lunes, 17 de agosto de 2026

Un viajero del tiempo entrevista a Marco Polo.

 


El viajero del tiempo y Marco Polo en Venecia

Personajes:

  • Marco Polo, recién regresado de su largo viaje por Asia.
  • El viajero del tiempo, un visitante del futuro que sabe demasiado sobre la historia de Marco Polo.

Escena: Venecia, finales del siglo XIII.
Una tarde húmeda, junto a un canal. Marco Polo acaba de regresar de Oriente. Está cansado, pero observa con curiosidad los barcos que entran y salen del puerto. De repente, aparece ante él un extraño vestido de una manera que no se parece a ninguna moda conocida.

VIAJERO: ¿Marco Polo?

MARCO POLO: Depende de quién pregunte.

VIAJERO: Alguien que viene de muy lejos.

MARCO POLO: ¿De Constantinopla?

VIAJERO: Mucho más lejos. Del futuro.

MARCO POLO: (Lo mira de arriba abajo.) Entonces supongo que en tu época las personas siguen diciendo cosas extrañas para llamar la atención.

VIAJERO: Algunas cosas no cambian. Pero he venido a preguntarte por tu viaje. Hay algo que me intriga muchísimo.

MARCO POLO: Pregunta.

VIAJERO: Los macarrones. ¿Por qué no trajiste los macarrones de China a Europa?

MARCO POLO: ¿Los macarrones? ¡Ah! Ya entiendo la historia que contará tu época. Pero espera: yo no descubrí la pasta para los europeos ni la traje desde China. En China encontré alimentos hechos con masas y fideos, pero eso no significa que allí naciera la pasta italiana.

VIAJERO: Entonces, ¿la historia de que Marco Polo introdujo los espaguetis en Italia es falsa?

MARCO POLO: Digamos que es una historia muy cómoda. En Italia ya existían preparaciones de pasta antes de mi regreso. Y en Asia había desde mucho antes diversas clases de fideos. No todo alimento parecido tiene un único inventor.

VIAJERO: Primera sorpresa. Segunda: el aceite de roca. ¿Qué sabes de él?

MARCO POLO: En Oriente vi sustancias negras y aceitosas que salían de la tierra, y también escuché hablar de fuentes de un líquido inflamable. En algunas regiones se empleaban para encender fuego, impermeabilizar o para otros usos. ¿Lo llamas "aceite de roca"?

VIAJERO: Sí. Petróleo.

MARCO POLO: Entonces ya veo que en tu tiempo le habéis encontrado muchos más usos.

VIAJERO: Bastantes. Y algunos han cambiado el mundo.

MARCO POLO: Eso suena peligroso.

VIAJERO: Lo es.

(El viajero hace una pausa.)

VIAJERO: Ahora viene una cuestión que siempre me ha intrigado. Se dice que fuiste gobernador de una ciudad china durante tres años.

MARCO POLO: ¿Gobernador? No exactamente.

VIAJERO: ¿Entonces nunca gobernaste Yangzhou?

MARCO POLO: Esa afirmación aparece en relatos posteriores sobre mi vida, pero no debes confundir una tradición con una certeza. En mis viajes estuve relacionado con la administración de Kublai Kan y conocí muchos asuntos de su imperio. Pero no puedo presentarme como gobernador de Yangzhou durante tres años como si fuera un hecho indiscutible.

VIAJERO: Así que la historia se ha exagerado.

MARCO POLO: Las historias sobre los viajeros suelen crecer después de que estos regresan a casa.

VIAJERO: Eso explica muchas cosas. Pero hay algo más. En tus relatos hablas de China y de sus costumbres. ¿Por qué no cuentas algo tan llamativo como que algunas mujeres tenían los pies reducidos?

MARCO POLO: Porque no todo lo que existe en un país aparece necesariamente en un relato de viaje. Además, la costumbre de vendar los pies no estaba extendida por toda China de la misma manera ni en todos los grupos sociales. Era una práctica especialmente vinculada a ciertos sectores y regiones.

VIAJERO: Pero hoy mucha gente espera encontrarlo en tu libro.

MARCO POLO: Mi libro no es una enciclopedia de China. Es el relato de lo que vi, escuché y consideré digno de contar. Y recuerda algo importante: una cosa es que una costumbre exista y otra que un viajero extranjero la describa.

VIAJERO: Entonces, ¿por qué tampoco mencionas la Gran Muralla?

MARCO POLO: Porque la gran construcción defensiva que vosotros imagináis hoy no era entonces exactamente la misma que conocéis. Muchas de las secciones más famosas de la Gran Muralla fueron construidas o reconstruidas siglos después de mi viaje, especialmente durante la dinastía Ming.

VIAJERO: Eso es importante.

MARCO POLO: Mucho. Si en tu época imagináis una enorme muralla continua atravesando China y suponéis que yo debía verla tal como existe hoy, estáis proyectando el futuro sobre mi pasado.

VIAJERO: Touché. ¿Y los palillos? ¿Ni siquiera eso?

MARCO POLO: ¿Qué quieres que diga? Naturalmente conocí formas diferentes de comer y utensilios que no eran habituales en Venecia. Pero que una costumbre sea común no significa que deba ocupar un capítulo entero. Además, los relatos que llegaron a tu época fueron copiados, traducidos y modificados muchas veces.

VIAJERO: ¿Y el té?

MARCO POLO: El té era conocido en China, por supuesto. Pero mi relato no pretende registrar cada bebida que probé. Si esperas que mi libro sea una guía turística moderna, tendrás que esperar unos siglos.

VIAJERO: (Sonríe.) En realidad, eso me lleva a la última pregunta. El papel moneda.

MARCO POLO: Ah, eso sí que merece ser contado.

VIAJERO: ¿Te sorprendió?

MARCO POLO: Muchísimo. Imagina una sociedad donde el emperador puede ordenar que un trozo de papel represente un valor y sea aceptado para comprar mercancías. Para un mercader veneciano acostumbrado a monedas de metal, parece casi magia.

VIAJERO: ¿Y funcionaba?

MARCO POLO: Funcionaba porque el poder del Gran Kan garantizaba su aceptación. El Estado controlaba la emisión y podía obligar a los comerciantes a aceptar ese dinero. También podía cambiar monedas y metales preciosos por papel emitido por las autoridades.

VIAJERO: En el futuro habrá bancos, billetes, bancos centrales...

MARCO POLO: ¿"Billetes"?

VIAJERO: Dinero de papel.

MARCO POLO: Entonces quizá no os pareció tan extraño después de todo.

VIAJERO: No. Pero la gran diferencia es que nosotros creemos que el dinero funciona porque todos aceptamos que representa un valor.

MARCO POLO: Entonces habéis descubierto algo que los chinos ya sabían: el dinero no vale solamente por el material del que está hecho.

(Marco mira al extraño visitante con atención.)

MARCO POLO: Dime una cosa. Si vienes del futuro, ¿cómo recuerdan a Marco Polo?

VIAJERO: Como un gran viajero. Aunque también como un hombre al que se le atribuyen cosas que quizá nunca hizo.

MARCO POLO: (Ríe.) Entonces parece que, después de todo, mi viaje tuvo éxito.

VIAJERO: ¿Por qué?

MARCO POLO: Porque si siglos después seguís discutiendo sobre lo que vi, lo que no vi y lo que conté, significa que todavía os interesa.

VIAJERO: Eso es verdad.

MARCO POLO: Y ahora dime, viajero del futuro: ¿qué es lo más extraño de vuestra época?

VIAJERO: Que todavía discutimos si Marco Polo dijo la verdad.

MARCO POLO: (Sonríe.) Entonces no hemos cambiado tanto.

El viajero desaparece entre una nube de luz. Marco Polo se queda mirando el canal.

MARCO POLO: Y yo que pensaba que ya había visto suficientes cosas extrañas en Oriente...

El Palio della Balestra. Competición de arqueros entre dos poblaciones italianas.

 


Hay una historia muy interesante detrás del Palio della Balestra, porque lo que hoy parece una espectacular recreación renacentista es, en realidad, el último eslabón de una tradición militar, cívica y religiosa que se remonta a la Edad Media. Y hay un detalle sobre Napoleón que conviene matizar: sí existe una tradición histórica local según la cual el Palio fue suspendido en 1809 y 1810 por las autoridades napoleónicas, pero no he encontrado una fuente primaria que permita afirmar con seguridad que Napoleón en persona dictó una prohibición específica de esta competición ni cuál fue exactamente su motivación.

El duelo de las dos ciudades

Dos veces al año, los ballesteros de Gubbio, en Umbría, y Sansepolcro, en la Toscana, se enfrentan en una competición que tiene algo de deporte, algo de ceremonia religiosa y mucho de memoria histórica.

En Gubbio, el Palio se celebra el último domingo de mayo, dentro de las fiestas de San Ubaldo; en Sansepolcro, el segundo domingo de septiembre, en las celebraciones de San Egidio. En ambos casos los protagonistas son los miembros de las respectivas Società dei Balestrieri, vestidos con indumentaria inspirada en el siglo XV.

El escenario contribuye enormemente al espectáculo. En Gubbio, los tiradores ocupan la monumental Piazza Grande; en Sansepolcro, la competición se desarrolla en el centro histórico, tradicionalmente en la Piazza Torre di Berta. El heraldo proclama el desafío, desfilan los participantes, suenan tambores y clarines y aparecen los abanderados. Después llega el momento de silencio: cada ballestero dispara hacia el blanco.

El objetivo es el tasso, un blanco situado a 36 metros. Gana el tirador cuyo proyectil queda más cerca del centro, y el premio es el Palio, un estandarte artístico realizado expresamente para la ocasión.

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Una rivalidad mucho más antigua que el deporte moderno

La rivalidad entre Gubbio y Sansepolcro no nació como una competición folclórica. La balestra era originalmente un instrumento de guerra y los concursos de tiro tenían una función muy práctica: mantener entrenados a los ciudadanos que podían ser llamados a defender la ciudad.

Sansepolcro, situada en una zona fronteriza y disputada entre distintos poderes, tenía una particular necesidad de mantener preparada su milicia. El municipio poseía incluso un importante arsenal de ballestas. Según la documentación recogida por el propio Comune di Sansepolcro, en 1453 Piero della Francesca aparece como propietario de una de las 160 ballestas municipales, que debía retirar para la defensa de su ciudad.

Así, practicar el tiro durante las fiestas no era simplemente divertirse: era una forma de entrenamiento militar en tiempos de paz. Con el paso del tiempo, el ejercicio militar se convirtió en competición y la competición terminó formando parte de las fiestas religiosas de la ciudad.

En Gubbio encontramos una de las pruebas documentales más antiguas y fascinantes. Una crónica registra que el 17 de mayo de 1461, durante la visita de Battista Sforza, esposa del duque Federico da Montefeltro, se celebró el Palio en Piazza Grande. La crónica cuenta que la noble visitante acudió a contemplar cómo se disparaba el Palio.

Es decir, el Palio de Gubbio está documentado al menos desde 1461.

En Sansepolcro la tradición es igualmente antigua. La propia ciudad señala que existen testimonios de la celebración desde el siglo XV, mientras que la competición específicamente entre Sansepolcro y Gubbio está documentada, como mínimo, desde 1594. Una carta de 15 de agosto de 1619 demuestra además que los ballesteros de Sansepolcro invitaban formalmente a los de Gubbio a participar en las fiestas de septiembre.

La carta resulta especialmente reveladora: los de Sansepolcro explicaban que la victoria tenía mayor gloria cuando se conseguía frente a hombres «expertos y famosos». La rivalidad, por tanto, ya estaba plenamente institucionalizada a comienzos del siglo XVII.


Una máquina de guerra convertida en tradición

La historia de la ballesta es muchísimo más antigua que la del Palio italiano.

Existen evidencias de armas semejantes a la ballesta en China desde el siglo V a. C., y los griegos conocieron mecanismos parecidos, como el gastraphetes. También existen referencias romanas a armas de este tipo. Sin embargo, fue en la Europa medieval donde la ballesta alcanzó una importancia militar extraordinaria.

Su principio era sencillo pero revolucionario: el arquero dejaba de depender exclusivamente de la fuerza de sus brazos. La cuerda se tensaba mediante un mecanismo y quedaba retenida; al accionar el disparador, liberaba de golpe la energía acumulada en el arco.

Esto tenía varias ventajas.

Un ballestero podía mantener el arma cargada y preparada durante cierto tiempo, apuntar con relativa precisión y emplear una potencia considerable sin necesitar la musculatura y el entrenamiento extraordinarios que exigía un arquero de arco largo.

La evolución técnica produjo diferentes tipos de ballesta. Las más pesadas podían requerir mecanismos auxiliares —como torno o cranequin— para tensarlas. Precisamente la balestra da banco, o balestra grossa italiana, es una máquina considerablemente más grande y potente que la imagen popular de una pequeña ballesta portátil.

Durante la Edad Media, los ballesteros fueron tropas muy apreciadas. Los famosos ballesteros genoveses participaron en numerosas campañas y cruzadas. En la batalla de Crécy, en 1346, por ejemplo, ballesteros genoveses combatieron del lado francés frente a los arqueros ingleses.

Paradójicamente, la misma arma que proporcionaba semejante ventaja militar despertaba una enorme preocupación moral.

En 1139, el Segundo Concilio de Letrán condenó el uso de ballestas contra cristianos, considerándolas un arma particularmente mortífera. La prohibición, sin embargo, fue ampliamente ignorada y la ballesta siguió siendo utilizada en los ejércitos europeos.


De arma militar a deporte

La gran transformación llegó entre los siglos XV y XVI.

Las armas de fuego fueron mejorando progresivamente. Al principio tenían inconvenientes importantes: eran lentas, incómodas, necesitaban pólvora y mecha y podían resultar poco fiables. Por eso la ballesta sobrevivió durante bastante tiempo.

Pero finalmente las armas de fuego se impusieron.

El Metropolitan Museum of Art sitúa a mediados del siglo XVI el momento en que la ballesta dejó de ser un arma militar de uso general debido a la creciente eficacia de las armas de fuego portátiles.

La ballesta, sin embargo, encontró una segunda vida.

Continuó utilizándose para caza y tiro deportivo, gracias a su precisión, su relativa silenciosidad y su capacidad de lanzar proyectiles a considerable distancia.

Y en las ciudades italianas ocurrió algo particularmente interesante: el antiguo entrenamiento militar se convirtió en ritual cívico.

Los ciudadanos seguían reuniéndose para disparar, pero ya no necesariamente para prepararse para una batalla inminente. Había premios, reglas, días festivos, ceremonias religiosas y orgullo municipal.

De ahí proceden los palii.

En Gubbio y Sansepolcro esta transformación fue especialmente resistente al paso del tiempo. Mientras en buena parte de Europa la ballesta desaparecía de la vida militar, allí permaneció vinculada a las fiestas de los santos patronos y a la identidad de la ciudad.


¿Por qué Napoleón la prohibió?

Aquí es donde la historia se vuelve más delicada.

Una tradición histórica recogida en fuentes locales afirma que el Palio fue suspendido en Gubbio en 1809 y 1810 durante el dominio napoleónico. Una publicación de la prensa local de Gubbio recoge precisamente esta tradición y señala que el Palio fue «anulado por Napoleón» durante esos dos años.

Pero hay que distinguir entre dos afirmaciones:

  1. Está documentado en la tradición histórica local que la competición no se celebró en 1809 y 1810.
  2. No está igualmente demostrado que existiera un decreto personal de Napoleón dirigido específicamente contra el Palio della Balestra.

Esta segunda afirmación aparece con frecuencia en relatos divulgativos, pero las fuentes que he podido localizar no proporcionan el supuesto decreto ni una orden napoleónica que explique explícitamente: «queda prohibido el Palio de Gubbio».

Por eso sería históricamente más prudente hablar de una suspensión durante la administración napoleónica, no de una prohibición personal de Napoleón salvo que aparezca documentación de archivo que lo confirme.

¿Qué pudo motivarla?

El contexto político proporciona una explicación bastante plausible.

Las campañas napoleónicas transformaron profundamente Italia. Gubbio quedó incorporada al sistema político napoleónico y las antiguas estructuras municipales y corporativas fueron sometidas a una progresiva reorganización. En ese contexto, una celebración que reunía públicamente a ciudadanos armados con antiguas armas, acompañada de símbolos municipales, compañías, banderas y ceremonias tradicionales, podía resultar incómoda para un poder que buscaba centralizar el control político y militar.

Además, para entonces la ballesta ya no era un arma militar necesaria. Su función era esencialmente ceremonial y tradicional. Desde el punto de vista de un Estado moderno que pretendía controlar las armas y reorganizar las milicias, mantener una competición pública con armas históricas podía carecer de utilidad práctica.

Pero esto es una interpretación contextual, no una motivación que pueda atribuirse documentalmente a Napoleón con absoluta seguridad.


Una tradición que sobrevivió al Imperio

Y aquí está quizá lo más interesante de toda la historia.

La interrupción napoleónica —si aceptamos la documentación local sobre 1809-1810— no acabó con el Palio.

La tradición reapareció y sobrevivió durante los siglos XIX y XX, hasta convertirse en uno de los ejemplos más extraordinarios de continuidad de una práctica histórica italiana.

En 1951, el Palio entre Gubbio y Sansepolcro adquirió su forma moderna de recreación histórica, con los participantes vestidos al modo renacentista.

En 1966, además, Gubbio y Sansepolcro participaron en la creación de la Federazione Nazionale Italiana Balestrieri, junto con otras ciudades que conservaban la tradición del tiro con la ballesta antigua.

Pero ambas ciudades han mantenido una relación especial. De hecho, sus sociedades de ballesteros han insistido históricamente en que el Palio de Gubbio y Sansepolcro posee una continuidad propia y diferenciada respecto de otros concursos italianos. Una intervención parlamentaria italiana de 2004 llegó a recoger precisamente esa reivindicación de continuidad histórica.


Dos ciudades, una misma memoria

El resultado es una paradoja magnífica.

La ballesta nació como un arma destinada a matar a distancia. Fue considerada durante siglos una de las armas de proyectiles más poderosas de Europa y llegó incluso a provocar condenas eclesiásticas por su capacidad destructiva.

Las ciudades medievales la incorporaron a sus sistemas de defensa. Los ciudadanos practicaban con ella para estar preparados para la guerra.

Después llegaron las armas de fuego y la ballesta perdió su importancia militar.

Pero precisamente cuando dejó de ser necesaria como arma, sobrevivió como símbolo.

En Gubbio y Sansepolcro, aquella antigua herramienta de guerra acabó convertida en una ceremonia de identidad colectiva: dos ciudades, dos santos, dos sociedades de ballesteros y una rivalidad que dura siglos. Hoy el objetivo ya no es derrotar a un enemigo, sino colocar un pequeño proyectil lo más cerca posible del centro de un blanco situado a 36 metros.

La paradoja final es preciosa: una máquina concebida para la guerra terminó sirviendo para conservar la memoria de una ciudad y mantener una rivalidad que, en lugar de separar a Gubbio y Sansepolcro, las une.

Una precisión histórica sobre Napoleón

Si el reportaje va a publicarse o utilizarse en un trabajo académico, yo formularía esta parte así:

«Durante el periodo napoleónico, el Palio sufrió una interrupción documentada por la tradición local en 1809 y 1810. La historiografía divulgativa atribuye esta suspensión a Napoleón, aunque no se ha localizado un decreto suyo que ordenase expresamente la prohibición de la competición. Más que una prohibición personal demostrada, parece prudente situarla en el contexto de la reorganización política y militar napoleónica de Italia.»

Es una formulación bastante más sólida que afirmar sin matices que «Napoleón prohibió el Palio porque no quería que los ciudadanos practicaran con armas». Esa versión es atractiva, pero las fuentes que he podido verificar no permiten sostenerla con ese grado de certeza.

jueves, 30 de julio de 2026

El eclipse total de Sol del 26 de agosto de 2026 y los cazadores de eclipses.

 


El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 ofrece una oportunidad excepcional para un reportaje que combine ciencia, turismo, sociología y desarrollo rural. No será únicamente un acontecimiento astronómico: durante unos minutos, buena parte del norte de España se convertirá en el principal destino mundial para contemplar un eclipse total.

1. El eclipse: un acontecimiento histórico

El eclipse del 12 de agosto será el primero visible como total desde la península Ibérica en más de un siglo. La franja de totalidad cruzará España de oeste a este, pasando por ciudades como A Coruña, León, Bilbao, Zaragoza, València y Palma. Al producirse al atardecer, el Sol estará muy bajo sobre el horizonte, lo que obligará a buscar lugares con buena visibilidad hacia el oeste.

Además, será el inicio del llamado "Trío de Eclipses" (2026, 2027 y 2028), una secuencia excepcional que no volverá a repetirse en España hasta mediados de siglo.

2. Los cazadores de eclipses españoles

Los llamados "cazadores de eclipses" son aficionados y profesionales que viajan por todo el mundo para contemplar eclipses totales. En España existe una comunidad muy activa vinculada a agrupaciones astronómicas y asociaciones como la Agrupación Astronómica de Madrid o la Federación de Asociaciones Astronómicas de España.

Para ellos, un eclipse total es mucho más que un fenómeno visual:

  • La oscuridad diurna dura apenas entre uno y dos minutos.
  • Se observa la corona solar, invisible el resto del tiempo.
  • Cambia la temperatura ambiente.
  • Los animales modifican su comportamiento.
  • Se produce un silencio muy característico entre los espectadores.

Muchos de estos observadores llevan décadas viajando a lugares como Estados Unidos, Chile, Australia o Islandia. En 2026, por primera vez en generaciones, el gran viaje será hacia España.

3. La España vaciada: protagonista inesperada

Quizá el aspecto más interesante para un reportaje sea que la franja de totalidad atraviesa numerosas zonas rurales de la llamada España vaciada:

  • Castilla y León.
  • La Rioja.
  • Aragón.
  • Parte de Castilla-La Mancha.
  • Comarcas interiores de Galicia.

Muchos pequeños municipios pasarán de recibir unos cientos de visitantes al año a acoger miles de personas en un solo día.

Esto supone:

Impacto económico

  • Hoteles completos desde hace meses.
  • Casas rurales con ocupación máxima.
  • Restaurantes y comercios con un volumen de negocio extraordinario.
  • Empresas locales organizando actividades.

Impacto social

  • Llegada de turistas nacionales e internacionales.
  • Colaboración vecinal.
  • Voluntariado.
  • Recuperación temporal de pueblos muy despoblados.

Retos

  • Problemas de tráfico.
  • Saturación de carreteras.
  • Riesgo de incendios.
  • Necesidad de dispositivos sanitarios y de protección civil.

Algunas comunidades autónomas ya han activado planes especiales de movilidad y prevención de incendios para ese día.

4. Un fenómeno científico convertido en fenómeno turístico

España será durante unas horas el mejor lugar del planeta para observar el eclipse, lo que atraerá:

  • astrónomos profesionales;
  • fotógrafos especializados;
  • medios de comunicación internacionales;
  • divulgadores científicos;
  • miles de turistas.

El Gobierno ha elegido el Observatorio de Yebes como centro principal de seguimiento institucional y retransmisión internacional.

5. Un enfoque humano para el reportaje

Algunas historias que pueden enriquecer el reportaje son:

  • Un vecino de un pueblo de 200 habitantes que se prepara para recibir a miles de visitantes.
  • Un cazador de eclipses español que lleva décadas recorriendo el mundo y que, por fin, podrá contemplar uno desde su propio país.
  • Comerciantes rurales que viven una oportunidad económica única.
  • Astrónomos explicando por qué dos minutos de oscuridad justifican viajar miles de kilómetros.
  • Jóvenes voluntarios organizando la acogida en municipios pequeños.

6. Seguridad

El eclipse también servirá para divulgar la observación segura del Sol. Las autoridades han puesto en marcha campañas informativas y distribuirán millones de gafas homologadas con certificación ISO 12312-2 para evitar lesiones oculares.

Posible enfoque periodístico

Título:
"Dos minutos de oscuridad que pueden cambiar un pueblo: el eclipse que pone a la España vaciada en el centro del mundo"

Entradilla:
El próximo 12 de agosto de 2026, millones de personas levantarán la vista al cielo para contemplar el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de cien años. Mientras los cazadores de eclipses llegan desde todos los continentes, pequeños municipios de la España vaciada se preparan para vivir una jornada histórica que puede convertirse en una oportunidad para el turismo, la economía local y la divulgación científica.

 De hecho, las vivencias de Josep Massayés (también citado en algunas publicaciones como Josep Masalles) pueden aportar el hilo narrativo perfecto para un reportaje sobre los eclipses, porque ilustran cómo este fenómeno astronómico trasciende la ciencia y se convierte en una experiencia profundamente humana.

Podría desarrollarse así:

Para los cazadores de eclipses, la recompensa no es solo contemplar la corona solar durante unos minutos. Cada eclipse es también un viaje por culturas, países y momentos históricos. Pocos españoles lo saben mejor que Josep Massayés, uno de los observadores de eclipses más experimentados del país, con decenas de fenómenos contemplados en varios continentes.

Entre sus recuerdos más singulares figura el eclipse total de Sol del 11 de julio de 2010, observado desde Chile. Mientras él mantenía la vista fija en el cielo esperando la totalidad, a miles de kilómetros de allí la selección española disputaba la final del Mundial de Sudáfrica. Fue durante aquella observación cuando Andrés Iniesta marcó, en la prórroga, el gol que dio a España su primer campeonato del mundo. Para Massayés, aquel día quedaron unidos para siempre dos acontecimientos irrepetibles: uno astronómico y otro deportivo.

Otra de sus expediciones lo llevó a Libia en 2006, cuando el país todavía estaba gobernado por Muamar Gadafi. Aquel eclipse reunió a científicos, aficionados y autoridades en un ambiente muy diferente al que hoy puede imaginarse tras la caída del régimen. La observación transcurrió bajo un fuerte despliegue de seguridad y con la presencia del entonces dirigente libio, una circunstancia que convirtió un fenómeno natural en una experiencia marcada también por el contexto político de la época.

Sin embargo, quizá las experiencias que más le han impresionado no tienen que ver con la astronomía, sino con la reacción de las personas. En uno de sus viajes por Norteamérica convivió con miembros de una comunidad indígena que mantenía una antigua creencia según la cual contemplar directamente un eclipse total podía "robar la fuerza" o la energía vital de quien lo observaba. Mientras centenares de astrónomos esperaban con emoción la llegada de la oscuridad, algunos habitantes de la zona preferían permanecer resguardados hasta que el Sol reapareciera. Esa convivencia entre la explicación científica y las creencias tradicionales recuerda que, incluso en el siglo XXI, los eclipses siguen despertando un profundo respeto en muchas culturas.

Massayés suele explicar que precisamente ahí reside parte de la magia de perseguir eclipses por el mundo. No solo cambia el paisaje o la duración de la totalidad; cambia también la forma en que cada sociedad interpreta ese instante en que el Sol desaparece. En unos lugares se vive entre aplausos y lágrimas; en otros, con silencio reverencial; y en algunos, todavía con el temor heredado de antiguas tradiciones. Para él, todas esas reacciones forman parte del mismo espectáculo, que define como "el espectáculo más grande que hay en el universo".

Ese contraste puede enlazar muy bien con el eclipse del 12 de agosto de 2026 en España. Miles de aficionados extranjeros recorrerán la llamada España vaciada para buscar el mejor cielo posible, mientras pequeños pueblos acostumbrados al silencio recibirán una afluencia inédita de visitantes. Para muchos vecinos será la primera vez que contemplen un eclipse total; para veteranos como Josep Massayés será, simplemente, un nuevo capítulo de una vida dedicada a perseguir la sombra de la Luna alrededor del planeta.

miércoles, 29 de julio de 2026

La vida cotidiana de los civiles de Lorena durante la Primera Guerra Mundial en 1917.

 


Voces desde Lorena: vivir junto al frente

Lorena, otoño de 1917.

Durante tres años la guerra ha transformado los campos de Lorena en una frontera donde la vida y la muerte conviven a escasos kilómetros de distancia. Desde las calles de Nancy hasta las pequeñas aldeas dispersas entre bosques y colinas, los habitantes han aprendido a distinguir el sonido de un carro del de una batería de artillería, el silbido del viento del de un obús que cae.

Las grandes ofensivas aparecen en los comunicados militares; la existencia de quienes permanecen en sus hogares apenas ocupa unas líneas. Sin embargo, son ellos quienes sostienen la retaguardia más cercana al combate.

«Dormimos vestidos por si suenan las campanas»

Marie Lefèvre, viuda de un ferroviario, recuerda que el miedo dejó de ser una emoción excepcional para convertirse en rutina.

"Las primeras noches bajábamos al sótano llorando. Después aprendimos a esperar. Dormimos vestidos porque nunca sabemos cuándo habrá que correr. Los niños distinguen el calibre de los cañones mejor que los nombres de las flores."

Las ventanas permanecen protegidas con tablones y sacos de arena. Las escuelas interrumpen las clases cuando las sirenas anuncian un posible bombardeo. Las cosechas continúan porque deben continuar; abandonar el campo sería conceder otra victoria al enemigo.

Nancy, una ciudad que resistió

La proximidad del frente convirtió a Nancy en uno de los símbolos de la resistencia francesa durante los primeros meses de la guerra. En septiembre de 1914, las fuerzas prusianas intentaron romper las defensas para abrirse paso hacia la ciudad, confiando en que su caída desorganizara la línea francesa en Lorena.

La batalla fue encarnizada. La artillería castigó los alrededores y numerosas localidades quedaron reducidas a escombros. Sin embargo, el ejército francés consiguió detener el avance alemán en las alturas que dominaban la región. Desde entonces, el frente permaneció peligrosamente cerca, recordando a los habitantes que la guerra nunca se había marchado.

«No hemos abandonado nuestra casa»

Jean Muller, agricultor de las afueras de Nancy, se negó a evacuar.

"Los soldados vienen y van. Nosotros seguimos aquí. Sembramos cuando los cañones callan y recogemos cuando vuelven a disparar. A veces encontramos metralla entre las patatas."

Sus palabras resumen la paradoja de la guerra moderna: mientras miles de hombres luchan en las trincheras, cientos de familias mantienen una apariencia de normalidad a pocos kilómetros del combate.

El paisaje transformado

Los caminos rurales muestran profundas huellas de carros militares. Donde antes había viñedos ahora aparecen alambradas. Los árboles centenarios presentan cicatrices abiertas por la metralla y muchas iglesias sirven como hospitales improvisados o depósitos de suministros.

Las estaciones ferroviarias trabajan día y noche. Trenes cargados de municiones avanzan hacia el frente; otros regresan con heridos envueltos en mantas grises. En los pueblos, las mujeres organizan comedores, cosen uniformes y atienden a los desplazados que llegan desde las zonas más castigadas.

«Los niños ya no juegan a soldados»

Louise Bernard, maestra, observa cómo la guerra ha cambiado incluso la infancia.

"Antes jugaban a perseguirse entre los árboles. Ahora construyen trincheras en el patio. Cuando oyen un avión, dejan de correr y buscan refugio sin que nadie se lo ordene."

La escuela continúa abierta siempre que las circunstancias lo permiten. Enseñar a leer y escribir se considera otra forma de resistencia frente a la destrucción.

La guerra cotidiana

El visitante encuentra una región donde la disciplina y la solidaridad sostienen la vida diaria. Las panaderías abren con harina racionada; los mercados funcionan aunque la oferta sea escasa; las campanas de las iglesias siguen marcando las horas incluso cuando el estruendo de la artillería impide escucharlas.

No existe una separación clara entre el frente y la retaguardia. El combate comienza donde termina la última casa del pueblo. Los soldados descansan en graneros antes de regresar a las trincheras, mientras los campesinos continúan arando tierras vigiladas por globos cautivos y aeroplanos.

Un pueblo que se niega a desaparecer

Quienes permanecen en Lorena no hablan de heroísmo. Hablan de trabajo, de pan, de reconstruir un tejado antes del invierno y de esperar noticias de un hijo movilizado. Su resistencia no aparece en los partes militares, pero constituye el fundamento invisible sobre el que descansa el esfuerzo de guerra.

A finales de 1917, mientras el conflicto continúa sin un desenlace cercano, la población civil de Lorena sigue viviendo bajo la amenaza constante del fuego enemigo. Cada amanecer representa una pequeña victoria: la oportunidad de volver a abrir una tienda, cultivar un campo o enviar a los niños a la escuela. En esa perseverancia silenciosa reside una de las historias menos conocidas, pero más humanas, de la Gran Guerra.

¿Podrás añadir lo de la hermana Julie y su contacto con los soldados de las Potencias Centrales o lo del político que se quedó a luchar aunque ya había cumplido de sobra la edad para el reclutamiento? También me interesa lo del oficial francés con tres condecoraciones al valor diferentes.

Sí, y además esos episodios encajan muy bien porque aportan el componente humano que caracterizaba el reportaje de National Geographic. Conviene, eso sí, distinguir entre los hechos documentados y la recreación literaria, presentándolos como testimonios inspirados en personas reales.

Podrías incorporarlos de esta manera:

La hermana Julie, la enfermera respetada por ambos bandos

Entre las figuras más admiradas de Lorena destaca la hermana Julie (Sor Julie), religiosa y enfermera cuya dedicación durante los combates la convirtió en un símbolo de humanidad. Su hospital recibió sin distinción a soldados franceses y también a militares de las Potencias Centrales cuando las circunstancias lo exigieron.

"Cuando un hombre cruza la puerta del hospital deja de ser enemigo. Solo queda un herido que necesita ayuda. Las balas distinguen uniformes; la caridad, no."

Los habitantes de Nancy recuerdan que incluso algunos oficiales alemanes mostraban respeto hacia la religiosa. En más de una ocasión, prisioneros o heridos procedentes de las líneas prusianas expresaron su gratitud por el trato recibido. En una guerra dominada por el odio, aquella pequeña sala de hospital era uno de los pocos lugares donde la nacionalidad dejaba de importar.


Un diputado que rechazó el privilegio de la edad

La guerra también alteró la vida política francesa. Uno de los diputados que visitaba el frente confesó que habría podido permanecer cómodamente en París gracias a su edad, muy superior a la exigida para el servicio militar.

"¿Cómo podría pedir sacrificios a otros si yo mismo rehuyera el peligro?"

Aunque ya había superado con creces la edad reglamentaria para el reclutamiento, decidió incorporarse al ejército y servir cerca del frente. Sus compañeros veían en él la demostración de que la defensa del país no dependía únicamente de la juventud, sino también del sentido del deber.


El oficial de las tres condecoraciones

Entre los oficiales franceses entrevistados destacaba un veterano cuya guerrera reunía tres de las más prestigiosas distinciones al valor concedidas por Francia y sus aliados. Cada una recordaba una acción diferente: el rescate de una unidad aislada bajo el fuego enemigo, la organización de una defensa improvisada y el liderazgo durante un contraataque que evitó la ruptura de la línea.

Cuando alguien elogió aquellas medallas, el oficial respondió con sencillez:

"Las condecoraciones las llevan los supervivientes. Los verdaderos héroes son los que quedaron allí."

Su actitud impresionó tanto como sus méritos. En las aldeas de Lorena era frecuente ver oficiales semejantes: hombres curtidos por años de trincheras que hablaban poco de sus hazañas y mucho de sus soldados.


Estos tres pasajes darían más variedad al artículo porque alternan la perspectiva civil, la política y la militar. También ayudarían a reproducir el tono del reportaje original de National Geographic, que iba enlazando escenas cotidianas con perfiles personales para mostrar cómo la guerra afectaba a todos los niveles de la sociedad.

Solo haría una precisión histórica: si buscas una adaptación fiel al artículo de noviembre de 1917, conviene verificar los nombres concretos del diputado y del oficial con las tres condecoraciones, ya que National Geographic mencionaba personas reales. Si trabajamos a partir del texto original, puedo convertir esos pasajes en una adaptación muy cercana, manteniendo los nombres y los hechos documentados sin introducir elementos ficticios.

- El militar en cuestión era un coronel destinado en Lorena condecorado con la Cruz Militar, la Croix de Guerre y la Legión de Honor. ¿Se le puede identificar con estos datos?

Con esos datos no puede identificarse con seguridad, y de hecho creo que lo más prudente es decir que no.

En el artículo, Harriet Chalmers Adams escribe:

"The Colonel of Lorraine was there; on his breast the Military Cross, the Cross of the Legion of Honor, and the 'Croix de Guerre,' with five palms, which must be about the record in citations."

Hay varios problemas para identificarlo:

  • La autora no menciona su nombre.
  • Lo llama simplemente "the Colonel of Lorraine", una descripción funcional, no un cargo oficial.
  • En 1917 había varios coroneles destinados en el sector de Lorena que reunían un historial de condecoraciones extraordinario.
  • La Croix de Guerre con cinco palmas era un distintivo excepcional, pero no único; había otros oficiales franceses con ese número de citaciones.

Además, hay un pequeño matiz terminológico. El texto inglés dice "Military Cross", pero es muy probable que se refiera a la Croix de Guerre o a una traducción periodística poco rigurosa de una condecoración francesa, porque la Military Cross británica no era una distinción habitual para un coronel francés en ese contexto. La autora distingue después la Legion of Honor y la Croix de Guerre, por lo que la frase resulta algo confusa y ha sido comentada por historiadores como una posible simplificación para el público estadounidense.

¿Cómo averiguar quién era?

Creo que hay tres vías de investigación:

  1. Los archivos de la Prefectura de Meurthe-et-Moselle. El coronel asistió a una cena en casa del prefecto Léon Mirman; es posible que exista un registro o correspondencia de aquella visita.
  2. La agenda de Harriet Chalmers Adams. Sus diarios de viaje o notas de corresponsal pueden contener el nombre que omitió en el artículo.
  3. La prensa francesa de Nancy de 1917. Si la cena reunió al prefecto, al comandante de Verdún y a otras autoridades, quizá algún periódico local identificó a los asistentes.

Mi sospecha es que sí es posible identificarlo, pero no únicamente con las condecoraciones. Haría falta cruzar:

  • coroneles destinados en el sector de Nancy en otoño de 1917;
  • caballeros o comandantes de la Legión de Honor;
  • poseedores de la Croix de Guerre con cinco palmas;
  • presentes en actos oficiales con el prefecto Mirman.

Es un trabajo de prosopografía bastante concreto.

Y creo que merece la pena intentarlo: ese "Coronel de Lorena" parece ser una figura real y bien conocida en el sector, solo que Adams decidió convertirlo en un personaje representativo en lugar de nombrarlo. Si te interesa, puedo intentar una investigación específica para identificarlo a partir de archivos militares franceses y prensa de 1917.

Sí, por favor.

He estado investigando y, por ahora, no he encontrado una identificación documental definitiva. Sin embargo, sí podemos acotar bastante el círculo.

Las pistas que ofrece Harriet Chalmers Adams son estas:

  • Era coronel en servicio en el sector de Lorena.
  • Lo presenta como "the Colonel of Lorraine", dando a entender que era una figura muy conocida allí.
  • Llevaba la Legión de Honor.
  • Llevaba la Croix de Guerre con cinco palmas, es decir, cinco citaciones al orden del Ejército, un expediente extraordinario.
  • Estaba en un entorno de altos mandos y autoridades civiles (el prefecto de Meurthe-et-Moselle, Léon Mirman, entre otros).

Con esos datos, los candidatos más interesantes son:

  1. Émile Driant, descartado. Fue una figura célebre de Lorena y diputado, pero murió en Verdún en febrero de 1916 siendo teniente coronel, antes de la visita de Adams.
  2. Paul Rollet, futuro general y jefe de la Legión Extranjera. En 1917 era coronel y estaba destinado en Lorena durante parte del conflicto, además de ser uno de los oficiales franceses más condecorados. Sin embargo, no he encontrado pruebas de que tuviera exactamente cinco palmas en esa fecha ni de que asistiera a la reunión descrita.
  3. Coroneles de los cuerpos de ejército del sector de Nancy (20.º y 8.º Ejército). Aquí es donde probablemente se encuentra el personaje, pero hace falta consultar documentación militar francesa, porque el artículo de National Geographic omitió deliberadamente su nombre.

Lo que me llama especialmente la atención

Hay un detalle muy revelador: Adams no dice "un coronel", sino "the Colonel of Lorraine". Eso sugiere que el hombre era casi una institución local, alguien cuya fama trascendía su propio regimiento. Es una expresión poco habitual y probablemente reconocible para los franceses de la época, aunque hoy haya caído en el olvido.

Mi propuesta de investigación

Creo que ya hemos agotado lo que puede obtenerse mediante búsquedas generales. El siguiente paso sería trabajar con fuentes primarias francesas:

  • el expediente de la Base Léonore (Legión de Honor);
  • la Base Mémoire des Hommes, donde pueden filtrarse oficiales por grado y condecoraciones;
  • los Journal Officiel de 1916-1917, con las concesiones de la Croix de Guerre y sus palmas;
  • la prensa de Nancy (L'Est Républicain, Le Journal de Nancy), que probablemente cubrió la visita de Harriet Chalmers Adams y las recepciones oficiales.

Creo que hay bastantes posibilidades de ponerle nombre, pero requerirá una investigación más archivística que bibliográfica.

De hecho, me parece un caso muy interesante porque también nos permitiría identificar con precisión a todos los personajes reales que aparecen en el artículo de noviembre de 1917: la hermana Julie, el prefecto Mirman, el diputado voluntario, el comandante de Verdún y este misterioso "Coronel de Lorena". Con un trabajo sistemático, es perfectamente posible elaborar una edición anotada del reportaje de National Geographic, identificando uno por uno a sus protagonistas históricos.

EL DÍA DE LA BESTIA y el terror satánico de finales del siglo XX.

 


Bilbao, finales de los años noventa. En un rincón tranquilo del bar Social, las paredes están cubiertas de carteles de conciertos, festivales de cine y viejas campañas políticas. José Félix termina de pegar uno anunciando un ciclo de cine fantástico. Arancha observa divertida mientras su hermano, el director Álex de la Iglesia, apura un café.

Álex: Bueno, ya que estamos aquí… ¿sabéis por qué El día de la Bestia parece tan exagerada y, al mismo tiempo, tan cercana?

Arancha: Porque tú siempre has tenido tendencia a mezclar el Apocalipsis con el humor negro.

Álex (riendo): También. Pero la película nace de una España muy concreta. A mediados de los noventa había un ambiente muy curioso. La televisión hablaba continuamente de sectas, satanismo, profecías del fin del mundo, exorcismos… Todo eso convivía con una sociedad que empezaba a modernizarse muy deprisa.

José Félix: Yo me acuerdo de ver programas donde parecía que había cultos satánicos escondidos en cualquier pueblo.

Álex: Exacto. Había una especie de "terror satánico" importado en parte de Estados Unidos, pero adaptado aquí. Muchos rumores, sucesos magnificados por algunos medios y una fascinación enorme por lo oculto. No es que España estuviera dominada por satanistas; era más bien una mezcla de miedo, sensacionalismo y cultura popular.

Arancha: Y por eso sitúas el nacimiento del Anticristo en Madrid.

Álex: Claro. Si el Apocalipsis ocurriera de verdad, ¿por qué tendría que empezar en Nueva York o en Jerusalén? Me hacía gracia imaginar que sucediera entre antenas de televisión, edificios en construcción y una ciudad caótica como el Madrid de los noventa.

José Félix deja el cubo de cola en el suelo.

José Félix: Pero el cura de la película no parece el típico héroe.

Álex: Porque quería romper con los clichés. Es un sacerdote que decide hacer el mal para impedir el Mal absoluto. Moralmente es un desastre, pero humanamente resulta cercano. El héroe clásico no habría funcionado.

Arancha: Y luego está el presentador de televisión esotérica…

Álex: Ese personaje resume otra obsesión de la época. Había programas nocturnos sobre ovnis, espiritismo, parapsicología, tarot… Algunos eran rigurosos dentro de sus posibilidades y otros convertían cualquier misterio en espectáculo. Yo exageré todo eso hasta convertirlo en una comedia negra.

José Félix: O sea, que la película se ríe del miedo.

Álex: Exactamente. El miedo siempre funciona mejor cuando también te hace sonreír.

José Félix mira el cartel recién colocado.

José Félix: ¿Y de dónde sacaste tantas ideas? Porque la película parece una mezcla imposible.

Álex sonríe.

Álex: Porque lo es. Bebí de muchísimas fuentes.

Levanta los dedos mientras enumera.

Álex: Del cine fantástico italiano, de directores como Dario Argento o Mario Bava.

Del terror moderno de John Carpenter, especialmente esa mezcla de horror y sentido del espectáculo.

De la violencia estilizada de Sam Raimi.

Del humor absurdo de los cómics españoles.

De la estética punk, el heavy metal y las portadas de discos.

De las novelas de Stephen King.

Y, por supuesto, de clásicos como The Omen, The Exorcist y Rosemary's Baby.

Arancha: También hay mucho cómic.

Álex: Muchísimo. Yo empecé dibujando. Mi manera de encuadrar, de exagerar los personajes y de convertir Madrid en una ciudad casi fantástica viene directamente del lenguaje del cómic.

José Félix permanece unos segundos en silencio.

José Félix: Entonces… cuando yo veía la película pensaba que todo aquello era una locura inventada.

Álex: Lo era… pero construida con piezas reales. Coges el miedo al fin del milenio, las teorías conspirativas, el sensacionalismo televisivo, la cultura del heavy metal, el cine de terror clásico y el humor español. Lo mezclas todo… y obtienes una historia donde el Anticristo puede nacer en una Nochebuena cualquiera.

Arancha sonríe.

Arancha: En el fondo, la película dice que el verdadero caos ya estaba aquí antes de que llegara el Diablo.

Álex asiente.

Álex: Exacto. El demonio sólo tenía que aparecer en una sociedad que ya vivía rodeada de ruido, televisión, consumismo y supersticiones. Ese era el verdadero paralelismo. No hablaba tanto del fin del mundo como de la España que estaba entrando en el siglo XXI con todos sus miedos y contradicciones.

José Félix observa el cartel recién pegado.

José Félix: Pues visto así… da más miedo la realidad que la propia Bestia.

Álex sonríe.

Álex: Esa era precisamente la idea.

El ambiente en el teatro se ha vuelto más tranquilo. Afuera empieza a anochecer. José Félix coloca el último cartel mientras intenta no mirar demasiado a Arancha. Ella, sin darse cuenta o fingiendo no darse cuenta, le acerca un café.

Arancha: Toma. Llevas toda la tarde pegando carteles.

José Félix sonríe con timidez.

José Félix: Gracias...

Álex observa la escena con una sonrisa apenas perceptible antes de retomar la conversación.

Álex: Hay otra cosa que explica por qué El día de la Bestia conectó con tanta gente. No apareció en el vacío. Llegó cuando la sociedad llevaba años oyendo historias sobre satanismo.

José Félix: ¿Historias de verdad?

Álex: Algunas sí. Otras eran exageraciones. Y otras acabaron demostrando que nunca existieron.

Hace una pausa.

Álex: Mira Estados Unidos. El juicio de la guardería Ray Buckey y el llamado caso McMartin Preschool. Durante años hubo acusaciones de túneles secretos, sacrificios rituales, vuelos en escoba... La prensa convirtió aquello en un espectáculo enorme. Al final, después de uno de los procesos judiciales más largos y caros de la historia del país, nadie pudo demostrar aquellas supuestas ceremonias satánicas.

Arancha: O sea... el miedo acabó siendo más poderoso que las pruebas.

Álex: Exactamente.

Se inclina hacia delante.

Álex: En Italia ocurrió algo parecido con el llamado caso de Bassa Modenese. Durante los noventa y principios de los dos mil circularon acusaciones terribles sobre supuestas redes satánicas y abusos rituales. Fue un escándalo enorme, muy mediatizado, y con el tiempo muchas actuaciones judiciales y testimonios quedaron profundamente cuestionados. Ahí ves cómo el miedo colectivo puede llegar a deformar la realidad.

José Félix escucha fascinado.

José Félix: ¿Y aquí?

Álex asiente.

Álex: Aquí también hubo sucesos que alimentaban ese ambiente. Por ejemplo, el caso de las llamadas "brujas de San Fernando", Iria y Raquel. Más allá de los hechos investigados por la justicia, muchos medios insistían una y otra vez en presentarlo todo bajo una estética de satanismo, rituales y ocultismo. Aquello vendía muchísimo.

Arancha: La televisión parecía disfrutar asustando a la gente.

Álex: Porque el miedo da audiencia.

Hace otra pausa.

Álex: Luego vino el asesinato cometido por Javier Rosado. Fue un crimen real, brutal, pero enseguida apareció otro fenómeno: parte de la opinión pública señaló al rol, la literatura fantástica y determinadas aficiones juveniles como si fueran responsables del asesinato. Era otra forma de buscar un demonio sencillo.

José Félix frunce el ceño.

José Félix: Como si fuera más fácil culpar a un juego que entender por qué una persona mata.

Álex: Exacto.

Álex golpea suavemente la mesa.

Álex: Y ahí está el paralelismo con El día de la Bestia. La película juega constantemente con esa necesidad de encontrar culpables sobrenaturales. Mientras todos buscan al Diablo, casi nadie mira la televisión basura, la codicia, el fanatismo o la estupidez humana.

Arancha sonríe.

Arancha: Al final el Mal siempre parece mucho más... cotidiano.

Álex: Esa era la gracia. El Anticristo podía nacer entre anuncios luminosos, tertulias nocturnas y centros comerciales.

José Félix mira a Arancha un instante más de lo debido.

Ella levanta la vista.

Durante apenas dos segundos ninguno dice nada.

Álex carraspea con una media sonrisa.

Álex: También por eso quise que los protagonistas fueran personas normales. Gente que se cruza cada día sin darse cuenta de lo importantes que pueden llegar a ser unos para otros.

José Félix baja inmediatamente la mirada.

José Félix: Supongo que... a veces uno tarda mucho en decir ciertas cosas.

Arancha mantiene la taza entre las manos.

Arancha: ¿Como cuáles?

José Félix vacila.

José Félix: Nada... tonterías.

Álex contempla la escena como si estuviera viendo un plano de una película.

Álex: El cine fantástico funciona igual que la vida. Todos creen que la historia trata del Diablo... y, al final, descubres que lo que realmente te importa es quién estaba sentado a tu lado todo ese tiempo.

Arancha sonríe con una ternura casi imperceptible.

No responde.

Pero, al levantarse para irse, recoge sin decir una palabra el cubo de cola de José Félix para ayudarle.

Él tarda un segundo en reaccionar.

Después caminan juntos hacia la puerta del Social, hablando de cosas sin importancia.

Álex los observa alejarse y murmura para sí:

—Siempre he pensado que las historias de terror funcionan mejor cuando, debajo de toda la sangre y todos los demonios, hay alguien enamorado que todavía no se atreve a decirlo.

Álex deja la taza sobre el plato.

Álex: Hay una cosa que siempre me ha divertido de la película y que mucha gente pasa por alto.

José Félix: ¿Cuál?

Álex: Que el espectador entra esperando una historia donde el peligro venga de pentagramas, invocaciones y sacrificios. Pero enseguida descubre otra cosa.

Arancha lo mira con curiosidad.

Arancha: ¿Que el auténtico infierno está en la calle?

Álex asiente.

Álex: Exacto. Los héroes son dos personas que, según muchos prejuicios de la época, no deberían ser héroes.

Levanta dos dedos.

Álex: Un sacerdote católico que cree hasta las últimas consecuencias en el bien, aunque tenga que ensuciarse las manos para impedir un mal mayor...

...y un heavy metalero, ruidoso, extravagante y lleno de tatuajes, al que la sociedad probablemente miraría con desconfianza.

José Félix sonríe.

José Félix: El que todos señalarían como sospechoso.

Álex: Justo. Durante aquellos años había quien asociaba el heavy con el satanismo, la violencia o las sectas. A mí me hacía gracia darle la vuelta: el supuesto "adorador del Diablo" acaba siendo quien se juega la vida para salvar a los demás.

Arancha: Mientras que quienes parecen respetables...

Álex completa la frase.

Álex: ...no siempre lo son.

Se queda pensativo unos segundos.

Álex: Hay una escena que resume muy bien la idea.

José Félix: Los cabezas rapadas.

Álex asiente despacio.

Álex: Sí. No aparecen como caricaturas sobrenaturales. Son seres humanos que han elegido el odio. Persiguen inmigrantes, atacan a quienes consideran débiles y convierten la violencia en una forma de identidad.

Hace un gesto con la mano.

Álex: Ahí está el verdadero demonio. No hace falta que tenga cuernos.

Arancha baja la mirada.

Arancha: Porque el mal auténtico no necesita magia.

Álex: Exacto. Puede vestir botas militares, llevar la cabeza rapada y creer que pegar a un extranjero o a alguien indefenso le convierte en más fuerte.

José Félix recuerda la escena.

José Félix: Y el cura y el heavy son quienes se enfrentan a ellos.

Álex: Porque me interesaba desmontar prejuicios. El sacerdote representa la compasión. El heavy representa a una subcultura demonizada injustamente. Los violentos representan el odio organizado.

Sonríe.

Álex: Eso tiene más fuerza dramática que poner simplemente un monstruo con cuernos.

José Félix mira de reojo a Arancha.

José Félix: Es curioso...

Arancha: ¿Qué?

José Félix: Que quienes hablan continuamente del Demonio casi nunca ven el mal cuando lo tienen delante.

Álex señala a José Félix con el dedo.

Álex: Esa frase podría haber estado en el guion.

Hace una pausa antes de concluir.

Álex: Siempre pensé que el Anticristo era una excusa narrativa. El espectador entra buscando al Diablo y termina encontrándose con algo más incómodo: la intolerancia, el fanatismo y la violencia que ejercen personas corrientes. El monstruo sobrenatural pertenece al cine. Los monstruos capaces de perseguir al diferente, al inmigrante o al más vulnerable pertenecen a la realidad.

El silencio dura unos segundos.

Arancha rompe la tensión con una sonrisa dirigida a José Félix.

Arancha: Al final va a resultar que los dos héroes más improbables de Madrid eran un cura... y un heavy.

José Félix sonríe.

José Félix: Supongo que los héroes casi nunca se parecen a los de los carteles.

Álex los mira a ambos con una expresión cómplice.

Álex: Ni los demonios tampoco. Ahí estaba la verdadera película. El Apocalipsis era el envoltorio; el corazón de la historia era preguntarse quién decide proteger a los demás y quién decide convertir el odio en una forma de vida.

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