miércoles, 13 de mayo de 2026

Aparece la fortaleza incaica de Ancocagua.

 


El sitio arqueológico de T´aqrachullo —también llamado María Fortaleza— se encuentra en la provincia de Espinar, en la región peruana del Cusco, sobre un farallón que domina los cañones formados por el río Apurímac y sus afluentes. El lugar ha cobrado gran notoriedad en los últimos años por las excavaciones y trabajos de restauración impulsados por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, que culminaron con la recuperación de más de trescientas estructuras arqueológicas entre recintos, kallankas, escalinatas, fuentes, murallas y estructuras funerarias.

Las investigaciones han mostrado que T´aqrachullo no fue un asentamiento menor ni de ocupación breve. Los arqueólogos encontraron materiales pertenecientes a distintos períodos preincaicos e incaicos, lo que sugiere una larga continuidad de ocupación y un papel estratégico dentro del sur andino. Entre los hallazgos destacan objetos rituales y domésticos: cuencos, aríbalos, textiles, tupus, agujas, cuchillos ceremoniales, brazaletes, pectorales y adornos elaborados en plata y cobre. También aparecieron lentejuelas metálicas y piezas asociadas a vestimentas ceremoniales, además de un entierro colectivo secundario con restos de 84 individuos.

Esos adornos de plata y cobre son particularmente importantes porque ayudan a entender el rango ceremonial y político del sitio. En el mundo inca, los metales no tenían solamente valor económico: el oro estaba asociado al Sol, la plata a la Luna y el cobre a funciones rituales y militares. Los tupus metálicos, brazaletes y pectorales eran símbolos de prestigio usados por élites administrativas y religiosas. Las crónicas españolas quedaron impresionadas por la calidad de la metalurgia andina, especialmente por la capacidad de los artesanos incas para producir objetos rituales de enorme refinamiento técnico.

Uno de los aspectos más discutidos actualmente es la hipótesis de que T´aqrachullo corresponda a la antigua fortaleza o adoratorio de Ancocagua —también escrita Ancocahua o Anccocagua en algunas transcripciones— mencionada por tradiciones locales y vinculada a episodios de la conquista española. Algunos investigadores regionales sostienen que el sitio pudo haber sido identificado por los incas como “Ancocagua” y que habría constituido uno de los principales centros ceremoniales y defensivos del territorio de los canas, aliados de los incas durante la expansión del Tahuantinsuyo.

Sin embargo, aquí conviene ser prudente: la identificación definitiva entre T´aqrachullo y la fortaleza de Ancocagua todavía no es un consenso arqueológico plenamente establecido. Buena parte de la relación proviene de interpretaciones históricas regionales y de cruces entre la tradición oral, la toponimia y referencias dispersas de cronistas coloniales. Aun así, la hipótesis resulta plausible por la magnitud del complejo, su ubicación defensiva y su conexión con el Qhapaq Ñan, la gran red vial incaica.

Las crónicas españolas describen las fortalezas del sur andino como lugares difíciles de tomar, situados en alturas abruptas y protegidos por murallas, terrazas y accesos estrechos. Los conquistadores se sorprendían tanto por la capacidad defensiva como por la riqueza ritual que encontraban en estos centros. En varios relatos tempranos aparece la idea de que, tras la captura de Atahualpa en 1532, muchas fortalezas y adoratorios fueron saqueados o abandonados apresuradamente. Los españoles describían depósitos de metales preciosos, textiles finos y objetos rituales que luego eran fundidos para convertirlos en lingotes.

En ese contexto, Ancocagua habría sido una de las últimas posiciones importantes del área de los canas antes de la consolidación española en la región. Algunas tradiciones sostienen incluso que los almagristas pasaron por el sitio durante sus exploraciones en busca de riquezas mineras y rutas hacia el “Dorado”.

Lo más interesante de T´aqrachullo es que las excavaciones recientes están cambiando la percepción tradicional sobre Espinar y el sur cusqueño. Durante mucho tiempo, la atención arqueológica se concentró en Cusco y Machu Picchu, mientras que complejos como este permanecían relativamente olvidados. Los nuevos hallazgos muestran que el área tuvo una importancia política, ceremonial y militar mucho mayor de lo que se creía, y que probablemente articulaba rutas entre la sierra y otras regiones del sur andino.

martes, 12 de mayo de 2026

Las líneas de Nazca.




 Las Líneas de Nazca comenzaron a ser estudiadas de manera sistemática en 1926 por el arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe, quien observó desde las colinas del desierto enormes trazos y figuras grabadas sobre la superficie pedregosa de la pampa de Nazca. Aunque los habitantes de la región conocían desde hacía siglos algunas de estas marcas, fue Mejía Xesspe quien comprendió que formaban parte de un complejo conjunto ceremonial y arqueológico. Él propuso que muchas de las líneas eran caminos rituales utilizados en ceremonias religiosas.

Durante la década de 1930, el desarrollo de la aviación permitió apreciar las figuras desde el aire y el mundo comenzó a conocer la magnitud del fenómeno. Poco después, el investigador estadounidense Paul Kosok inició trabajos de campo y planteó una de las teorías más famosas: las líneas podrían constituir un gigantesco calendario astronómico. Kosok observó que algunas líneas parecían alinearse con la puesta del sol durante el solsticio de invierno y llegó a describir Nazca como “el libro astronómico más grande del mundo”.

La persona que dedicó prácticamente toda su vida al estudio y conservación de Nazca fue la matemática y arqueóloga alemana María Reiche. Llegó a Perú en los años treinta y comenzó a colaborar con Kosok en 1941. Tras la marcha del investigador estadounidense, Reiche continuó sola durante décadas cartografiando, limpiando y midiendo los geoglifos bajo el intenso sol del desierto. Su trabajo fue decisivo para evitar la destrucción de muchas figuras y para convertir Nazca en un símbolo mundial del patrimonio arqueológico.

Reiche defendió con firmeza la hipótesis astronómica. Pensaba que ciertas líneas y figuras servían para marcar posiciones del Sol, la Luna y determinadas estrellas en fechas importantes para la agricultura. En una región extremadamente árida, donde la lluvia era escasa y la supervivencia dependía del conocimiento de los ciclos naturales, la observación del cielo tenía un valor religioso y práctico enorme. Sin embargo, con el tiempo muchos arqueólogos consideraron que la explicación puramente astronómica era insuficiente para entender la totalidad del complejo.

Las investigaciones más recientes tienden a interpretar los geoglifos como espacios ceremoniales vinculados al agua, la fertilidad y las peregrinaciones rituales. Algunas líneas parecen conducir hacia antiguos centros ceremoniales como Cahuachi, uno de los principales lugares sagrados de la cultura nazca. Los investigadores creen que las comunidades recorrían esos trazados durante ceremonias destinadas a invocar lluvias y asegurar buenas cosechas en medio del desierto.

En 2024, un equipo de investigadores de la Universidad de Yamagata de Japón y IBM logró un avance extraordinario gracias al uso de inteligencia artificial. Mediante sistemas capaces de analizar enormes cantidades de imágenes aéreas y satelitales, identificaron 303 nuevos geoglifos en apenas unos meses, casi duplicando el número de figuras conocidas hasta entonces. La IA detectó patrones difíciles de distinguir para el ojo humano, especialmente figuras erosionadas o de bajo contraste con el terreno. Después, arqueólogos verificaron los hallazgos sobre el terreno.

Estos nuevos descubrimientos reforzaron la idea de que los geoglifos cumplían funciones ceremoniales y sociales más complejas de lo que se pensaba. Muchos de los dibujos recién identificados son más pequeños y muestran figuras humanas, animales domésticos y escenas rituales. Los investigadores creen que algunos servían como señales en rutas de peregrinación o como espacios simbólicos asociados a rituales religiosos.

Entre las figuras más famosas de Nazca aparecen animales de enormes dimensiones: el colibrí, el mono, la araña, el cóndor, la ballena, el perro y el pelícano. También existen figuras antropomorfas, como el llamado “astronauta”, un personaje humanoide trazado sobre una ladera que ha alimentado numerosas especulaciones populares. Además de los seres vivos, abundan las líneas rectas, trapecios, espirales y formas geométricas que se extienden por kilómetros sobre el desierto

Intentan autentificar el cuerpo de D`Artagnan.


 La noticia ha despertado muchísimo interés porque mezcla arqueología, historia militar y literatura. En marzo de 2026 se anunció el hallazgo de un esqueleto bajo el suelo de la iglesia de San Pedro y San Pablo de Maastricht, en los Países Bajos, que podría pertenecer a Charles de Batz de Castelmore d'Artagnan, el personaje histórico que inspiró al héroe de Alexandre Dumas en Los tres mosqueteros. El hallazgo se produjo de manera accidental: una parte del pavimento de la iglesia cedió durante unas obras y, al excavar, apareció una tumba situada justo delante del altar, un lugar reservado normalmente a personajes de rango elevado. Junto al cadáver aparecieron una moneda francesa de 1660 y restos de una bala de mosquete, detalles que encajan con las descripciones de la muerte de d’Artagnan durante el asedio francés de Maastricht en 1673.

lunes, 11 de mayo de 2026

Michi, el gato golferas y fetichista.

 LOCUTOR:

Muy buenas tardes, oyentes de Radio Murcia. Hoy tenemos una historia que mezcla misterio, delincuencia textil y un gato con unos gustos… muy concretos. Nos acompaña Julián Pérez, vecino del barrio de San Antón y propietario de “Michi”, el felino acusado de una larga serie de robos de calcetines y ropa interior femenina tendida en balcones. Julián, gracias por venir.

JULIÁN:
Gracias a vosotros… aunque preferiría que me entrevistarais por mi tortilla de patatas y no por el prontuario criminal del gato.

LOCUTOR:
Empecemos por el principio. ¿Cuándo sospechó usted que su gato llevaba una doble vida?

JULIÁN:
Pues una mañana encontré en el salón un sujetador de encaje color fucsia. Yo vivo solo. Y pensé: “O he tenido una vida social increíble anoche… o aquí pasa algo raro”.

LOCUTOR:
Y era el gato.

JULIÁN:
Era el gato. Lo peor es que al principio no lo sabía. Yo iba encontrando cosas: calcetines, medias, bragas con estampado de leopardo… Una vez apareció hasta un camisón entero. El animal entraba orgullosísimo, maullando como si hubiera cazado un búfalo.

LOCUTOR:
Un depredador especializado.

JULIÁN:
Sí, pero de mercería.

LOCUTOR:
¿Cuándo se destapó todo?

JULIÁN:
Cuando vino a picarme la puerta Paqui, la vecina del tercero. Muy seria. Cruzada de brazos. Detrás, otras dos vecinas mirando como si fueran jurado popular.

LOCUTOR:
Uy.

JULIÁN:
Y me dice: “Julián, tenemos que hablar de la ropa interior”.
Imagínate mi cara.

LOCUTOR:
Complicado iniciar así una conversación.

JULIÁN:
Yo pensé que era una cámara oculta. Pero no. Resulta que varias vecinas llevaban semanas perdiendo ropa del tendedero… y casualmente Michi aparecía paseándose con un tanga en la boca como quien lleva un puro habano.

LOCUTOR:
Las pruebas eran contundentes.

JULIÁN:
Demasiado contundentes. Intenté explicarlo: “No soy yo, es el gato”. Pero claro… esa frase suena exactamente a lo que diría alguien culpable.

LOCUTOR:
Tiene usted razón.

JULIÁN:
Paqui me miró y dijo: “Ajá. Claro. El gato fetichista”.
Y yo: “¡Que el gato no tiene fetiches! ¡El gato roba por instinto!”.
Y cuanto más lo explicaba, peor sonaba.

LOCUTOR:
Entró usted en una espiral peligrosísima.

JULIÁN:
Fatal. En un momento dado estaba haciendo un esquema en una libreta: “Mirad, Michi salta aquí, luego al balcón, luego vuelve con las prendas”. Parecía yo abogado defensor en un juicio internacional.

LOCUTOR:
¿Y cómo logró convencerlas?

JULIÁN:
Con una demostración involuntaria. Estábamos hablando en el portal cuando aparece Michi… con un sostén deportivo enorme arrastrando por el suelo como si hubiera abatido una gacela.
Se hizo el silencio.
El gato dejó el botín a mis pies y me miró esperando felicitación.

LOCUTOR:
El criminal regresando a la escena del crimen.

JULIÁN:
Exacto. Paqui me miró y dijo: “Bueno… pues parece que sí era el gato”.
Y yo: “¡Llevo media hora diciendo eso!”.

LOCUTOR:
¿Hubo consecuencias?

JULIÁN:
Tuve que devolver ropa en una bolsa etiquetada por pisos. Ha sido la experiencia más incómoda de mi vida. “Buenas, Pilar, creo que esto es suyo”. No quieres vivir eso dos veces.

LOCUTOR:
¿Y Michi? ¿Se ha reformado?

JULIÁN:
Más o menos. Ahora cierro ventanas y le compré juguetes. Aunque el otro día apareció con un calcetín de lentejuelas que nadie ha reclamado todavía.

LOCUTOR:
Hay reincidencia.

JULIÁN:
Ese gato tiene vocación.

LOCUTOR:
Pues Julián, gracias por compartir esta historia de crimen, tensión vecinal y absolución felina. Y recuerden, oyentes: si desaparece ropa del tendedero… antes de sospechar del vecino raro, vigilen al gato del barrio.

Patio interior de vecinos. Sol de media tarde. Cuerdas llenas de ropa tendida. De pronto, un silencio expectante.)

VECINA 1 (desde un balcón):
…¿Eso es mi sujetador?

VECINO 2 (asomándose):
No, mujer, el tuyo era beige.

VECINA 1:
Pues peor me lo pones.

(Aparece Michi, avanzando por la cornisa con una parsimonia insultante. Lleva en la boca un sujetador rojo de encaje. Camina con la dignidad de un león regresando de la caza.)

VECINA 3:
¡Otra vez el gato de Julián!

VECINO 4:
Ese animal tiene unos gustos muy definidos.

(Michi se detiene en medio del patio, mira hacia abajo, deja caer el sujetador ceremoniosamente y suelta un maullido triunfal.)

MIAU.

VECINA 2 (escandalizada):
¡Pero bueno! ¡Eso es mío!

VECINO 2:
Pues no sabía yo que usabas encaje francés, Encarna.

VECINA 2:
¡Y a ti qué te importa!

(Se abre de golpe una ventana. Asoma Julián, despeinado.)

JULIÁN:
¡Michi! ¡Suelta eso ahora mismo!

VECINA 3:
¡Julián, esto ya pasa de castaño oscuro!

JULIÁN:
¡Que no soy yo! ¡Lo roba él!

VECINO 4:
Claro, claro. El gato. Y yo colecciono semáforos.

JULIÁN:
¡Lo juro! ¡No es fetichismo mío! ¡Es… una especie de cleptomanía textil felina!

VECINA 1:
Qué casualidad que siempre robe ropa interior de señora.

JULIÁN (desesperado):
¡Yo qué sé! ¡Pregúntenselo a él!

(Todos miran a Michi. El gato se sienta, se lame una pata con absoluta indiferencia moral.)

VECINO 2:
Tiene cara de reincidente.

JULIÁN:
¡Michi, defiéndeme!

(Michi se levanta. Mira alrededor. De un salto impecable alcanza otro tendedero, agarra un tanga negro y vuelve a posar con él en la boca como un trofeo olímpico.)

Silencio absoluto.

VECINA 3 (muy seria):
Bueno… pues parece que Julián decía la verdad.

JULIÁN (al borde del llanto):
¡GRACIAS!

VECINO 4:
Aunque habría que hablar con ese gato. Tiene un problema.

(Michi desfila lentamente por la cornisa mientras todos lo observan. La cola alta. El tanga ondeando como estandarte de guerra.)

TELÓN.

El caso del ciervo de escayola decapitado.

 [Sintonía de suceso local. Sonido de grillos nocturnos y un perro ladrando a lo lejos.]

NARRADOR:
En un tranquilo barrio residencial de Estados Unidos, Ruth Hesselink jamás imaginó que una simple decoración de jardín acabaría convertida en escena del crimen.

[Puerta abriéndose.]

RUTH (indignada):
¡No puede ser! ¡Mi ciervo de escayola! ¡Le han arrancado la cabeza!

[Música de misterio.]

NARRADOR:
La estatua, colocada junto a unos rosales, apareció decapitada de forma brutal durante la noche. Ruth estaba convencida de que unos adolescentes habían entrado en su jardín para divertirse.

RUTH:
¡Esto es vandalismo! ¡Voy a llamar a la Policía ahora mismo!

[Sonido de teléfono marcando.]

POLICÍA:
Departamento de Policía, ¿cuál es la emergencia?

RUTH:
¡Han destruido mi ciervo! ¡Le falta la cabeza!

[Transición. Sirena suave.]

NARRADOR:
Pero lo que parecía un simple acto vandálico tomó un giro inesperado cuando un guardia forestal examinó la escena.

GUARDIA FORESTAL (conteniendo la risa):
Señora Hesselink… creo que esto no lo hizo un adolescente.

RUTH:
¿Entonces quién?

GUARDIA FORESTAL:
Un ciervo macho. Está en época de celo.

[Golpe dramático.]

NARRADOR:
Según explicó el experto, el animal probablemente confundió la estatua con un rival real y la embistió violentamente hasta arrancarle la cabeza.

RUTH (incrédula):
¿Me está diciendo que… un ciervo atacó a mi ciervo?

GUARDIA FORESTAL:
Exactamente. Y, por lo visto… ganó.

[Pequeña pausa. Música cómica.]

NARRADOR:
El misterioso “criminal” desapareció en el bosque sin dejar rastro. Mientras tanto, Ruth aún se pregunta si merece la pena volver a poner otra estatua… o si eso sería provocar una nueva batalla territorial.

[Cierre con música de documental.]

Anécdotas policiales y de los médicos de Urgencias.

 POLICÍA

Los cucos y los pájaros mieleros africanos.

 El parasitismo de cría es una de las estrategias más brutales y sofisticadas de la evolución. Básicamente, un animal consigue que otro haga el trabajo de incubar y alimentar a sus crías. Y lo fascinante es que esto desencadena una auténtica “carrera armamentística” evolutiva: el parásito perfecciona sus engaños y el hospedador desarrolla defensas cada vez más refinadas.


Los cucos: especialistas en el engaño

El ejemplo clásico es el Cuco común. La hembra observa nidos ajenos y, cuando los dueños se ausentan unos segundos, pone rápidamente un huevo. A menudo además retira o se come uno de los huevos originales para que el número total no cambie y el engaño pase desapercibido.

Muchos cucos han evolucionado “linajes” especializados en distintas especies hospedadoras. Sus huevos imitan color y moteado de los huevos del anfitrión. Algunas hembras producen huevos tan parecidos que incluso ornitólogos expertos tienen problemas para distinguirlos.

Cuando nace el polluelo de ciertas especies de cuco, ocurre una de las escenas más salvajes de la naturaleza: el pollo, todavía ciego y desnudo, empuja fuera del nido los huevos o polluelos legítimos usando una depresión en la espalda como “pala”. Así monopoliza toda la comida.

Además, algunos cucos adultos imitan la silueta de aves rapaces, como gavilanes. Eso hace que los pequeños pájaros hospedadores se asusten y se alejen del nido el tiempo suficiente para permitir la puesta del huevo parásito.

Los pájaros mieleros africanos: todavía más extremos

Los llamados “pájaros mieleros” africanos pertenecen a los indicadores, como Indicador grande, famoso por guiar humanos hacia colmenas salvajes. Pero sus costumbres reproductivas son bastante siniestras.

Son también parásitos de cría, y sus polluelos nacen equipados con ganchos afilados en el pico. Con ellos atacan y matan a los polluelos legítimos del nido hospedador, a veces horas después de nacer. No necesitan expulsarlos: directamente los perforan repetidamente hasta que mueren.

Las especies hospedadoras suelen ser aves que crían en cavidades oscuras, donde el engaño visual funciona especialmente bien.

Cómo se defienden las aves parasitadas

Las especies hospedadoras no son víctimas indefensas. Han desarrollado una cantidad sorprendente de estrategias:

1. Reconocer huevos extraños

Muchas aves comparan el color, tamaño y patrón de los huevos. Si detectan uno sospechoso:

  • lo expulsan del nido,
  • lo perforan,
  • o abandonan el nido entero y hacen otro.

2. Defender agresivamente el nido

Algunas especies atacan a la hembra del cuco en cuanto la ven cerca. La acosan en grupo (“mobbing”) y evitan que se acerque al nido.

3. Variabilidad en los huevos

Hay especies cuyas hembras ponen huevos muy distintos unas de otras. Eso dificulta que el cuco pueda fabricar una imitación universal convincente.

4. Reconocer polluelos sospechosos

Algunas aves detectan diferencias en sonidos, tamaño o comportamiento del pollo parásito y dejan de alimentarlo.

Aunque esto último es difícil, porque muchos cucos han evolucionado trucos increíbles: por ejemplo, un solo polluelo puede imitar acústicamente el sonido de toda una nidada hambrienta.

El caso raro: cuando el cuco ayuda

Lo más inesperado es que no siempre la relación es puramente dañina. El Críalo europeo produce secreciones pestilentes que ahuyentan depredadores. En algunos nidos de cornejas, la presencia del pollo parásito puede aumentar la supervivencia de las crías hospedadoras. Es decir: una relación que normalmente es parasitaria puede acercarse al mutualismo.

¿Hay escarabajos que hagan algo parecido?

Escarabajos exactamente como los cucos, no demasiados. Pero sí existen insectos con estrategias equivalentes.

Los casos más parecidos aparecen sobre todo en:

  • abejas cuco,
  • avispas cuco,
  • y algunos escarabajos parasitoides o cleptoparásitos.

Las Abejas cuco ponen sus huevos en los nidos de otras abejas. La larva invasora consume el alimento almacenado para la cría legítima y muchas veces mata al huésped.

En escarabajos, lo más cercano ocurre en algunos grupos asociados a nidos de insectos sociales o reservas de alimento ajenas:

  • ciertos estafilínidos viven infiltrados en colonias de hormigas,
  • algunos meloidos aprovechan nidos de abejas,
  • y varios escarabajos parasitoides ponen huevos sobre o dentro de otros insectos.

Pero los escarabajos no han desarrollado un sistema tan espectacular y especializado de “hacer criar a otro animal a tu descendencia” como el de los cucos y los indicadores africanos.

En aves, el parasitismo de cría ha alcanzado un nivel casi de espionaje evolutivo: mimetismo visual, engaño acústico, infiltración rápida, asesinato de competidores y contrainteligencia por parte de los hospedadores. Es una de las competiciones evolutivas más complejas que conocemos.

Aparece la fortaleza incaica de Ancocagua.

  El sitio arqueológico de T´aqrachullo —también llamado María Fortaleza— se encuentra en la provincia de Espinar, en la región peruana del ...