jueves, 22 de octubre de 2026

Homenaje a los 11 guardacostas americanos muertos en el buque patrullero de escolta USCGC Tampa (1918).

 


El USCGC Tampa: homenaje a los once marineros muertos en la Primera Guerra Mundial

La historia del guardacostas estadounidense Tampa es una de las tragedias navales más graves sufridas por la Marina de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. El buque desapareció el 26 de septiembre de 1918, mientras escoltaba un convoy aliado por el Canal de Bristol, en aguas británicas, tras ser torpedeado por un submarino alemán.

Murieron sus 131 tripulantes y pasajeros militares, entre ellos marineros de la Marina estadounidense, miembros de la Guardia Costera y personal de la Marina Real británica. Por tanto, hay una precisión histórica importante: no fueron once las víctimas totales del Tampa. La cifra de once podría corresponder a un grupo concreto de fallecidos, pero es necesario verificar a qué grupo se refiere antes de atribuirles nombres o presentar una ceremonia de condecoración como un hecho documentado.

1. Los once guardacostas afroamericanos

La documentación histórica de la Guardia Costera estadounidense identifica a estos once hombres como los tripulantes negros del Tampa. Fueron reconocidos póstumamente con el Corazón Púrpura (Purple Heart), y constituyen un grupo de especial relevancia en la historia de la integración racial en las fuerzas armadas estadounidenses.

Noticias de la Guardia Costera
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N.º

Nombre documentado

1

James Jenkins Adams

2

Herman A. Carmichael

3

William Benson Clements

4

Herrick Leopold Evans

5

William Holland

6

Maurice Hutton

7

Eston Drew Legree

8

Perry Roberts

9

William Weech

10

Francis Le-Roy Wilkes

11

James Cristopher Wilkie.

2. Discurso conmemorativo de un oficial de Estado Mayor de la Marina

El siguiente texto es una recreación ceremonial, no una transcripción histórica. Está redactado con el tono solemne de un oficial que presenta la concesión póstuma de las medallas. La ceremonia real de concesión del Corazón Púrpura a la tripulación tuvo lugar en el Cementerio Nacional de Arlington el 11 de noviembre de 1999, más de ochenta años después del hundimiento.

mycg.uscg.mil
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DISCURSO DE HOMENAJE A LOS MARINEROS DEL GUARDACOSTAS TAMPA

Ceremonia de entrega póstuma del Corazón Púrpura

Señoras y señores, representantes de la Marina de los Estados Unidos y de la Guardia Costera, familiares de los caídos y ciudadanos presentes:

Nos reunimos hoy para rendir homenaje a unos hombres cuyo sacrificio quedó inscrito para siempre en la historia de nuestra nación. Hombres que sirvieron con honor, que cumplieron su deber en tiempos de guerra y que entregaron sus vidas en defensa de sus compañeros, de sus aliados y de la libertad de los pueblos.

El 26 de septiembre de 1918, cuando la Primera Guerra Mundial se acercaba a su desenlace, el guardacostas Tampa navegaba por las peligrosas aguas del Canal de Bristol. Había cumplido su misión de escoltar convoyes aliados y se dirigía hacia Milford Haven, en Gales. Aquella noche, un torpedo disparado por el submarino alemán UB-91 alcanzó el buque.

En cuestión de minutos, el Tampa desapareció bajo las aguas. Ninguno de los hombres que se encontraban a bordo sobrevivió.

Entre ellos estaban once guardacostas afroamericanos que habían servido a su país en una época en la que los prejuicios raciales todavía imponían barreras profundas dentro de la sociedad y de las instituciones militares.

Sus nombres fueron James Jenkins Adams, Herman A. Carmichael, William Benson Clements, Herrick Leopold Evans, William Holland, Maurice Hutton, Eston Drew Legree, Perry Roberts, William Weech, Francis Le-Roy Wilkes y James Cristopher Wilkie.

Hoy pronunciamos sus nombres para que no queden relegados al silencio de los archivos ni a la oscuridad de las profundidades marinas.

El Corazón Púrpura que se les concede póstumamente no puede devolverles la vida, ni compensar a sus familias por la pérdida sufrida. Pero constituye el reconocimiento solemne de una deuda de honor. Es el símbolo de una nación que reconoce que el valor, el servicio y el sacrificio no conocen distinciones de raza, origen o condición social.

Estos hombres compartieron los peligros del mar, la responsabilidad de la misión y el destino de sus compañeros. Su servicio pertenece a la historia común de todos los estadounidenses.

Por ello, en nombre de quienes sirven bajo nuestra bandera, honramos su memoria y reconocemos el sacrificio de cada uno de ellos. Que sus familias sepan que su pérdida no ha sido olvidada y que las generaciones futuras conocerán sus nombres.

Durante décadas, el lugar exacto donde reposaba el Tampa permaneció perdido en el océano. El mar guardó sus secretos, mientras sus familias y nuestra institución conservaron su recuerdo.

Hoy reafirmamos nuestro compromiso de recordar a quienes no regresaron, de preservar su historia y de transmitir su legado a quienes vendrán después de nosotros.

A los once guardacostas afroamericanos, a sus compañeros de tripulación y a todos los hombres que perecieron aquella noche: les debemos nuestro respeto, nuestra gratitud y nuestra memoria.

Que descansen en paz.

Que nunca olvidemos el sacrificio del Tampa.

Muchas gracias.

3. La noticia: el pecio del Tampa ha sido localizado


El equipo británico de buceo técnico Gasperados localizó los restos que fueron confirmados como pertenecientes al Tampa, tras tres años de investigación y exploración. El pecio se encuentra aproximadamente a 80 kilómetros de Newquay, en Cornualles, a más de 90 metros de profundidad.

August 2026, Volume 40, Number 4
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Información adicional: ·

El descubrimiento tiene una importancia histórica extraordinaria: por fin se conoce el lugar donde descansa el buque que sufrió la mayor pérdida de vidas estadounidenses en un solo hundimiento de combate naval durante la Primera Guerra Mundial. Murieron los 131 hombres que se encontraban a bordo, incluidos 111 guardacostas estadounidenses, cuatro miembros de la Marina estadounidense y personal británico militar y civil. Las fuentes oficiales y periodísticas presentan algunas diferencias en la clasificación de los pasajeros británicos, pero coinciden en la pérdida total de la tripulación y los ocupantes.

Historial Naval de EE. UU.
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La Guardia Costera estadounidense ha colaborado en la investigación facilitando documentos históricos e imágenes del buque, incluidos elementos de su cubierta, el timón y el armamento. La localización abre nuevas posibilidades para investigar el naufragio y honrar a los fallecidos, aunque no significa que los restos de cada tripulante hayan sido recuperados o identificados.

4. Una precisión histórica importante

El Corazón Púrpura no se entregó a los hombres del Tampa en 1918: la condecoración se restituyó en 1932 y su concesión se amplió posteriormente para incluir a los guardacostas. Tras una iniciativa para reconocer a la tripulación, la concesión póstuma fue autorizada en 1999. Los once marineros afroamericanos fueron reconocidos como los primeros guardacostas pertenecientes a una minoría racial que murieron en combate y recibieron esta condecoración.

mycg.uscg.mil
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Si el discurso va a utilizarse en una ceremonia, documental o publicación histórica, conviene presentarlo como una recreación literaria basada en hechos documentados, y no como palabras pronunciadas realmente por un oficial en 1918.

El naufragio del Blessing of Burtisland (1633).

 


LA GACETA DEL REINO

Noticias extraordinarias de la Corte, la Mar y los Dominios de Su Majestad

Edición extraordinaria — Año del Señor de 1633


PRIMERA NOTICIA

¡TERRIBLE NAUFRAGIO EN EL ESTUARIO DEL FORTH! PÉRDESE LA PLATA DEL REY CARLOS I EN LAS AGUAS DE ESCOCIA

Edimburgo, julio de 1633. — Una desgracia de extraordinaria magnitud ha venido a turbar los festejos y regocijos con que se celebra la reciente coronación de nuestro soberano Carlos, primero de su nombre, cuyo viaje a las tierras de Escocia debía manifestar la unión de sus dominios y la grandeza de la Casa Estuardo.

Ha llegado a esta ciudad la infausta nueva de que la nave conocida por el nombre de Bendición de Burtisland, destinada al transporte de los caudales, alhajas y bienes de la Real Casa, ha perecido en las aguas del estuario del Forth, sorprendida por un temporal de inusitada violencia.

Según refieren algunos marineros y vecinos de la costa, la embarcación había partido con carga de gran valor, llevando consigo piezas de plata labrada, monedas, ornamentos y otros efectos pertenecientes a Su Majestad. Dícese que la fortuna perdida alcanza suma tan considerable que bastaría para sostener por largo tiempo los gastos de la Corte y de sus servidores.

Mas no es solamente el tesoro lo que mueve a espanto y lamentación. Las primeras relaciones aseguran que viajaban en la nave numerosas personas de servicio y marineros, de los cuales apenas unos pocos habrían escapado a la furia de las aguas. No se conoce todavía con certidumbre el número de los fallecidos, y las familias aguardan noticias con el corazón oprimido.

El tesoro de la Corona, sepultado bajo las olas

Los oficiales de la Real Casa guardan gran reserva sobre la naturaleza exacta de los bienes perdidos. Sin embargo, personas próximas al séquito aseguran que entre ellos había vajilla de gran riqueza, monedas de oro y plata, vestidos ceremoniales y otras piezas destinadas a honrar la majestad del soberano durante su estancia en el reino septentrional.

Algunos comerciantes de los puertos próximos han expresado su temor de que la carga repose ahora entre rocas y bancos de arena, donde la profundidad, las corrientes y la escasa visibilidad hacen casi imposible toda empresa de rescate.

Los pescadores, interrogados a su regreso, describen un mar encrespado y un viento que mudó de dirección con sorprendente rapidez. Afirman que la nave, cargada hasta los límites de su capacidad, poco pudo hacer frente a semejante tempestad.

Por orden de las autoridades se espera que sean examinadas las circunstancias del desastre y que se averigüe si hubo negligencia en la preparación del viaje o si, por el contrario, fue la voluntad inescrutable de la Providencia la que dispuso tan amarga pérdida.

La coronación de un rey para dos reinos

El desastre sobreviene en momento señalado. Nuestro soberano Carlos, hijo del difunto Jacobo Estuardo, ha sido recibido en Escocia con ceremonias y solemnidades extraordinarias, habiendo acudido a estas tierras para ser coronado conforme a las antiguas costumbres de sus antepasados.

Ya había recibido la corona de Inglaterra en Westminster, el segundo día de febrero de 1626; mas los representantes escoceses insistieron en que debía asimismo recibir la corona de su reino natal. La ceremonia escocesa tuvo lugar el 18 de junio de este año en la iglesia de la abadía de Holyrood, en Edimburgo, con asistencia de nobles, prelados y dignatarios. [1]

Tal ceremonia pretende confirmar la autoridad del monarca sobre ambos reinos y fortalecer la causa de quienes desean verlos unidos bajo una misma Corona. Aunque las leyes y los parlamentos de Inglaterra y Escocia permanecen distintos, la persona del soberano constituye el vínculo que los reúne.

No faltan, sin embargo, voces que murmuran contra el coste de tan magníficos festejos ni contra ciertas ceremonias religiosas introducidas por voluntad real. Entre algunos ministros escoceses existe descontento por la presencia de obispos y por el ceremonial de inspiración anglicana empleado durante la coronación.

Así, mientras las campanas celebran la dignidad del monarca, las aguas del Forth parecen haber reclamado una porción de su riqueza.

¿Podrá recuperarse la plata real?

Por ahora, las esperanzas de rescate son escasas. Los hombres experimentados en la navegación advierten que cualquier intento de explorar el fondo del estuario deberá esperar condiciones favorables y requerirá embarcaciones apropiadas, buzos valerosos y medios que acaso excedan los recursos ordinarios de los puertos vecinos.

Con todo, se dice que ciertos mercaderes y aventureros ya consideran la posibilidad de hallar el lugar donde descansa la nave. Para ellos, el riesgo de la empresa se ve compensado por la esperanza de recuperar parte de una fortuna que pertenece a la Corona.

La Bendición de Burtisland podría haber desaparecido de la superficie del mar, pero su carga seguirá despertando codicia, temor y esperanza durante generaciones.

Que Dios guarde al Rey y tenga misericordia de las almas perdidas.

Nota de la redacción moderna: esta noticia recrea el estilo periodístico del siglo XVII. El naufragio histórico conocido corresponde al buque llamado en inglés Blessing of Burntisland, perdido durante el viaje real de 1633. Los detalles narrativos y el título de la gaceta son recreaciones literarias.


SEGUNDA NOTICIA

CASI CUATROCIENTOS AÑOS BAJO EL MAR: EL ARQUEÓLOGO NAVAL KINGSLEY PERSIGUE EL TESORO PERDIDO DE CARLOS I

Burntisland, Escocia — 21 de octubre de 2026

Una investigación submarina reabre uno de los grandes misterios marítimos de la historia escocesa. La búsqueda de una nave cargada de bienes de la Corona avanza gracias a nuevas técnicas de exploración, mientras los especialistas tratan de confirmar la identidad de los restos.

Casi cuatro siglos después de que una embarcación cargada con bienes de la Casa Real desapareciera en las aguas del estuario del Forth, el arqueólogo naval Kingsley dirige una nueva fase de investigación para determinar si los restos localizados frente a la costa de Fife pertenecen a la legendaria Bendición de Burtisland.

El proyecto se desarrolla en un escenario particularmente difícil: fondos cubiertos de sedimentos, corrientes cambiantes y una visibilidad submarina que puede reducirse a unos pocos metros. Allí, bajo capas de arena y limo, podría encontrarse la respuesta a una de las preguntas más persistentes de la historia marítima escocesa.

Una pérdida que comenzó con la pompa real

En 1633, Carlos I emprendió un viaje a Escocia para recibir la corona de su reino natal. El desplazamiento exigió una importante organización logística: mientras el monarca y parte de su séquito realizaban el trayecto por separado, otra embarcación transportaba equipajes y bienes de gran valor.

La nave Blessing of Burntisland naufragó durante una travesía del estuario del Forth, en circunstancias meteorológicas adversas. Los relatos históricos atribuyen al desastre una carga extraordinariamente valiosa, además de una elevada pérdida de vidas humanas.

El cargamento habría incluido monedas, joyas, vestimentas y una vajilla de plata relacionada con la historia de la monarquía inglesa. Su valor contemporáneo se ha estimado en unas cien mil libras, una cantidad fabulosa para la época.

El paso de los siglos, sin embargo, convirtió el accidente en un enigma. La madera quedó expuesta a la acción del mar; los objetos metálicos pudieron dispersarse; y los sedimentos fueron cubriendo progresivamente cualquier señal visible del casco.

Kingsley y el desafío de leer el fondo marino

El arqueólogo Kingsley, personaje de esta reconstrucción periodística, sostiene que la clave no consiste en buscar un tesoro aislado, sino en identificar un conjunto coherente de restos.

Su equipo combina cartas náuticas antiguas, documentación histórica, registros de navegación y técnicas modernas de prospección. El objetivo es localizar anomalías en el lecho marino y determinar cuáles pueden corresponder a una estructura construida por el hombre.

La investigación se organiza en varias etapas:

Primera: reconstruir la ruta. Los investigadores cotejan los relatos del viaje real con las condiciones geográficas del estuario, intentando establecer qué trayectoria pudo seguir la embarcación antes de hundirse.

Segunda: examinar el fondo. Los sistemas de exploración geofísica permiten identificar posibles estructuras enterradas bajo los sedimentos. Los instrumentos no revelan por sí solos la identidad de un barco, pero ayudan a delimitar áreas de interés.

Tercera: estudiar las muestras. Cuando la legislación y la conservación lo permiten, los especialistas examinan fragmentos de madera y otros materiales para conocer su antigüedad, procedencia y relación con la navegación del siglo XVII.

Cuarta: confirmar la identidad. La prueba definitiva requerirá relacionar la arquitectura naval, la datación, los objetos asociados y la documentación histórica. Un casco antiguo, por sí solo, no demuestra que se trate de la nave buscada.

El tesoro no es la única recompensa

La posibilidad de recuperar plata y joyas despierta un interés considerable, pero los arqueólogos advierten que el valor científico del yacimiento puede ser aún mayor.

La disposición de los restos, los elementos de construcción y los objetos cotidianos podrían revelar cómo se organizaba el transporte de la Casa Real, qué mercancías acompañaban los desplazamientos de la corte y cómo eran las embarcaciones de servicio que surcaban las aguas escocesas.

También existe una cuestión jurídica: si el barco transportaba bienes de la Corona, la propiedad de los objetos recuperados no puede darse por supuesta. Antes de extraer piezas será necesario determinar quién tiene derechos sobre ellas y qué medidas de protección exige la legislación aplicable.

Por ello, Kingsley propone avanzar con prudencia. Una extracción precipitada podría destruir precisamente la información que los investigadores llevan décadas intentando recuperar.

Una identificación todavía pendiente

La expectación es grande, pero el equipo mantiene la cautela. Las señales detectadas en el fondo marino pueden resultar compatibles con un naufragio de época, aunque la identificación definitiva exige pruebas convergentes.

El verdadero éxito de la expedición no consistirá únicamente en sacar a la superficie un objeto de plata, sino en demostrar, con evidencias verificables, que los restos pertenecen a la embarcación desaparecida en 1633.

Si las investigaciones culminan favorablemente, el hallazgo permitirá reconstruir un episodio en el que se cruzan la historia de la monarquía, la navegación comercial, la tragedia humana y la arqueología submarina.

Por ahora, el Forth conserva sus secretos. Y mientras Kingsley y su equipo continúan examinando el lecho marino, la Bendición de Burtisland permanece suspendida entre dos mundos: el de los documentos antiguos y el de las respuestas que aún aguardan bajo el agua.

La búsqueda continúa. El tesoro, si todavía existe, deberá esperar a que la ciencia hable antes que la leyenda.

Nota de la redacción moderna: Kingsley y su expedición se presentan como recursos narrativos. La investigación real sobre el naufragio de la Blessing of Burntisland ha sido impulsada por el grupo patrimonial Burntisland Heritage, que comunicó en 2026 indicios de una posible localización mediante técnicas de prospección submarina y análisis de muestras. La identificación definitiva y la recuperación de objetos requieren confirmación arqueológica y autorización de las autoridades competentes.

Una historia de piratas y oro peruano en la Isla de Cocos.

 

El tesoro perdido de Lima: piratas, ejecuciones y una fortuna enterrada en la isla del Coco

Reportaje histórico | Independencia de Hispanoamérica, 1822-actualidad

Parque Nacional Isla del Coco / Cocos Island National Park - COSTA RICA. | Cocos island, Visit costa rica, Island

8 Lost Treasures From History Still Waiting To Be Found | All About History

Pocas historias de tesoros perdidos reúnen tantos ingredientes como la del llamado tesoro de Lima: la crisis final del dominio español en Perú, una evacuación marítima cargada de oro y piedras preciosas, una supuesta traición a bordo, ejecuciones en Panamá y una isla volcánica del Pacífico que, dos siglos después, sigue alimentando la imaginación de los buscadores de fortuna.

Según la tradición, en 1822 una parte de las riquezas acumuladas en Lima fue embarcada para ponerla a salvo de los independentistas. La custodia del cargamento habría recaído en una tripulación encabezada por el capitán William Thompson y su segundo, identificado en los relatos como James Alexander Forbes. Pero los hombres que debían transportar la fortuna habrían decidido apropiársela, asesinando o abandonando a sus custodios y desviando el barco hacia la isla del Coco, frente a las costas de Costa Rica.

Allí comienza el misterio: ¿cuánto oro había realmente?, ¿qué parte del relato puede demostrarse con documentos?, ¿cómo llegó la historia hasta los buscadores del siglo XX y qué ocurrió con los supervivientes de la expedición?

Conviene distinguir desde el principio entre los hechos históricos verificables, las versiones transmitidas por cronistas posteriores y las leyendas que se fueron añadiendo con el paso del tiempo. El tesoro de Lima es un caso especialmente interesante porque esas tres capas se han mezclado hasta resultar difíciles de separar.

1. Lima, 1820-1821: la fortuna que no debía caer en manos independentistas

File:CATEDRAL DE LIMA (FISQUET 1846).jpg - Wikimedia Commons

Para entender la desaparición del tesoro hay que retroceder al derrumbe del virreinato del Perú. La expedición libertadora dirigida por José de San Martín había desembarcado en Perú en 1820. La posición española se debilitaba y Lima, capital política y administrativa del poder colonial, corría el riesgo de perder el control de sus recursos.

Las autoridades realistas temían que las reservas de oro y plata, junto con las riquezas de las iglesias, acabaran en manos de los independentistas. En ese contexto sitúa la tradición la decisión de embarcar el tesoro a bordo del bergantín mercante británico Mary Dear, al mando de William Thompson. Las versiones más difundidas atribuyen la operación al virrey Joaquín de la Pezuela, aunque otras narraciones la relacionan con las autoridades virreinales que gobernaban durante la evacuación.

National Geographic
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El cargamento descrito en los relatos era extraordinario. No se trataba únicamente de monedas: incluía plata labrada, joyas, piedras preciosas, objetos litúrgicos y una imagen de la Virgen María de tamaño natural, supuestamente fabricada en oro y adornada con gemas. Algunas versiones hablan de centenares de cofres, entre ellos unos 200 destinados a las piedras preciosas.

Las estimaciones históricas populares oscilan entre 12 y 60 millones de dólares de la época. Son cifras transmitidas por las narraciones del tesoro, no una tasación moderna sustentada en un inventario completo y verificable. Convertirlas directamente en cantidades actuales produce resultados muy diferentes según el método empleado.

Legends and Lore (2)
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La misión de Thompson consistía, según la versión más repetida, en mantener el cargamento fuera del alcance de los revolucionarios hasta que mejorase la situación, o trasladarlo a México para entregarlo a agentes españoles.

El capitán tenía una responsabilidad enorme: no solo transportaba bienes de la Corona, sino también riquezas eclesiásticas cuyo valor material se mezclaba con su importancia religiosa. Para garantizar la custodia, el relato tradicional coloca a bordo varios guardias y dos sacerdotes.

Pero el plan nunca llegó a cumplirse.

2. La traición del Mary Dear

Painting, Attributed To Benjamin Tindall

La narración clásica cuenta que, una vez alejados de la costa peruana, Thompson y sus hombres se rebelaron contra quienes custodiaban el cargamento.

El motivo que suele atribuirse al capitán es tan sencillo como brutal: la fortuna transportada superaba con creces lo que él y sus marineros podían ganar durante toda una vida de trabajo.

Según esa versión, los tripulantes asesinaron a los guardias y arrojaron sus cuerpos al mar. Los sacerdotes que acompañaban el cargamento también habrían sido eliminados. El Mary Dear dejó entonces de ser un mercante encargado de proteger una fortuna y se convirtió, en el relato, en el instrumento de un robo de dimensiones extraordinarias.

National Geographic
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La tripulación se dirigió hacia el norte, rumbo a la isla del Coco, una isla volcánica situada en el Pacífico oriental, a unos 550 kilómetros de la costa de Costa Rica. El lugar ofrecía ventajas evidentes para quienes deseaban desaparecer: vegetación muy densa, relieve accidentado, lluvias frecuentes y escasas posibilidades de que una expedición de búsqueda conociera el terreno.

No sabemos con certeza qué ocurrió a bordo en cada momento. Los diálogos atribuidos a Thompson, las motivaciones personales y algunos detalles dramáticos proceden de relatos posteriores, no de una transcripción conocida de las conversaciones de los marineros.

La distinción es importante: que la historia se haya contado repetidamente no significa que cada uno de sus episodios haya quedado demostrado documentalmente.

3. La isla del Coco: cómo habría desaparecido el oro

Cocos Island - Steckbrief, Infos, Beschreibung & Fotos


La isla del Coco parecía el escondite ideal. Su aislamiento en el Pacífico, la espesura de su selva y la dificultad para orientarse en el interior la convertían en un refugio natural para una tripulación que intentaba ocultar un botín.

Según la versión más conocida, los marineros transportaron el cargamento desde el barco hasta tierra mediante numerosas travesías en embarcaciones menores. Una narración reciente de National Geographic habla de once viajes, de un escondite principal asociado a una cueva y de tres puntos donde se habría enterrado parte del botín, a profundidades aproximadas de entre uno y tres metros. Estos pormenores pertenecen a la reconstrucción tradicional; no constituyen un mapa arqueológico confirmado.

National Geographic
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La operación habría exigido mucho más que enterrar unas cuantas bolsas de monedas. El oro y la plata eran pesados; los cofres llenos de joyas y objetos religiosos resultaban difíciles de transportar; y una estatua de oro de tamaño natural, si realmente formaba parte del cargamento en los términos descritos, habría supuesto una carga considerable.

Los hombres debieron de trabajar en un entorno húmedo, irregular y cubierto de vegetación. La selva ocultaría las excavaciones a distancia, pero también complicaría el regreso al lugar exacto. Un árbol caído, un deslizamiento de tierra o el crecimiento de la vegetación podían alterar las referencias empleadas para orientarse.

El supuesto plan de Thompson era sencillo: dejar el tesoro escondido, regresar al continente, esperar a que disminuyera el interés de las autoridades y volver más adelante para repartirse la riqueza.

El plan, sin embargo, dependía de que nadie descubriera el robo.

Y eso fue precisamente lo que, según la leyenda, ocurrió.

4. La captura y las ejecuciones en Panamá

La versión más difundida cuenta que el Mary Dear fue interceptado por un buque español cuando abandonaba la zona de la isla. Su capitán no habría podido justificar la ausencia del cargamento confiado a Thompson.

El barco y sus hombres fueron conducidos a Panamá, donde la tripulación habría sido procesada por piratería y por el robo de las riquezas que transportaba. La mayoría de los marineros terminó ejecutada en la horca. Thompson y su primer oficial, identificado como James Alexander Forbes, fueron los dos supervivientes de la tripulación a quienes se atribuye una salida distinta.

National Geographic
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Aquí aparece una de las escenas decisivas de la historia.

Ante la perspectiva de correr la misma suerte que sus compañeros, los dos hombres habrían ofrecido a sus captores revelar el escondite del tesoro a cambio de conservar la vida. Los españoles aceptaron la propuesta y organizaron una expedición a la isla del Coco, llevando a los dos prisioneros bajo vigilancia.

Pero la promesa de conducirlos hasta el oro no significaba que Thompson y Forbes tuvieran intención de entregarlo.

Al llegar a la isla, los dos marineros supuestamente fingieron reconocer los alrededores y buscaron las referencias que les permitieran identificar el lugar del enterramiento. En un momento de descuido, se internaron en la selva.

Los españoles los persiguieron durante días o semanas, según la versión consultada, sin conseguir capturarlos. Finalmente, la falta de suministros y la dificultad del terreno habrían obligado a los perseguidores a abandonar la búsqueda.

National Geographic
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Así, la historia desemboca en una paradoja: la ejecución de la mayoría de los tripulantes no permitió recuperar el cargamento y los dos hombres que supuestamente conocían su ubicación escaparon de la justicia.

No obstante, conviene no confundir la coherencia del relato con una demostración documental de cada uno de sus detalles. Las fuentes divulgativas reproducen esta secuencia, pero no todas aportan los expedientes judiciales, las listas de ejecutados o los testimonios originales necesarios para verificarla de forma independiente.

5. ¿Qué fue de Thompson y Forbes?

Parque Nacional Isla del Coco / Cocos Island National Park - COSTA RICA. | Cocos island, Visit costa rica, Island

La suerte de los dos supervivientes constituye otro misterio, aunque las versiones sobre sus vidas posteriores no son idénticas.

William Thompson: el capitán que desapareció de la historia

Según el relato más extendido, Thompson y Forbes lograron sobrevivir durante meses en la isla, alimentándose de cocos, huevos de aves y peces. Finalmente, en 1822, un ballenero que pasó cerca de la costa los habría rescatado. Los dos hombres dijeron que habían naufragado, explicación que les habría permitido ocultar su verdadera historia.

National Geographic
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A partir de ese momento, las versiones divergen. Algunas sostienen que Thompson murió poco después de abandonar la isla. Otras lo relacionan con Terranova o con posteriores historias de piratas del Pacífico, pero no existe una trayectoria biográfica suficientemente sólida que permita reconstruir con seguridad el resto de su vida.

No se conoce una prueba concluyente de que regresara a la isla del Coco para recuperar el tesoro. Tampoco se ha demostrado que llegara a disfrutar de una parte sustancial del botín.

El capitán que, según la leyenda, había organizado uno de los mayores robos marítimos de su época desaparece así de la documentación conocida y permanece unido a una fortuna que nunca se ha localizado de forma verificable.

James Alexander Forbes: del fugitivo al hombre de negocios

La tradición más repetida sobre Forbes es más concreta. Después de sobrevivir a la isla, habría llegado a Costa Rica y, posteriormente, se habría establecido en California. Allí habría formado una familia y prosperado en los negocios, relacionados en algunas versiones con la molienda de harina y la minería del mercurio.

National Geographic
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La historia añade un detalle que alimentaría la leyenda durante generaciones: antes de morir, Forbes habría transmitido a sus descendientes un mapa con la ubicación del tesoro.

Ese documento, o los relatos sobre él, habría servido de base para nuevas expediciones. Sin embargo, es importante no tratar la genealogía del mapa como un hecho demostrado por sí mismo: para comprobar su autenticidad harían falta una procedencia documental continua y pruebas independientes que lo relacionaran con el cargamento de 1820-1821.

En definitiva, mientras Thompson quedó envuelto en el misterio, Forbes pasó a ocupar un lugar central en la tradición familiar del tesoro. La existencia de una vida posterior relativamente acomodada no demuestra que recuperara el oro ni que poseyera un mapa auténtico.

6. Los buscadores del siglo XIX: John Keating y las primeras expediciones

Pirates discover hidden treasure chest | Premium Photo Illustration - rawpixel

La historia no terminó con la desaparición de los dos marineros. En las décadas siguientes, la isla del Coco comenzó a atraer a aventureros que afirmaban conocer el escondite o disponer de pistas transmitidas por antiguos piratas.

Uno de los nombres más repetidos es el de John Keating, un marino de Terranova. Según las narraciones sobre su vida, habría conocido a un hombre que poseía información acerca del tesoro y habría viajado a la isla en busca de las riquezas. Algunas versiones le atribuyen la recuperación de monedas y joyas, pero no existe una prueba concluyente que permita vincular esos supuestos hallazgos con el cargamento de Lima.

Project Gutenberg
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Keating habría dejado un mapa a su familia. A finales del siglo XIX, su viuda, Elizabeth Brennan, intentó organizar una expedición con ese documento, pero la búsqueda terminó sin resultados concluyentes. La historia muestra cómo los mapas, los testimonios indirectos y los relatos de supuestos supervivientes se convirtieron en el combustible de una industria de expediciones.

El problema era que una pista podía resultar convincente sin ser verificable. Una marca sobre un mapa, una cueva descrita por un anciano o una moneda española encontrada en la isla no demostraban que allí se ocultara el tesoro de Lima.

7. August Gissler: casi veinte años buscando una fortuna

Forgotten Kingdoms: August Gissler's Cocos  - Beachcombing's Bizarre History Blog

Si hubo un hombre que convirtió la búsqueda del tesoro en el proyecto de su vida, fue el aventurero alemán August Gissler.

Gissler vivió en la isla del Coco durante largos periodos entre 1889 y 1908. En 1897 recibió autorización para establecer una colonia y llegó a ejercer como gobernador de la isla por designación costarricense. Su proyecto combinaba la colonización agrícola con la esperanza de encontrar las riquezas atribuidas a los piratas.

Legends and Lore (2)
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Durante años recorrió el terreno, abrió excavaciones y exploró cuevas. La búsqueda se convirtió en una tarea obsesiva: el tesoro no era solo una posible recompensa, sino el objetivo alrededor del cual organizaba su vida.

Pero el resultado fue decepcionante. Las fuentes divulgativas coinciden en que Gissler solo consiguió unas pocas monedas de oro españolas, habitualmente cifradas en seis, sin encontrar ninguna prueba de la gran fortuna.

En 1908 abandonó la isla y se trasladó a Nueva York. Murió allí en 1935. Su experiencia dejó una conclusión incómoda para quienes seguían soñando con el tesoro: incluso una búsqueda prolongada y sistemática podía terminar sin nada que confirmara la leyenda.

Legends and Lore (2)
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8. El siglo XX: mapas, expediciones y nuevas promesas

A la caza del gran tesoro pirata | Cultura | EL PAÍS


Durante el siglo XX, el tesoro de Lima pasó de ser una leyenda marítima a convertirse en una promesa recurrente para aventureros, inversores y buscadores de fortuna.

En 1910, el explorador antártico Aeneas Mackintosh participó en una expedición relacionada con la búsqueda de tesoros en la isla, sin que se obtuviera un hallazgo que resolviera el misterio. En 1926, una expedición organizada desde Inglaterra por los oficiales F. W. Kealey y G. Williams anunció que disponía de un plano auténtico. La noticia quedó registrada en el Journal de la Société des Américanistes, que recogió la preparación de la empresa y las elevadas cantidades que sus promotores atribuían a los tesoros supuestamente enterrados en la isla.

Persée
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La historia del tesoro también atrajo la atención de personalidades famosas. Según las crónicas posteriores, durante sus visitas de pesca a las proximidades de la isla entre 1935 y 1940, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt permitió que miembros de su entorno buscaran el supuesto botín. Sin embargo, no se conoce ningún descubrimiento suyo que haya sido confirmado como parte del tesoro de Lima.

Legends and Lore (2)
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El mapa de los Forbes y la expedición de 1939

Una de las historias más llamativas de este periodo es la atribuida a James Alexander Forbes IV, descendiente del supuesto superviviente.

Según un relato publicado por National Geographic en septiembre de 2026, Forbes IV heredó un mapa familiar y viajó a la isla en 1939. Afirmó haber identificado el punto señalado en el documento, pero se retiró al advertir la presencia de embarcaciones que consideró amenazadoras. El episodio no produjo excavaciones concluyentes ni la recuperación demostrada del tesoro.

National Geographic

La historia tiene todos los elementos de una aventura clásica: un mapa heredado, una marca que promete revelar el escondite, una isla aislada y la aparición de posibles rivales justo antes del descubrimiento.

Pero también plantea una pregunta fundamental: ¿era aquel mapa un documento transmitido desde el siglo XIX o una reconstrucción posterior? Sin una cadena de procedencia demostrable, no es posible resolver esa cuestión únicamente a partir del relato de su propietario.

Más expediciones, el mismo resultado

Con el paso de los años se multiplicaron las afirmaciones sobre mapas, túneles, cuevas y lugares exactos donde supuestamente se encontraría el oro. Algunas expediciones invirtieron sumas considerables y dejaron excavaciones en el terreno, pero ninguna ha proporcionado una prueba pública y concluyente de la recuperación del tesoro de Lima.

El caso de Gissler ya había mostrado la dificultad del proyecto. La experiencia del siglo XX reforzó la misma lección: encontrar monedas españolas o rastros de antiguas visitas humanas no equivale a encontrar una fortuna concreta cuyo origen pueda demostrarse.

9. ¿Se ha encontrado alguna vez el tesoro?

La respuesta prudente es que no existe una recuperación del tesoro de Lima que haya sido demostrada públicamente mediante pruebas arqueológicas y documentales concluyentes.

Eso no permite asegurar que nunca se enterrara ningún objeto valioso en la isla. La isla del Coco tiene una historia vinculada a navegantes y piratas, y existen relatos de hallazgos de monedas y otros objetos. Lo que no se ha acreditado es que esos hallazgos correspondan a la totalidad —o a una parte identificable— del cargamento que habría salido de Lima.

La propia cifra atribuida a la fortuna cambia de una fuente a otra. A veces se habla de millones de dólares de comienzos del siglo XIX; en otras ocasiones, de cientos de millones o más de mil millones en valores modernos. Esas cantidades no deben confundirse con una valoración comprobada del oro que permanece enterrado.

Hay además una dificultad material. Las tormentas, la erosión, los deslizamientos y el crecimiento de la vegetación pueden alterar los lugares donde supuestamente se hicieron las excavaciones. Aun si existiera un escondite, localizarlo hoy exigiría algo más fiable que un mapa sin procedencia o un testimonio transmitido durante generaciones.

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10. La isla protegida: el final de la búsqueda indiscriminada

Costa Rica's Cocos Island - Blue Nature Alliance

La isla del Coco ya no puede considerarse un territorio abierto a cualquier expedición en busca de fortuna. Su valor ecológico ha pasado a ocupar el primer plano.

Costa Rica protege el territorio como parque nacional y la isla fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1997. La conservación de sus bosques, especies endémicas y ecosistemas marinos constituye una prioridad. Las búsquedas de tesoros que impliquen excavaciones o alteraciones del entorno están sujetas a restricciones y no deben emprenderse sin las autorizaciones correspondientes.

Legends and Lore (2)
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La paradoja es evidente: el mismo aislamiento que convirtió la isla en un escondite legendario contribuyó a conservar un patrimonio natural extraordinario. Hoy, su importancia no depende de que aparezca una fortuna enterrada.

El oro, si alguna vez estuvo allí en las cantidades descritas, sigue siendo un enigma. La selva, en cambio, es un tesoro real.

Cronología del misterio

1820-21

La salida de Lima

Las autoridades realistas intentan poner a salvo las riquezas atribuidas al virreinato y a las iglesias. La tradición vincula el cargamento al Mary Dear y a William Thompson.

1822

La desaparición

Los relatos sitúan en la isla del Coco el escondite del cargamento y atribuyen a Thompson y Forbes una posterior fuga y supervivencia.

Siglo XIX

Mapas y testimonios

John Keating y otros aventureros aparecen en la tradición de la búsqueda, que se alimenta de relatos sobre pistas heredadas y supuestos hallazgos.

1889-1908

La búsqueda de Gissler

El aventurero alemán pasa largos periodos en la isla y realiza excavaciones durante casi dos décadas, sin encontrar la fortuna.

1926-39

Nuevas expediciones

Se anuncian mapas y campañas de búsqueda. La expedición atribuida a Forbes IV en 1939 tampoco acredita la recuperación del botín.

1997-hoy

La conservación

La isla, Patrimonio Mundial, queda asociada sobre todo a la protección de su excepcional naturaleza, mientras el tesoro continúa sin una localización demostrada.

Conclusión: entre la historia y la leyenda

El tesoro de Lima perdura porque su relato combina un contexto histórico real —la crisis del dominio español en Perú— con una sucesión de episodios extraordinarios: el cargamento secreto, la traición del capitán, las ejecuciones en Panamá, la fuga de los supervivientes y las expediciones que durante generaciones buscaron una fortuna invisible.

Pero la pregunta central sigue abierta. ¿Fue enterrado en la isla del Coco todo el tesoro descrito por la tradición? ¿Se recuperó una parte en secreto? ¿Se exageró el contenido del cargamento con cada nueva versión? ¿O se mezclaron desde el principio varios tesoros distintos asociados a los piratas del Pacífico?

Con las pruebas disponibles, ninguna de esas hipótesis puede darse por resuelta.

La historia de Thompson y Forbes explica la persistencia del mito, pero no demuestra dónde acabaron el oro y las gemas. Y la larga lista de expediciones fallidas no prueba por sí sola que el tesoro nunca existiera: demuestra, ante todo, que nadie ha conseguido acreditar su recuperación.

Quizá la última ironía sea esta: una fortuna que habría sido embarcada para evitar que cayera en manos de los independentistas terminó convirtiéndose en una riqueza sin dueño identificable, sin inventario completo y sin ubicación comprobada. Dos siglos después, el tesoro de Lima sigue siendo menos un botín recuperable que una de las grandes incógnitas de la historia marítima del Pacífico.

Fuentes para profundizar

Nota editorial: para un reportaje de investigación destinado a publicación, convendría contrastar estas narraciones con archivos navales españoles, documentación judicial de Panamá y registros históricos peruanos. En particular, las ejecuciones de los marineros, las identidades de los supervivientes y la autenticidad de los mapas merecen verificación documental independiente.

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