lunes, 11 de mayo de 2026

Michi, el gato golferas y fetichista.

 LOCUTOR:

Muy buenas tardes, oyentes de Radio Murcia. Hoy tenemos una historia que mezcla misterio, delincuencia textil y un gato con unos gustos… muy concretos. Nos acompaña Julián Pérez, vecino del barrio de San Antón y propietario de “Michi”, el felino acusado de una larga serie de robos de calcetines y ropa interior femenina tendida en balcones. Julián, gracias por venir.

JULIÁN:
Gracias a vosotros… aunque preferiría que me entrevistarais por mi tortilla de patatas y no por el prontuario criminal del gato.

LOCUTOR:
Empecemos por el principio. ¿Cuándo sospechó usted que su gato llevaba una doble vida?

JULIÁN:
Pues una mañana encontré en el salón un sujetador de encaje color fucsia. Yo vivo solo. Y pensé: “O he tenido una vida social increíble anoche… o aquí pasa algo raro”.

LOCUTOR:
Y era el gato.

JULIÁN:
Era el gato. Lo peor es que al principio no lo sabía. Yo iba encontrando cosas: calcetines, medias, bragas con estampado de leopardo… Una vez apareció hasta un camisón entero. El animal entraba orgullosísimo, maullando como si hubiera cazado un búfalo.

LOCUTOR:
Un depredador especializado.

JULIÁN:
Sí, pero de mercería.

LOCUTOR:
¿Cuándo se destapó todo?

JULIÁN:
Cuando vino a picarme la puerta Paqui, la vecina del tercero. Muy seria. Cruzada de brazos. Detrás, otras dos vecinas mirando como si fueran jurado popular.

LOCUTOR:
Uy.

JULIÁN:
Y me dice: “Julián, tenemos que hablar de la ropa interior”.
Imagínate mi cara.

LOCUTOR:
Complicado iniciar así una conversación.

JULIÁN:
Yo pensé que era una cámara oculta. Pero no. Resulta que varias vecinas llevaban semanas perdiendo ropa del tendedero… y casualmente Michi aparecía paseándose con un tanga en la boca como quien lleva un puro habano.

LOCUTOR:
Las pruebas eran contundentes.

JULIÁN:
Demasiado contundentes. Intenté explicarlo: “No soy yo, es el gato”. Pero claro… esa frase suena exactamente a lo que diría alguien culpable.

LOCUTOR:
Tiene usted razón.

JULIÁN:
Paqui me miró y dijo: “Ajá. Claro. El gato fetichista”.
Y yo: “¡Que el gato no tiene fetiches! ¡El gato roba por instinto!”.
Y cuanto más lo explicaba, peor sonaba.

LOCUTOR:
Entró usted en una espiral peligrosísima.

JULIÁN:
Fatal. En un momento dado estaba haciendo un esquema en una libreta: “Mirad, Michi salta aquí, luego al balcón, luego vuelve con las prendas”. Parecía yo abogado defensor en un juicio internacional.

LOCUTOR:
¿Y cómo logró convencerlas?

JULIÁN:
Con una demostración involuntaria. Estábamos hablando en el portal cuando aparece Michi… con un sostén deportivo enorme arrastrando por el suelo como si hubiera abatido una gacela.
Se hizo el silencio.
El gato dejó el botín a mis pies y me miró esperando felicitación.

LOCUTOR:
El criminal regresando a la escena del crimen.

JULIÁN:
Exacto. Paqui me miró y dijo: “Bueno… pues parece que sí era el gato”.
Y yo: “¡Llevo media hora diciendo eso!”.

LOCUTOR:
¿Hubo consecuencias?

JULIÁN:
Tuve que devolver ropa en una bolsa etiquetada por pisos. Ha sido la experiencia más incómoda de mi vida. “Buenas, Pilar, creo que esto es suyo”. No quieres vivir eso dos veces.

LOCUTOR:
¿Y Michi? ¿Se ha reformado?

JULIÁN:
Más o menos. Ahora cierro ventanas y le compré juguetes. Aunque el otro día apareció con un calcetín de lentejuelas que nadie ha reclamado todavía.

LOCUTOR:
Hay reincidencia.

JULIÁN:
Ese gato tiene vocación.

LOCUTOR:
Pues Julián, gracias por compartir esta historia de crimen, tensión vecinal y absolución felina. Y recuerden, oyentes: si desaparece ropa del tendedero… antes de sospechar del vecino raro, vigilen al gato del barrio.

Patio interior de vecinos. Sol de media tarde. Cuerdas llenas de ropa tendida. De pronto, un silencio expectante.)

VECINA 1 (desde un balcón):
…¿Eso es mi sujetador?

VECINO 2 (asomándose):
No, mujer, el tuyo era beige.

VECINA 1:
Pues peor me lo pones.

(Aparece Michi, avanzando por la cornisa con una parsimonia insultante. Lleva en la boca un sujetador rojo de encaje. Camina con la dignidad de un león regresando de la caza.)

VECINA 3:
¡Otra vez el gato de Julián!

VECINO 4:
Ese animal tiene unos gustos muy definidos.

(Michi se detiene en medio del patio, mira hacia abajo, deja caer el sujetador ceremoniosamente y suelta un maullido triunfal.)

MIAU.

VECINA 2 (escandalizada):
¡Pero bueno! ¡Eso es mío!

VECINO 2:
Pues no sabía yo que usabas encaje francés, Encarna.

VECINA 2:
¡Y a ti qué te importa!

(Se abre de golpe una ventana. Asoma Julián, despeinado.)

JULIÁN:
¡Michi! ¡Suelta eso ahora mismo!

VECINA 3:
¡Julián, esto ya pasa de castaño oscuro!

JULIÁN:
¡Que no soy yo! ¡Lo roba él!

VECINO 4:
Claro, claro. El gato. Y yo colecciono semáforos.

JULIÁN:
¡Lo juro! ¡No es fetichismo mío! ¡Es… una especie de cleptomanía textil felina!

VECINA 1:
Qué casualidad que siempre robe ropa interior de señora.

JULIÁN (desesperado):
¡Yo qué sé! ¡Pregúntenselo a él!

(Todos miran a Michi. El gato se sienta, se lame una pata con absoluta indiferencia moral.)

VECINO 2:
Tiene cara de reincidente.

JULIÁN:
¡Michi, defiéndeme!

(Michi se levanta. Mira alrededor. De un salto impecable alcanza otro tendedero, agarra un tanga negro y vuelve a posar con él en la boca como un trofeo olímpico.)

Silencio absoluto.

VECINA 3 (muy seria):
Bueno… pues parece que Julián decía la verdad.

JULIÁN (al borde del llanto):
¡GRACIAS!

VECINO 4:
Aunque habría que hablar con ese gato. Tiene un problema.

(Michi desfila lentamente por la cornisa mientras todos lo observan. La cola alta. El tanga ondeando como estandarte de guerra.)

TELÓN.

El caso del ciervo de escayola decapitado.

 [Sintonía de suceso local. Sonido de grillos nocturnos y un perro ladrando a lo lejos.]

NARRADOR:
En un tranquilo barrio residencial de Estados Unidos, Ruth Hesselink jamás imaginó que una simple decoración de jardín acabaría convertida en escena del crimen.

[Puerta abriéndose.]

RUTH (indignada):
¡No puede ser! ¡Mi ciervo de escayola! ¡Le han arrancado la cabeza!

[Música de misterio.]

NARRADOR:
La estatua, colocada junto a unos rosales, apareció decapitada de forma brutal durante la noche. Ruth estaba convencida de que unos adolescentes habían entrado en su jardín para divertirse.

RUTH:
¡Esto es vandalismo! ¡Voy a llamar a la Policía ahora mismo!

[Sonido de teléfono marcando.]

POLICÍA:
Departamento de Policía, ¿cuál es la emergencia?

RUTH:
¡Han destruido mi ciervo! ¡Le falta la cabeza!

[Transición. Sirena suave.]

NARRADOR:
Pero lo que parecía un simple acto vandálico tomó un giro inesperado cuando un guardia forestal examinó la escena.

GUARDIA FORESTAL (conteniendo la risa):
Señora Hesselink… creo que esto no lo hizo un adolescente.

RUTH:
¿Entonces quién?

GUARDIA FORESTAL:
Un ciervo macho. Está en época de celo.

[Golpe dramático.]

NARRADOR:
Según explicó el experto, el animal probablemente confundió la estatua con un rival real y la embistió violentamente hasta arrancarle la cabeza.

RUTH (incrédula):
¿Me está diciendo que… un ciervo atacó a mi ciervo?

GUARDIA FORESTAL:
Exactamente. Y, por lo visto… ganó.

[Pequeña pausa. Música cómica.]

NARRADOR:
El misterioso “criminal” desapareció en el bosque sin dejar rastro. Mientras tanto, Ruth aún se pregunta si merece la pena volver a poner otra estatua… o si eso sería provocar una nueva batalla territorial.

[Cierre con música de documental.]

Anécdotas policiales y de los médicos de Urgencias.

 POLICÍA

Los cucos y los pájaros mieleros africanos.

 El parasitismo de cría es una de las estrategias más brutales y sofisticadas de la evolución. Básicamente, un animal consigue que otro haga el trabajo de incubar y alimentar a sus crías. Y lo fascinante es que esto desencadena una auténtica “carrera armamentística” evolutiva: el parásito perfecciona sus engaños y el hospedador desarrolla defensas cada vez más refinadas.


Los cucos: especialistas en el engaño

El ejemplo clásico es el Cuco común. La hembra observa nidos ajenos y, cuando los dueños se ausentan unos segundos, pone rápidamente un huevo. A menudo además retira o se come uno de los huevos originales para que el número total no cambie y el engaño pase desapercibido.

Muchos cucos han evolucionado “linajes” especializados en distintas especies hospedadoras. Sus huevos imitan color y moteado de los huevos del anfitrión. Algunas hembras producen huevos tan parecidos que incluso ornitólogos expertos tienen problemas para distinguirlos.

Cuando nace el polluelo de ciertas especies de cuco, ocurre una de las escenas más salvajes de la naturaleza: el pollo, todavía ciego y desnudo, empuja fuera del nido los huevos o polluelos legítimos usando una depresión en la espalda como “pala”. Así monopoliza toda la comida.

Además, algunos cucos adultos imitan la silueta de aves rapaces, como gavilanes. Eso hace que los pequeños pájaros hospedadores se asusten y se alejen del nido el tiempo suficiente para permitir la puesta del huevo parásito.

Los pájaros mieleros africanos: todavía más extremos

Los llamados “pájaros mieleros” africanos pertenecen a los indicadores, como Indicador grande, famoso por guiar humanos hacia colmenas salvajes. Pero sus costumbres reproductivas son bastante siniestras.

Son también parásitos de cría, y sus polluelos nacen equipados con ganchos afilados en el pico. Con ellos atacan y matan a los polluelos legítimos del nido hospedador, a veces horas después de nacer. No necesitan expulsarlos: directamente los perforan repetidamente hasta que mueren.

Las especies hospedadoras suelen ser aves que crían en cavidades oscuras, donde el engaño visual funciona especialmente bien.

Cómo se defienden las aves parasitadas

Las especies hospedadoras no son víctimas indefensas. Han desarrollado una cantidad sorprendente de estrategias:

1. Reconocer huevos extraños

Muchas aves comparan el color, tamaño y patrón de los huevos. Si detectan uno sospechoso:

  • lo expulsan del nido,
  • lo perforan,
  • o abandonan el nido entero y hacen otro.

2. Defender agresivamente el nido

Algunas especies atacan a la hembra del cuco en cuanto la ven cerca. La acosan en grupo (“mobbing”) y evitan que se acerque al nido.

3. Variabilidad en los huevos

Hay especies cuyas hembras ponen huevos muy distintos unas de otras. Eso dificulta que el cuco pueda fabricar una imitación universal convincente.

4. Reconocer polluelos sospechosos

Algunas aves detectan diferencias en sonidos, tamaño o comportamiento del pollo parásito y dejan de alimentarlo.

Aunque esto último es difícil, porque muchos cucos han evolucionado trucos increíbles: por ejemplo, un solo polluelo puede imitar acústicamente el sonido de toda una nidada hambrienta.

El caso raro: cuando el cuco ayuda

Lo más inesperado es que no siempre la relación es puramente dañina. El Críalo europeo produce secreciones pestilentes que ahuyentan depredadores. En algunos nidos de cornejas, la presencia del pollo parásito puede aumentar la supervivencia de las crías hospedadoras. Es decir: una relación que normalmente es parasitaria puede acercarse al mutualismo.

¿Hay escarabajos que hagan algo parecido?

Escarabajos exactamente como los cucos, no demasiados. Pero sí existen insectos con estrategias equivalentes.

Los casos más parecidos aparecen sobre todo en:

  • abejas cuco,
  • avispas cuco,
  • y algunos escarabajos parasitoides o cleptoparásitos.

Las Abejas cuco ponen sus huevos en los nidos de otras abejas. La larva invasora consume el alimento almacenado para la cría legítima y muchas veces mata al huésped.

En escarabajos, lo más cercano ocurre en algunos grupos asociados a nidos de insectos sociales o reservas de alimento ajenas:

  • ciertos estafilínidos viven infiltrados en colonias de hormigas,
  • algunos meloidos aprovechan nidos de abejas,
  • y varios escarabajos parasitoides ponen huevos sobre o dentro de otros insectos.

Pero los escarabajos no han desarrollado un sistema tan espectacular y especializado de “hacer criar a otro animal a tu descendencia” como el de los cucos y los indicadores africanos.

En aves, el parasitismo de cría ha alcanzado un nivel casi de espionaje evolutivo: mimetismo visual, engaño acústico, infiltración rápida, asesinato de competidores y contrainteligencia por parte de los hospedadores. Es una de las competiciones evolutivas más complejas que conocemos.

La vida sexual de los pulpos.


 Los pulpos tienen uno de los sistemas de reproducción más especializados y sofisticados entre los invertebrados marinos. El apareamiento implica una combinación de señales visuales, químicas y táctiles, y gira en torno a tres elementos clave: el brazo hectocótilo, los espermatóforos y la capacidad del macho para detectar el estado fisiológico de la hembra mediante señales químicas y hormonales.

El hectocótilo: el “brazo sexual” del macho

En la mayoría de las especies de Pulpo, uno de los ocho brazos del macho está modificado en una estructura reproductiva llamada hectocótilo. Suele ser el tercer brazo derecho, aunque esto varía según la especie.

El hectocótilo tiene:

  • una punta especializada llamada lígula,
  • surcos y pliegues para transportar espermatóforos,
  • una gran sensibilidad táctil y química.

Su función principal es introducir los espermatóforos dentro de la cavidad del manto de la hembra, cerca de los oviductos.

Cómo ocurre el apareamiento

Hay dos estrategias principales:

  1. Apareamiento a distancia
    El macho mantiene cierta separación para evitar ser atacado o devorado. Extiende el hectocótilo hasta la cavidad del manto de la hembra.
  2. Montaje cercano
    En especies menos agresivas, el macho se coloca encima o junto a la hembra mientras inserta el hectocótilo.

En algunas especies pelágicas como el Argonauta, el hectocótilo puede desprenderse completamente y quedar dentro de la hembra. Durante siglos los naturalistas pensaron que era un parásito independiente.


Los espermatóforos: paquetes complejos de esperma

Los espermatóforos no son simplemente “sacos de esperma”. Son estructuras biomecánicas extraordinariamente sofisticadas.

Cada espermatóforo contiene:

  • espermatozoides,
  • capas musculares y elásticas,
  • sustancias químicas protectoras,
  • mecanismos de eyección automáticos.

Cuando el hectocótilo deposita un espermatóforo, este puede “dispararse” dentro de la hembra mediante un proceso llamado reacción espermatofórica.

Funcionamiento

El espermatóforo:

  1. se ancla a tejidos de la hembra,
  2. se invierte parcialmente sobre sí mismo,
  3. libera gradualmente los espermatozoides.

Es casi un “dispositivo autónomo” de transferencia espermática.

Algunas hembras almacenan esperma durante semanas o meses antes de fecundar los huevos.


Comunicación química y reconocimiento hormonal

Aquí entramos en uno de los aspectos más fascinantes.

Los pulpos poseen una quimiorrecepción extremadamente desarrollada. Sus ventosas contienen miles de receptores químicos capaces de “saborear tocando”. El macho obtiene información química mediante:

  • contacto directo con la piel,
  • agua circundante,
  • secreciones del manto,
  • moléculas liberadas por la hembra.

¿Detectan progesterona?

Sí, aunque el mecanismo exacto todavía se investiga.

Se han identificado en cefalópodos moléculas esteroideas muy similares a hormonas vertebradas, incluyendo:

  • progesterona,
  • estradiol,
  • testosterona.

Estas hormonas participan en:

  • maduración ovárica,
  • ovulación,
  • comportamiento reproductivo,
  • sincronización del apareamiento.

La progesterona parece aumentar en hembras sexualmente receptivas y en fases de maduración de los huevos.

Los machos probablemente no “leen” progesterona exactamente como un mamífero usando receptores endocrinos clásicos a distancia, sino mediante:

  • detección de metabolitos hormonales disueltos,
  • cambios químicos en el mucus,
  • feromonas asociadas al estado reproductivo,
  • señales táctiles y conductuales inducidas por hormonas.

En otras palabras:

el macho interpreta un “perfil químico completo” de la hembra, no una sola hormona aislada.


El cerebro y los brazos: procesamiento distribuido

Los pulpos tienen un sistema nervioso muy descentralizado. Gran parte del procesamiento sensorial ocurre en los propios brazos.

El hectocótilo no es simplemente un “tubo”. Tiene:

  • quimiorreceptores,
  • mecanorreceptores,
  • control neuronal semiautónomo.

Esto significa que durante el contacto con la hembra, el brazo puede evaluar:

  • receptividad,
  • identidad de especie,
  • estado reproductivo,
  • posiblemente presencia de esperma rival.

Competencia espermática

Muchas hembras se aparean con varios machos.

Por ello, algunos machos:

  • retiran esperma previo,
  • desplazan espermatóforos rivales,
  • colocan los suyos estratégicamente.

Hay indicios de que el comportamiento del hectocótilo cambia dependiendo de señales químicas asociadas a apareamientos recientes.


Riesgo de canibalismo

En varias especies, especialmente en el Pulpo común, el macho corre riesgo de ser comido por la hembra.

Por eso:

  • algunos machos copulan a distancia,
  • otros realizan exhibiciones cromáticas,
  • muchos evalúan cuidadosamente el estado fisiológico y conductual de la hembra antes de acercarse.

Las señales hormonales probablemente ayudan a distinguir una hembra receptiva de una agresiva o no fértil.


Después de la reproducción

La biología reproductiva de los pulpos está ligada a un fenómeno llamado senescencia terminal:

  • el macho suele morir semanas o meses después del apareamiento,
  • la hembra dedica toda su energía al cuidado de los huevos,
  • deja de alimentarse,
  • finalmente muere tras la eclosión.

Este proceso está regulado por la glándula óptica, un órgano endocrino análogo funcional parcial de la hipófisis vertebrada.


Lo que aún no se conoce bien

Aunque sabemos bastante sobre anatomía y comportamiento, todavía hay preguntas abiertas:

  • cómo detectan exactamente los esteroides sexuales,
  • qué receptores moleculares participan,
  • si existen verdaderas feromonas sexuales específicas,
  • cómo integran las señales químicas y visuales,
  • cuánto “decide” el brazo hectocótilo de manera autónoma.

Los cefalópodos siguen siendo uno de los grupos animales más complejos y menos comprendidos desde el punto de vista neurobiológico y endocrino.


domingo, 10 de mayo de 2026

El crimen del sargento Miravete (1997).

 


Candanchú, abril de 1997: el disparo que sacudió al Ejército español

La noche del 18 al 19 de abril de 1997, en el destacamento de Candanchú de la entonces Escuela Militar de Alta Montaña y Operaciones Especiales de Jaca, una escena que comenzó entre alcohol, vídeos bélicos y exhibiciones de autoridad terminó con la muerte de un joven cabo de reemplazo de 19 años: Samuel Ferrer Caja.
El autor del disparo fue el sargento primero Juan Carlos Miravete Duque. El caso no solo acabó con una condena militar ejemplarizante; también destapó graves carencias disciplinarias, controles internos deficientes y una cultura de tolerancia al alcohol y a ciertas conductas impropias dentro de algunos cuarteles del Ejército español de los años noventa.

La noche del crimen

Según las investigaciones judiciales y el informe presentado días después por el ministro de Defensa, Miravete había consumido vino, cerveza y pacharán durante horas junto a varios soldados de la unidad.

En el Hogar del Soldado del cuartel de Candanchú, el suboficial proyectó primero vídeos militares y después la película El sargento de hierro. Testigos declararon que el ambiente fue derivando hacia una mezcla de exaltación militar, relatos de supuestas experiencias como mercenario y demostraciones físicas y de manejo de armas.

En un momento de la noche, Miravete sacó su pistola reglamentaria. Según la reconstrucción oficial, retiró inicialmente el cargador y entregó el arma al cabo Samuel Ferrer. Más tarde, el arma volvió a cargarse. El sargento ordenó al cabo que disparara; Ferrer se negó. Poco después, Miravete recuperó la pistola y se produjo el disparo que alcanzó al joven en el pecho.

La versión oficial inicial habló de “disparo accidental”. Sin embargo, el contexto de intimidación, el estado de embriaguez del suboficial y la presión jerárquica dentro del cuartel provocaron un enorme escándalo público y político.

Un pasado inquietante que nadie frenó

Lo que convirtió el caso en una auténtica crisis institucional fue descubrir que Miravete ya había matado antes a otro militar.

En 1984, destinado en Sabiñánigo, había causado la muerte de otro sargento mientras manipulaba su arma tras consumir alcohol. Un tribunal militar lo condenó entonces a un año de prisión por imprudencia temeraria. La pena, relativamente leve, le permitió regresar posteriormente al servicio activo.

Ese antecedente no figuraba de manera efectiva en su historial operativo cuando fue destinado a Jaca. El propio ministro de Defensa, Eduardo Serra, reconoció en el Congreso que el sistema de seguimiento disciplinario y psicológico presentaba graves deficiencias.

Compañeros y vecinos describieron además a Miravete como una persona conflictiva cuando bebía. Algunos testimonios afirmaban que “la montaba” tras consumir alcohol.

La reacción política y militar

La muerte de Samuel Ferrer estalló en un momento especialmente delicado para las Fuerzas Armadas españolas. España avanzaba hacia la profesionalización del Ejército y el final del servicio militar obligatorio, mientras la opinión pública exigía modernización y transparencia.

El Ministerio de Defensa reaccionó con rapidez:

  • El director de la escuela militar de Jaca fue destituido pocos días después.
  • Se anunciaron revisiones de los controles psicotécnicos y disciplinarios.
  • Defensa planteó restringir el consumo de alcohol en los acuartelamientos.
  • Se abrió un debate sobre la cancelación automática de antecedentes penales y disciplinarios dentro de las Fuerzas Armadas.

El caso también dañó seriamente la imagen de una de las unidades más prestigiosas del Ejército de Tierra, la compañía de esquiadores-escaladores de Candanchú, considerada una élite de montaña.

La condena

En 1998, el Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona condenó a Miravete a 15 años de prisión por “maltrato de obra a inferior con resultado de muerte” y “extralimitación en el ejercicio del mando”. La sentencia reconocía una eximente incompleta de embriaguez, pero consideraba plenamente responsable al suboficial.

Además:

  • Fue expulsado de las Fuerzas Armadas.
  • Perdió sus derechos militares.
  • El Estado fue declarado responsable civil subsidiario.
  • La familia de Samuel Ferrer recibió una indemnización millonaria en pesetas.

En 1999, el Tribunal Supremo confirmó íntegramente la condena.

Las consecuencias para el Ejército español

El “caso Miravete” se convirtió en un símbolo de varios problemas estructurales del Ejército español de la época:

1. Fin de la tolerancia informal al alcohol en cuarteles

Aunque el consumo de alcohol no desapareció, Defensa endureció normas y controles internos. El caso dejó claro que ciertas prácticas normalizadas en ambientes militares podían tener consecuencias letales.

2. Mayor control psicológico y disciplinario

Se reforzaron los informes personales y las evaluaciones psicotécnicas para cuadros de mando. La idea de que un militar con antecedentes graves pudiera seguir ejerciendo autoridad armada provocó una fuerte alarma institucional.

3. Debate sobre la justicia militar

El caso abrió críticas sobre el corporativismo y la permisividad histórica de algunos tribunales militares. Muchos observadores señalaron que la primera condena de Miravete, en 1985, había sido demasiado benévola.

4. Impacto en la imagen pública del Ejército

La muerte de un soldado de reemplazo a manos de un superior, dentro de un cuartel y en un ambiente de alcohol, tuvo enorme repercusión mediática. El episodio aceleró demandas de profesionalización y modernización cultural de las Fuerzas Armadas.

Una herida todavía recordada en Jaca

La Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca ha seguido siendo una de las instituciones más exigentes y prestigiosas del Ejército español. A lo largo de los años ha sufrido otros accidentes mortales durante ejercicios y maniobras, aunque en contextos completamente distintos y relacionados con el alto riesgo operativo de sus actividades.

Pero el asesinato de Samuel Ferrer sigue ocupando un lugar singular en la memoria militar española: no fue un accidente de instrucción ni una muerte en maniobras. Fue un crimen cometido dentro de la cadena de mando, bajo un clima de abuso de autoridad y negligencia institucional que el Ejército español se vio obligado a revisar profundamente.

El caso Diwaniya. Crímenes de guerra por parte de legionarios españoles en una misión de la OTAN (2004).


 El llamado “caso Diwaniya” se refiere a unos vídeos grabados en 2004 en la base española de Diwaniya, en Irak, donde se veía a varios militares españoles —miembros de la Legión integrados en la misión multinacional bajo mando de la coalición en Irak, vinculada políticamente a la OTAN aunque la operación concreta no era una misión OTAN clásica— golpeando y humillando a dos detenidos iraquíes durante un interrogatorio o custodia. Las imágenes mostraban patadas y agresiones mientras los presos estaban reducidos en el suelo.

El vídeo salió publicado por el diario EL PAÍS en marzo de 2013, casi diez años después de los hechos. Según las investigaciones periodísticas y judiciales, las grabaciones habían permanecido guardadas en círculos militares y no habían llegado antes a la prensa ni a los tribunales. El material fue grabado por uno de los propios militares presentes.

Sobre por qué tardó tanto en salir a la luz, nunca hubo una única explicación oficial cerrada, pero sí varios factores que aparecen repetidamente en las investigaciones y análisis:

  • En 2004 el contingente español abandonó Irak poco después de los hechos, tras la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero y la retirada ordenada por el nuevo Gobierno. Eso contribuyó a que muchos episodios de la misión quedaran poco investigados públicamente.
  • El vídeo aparentemente circuló de manera privada entre militares antes de llegar a periodistas años más tarde. No hubo una denuncia inmediata formal dentro de la cadena de mando que prosperara.
  • La justicia militar española no abrió diligencias hasta después de la publicación periodística de 2013. Es decir, institucionalmente el caso no empezó a moverse hasta que existió presión mediática.
  • Organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron después posibles irregularidades y falta de profundidad en la investigación, incluyendo problemas con testigos y dificultades para identificar plenamente a responsables y víctimas iraquíes.

Las consecuencias judiciales fueron limitadas y bastante polémicas.

En 2014 un juzgado militar procesó a cinco militares por presuntas torturas y violación de las leyes de guerra. Entre los implicados había un capitán, varios cabos y guardias civiles que entonces pertenecían a la Legión. Se enfrentaban teóricamente a penas de entre 10 y 25 años según el Código Penal Militar.

Sin embargo, pocos meses después, el Tribunal Militar Central archivó el caso y dejó sin efecto el procesamiento. La argumentación jurídica fue muy discutida: el tribunal consideró que no estaba suficientemente acreditado que los detenidos estuvieran protegidos por las Convenciones de Ginebra en el contexto concreto del conflicto, además de señalar problemas probatorios y contradicciones.

Eso provocó críticas muy fuertes de asociaciones de derechos humanos y de parte de la opinión pública, porque las imágenes parecían bastante explícitas.

En términos prácticos:

  • no hubo condenas penales firmes,
  • el caso terminó archivado,
  • y tampoco hubo una gran depuración pública de responsabilidades políticas o de mando.

El episodio quedó además muy asociado en España al clima internacional posterior al escándalo de Abu Ghraib prisoner abuse scandal, porque ocurrió en el mismo periodo y reforzó el debate sobre abusos a detenidos durante la guerra de Irak. Aunque el caso español tuvo mucha menor dimensión, impactó bastante porque hasta entonces el Ejército español mantenía una imagen pública relativamente alejada de ese tipo de escándalos internacionales.

O sea que si eres militar español puedes hacer lo que quieras con los prisioneros a tu cargo.

No. Legalmente, los militares españoles están sometidos tanto al Código Penal Militar como al derecho internacional humanitario, incluidas las Convenciones de Ginebra. Torturar, golpear o humillar a detenidos es ilegal aunque estén en guerra o bajo interrogatorio.

Lo que hizo polémico el caso de Diwaniya es precisamente la sensación de que hubo una gran distancia entre lo que mostraban las imágenes y el resultado judicial final. Mucha gente —juristas, periodistas y organizaciones de derechos humanos— interpretó el archivo del caso como un ejemplo de dificultades para exigir responsabilidades dentro de la jurisdicción militar.

Pero eso no significa que “puedan hacer lo que quieran”. Significa más bien que:

  • probar judicialmente abusos en zonas de guerra es complicado,
  • la cadena de mando y la jurisdicción militar suelen ser muy cerradas,
  • y a veces hay problemas políticos, corporativos o probatorios que terminan debilitando los procesos.

De hecho, en otros países sí ha habido condenas a militares por abusos a prisioneros. El ejemplo más conocido es el de Abu Ghraib prisoner abuse scandal en Estados Unidos, donde varios soldados fueron encarcelados. También España ha condenado en otros contextos a miembros de fuerzas de seguridad por torturas o malos tratos, aunque no sea frecuente en operaciones exteriores.

En el caso concreto de Diwaniya, el archivo no equivalió a declarar que los hechos estuvieran bien, sino a que el tribunal consideró que no podía sostener penalmente las acusaciones con las pruebas y la tipificación disponibles. Ahí está el núcleo de la controversia: mucha gente vio los vídeos y concluyó que debía haber consecuencias más claras.

Michi, el gato golferas y fetichista.

  LOCUTOR: Muy buenas tardes, oyentes de Radio Murcia . Hoy tenemos una historia que mezcla misterio, delincuencia textil y un gato con uno...