El viajero del tiempo y Marco Polo en Venecia
Personajes:
- Marco Polo, recién regresado de su largo viaje por Asia.
- El viajero del tiempo, un visitante del futuro que sabe demasiado sobre la historia de Marco Polo.
Escena: Venecia, finales del siglo XIII.
Una tarde húmeda, junto a un canal. Marco Polo acaba de regresar de Oriente. Está cansado, pero observa con curiosidad los barcos que entran y salen del puerto. De repente, aparece ante él un extraño vestido de una manera que no se parece a ninguna moda conocida.
VIAJERO: ¿Marco Polo?
MARCO POLO: Depende de quién pregunte.
VIAJERO: Alguien que viene de muy lejos.
MARCO POLO: ¿De Constantinopla?
VIAJERO: Mucho más lejos. Del futuro.
MARCO POLO: (Lo mira de arriba abajo.) Entonces supongo que en tu época las personas siguen diciendo cosas extrañas para llamar la atención.
VIAJERO: Algunas cosas no cambian. Pero he venido a preguntarte por tu viaje. Hay algo que me intriga muchísimo.
MARCO POLO: Pregunta.
VIAJERO: Los macarrones. ¿Por qué no trajiste los macarrones de China a Europa?
MARCO POLO: ¿Los macarrones? ¡Ah! Ya entiendo la historia que contará tu época. Pero espera: yo no descubrí la pasta para los europeos ni la traje desde China. En China encontré alimentos hechos con masas y fideos, pero eso no significa que allí naciera la pasta italiana.
VIAJERO: Entonces, ¿la historia de que Marco Polo introdujo los espaguetis en Italia es falsa?
MARCO POLO: Digamos que es una historia muy cómoda. En Italia ya existían preparaciones de pasta antes de mi regreso. Y en Asia había desde mucho antes diversas clases de fideos. No todo alimento parecido tiene un único inventor.
VIAJERO: Primera sorpresa. Segunda: el aceite de roca. ¿Qué sabes de él?
MARCO POLO: En Oriente vi sustancias negras y aceitosas que salían de la tierra, y también escuché hablar de fuentes de un líquido inflamable. En algunas regiones se empleaban para encender fuego, impermeabilizar o para otros usos. ¿Lo llamas "aceite de roca"?
VIAJERO: Sí. Petróleo.
MARCO POLO: Entonces ya veo que en tu tiempo le habéis encontrado muchos más usos.
VIAJERO: Bastantes. Y algunos han cambiado el mundo.
MARCO POLO: Eso suena peligroso.
VIAJERO: Lo es.
(El viajero hace una pausa.)
VIAJERO: Ahora viene una cuestión que siempre me ha intrigado. Se dice que fuiste gobernador de una ciudad china durante tres años.
MARCO POLO: ¿Gobernador? No exactamente.
VIAJERO: ¿Entonces nunca gobernaste Yangzhou?
MARCO POLO: Esa afirmación aparece en relatos posteriores sobre mi vida, pero no debes confundir una tradición con una certeza. En mis viajes estuve relacionado con la administración de Kublai Kan y conocí muchos asuntos de su imperio. Pero no puedo presentarme como gobernador de Yangzhou durante tres años como si fuera un hecho indiscutible.
VIAJERO: Así que la historia se ha exagerado.
MARCO POLO: Las historias sobre los viajeros suelen crecer después de que estos regresan a casa.
VIAJERO: Eso explica muchas cosas. Pero hay algo más. En tus relatos hablas de China y de sus costumbres. ¿Por qué no cuentas algo tan llamativo como que algunas mujeres tenían los pies reducidos?
MARCO POLO: Porque no todo lo que existe en un país aparece necesariamente en un relato de viaje. Además, la costumbre de vendar los pies no estaba extendida por toda China de la misma manera ni en todos los grupos sociales. Era una práctica especialmente vinculada a ciertos sectores y regiones.
VIAJERO: Pero hoy mucha gente espera encontrarlo en tu libro.
MARCO POLO: Mi libro no es una enciclopedia de China. Es el relato de lo que vi, escuché y consideré digno de contar. Y recuerda algo importante: una cosa es que una costumbre exista y otra que un viajero extranjero la describa.
VIAJERO: Entonces, ¿por qué tampoco mencionas la Gran Muralla?
MARCO POLO: Porque la gran construcción defensiva que vosotros imagináis hoy no era entonces exactamente la misma que conocéis. Muchas de las secciones más famosas de la Gran Muralla fueron construidas o reconstruidas siglos después de mi viaje, especialmente durante la dinastía Ming.
VIAJERO: Eso es importante.
MARCO POLO: Mucho. Si en tu época imagináis una enorme muralla continua atravesando China y suponéis que yo debía verla tal como existe hoy, estáis proyectando el futuro sobre mi pasado.
VIAJERO: Touché. ¿Y los palillos? ¿Ni siquiera eso?
MARCO POLO: ¿Qué quieres que diga? Naturalmente conocí formas diferentes de comer y utensilios que no eran habituales en Venecia. Pero que una costumbre sea común no significa que deba ocupar un capítulo entero. Además, los relatos que llegaron a tu época fueron copiados, traducidos y modificados muchas veces.
VIAJERO: ¿Y el té?
MARCO POLO: El té era conocido en China, por supuesto. Pero mi relato no pretende registrar cada bebida que probé. Si esperas que mi libro sea una guía turística moderna, tendrás que esperar unos siglos.
VIAJERO: (Sonríe.) En realidad, eso me lleva a la última pregunta. El papel moneda.
MARCO POLO: Ah, eso sí que merece ser contado.
VIAJERO: ¿Te sorprendió?
MARCO POLO: Muchísimo. Imagina una sociedad donde el emperador puede ordenar que un trozo de papel represente un valor y sea aceptado para comprar mercancías. Para un mercader veneciano acostumbrado a monedas de metal, parece casi magia.
VIAJERO: ¿Y funcionaba?
MARCO POLO: Funcionaba porque el poder del Gran Kan garantizaba su aceptación. El Estado controlaba la emisión y podía obligar a los comerciantes a aceptar ese dinero. También podía cambiar monedas y metales preciosos por papel emitido por las autoridades.
VIAJERO: En el futuro habrá bancos, billetes, bancos centrales...
MARCO POLO: ¿"Billetes"?
VIAJERO: Dinero de papel.
MARCO POLO: Entonces quizá no os pareció tan extraño después de todo.
VIAJERO: No. Pero la gran diferencia es que nosotros creemos que el dinero funciona porque todos aceptamos que representa un valor.
MARCO POLO: Entonces habéis descubierto algo que los chinos ya sabían: el dinero no vale solamente por el material del que está hecho.
(Marco mira al extraño visitante con atención.)
MARCO POLO: Dime una cosa. Si vienes del futuro, ¿cómo recuerdan a Marco Polo?
VIAJERO: Como un gran viajero. Aunque también como un hombre al que se le atribuyen cosas que quizá nunca hizo.
MARCO POLO: (Ríe.) Entonces parece que, después de todo, mi viaje tuvo éxito.
VIAJERO: ¿Por qué?
MARCO POLO: Porque si siglos después seguís discutiendo sobre lo que vi, lo que no vi y lo que conté, significa que todavía os interesa.
VIAJERO: Eso es verdad.
MARCO POLO: Y ahora dime, viajero del futuro: ¿qué es lo más extraño de vuestra época?
VIAJERO: Que todavía discutimos si Marco Polo dijo la verdad.
MARCO POLO: (Sonríe.) Entonces no hemos cambiado tanto.
El viajero desaparece entre una nube de luz. Marco Polo se queda mirando el canal.
MARCO POLO: Y yo que pensaba que ya había visto suficientes cosas extrañas en Oriente...




