recurrían la sentencia.

Korchnoi quedó convencido de que podían ayudarle psicológicamente mediante meditación.

El equipo soviético reaccionó calificándolos de "terroristas" y exigió su expulsión del recinto. Finalmente los organizadores limitaron su presencia en la sala.

La silla radiografiada

Korchnoi había traído desde Suiza una silla especial.

Los soviéticos sospecharon que podía contener algún dispositivo electrónico o mecanismo oculto.

Resultado:

  • la silla fue desmontada;
  • incluso radiografiada en un hospital de Baguio;
  • no apareció absolutamente nada.

Otras disputas

Hubo muchas más:

  • protestas por las banderas colocadas junto al tablero;
  • discusiones sobre el derecho a balancearse en la silla (Karpov lo hacía con frecuencia);
  • acusaciones sobre las miradas intimidatorias;
  • reclamaciones sobre el comportamiento del público;
  • amenazas de abandonar el encuentro;
  • ruedas de prensa diarias cargadas de acusaciones mutuas.

¿Quién tenía razón?

Con la perspectiva de casi cincuenta años, los historiadores del ajedrez suelen coincidir en varios puntos:

  • La presión psicológica soviética era real. La delegación de Karpov era enorme e incluía psicólogos, funcionarios y un fuerte aparato de apoyo, algo lógico para un campeón que representaba a la URSS.
  • Korchnoi desarrolló una gran desconfianza, probablemente alimentada por su condición de desertor y por el enorme estrés competitivo. Algunas de sus denuncias eran plausibles (como las maniobras psicológicas), mientras que otras —como los mensajes codificados en el yogur o la hipnosis efectiva— nunca pudieron demostrarse.
  • Los soviéticos tampoco estuvieron libres de paranoia. Protestaron por las gafas, por la silla de Korchnoi e incluso insinuaron que algunos de sus objetos podían ocultar dispositivos prohibidos.

Por todo ello, el duelo de Baguio suele recordarse como el campeonato mundial más extravagante de la historia del ajedrez, un enfrentamiento donde la guerra psicológica fuera del tablero llegó a ser casi tan intensa como las partidas sobre él.

Netflix estrena el remake de LA CASA DE LA PRADERA.




Dramatización: "Lo que escribí... y lo que callé"

Monólogo en primera persona de Laura Ingalls Wilder.


Dicen que escribí una infancia feliz.

Y no voy a negar que hubo felicidad. La hubo. El olor del pan de maíz saliendo del horno. El violín de Pa al caer la tarde. Ma remendando vestidos junto al fuego. Carrie dormida. Mary leyendo en voz alta antes de que la oscuridad nos obligara a apagar la lámpara.

Todo eso fue verdad.

Pero no fue toda la verdad.

Cuando decidí contar nuestra historia, ya no era una niña. Era una mujer que había visto guerras, crisis económicas y un país empeñado en convencerse de que el pasado había sido más noble de lo que realmente fue.

¿Quién iba a comprar un libro para sus hijos si les decía que la frontera también era miedo?

Porque lo era.

En el Oeste había hombres buenos... y hombres terribles.

Recuerdo una noche en la que un vecino, enloquecido por la bebida y los celos, quiso prender fuego a la casa con su esposa dentro. No era una escena para una novela infantil. Mi padre intervino antes de que aquella mujer acabara convertida en una antorcha humana. Yo vi el terror en sus ojos.

Eso no aparece en La casa de la pradera.

No porque no ocurriera.

Porque comprendí que algunas verdades expulsan al lector antes de que llegue al final.

Y también recuerdo otra noche.

Era ya una muchacha. Cuidaba de una vecina enferma mientras su marido rondaba la casa. Bastó una mirada para comprender que no estaba segura allí.

No necesitó consumarse ninguna agresión para que el miedo fuese real.

Busqué una excusa, salí de aquella casa y jamás olvidé la sensación de que, en la frontera, una mujer podía quedarse completamente sola en cuestión de segundos.

Eso tampoco lo escribí.

Mis libros hablan del esfuerzo.

Y el esfuerzo existía.

Pero la precariedad era mucho más feroz de lo que permití mostrar.

Había cosechas perdidas.

Inviernos capaces de matar.

Niños enterrados demasiado pronto.

Mujeres agotadas por embarazos continuos.

Hombres destruidos por las deudas.

La ley llegaba tarde... cuando llegaba.

No siempre vencían los buenos.

No siempre Dios respondía.

No siempre la familia bastaba.

Pero necesitábamos creer que sí.

Comprendan también mi tiempo.

Escribía durante la Gran Depresión.

Los lectores buscaban esperanza, no desesperación.

Querían recordar una América donde el trabajo honrado recibía recompensa, donde la fe sostenía a las familias y donde el carácter podía imponerse al caos.

Yo conocía otra América.

La que sobrevivía por pura obstinación.

La que dependía muchas veces del azar.

La que obligaba a las mujeres a callar demasiado.

Edulcoré mi infancia.

Sí.

La convertí en una novela para jóvenes.

No inventé a Pa tocando el violín.

No inventé el amor de Ma.

No inventé las praderas interminables ni los inviernos imposibles.

Pero elegí cuidadosamente aquello que dejaba fuera.

Porque una escritora no solo escribe con palabras.

También escribe con silencios.

Y los míos protegieron a mis lectores... y quizá también a la niña que una vez fui.

Hoy los historiadores pueden reconstruir la otra historia, la más áspera, la que vivía entre líneas.

No me molesta.

Al contrario.

Mis libros cuentan cómo queríamos recordar el Oeste.

La Historia intenta explicar cómo fue realmente.

Las dos versiones, cada una a su manera, contienen una parte de la verdad.


Para ver:

https://www.youtube.com/watch?v=kV3ot7s55vs

MAGALLANES, la película.


 Aquí tienes una dramatización histórica basada en las fuentes disponibles. Conviene señalar que muchos detalles proceden de las crónicas europeas —especialmente la de Antonio Pigafetta—, mientras que la tradición oral filipina, especialmente la de Mactán, ofrece una visión diferente. Algunos episodios, como la matanza posterior en Cebú, tienen aspectos discutidos por los historiadores.


"Los hombres de hierro"

Año 1521. Una noche junto al mar de Mactán. Un anciano guerrero habla a sus nietos.

—Escuchad bien. Vosotros habéis crecido viendo llegar barcos de todos los reinos: juncos de China, mercaderes de Borneo, musulmanes de Mindanao... Pero jamás habíamos visto unas casas flotantes tan grandes como aquellas.

Parecían montañas blancas movidas por el viento.

Traían hombres de piel clara cubiertos de hierro. Caminaban como si fueran tortugas con caparazón. Llevaban palos que escupían fuego y hacían un ruido como el trueno.

Nos dijeron que venían en paz.

Pero también preguntaban continuamente:

—¿Dónde está el oro?

—¿Quién gobierna?

—¿Quién obedecerá al gran rey que vive más allá del océano?

Y siempre hablaban de unas semillas muy valiosas llamadas especias. Decían que por ellas los reyes luchaban entre sí.

Nosotros no entendíamos.

Para nosotros el oro era hermoso, servía para adornar a los jefes y honrar a los antepasados. Ellos lo miraban como si fuera el propio sol.


Humabón

El rajá Humabón de Cebú pensó que aquellos extranjeros podían convertirse en aliados.

Aceptó regalos.

Intercambió juramentos.

Incluso permitió que muchos de los suyos fueran bautizados en la nueva religión.

Los extranjeros prometieron protegerlo contra sus enemigos.

Pero entonces comprendimos que no eran simples comerciantes.

Querían decidir quién debía obedecer y quién debía rebelarse.


Lapulapu responde

En Mactán gobernaba Lapulapu.

Cuando le enviaron el mensaje diciendo que debía reconocer al rey lejano de Castilla y pagar tributo, respondió:

—No entregaré mi libertad a hombres que acaban de llegar.

Muchos pensaron que aquellos extranjeros eran invencibles.

Lapulapu no.

Sabía que ningún hombre cubierto de hierro puede correr deprisa sobre un arrecife.


La batalla

Antes del amanecer vimos acercarse sus embarcaciones.

Pero el mar nos protegía.

Los barcos grandes no podían acercarse.

Los hombres de hierro tuvieron que caminar cientos de pasos dentro del agua.

Sus armaduras los hacían lentos.

Nosotros conocíamos cada roca.

Cada banco de coral.

Cada rincón del arrecife.

Éramos cientos.

Ellos apenas unas decenas.

Cuando estuvieron al alcance comenzamos a lanzar flechas, lanzas endurecidas al fuego y piedras.

Sus ballestas disparaban despacio.

Sus arcabuces hacían mucho ruido.

Pero tardaban demasiado en volver a disparar.

Entonces vimos algo.

Las piernas del jefe extranjero no estaban cubiertas por el hierro.

Lapulapu gritó:

—¡A las piernas!

Decenas de lanzas volaron hacia él.

Una le alcanzó en la pierna.

Cayó de rodillas.

Intentó seguir luchando con espada y lanza.

Pero los guerreros lo rodearon.

Lo golpearon desde todos los lados.

Las crónicas españolas cuentan que recibió múltiples heridas hasta desplomarse definitivamente, y que sus compañeros, incapaces de rescatar su cuerpo, tuvieron que retirarse dejando el cadáver en la playa.

Cuando el jefe cayó...

Los demás huyeron hacia sus embarcaciones.

El mar, que había sido nuestro aliado, se convirtió en su prisión.


Después de Mactán

Los supervivientes regresaron a Cebú.

Humabón comprendió entonces que aquellos hombres no eran dioses.

Podían sangrar.

Podían morir.

Y quizá ya no le convenía seguir unido a ellos.

Invitó a los españoles a un gran banquete.

Hubo comida.

Hubo vino.

Hubo sonrisas.

Y de pronto...

Las armas aparecieron por todas partes.

Muchos españoles fueron asesinados allí mismo.

Entre los muertos se encontraba el nuevo jefe de la expedición, Duarte Barbosa, así como João Serrão. Según las crónicas europeas, Serrão quedó herido y pidió ayuda desde la orilla, pero los barcos partieron sin poder rescatarlo.

Nadie sabe exactamente qué llevó a Humabón a ordenar el ataque. Las explicaciones propuestas incluyen un cambio de alianzas, el temor al creciente poder español, disputas políticas locales o la influencia de comerciantes rivales. Las fuentes disponibles no permiten afirmarlo con certeza.


La despedida

Los supervivientes huyeron.

Eran tan pocos que tuvieron que quemar una de sus naves porque ya no había suficientes hombres para gobernarla.

Abandonaron nuestras islas.

Pero no sería el final.

Años después regresarían otros barcos.

Muchos más.

Con soldados.

Con frailes.

Con nuevas órdenes de conquista.

Y esta vez permanecerían durante siglos.


Epílogo

El anciano mira el mar.

—Los extranjeros dicen que Magallanes descubrió estas islas.

Pero nosotros ya vivíamos aquí.

Teníamos reyes.

Mercados.

Leyes.

Barcos.

Oro.

Y comerciábamos con medio Asia mucho antes de que aparecieran sus velas en el horizonte.

Para ellos fue un descubrimiento.

Para nosotros...

Fue el día en que llegaron los hombres que buscaban el oro, las especias y un mundo entero que gobernar.


Notas históricas

  • La muerte de Magallanes en la Batalla de Mactán está bien documentada por las crónicas de la expedición, especialmente la de Pigafetta, aunque los detalles concretos del golpe final no pueden conocerse con certeza.
  • El ataque durante el banquete en Cebú también está recogido en las fuentes europeas, pero las motivaciones de Humabón siguen siendo objeto de debate entre los historiadores.
  • Desde la perspectiva filipina moderna, Lapulapu suele ser considerado un símbolo de la resistencia frente a la injerencia extranjera, mientras que las motivaciones de Humabón se interpretan dentro de las complejas alianzas políticas existentes antes de la colonización española.
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