viernes, 29 de mayo de 2026

Los surmas y sus peleas de bastones.


 Los surma —a veces también llamados suri— son uno de los pueblos más conocidos y fotografiados del suroeste de Etiopía, sobre todo en la zona cercana al valle de Omo. En realidad forman parte de un conjunto de grupos pastoriles relacionados entre sí, y muchas veces se los mete en el mismo saco que los mursi porque comparten costumbres parecidas, aunque no son exactamente el mismo pueblo. Viven en regiones bastante aisladas, entre sabanas, ríos estacionales y montañas, y durante siglos mantuvieron una vida muy poco influida por el exterior. Eso está cambiando rápido con las carreteras, el turismo y la presión del Estado etíope.

Lo que más llama la atención cuando alguien oye hablar de ellos es el donga, las famosas peleas de bastones. Pero para ellos no es un “espectáculo tribal” ni una pelea improvisada para turistas. Es algo profundamente ligado al prestigio masculino, al coraje y al paso hacia la adultez. Los jóvenes combaten usando largas varas de madera dura, a veces de más de dos metros, y el objetivo es derribar o incapacitar al rival sin matarlo. Aunque hay reglas y árbitros, las heridas pueden ser brutales: fracturas, cortes enormes e incluso muertes accidentales. Los hombres entrenan desde adolescentes y el combate da estatus social. Un vencedor gana respeto, admiración y posibilidades de matrimonio. Muchas veces las mujeres jóvenes observan los combates y animan al luchador que consideran más valiente o atractivo.

Visualmente el donga es impresionante: cuerpos cubiertos de ceniza o pintura blanca, cicatrices, peinados elaborados y una tensión muy ritualizada. No es raro que antes del combate haya bailes, cantos y provocaciones entre grupos rivales. A ojos europeos puede parecer una mezcla de deporte, duelo y ceremonia iniciática.

Los platos labiales son probablemente la costumbre más famosa —y también la más malinterpretada—. Entre los surma y pueblos vecinos, algunas mujeres perforan el labio inferior durante la adolescencia y colocan discos de arcilla o madera cada vez mayores. No todas lo hacen hoy en día, y el tamaño no siempre tiene el significado que se cuenta en los documentales turísticos. Mucha gente repite que “cuanto más grande el plato, más vacas vale la novia”, pero eso es una simplificación exagerada. Sí existe relación entre belleza, prestigio y matrimonio, pero el plato también expresa identidad cultural, madurez y resistencia física. Además, muchas mujeres lo usan solo en ciertos momentos ceremoniales o frente a visitantes; en la vida diaria algunas prefieren quitárselo.

Las escarificaciones tienen muchísimo peso simbólico. Tanto hombres como mujeres se realizan cortes decorativos en la piel para crear relieves permanentes. En los hombres, las cicatrices pueden señalar valentía, victorias en combate o capacidad de soportar dolor. Algunas marcas en el brazo o torso indican enemigos vencidos o animales abatidos. En las mujeres suelen considerarse ornamentales y sensuales; los dibujos geométricos en pecho, abdomen o brazos son apreciados como signos de belleza. El proceso es doloroso: se hacen pequeñas incisiones y a veces se irrita la herida con ceniza o tierra para que cicatrice en relieve.

En cuanto al matrimonio, tradicionalmente gira mucho alrededor del ganado. Las vacas son riqueza, prestigio y medio de intercambio social. Un hombre que quiere casarse normalmente necesita entregar ganado a la familia de la novia. Eso no significa “comprar” una esposa en sentido literal, sino crear una alianza entre familias. Las ceremonias incluyen danzas, pintura corporal, cerveza local y celebraciones comunitarias. En algunos casos las chicas tienen bastante voz para aceptar o rechazar pretendientes; en otros, la presión familiar pesa mucho. Como en casi todas las sociedades tradicionales, hay enormes diferencias entre aldeas y generaciones, y hoy el contacto con las ciudades está cambiando muchas normas.

También es importante entender que el turismo ha alterado bastante la relación de estas comunidades con los visitantes. En muchas aldeas del valle de Omo, la gente pide dinero por fotografías porque durante años turistas y fotógrafos llegaron disparando cámaras como si estuvieran en un zoológico humano. Para muchos surma, posar se convirtió en una fuente de ingresos, pero también generó tensiones y una especie de “folclore para extranjeros”.

Por eso hay normas básicas de respeto que conviene tomarse en serio si alguien visita la zona. La primera: jamás fotografiar a una persona sin pedir permiso antes. Parece obvio, pero muchísima gente no lo hace. La segunda: no tocar adornos, armas, platos labiales ni peinados como si fueran objetos exóticos. Tampoco conviene repartir dinero o caramelos a niños al azar porque fomenta dependencia y conflictos internos. Otra cosa importante es no reírse durante ceremonias o peleas rituales; aunque el ambiente pueda parecer teatral, para ellos tiene un significado social real.

Los guías locales suelen recomendar vestir de forma discreta, evitar actitudes paternalistas y aceptar que algunas conversaciones o rituales no están pensados para turistas. También es buena idea no entrar en chozas ni espacios familiares sin invitación. Y hay un detalle muy práctico: nunca acercarse demasiado durante un donga. Los bastones vuelan de verdad y más de un visitante salió herido por intentar sacar “la foto perfecta”.

El valle de Omo se ha vuelto casi un símbolo del choque entre tradición y modernidad. Muchos surma siguen defendiendo sus costumbres con orgullo, mientras otros jóvenes quieren armas modernas, teléfonos móviles o emigrar. Así que cuando uno visita la región, en realidad no está viendo una cultura “congelada en el tiempo”, sino una sociedad viva, compleja y cambiando a toda velocidad.

Los wodabee, el pueblo del tabú.


 Los wodabee —también escritos wodaabe o bororo— son un pueblo nómada del Sahel, sobre todo de Níger y Chad, emparentados con los fulani o peul. Su vida gira alrededor del ganado cebú: vacas de cuernos largos que son al mismo tiempo riqueza, prestigio, alimento, dote, identidad y casi filosofía de vida. No son “ganaderos” en el sentido sedentario europeo; se pasan buena parte del año moviéndose con los rebaños siguiendo las lluvias y los pastos del Sahel.

Lo interesante es que entre los wodabee la belleza masculina tiene una importancia brutal. En muchas culturas tradicionales la presión estética cae sobre las mujeres; aquí, los hombres también viven obsesionados con resultar atractivos. Se maquillan, cuidan muchísimo la ropa, la postura corporal, el baile y hasta la expresión de los ojos y la sonrisa. Los ideales de belleza masculinos incluyen ser alto, delgado, tener la nariz fina, los dientes muy blancos y el blanco de los ojos muy visible. Por eso, cuando bailan, exageran los gestos: abren muchísimo los ojos y enseñan los dientes constantemente.

Toda esa estética está conectada con un código moral llamado pulaaku, que mezcla autocontrol, paciencia, elegancia y dignidad. La gracia física no es solo “verse guapo”; es demostrar refinamiento, resistencia y capacidad de seducción sin perder compostura.

Y ahí entran el Gerewol y el Yaake (a veces escrito Yaake o Yake según la transliteración). Mucha gente los confunde porque van unidos, pero no son exactamente lo mismo. El Gerewol es el gran festival ritual y de cortejo que ocurre al final de la estación de lluvias, cuando distintos clanes se reúnen antes de volver a dispersarse por el desierto. Dentro de ese festival sucede el Yaake, que es la danza principal de seducción masculina.

El ambiente del Gerewol tiene algo entre feria nómada, reunión familiar gigantesca, competición estética y ritual amoroso. Durante varios días hay intercambios, negociaciones matrimoniales, carreras, cantos y muchísimo flirteo. Pero el momento más famoso es cuando los hombres jóvenes pasan horas preparándose: maquillaje amarillo y rojo, delineado negro, plumas, collares, túnicas bordadas… y luego forman filas larguísimas para bailar bajo un calor infernal.

El Yaake es hipnótico. Los hombres avanzan balanceándose y cantando de manera repetitiva, casi trance. No buscan parecer agresivos ni dominantes, sino elegantes y magnéticos. Las mujeres observan y juzgan. En muchas fotos parece casi un concurso de pasarela ritualizado. Y sí: son las mujeres quienes eligen. Eso es una de las cosas que más ha fascinado a antropólogos occidentales durante décadas.

Sobre el matrimonio, los wodabee tienen un sistema bastante complejo y más flexible de lo que suele imaginarse. Tradicionalmente existe un primer matrimonio arreglado por las familias, a veces desde edades muy tempranas. Ese matrimonio inicial tiene mucho de alianza social y económica. Pero luego existen relaciones posteriores basadas en la atracción y el deseo personal. Algunos antropólogos distinguen entre el matrimonio “oficial” y los vínculos amorosos escogidos libremente.

De ahí viene la fama —a veces muy exagerada por documentales y prensa— del “robo de esposas”. No es literalmente un secuestro romántico estilo película. Más bien, dentro de ciertos márgenes culturales, una mujer puede abandonar a un marido y escoger a otro hombre durante el Gerewol si hay consentimiento mutuo. Desde fuera eso se ha contado muchas veces como “festival para robar esposas”, porque claro, vende titulares. Pero en realidad el asunto tiene más que ver con la agencia femenina y con formas de cortejo relativamente abiertas para una sociedad pastoral musulmana.

También es curioso que, aunque hoy muchos wodabee son musulmanes, mantienen prácticas y sensibilidades muy antiguas que vienen de tradiciones previas al islam. El Gerewol es un buen ejemplo: oficialmente no deja de convivir con el islam, pero su lógica cultural gira alrededor de la fertilidad, la belleza, el deseo y el prestigio social de una manera muy antigua y muy saheliana.

Hay algo muy potente visualmente en toda esta cultura: hombres adornándose durante horas para ser evaluados públicamente por mujeres, en medio del desierto, mientras el ganado pasta alrededor y las familias negocian alianzas. Parece casi una inversión de muchos códigos de género que damos por normales. Y por eso el Gerewol se volvió tan famoso en fotografía antropológica y documentales etnográficos.

jueves, 28 de mayo de 2026

Los samurais cristianos.


 El cristianismo tuvo una influencia breve pero muy intensa en el Japón feudal, especialmente entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, durante el período Sengoku y el inicio del shogunato Tokugawa. Y sí: hubo samuráis cristianos —incluso daimyōs enteros— que lucharon en conflictos vinculados al poder del shōgun y a la persecución religiosa.

Cómo llegó el cristianismo a Japón

El cristianismo llegó en 1549 con el jesuita portugués Francisco Javier. Los portugueses ya comerciaban con Japón, y algunos señores feudales vieron ventajas políticas y económicas en acercarse a los europeos.

Durante unas décadas:

  • se convirtieron decenas de miles de japoneses,
  • algunos daimyōs se bautizaron,
  • surgieron comunidades cristianas fuertes en Kyūshū,
  • y ciertos samuráis adoptaron símbolos y nombres cristianos.

El cristianismo era conocido como Kirishitan (“cristianos”).


Samuráis cristianos famosos

Takayama Ukon

Uno de los más célebres. Daimyō y samurái convertido al cristianismo. Se negó a abandonar su fe cuando el régimen comenzó las persecuciones, perdió sus tierras y terminó exiliado.




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Konishi Yukinaga

General cristiano que luchó en las guerras civiles japonesas y apoyó al bando occidental en la decisiva Battle of Sekigahara.

Tras la derrota frente a Tokugawa Ieyasu, fue ejecutado. Su fe cristiana influyó en que rechazara el suicidio ritual (seppuku), porque el cristianismo lo prohibía.


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Date Masamune

No fue cristiano bautizado (al menos no de forma confirmada), pero permitió misiones cristianas y envió una embajada japonesa a Europa y al Vaticano.


¿Hubo samuráis cristianos luchando contra el shōgun?

Sí, aunque el contexto es importante.

No existió una gran “guerra cristiana” unificada contra el shogunato, pero sí hubo:

  • rebeliones con fuerte presencia cristiana,
  • daimyōs cristianos enfrentados al ascenso Tokugawa,
  • y levantamientos campesinos y samuráis cristianos perseguidos por el régimen.

La más famosa fue:

Shimabara Rebellion

Fue una rebelión de campesinos, rōnin y cristianos en Kyūshū contra el shogunato Tokugawa.

Las causas mezclaban:

  • persecución religiosa,
  • impuestos brutales,
  • hambre,
  • y represión política.

Muchos rebeldes eran cristianos ocultos (Kakure Kirishitan).

El líder simbólico fue el joven Amakusa Shirō, convertido casi en figura mesiánica por los rebeldes.



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La rebelión terminó con una masacre enorme. Después de eso:

  • el cristianismo fue prohibido casi totalmente,
  • Japón endureció el aislamiento (sakoku),
  • y los cristianos sobrevivieron clandestinamente durante más de 200 años.

¿Qué símbolos y estandartes usaban?

Aquí viene la parte visual más fascinante.

Los samuráis cristianos mezclaban iconografía japonesa con símbolos católicos europeos.

Cruces cristianas en nobori y mon

Algunos clanes usaron:

  • cruces latinas,
  • cruces florales,
  • rosarios,
  • símbolos IHS jesuitas,
  • y variantes japonesas estilizadas de la cruz.



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El estandarte de Shimabara

Los rebeldes usaban banderas blancas con:

  • cruces,
  • cálices,
  • inscripciones cristianas,
  • y a veces imágenes de la Virgen.

Algunas fuentes japonesas describen estandartes con frases religiosas portuguesas o latinas adaptadas fonéticamente al japonés.



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¿Por qué el shogunato los persiguió?

El problema no era solo religioso.

Tokugawa veía el cristianismo como:

  • una posible vía de influencia colonial portuguesa y española,
  • una lealtad alternativa al poder del shōgun,
  • y un factor de desestabilización política.

Después de las conquistas españolas en Filipinas, el miedo a una colonización similar era muy real.


Algo curioso: los “cristianos ocultos”

Tras las prohibiciones, muchos japoneses mantuvieron la fe en secreto durante generaciones:

  • ocultaban cruces dentro de estatuillas budistas,
  • transformaban oraciones latinas en cantos japoneses,
  • y disimulaban imágenes cristianas como figuras budistas.

Cuando Japón volvió a abrirse en el siglo XIX, todavía existían comunidades clandestinas descendientes de aquellos samuráis y campesinos cristianos.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Un perrito heroico rescata los restos mortales de otro de una autopista de Chile. (Noticia de 2008)


 La historia que seguramente estás buscando se hizo viral en 2008 y mucha gente la recuerda como si hubiera pasado en Argentina, pero en realidad ocurrió en Chile, en una autopista de Santiago de Chile. Las cámaras de seguridad grabaron a un perro callejero metiéndose entre los autos para arrastrar el cuerpo de otro perro que había sido atropellado. La escena impresionó muchísimo porque el animal parecía intentar “rescatar” a su compañero pese al tráfico y al peligro.

Durante años se dijo que el hecho había pasado “unos días antes” de difundirse el video, en diciembre de 2008, pero después los responsables de la autopista aclararon que realmente había ocurrido el 23 de marzo de 2008. O sea, en otoño austral, cuando en Chile y Argentina ya empieza a refrescar.

El perro logró mover al otro animal hasta la banquina o mediana de la autopista Vespucio Norte. Lamentablemente, el perro atropellado murió. El que hizo el rescate escapó después y nunca pudieron encontrarlo, aunque muchísima gente quiso adoptarlo cuando las imágenes dieron la vuelta al mundo.

En esa época el video apareció en noticieros de toda Latinoamérica y también en YouTube, cuando todavía los videos virales eran algo bastante nuevo. Mucha gente lo interpretó como una demostración de empatía animal o de vínculo entre perros callejeros. Otros simplemente quedaron impactados porque ningún conductor frenó, mientras el perro sí se metía al peligro para sacar al otro de la ruta. 

martes, 26 de mayo de 2026

Cuba. Cuando la comida solo parece comida.

 Hablar de comida en Cuba durante los periodos de escasez —sobre todo en el llamado “Período Especial” de los años 90 y en las crisis recurrentes posteriores— es hablar de una mezcla muy rara de supervivencia, ingenio y resignación. Mucha gente fuera de la isla cree que algunas historias son exageraciones o propaganda, pero hay bastantes testimonios de sustituciones alimentarias extremas y de recetas improvisadas con lo que apareciera.

Lo del “serrín como pan rallado” tiene un punto medio entre mito urbano y realidad deformada. No era que la gente estuviera echándole serrín literal de carpintería al filete empanado como si nada, pero sí hubo épocas donde se usaban fibras vegetales, harinas de muy mala calidad, restos secos triturados o mezclas extrañas para “estirar” el pan rallado y otros alimentos. En panaderías estatales y comedores colectivos se denunciaban panes hechos con mezclas de boniato, yuca o incluso residuos alimentarios muy pobres. El pan llegó a tener fama de ácido, gomoso o incomible por la falta de harina de trigo y las mezclas improvisadas.

Las mondaduras de naranja sí tienen una historia más concreta y conocida. Durante el Período Especial se hicieron famosas recetas con cáscaras de toronja y naranja cocidas muchas veces para quitarles el amargor y luego guisarlas como si fueran “carne”. Algunas personas las deshilachaban y las cocinaban con ajo, cebolla y comino para imitar ropa vieja. También se hacían dulces con cáscaras caramelizadas porque el azúcar era más fácil de conseguir que otros ingredientes. Aquello no era cocina experimental hipster; era pura necesidad.

En esa época apareció una creatividad culinaria casi obligatoria. La televisión cubana incluso promovía recetas de sustitución. La cocinera Nitza Villapol se volvió una figura simbólica porque enseñaba cómo cocinar sin aceite, sin huevos, sin harina o sin carne. Mucha gente todavía la recuerda diciendo básicamente: “si no hay esto, usa aquello”. Y “aquello” podía ser cualquier cosa.

Se usaron cáscaras de plátano fritas, bistecs hechos con cáscara de toronja, picadillos mezclados con soya hasta desaparecer la carne, croquetas cuya composición real era un misterio, pizzas con masas hechas de boniato o yuca, y hasta infusiones rarísimas para sustituir el café.

En la memoria popular cubana hay mucho humor negro sobre esto. Se hacían chistes diciendo que las croquetas ladraban, que el picadillo había visto carne “de lejos”, o que el pan servía de ladrillo. En foros y conversaciones de cubanos todavía aparecen recuerdos de meriendas ultra básicas: pan con azúcar prieta, pan con aceite y sal, agua con azúcar, o mezclas improvisadas cuando no había nada más.

Y ojo, esto no es solo historia de los 90. La escasez alimentaria sigue apareciendo cíclicamente. En años recientes se ha vuelto a hablar de pan reducido de tamaño, falta de harina y mezclas con yuca o calabaza para mantener la producción. Mucha gente dentro de Cuba dice que ciertas escenas actuales les recuerdan directamente al Período Especial.

Lo más fuerte quizá no es la rareza de las recetas, sino cómo se normaliza. Cuando una sociedad pasa mucho tiempo en escasez, la cocina deja de ser “gastronomía” y se convierte en estrategia de supervivencia. Ahí nacen platos que desde fuera parecen surrealistas, pero para quien los vivió eran simplemente la comida de ese día.

Las frutas exóticas de la Amazonía.

 


En muchos pueblos de la Amazonia hay frutas que para alguien de Europa parecen casi de ciencia ficción: algunas huelen rarísimo, otras tienen texturas viscosas o sabores entre dulce, ácido y terroso al mismo tiempo. Pero cuando las comparas con frutas “occidentales”, en realidad muchas juegan papeles parecidos en la dieta o recuerdan a sabores conocidos.

El kouprey, animal nacional de Camboya, posiblemente esté extinto. (2008)

 Qué es eso de que el animal oficial de Camboya jamás ha existido tal y como se muestra en las banderas locales?


Seguramente te refieres a una mezcla de dos cosas sobre Camboya que se ha vuelto medio “leyenda de internet”:

  1. El kouprey, el animal nacional camboyano.
  2. Las criaturas fantásticas que aparecen en símbolos y banderas ceremoniales.

El kouprey (un bovino salvaje del sudeste asiático) sí existió realmente; fue descrito científicamente en 1937 y declarado símbolo nacional en los años 60. El problema es que no se ha confirmado ningún avistamiento fiable desde hace décadas, así que muchos científicos creen que probablemente esté extinguido.

Por eso a veces se dice en tono exagerado que “el animal nacional de Camboya quizá ya no existe”.

Pero lo de “jamás ha existido tal y como aparece en las banderas” suele venir de otra confusión: en algunos estandartes, escudos y símbolos reales camboyanos aparecen criaturas mitológicas como el gajasingha, una especie de león con trompa de elefante, o leones rituales estilizados. Ésos sí son seres legendarios del imaginario jemer y nunca han existido biológicamente.

Además, la bandera nacional camboyana no lleva un animal: lleva el templo de Angkor Wat en blanco sobre fondo rojo y azul. 

Los surmas y sus peleas de bastones.

 Los surma —a veces también llamados suri— son uno de los pueblos más conocidos y fotografiados del suroeste de Etiopía , sobre todo en la z...