Aquí tienes una dramatización en forma de diálogo entre un bestiario romano y un adolescente actual, procurando distinguir entre lo que está bien documentado y lo que sabemos de manera más indirecta sobre la procedencia concreta de algunos animales.
Personajes
- LUCIO, bestiario romano encargado de los animales del anfiteatro.
- ÁLEX, adolescente del siglo XXI.
ÁLEX: Espera… ¿tú eras el que metía animales en el anfiteatro?
LUCIO: «Meter» es una palabra demasiado sencilla para un trabajo bastante más complicado. Yo era bestiarius: cazaba, transportaba, cuidaba y, algunas veces, combatía con animales destinados a los espectáculos.
ÁLEX: ¿Y de dónde salían? Porque he leído que en los anfiteatros romanos aparecían leones, cocodrilos, elefantes…
LUCIO: De lugares muy distintos del Imperio. Algunos animales procedían de África; otros, de Asia, Europa o las regiones fronterizas. Los gobernadores, soldados, comerciantes y cazadores podían conseguirlos para los juegos. Después comenzaba la parte difícil: llevarlos vivos hasta Roma o hasta la ciudad donde se celebraba el espectáculo.
ÁLEX: ¿Cómo transportabas un león desde África hasta Roma?
LUCIO: Primero había que capturarlo. Después se encerraba en una jaula resistente. Se utilizaban barcos para cruzar el Mediterráneo y, una vez en tierra, carros, animales de carga y otros medios de transporte. Había que alimentarlo, proporcionarle agua y evitar que escapara o muriera durante el viaje.
ÁLEX: ¿Y todos esos animales venían directamente a Roma?
LUCIO: No necesariamente. Los espectáculos se celebraban en muchos anfiteatros del Imperio. Roma era el escenario más famoso, pero no el único. Los animales podían recorrer enormes distancias hasta llegar a una ciudad concreta.
ÁLEX: Pero entonces… ¿cómo podían aparecer animales tan exóticos? He oído hablar incluso de osos polares, bueyes almizcleros, alces y focas.
LUCIO: Ahí debes tener cuidado. Que un animal aparezca representado o mencionado en relación con los juegos romanos no significa que sepamos con certeza que llegó a Roma, ni que todos esos animales fueran exhibidos en la arena.
ÁLEX: ¿Entonces lo de los osos polares es falso?
LUCIO: No deberías afirmarlo tan deprisa. Las fuentes antiguas hablan de animales procedentes de regiones muy lejanas y, en algunos casos, la identificación de la especie es discutida. Para animales árticos concretos, como el oso polar o el buey almizclero, las afirmaciones modernas pueden apoyarse en interpretaciones de textos antiguos que no siempre permiten una identificación segura.
ÁLEX: O sea, que el Imperio romano tenía una especie de… ¿cadena mundial de suministro de animales?
LUCIO: ¡Exactamente! Aunque nosotros no la llamaríamos así. El Imperio controlaba territorios inmensos y disponía de redes militares, comerciales y administrativas que permitían trasladar animales desde regiones lejanas. La captura era solo el principio.
ÁLEX: ¿Y para qué querían tantos animales?
LUCIO: Porque los animales servían para impresionar al público y demostrar el poder de quien organizaba los juegos. Un gobernador o un emperador podía mostrar: «Mirad hasta dónde llega mi poder. Hasta los animales de tierras remotas pueden estar aquí, ante vosotros».
ÁLEX: Entonces no era solo entretenimiento.
LUCIO: Nunca es solo entretenimiento cuando un emperador está sentado en la tribuna.
ÁLEX: ¿Qué quieres decir?
LUCIO: La arena era un escenario político. Un elefante africano, un rinoceronte, un hipopótamo o un cocodrilo no eran simplemente animales. Eran una demostración visual de la amplitud del mundo sometido, conquistado o conectado con Roma.
ÁLEX: ¿Y las luchas entre animales?
LUCIO: También tenían ese mensaje. Se enfrentaban animales entre sí, y a veces animales contra hombres. El espectáculo podía presentar al ser humano como dominador de la naturaleza y, al mismo tiempo, mostrar la capacidad de Roma para reunir criaturas procedentes de lugares extraordinarios.
ÁLEX: ¿Pero cómo conseguíais que dos animales salvajes lucharan?
LUCIO: No siempre era tan sencillo como soltar dos animales y esperar. Se podían utilizar barreras, recintos y sistemas de puertas para controlar sus movimientos. También se podía recurrir al hambre, al miedo, al acoso o a provocar a los animales para hacerlos reaccionar.
ÁLEX: Eso suena bastante cruel.
LUCIO: Lo era. Para nosotros, además, la muerte de un animal formaba parte del espectáculo. Para vosotros, la manera de mirar estas cosas es muy distinta.
ÁLEX: ¿Y los bestiarii luchaban contra ellos voluntariamente?
LUCIO: Dependía de quién fuera el hombre que entraba en la arena. Algunos eran profesionales especializados. Otros eran condenados, prisioneros o personas obligadas a enfrentarse a animales como castigo. No todos tenían la misma situación.
ÁLEX: ¿Y cómo conseguíais que un león saliera a la arena?
LUCIO: El anfiteatro tenía una maquinaria enorme bajo el suelo. Había jaulas y compartimentos subterráneos. Algunas estaban situadas en el hypogeum, bajo la arena.
ÁLEX: ¿Como un ascensor?
LUCIO: Algo parecido. Mediante plataformas elevadoras, poleas, montacargas y trampillas se podían hacer aparecer animales de repente en la arena. El público podía estar contemplando un suelo aparentemente vacío y, de pronto…
ÁLEX: ¡BOOM! ¡León!
LUCIO: Exactamente. Aunque preferíamos que el león apareciera y no que el mecanismo se quedara atascado.
ÁLEX: ¿Y cómo sacabais después al animal?
LUCIO: Volviendo a utilizar las puertas, corredores, jaulas y mecanismos de servicio. El anfiteatro estaba diseñado para mover personas, animales y materiales sin que todo tuviera que pasar por las entradas destinadas al público.
ÁLEX: ¿Y los cocodrilos?
LUCIO: Se necesitaban instalaciones adecuadas para transportarlos y mantenerlos controlados. En algunos espectáculos se creaban ambientes acuáticos o se utilizaban estructuras especiales para representar escenas relacionadas con animales exóticos. Pero no debes imaginar que todos los anfiteatros podían convertirse mágicamente en un enorme río.
ÁLEX: Entonces, ¿la arena era como un escenario?
LUCIO: Esa es una buena manera de entenderlo. Había decorados, trampillas, jaulas, plataformas y personal especializado. El público veía el resultado final; nosotros veíamos toda la maquinaria que lo hacía posible.
ÁLEX: ¿Y qué pasaba si un león no quería luchar?
LUCIO: No se le preguntaba.
ÁLEX: Ya…
LUCIO: Se podía azuzar al animal con personas, instrumentos o fuego, dependiendo del espectáculo y de la situación. También se utilizaban barreras y posiciones diseñadas para obligar a los animales a acercarse. La finalidad era conseguir que reaccionaran.
ÁLEX: O sea que muchas de esas «luchas» no eran combates naturales.
LUCIO: Exacto. No debes imaginar un documental de naturaleza. Era un espectáculo humano cuidadosamente organizado.
ÁLEX: ¿Y quién decidía qué animales aparecerían?
LUCIO: El organizador de los juegos. En los grandes espectáculos, conseguir animales era una cuestión logística enorme. Había que localizar cazadores, pagar transportes, alimentar a las bestias, construir jaulas, organizar cuidadores y preparar el anfiteatro.
ÁLEX: ¿Y si necesitabais cien animales?
LUCIO: Entonces había que conseguir cien animales.
ÁLEX: ¿Incluso si estaban a miles de kilómetros?
LUCIO: Ahí estaba precisamente la demostración de poder.
ÁLEX: Ahora entiendo mejor el mensaje.
LUCIO: Dímelo tú.
ÁLEX: «Roma es tan poderosa que puede traer hasta aquí las criaturas más lejanas y hacer que obedezcan».
LUCIO: Muy bien.
ÁLEX: Aunque supongo que también había otro mensaje: que Roma dominaba la naturaleza.
LUCIO: Sí. Y, en ocasiones, que dominaba también a los pueblos y territorios de donde procedían esos animales.
ÁLEX: ¿Y nosotros nos sentábamos a mirar?
LUCIO: Vosotros tenéis pantallas. Nosotros teníamos la arena.
ÁLEX: La diferencia es que ahora puedo ver un león en África sin meterlo en una jaula y llevarlo a Roma.
LUCIO: Entonces quizá hayas aprendido algo que nosotros todavía no sabíamos.
ÁLEX: ¿Qué?
LUCIO: Que poder traer algo hasta ti no significa necesariamente que debas hacerlo.
ÁLEX: Touché, bestiario.
LUCIO: ¿«Touché» es una palabra romana?
ÁLEX: No.
LUCIO: Entonces deja de presumir de moderno.
Nota histórica: Los espectáculos con animales (venationes) están bien documentados en el mundo romano, al igual que las redes de captura y transporte de fauna y la utilización de instalaciones subterráneas y mecanismos elevadores en grandes anfiteatros. La procedencia de especies concretas, especialmente cuando se trata de animales de regiones árticas, es mucho más difícil de establecer. Conviene distinguir entre animales documentados con seguridad, identificaciones antiguas ambiguas y afirmaciones modernas que pueden exagerar la variedad de fauna presente en las arenas romanas.
Sí. Aquí conviene corregir y matizar bastante lo que dije antes: los animales árticos no son todos igual de seguros. El caso del alce y, sobre todo, el del oso polar, es interesante porque tenemos una fuente antigua muy concreta, pero no una prueba zoológica moderna de cada identificación.
1. El texto clave: Calpurnio Sículo
La principal fuente es el poeta Calpurnio Sículo, que describe unos espectáculos celebrados bajo Nerón, probablemente hacia mediados del siglo I d. C. En su Égloga VII enumera animales extraordinarios que vio en la arena:
- liebres blancas;
- jabalíes;
- alces (alces);
- diferentes clases de toros;
- «terneros marinos» o focas (vituli);
- osos;
- hipopótamos.
Y dice expresamente que vio a los «terneros marinos» enfrentados con osos.
Esto es importante: no estamos inventando que los romanos asociaban osos y focas en un espectáculo. Hay un texto antiguo que lo dice.
2. ¿Eran realmente osos polares?
Aquí empieza el misterio.
Calpurnio no escribe «osos polares». Simplemente utiliza ursi, «osos». Sin embargo, describe osos enfrentados a animales marinos —los vituli, normalmente interpretados como focas—.
Un naturalista británico, George Jennison, señaló en 1922 algo muy llamativo: el oso polar es el único oso conocido que caza habitualmente focas. Propuso, por tanto, que aquellos osos podrían haber sido osos polares.
La interpretación sigue siendo discutida. Una publicación reciente de National Geographic vuelve precisamente sobre esta cuestión y señala que no existe una respuesta definitiva sobre si aquellos animales eran realmente osos polares.
Por tanto, para una dramatización histórica, yo diría:
«Calpurnio cuenta que vio osos enfrentados a focas. Algunos investigadores han propuesto que esos osos pudieron ser osos polares, pero el texto antiguo no lo demuestra explícitamente.»
Eso es mucho más riguroso que afirmar directamente: «Los romanos llevaron osos polares al Coliseo».
3. ¿Y las focas?
Aquí la cosa es bastante más sólida.
El término latino vituli marini significa literalmente algo parecido a «terneros marinos» y se utilizaba para referirse a focas. Calpurnio las coloca en el espectáculo junto a los osos.
Además, las fuentes modernas que estudian la fauna marina antigua consideran plausible que fueran focas mediterráneas, no necesariamente animales procedentes del Ártico.
Así que una foca en una arena romana no implica que los romanos hubieran llegado al Ártico.
4. ¿Y el alce?
Aquí tenemos otro caso fascinante.
Calpurnio dice explícitamente que vio un alce y lo califica de animal raro incluso en los bosques donde vivía.
El alce (Alces alces) sí podía encontrarse en las regiones septentrionales de Europa. Por tanto, llevar un alce desde el norte de Europa hasta Roma era extraordinariamente difícil, pero no geográficamente absurdo.
De hecho, estudios sobre los animales de los espectáculos romanos consideran al alce uno de los grandes animales septentrionales mencionados en las fuentes.
5. ¿Y el buey almizclero?
Aquí hay que poner una señal de advertencia bastante grande.
No tenemos una fuente romana que diga claramente:
«Hoy hemos exhibido un buey almizclero.»
El buey almizclero moderno vive en las regiones árticas de Norteamérica y Groenlandia, por lo que atribuir inequívocamente un animal de una fuente romana a esa especie es problemático.
Algunas publicaciones modernas mencionan bueyes almizcleros entre los animales septentrionales relacionados con el mundo romano, pero eso no equivale a tener una prueba antigua inequívoca de que un Ovibos moschatus estuviera en la arena de Roma. La identificación de los animales descritos por los autores antiguos puede ser complicada.
Por eso, yo eliminaría el buey almizclero de la dramatización como hecho seguro.
6. Una cosa muy interesante: ¿cómo llegaron?
Aquí es donde la historia se vuelve alucinante.
No necesitamos imaginar que un ejército romano viajó hasta el Polo Norte y regresó con un oso polar.
El Imperio tenía redes comerciales y militares enormes, y existía una auténtica industria especializada en capturar, transportar y mantener animales para los espectáculos. Sabemos que cazadores, soldados, comerciantes, transportistas y cuidadores participaban en ese sistema.
Para un animal procedente del norte europeo, el recorrido pudo ser aproximadamente:
región septentrional → captura → transporte terrestre/fluvial → puertos → barco → Mediterráneo → Italia → recinto de animales → arena.
Pero para un supuesto oso polar, la dificultad aumenta muchísimo. Precisamente por eso la identificación es objeto de debate.
7. Y hay un detalle precioso para tu dramatización
Calpurnio describe cómo la propia arena se abría y los animales aparecían desde abajo:
«la arena se parte» y las fieras salen de una abertura.
No era imaginación: las instalaciones de los grandes anfiteatros tenían trampillas, jaulas y mecanismos elevadores para hacer aparecer animales desde los espacios situados bajo la arena.
Así que una escena históricamente prudente podría ser:
ADOLESCENTE:
—¿Me estás diciendo que en Roma pudieron ver una foca y un oso juntos?
BESTIARIO:
—Eso cuenta un poeta que presenció los juegos de Nerón.
ADOLESCENTE:
—¿¡Un oso polar!?
BESTIARIO:
—Eso no lo dijo. Dijo «osos».
ADOLESCENTE:
—Pero si estaban luchando contra focas…
BESTIARIO:
—Y por eso algunos hombres de vuestro tiempo creen que aquellos osos pudieron ser osos polares. Pero nosotros no teníamos una etiqueta que dijera de qué especie eran.
ADOLESCENTE:
—¿Y el alce?
BESTIARIO:
—Ese sí aparece nombrado.
ADOLESCENTE:
—¿Bueyes almizcleros?
BESTIARIO:
—Ahí ya estás pidiendo más de lo que pueden demostrar tus historiadores.
ADOLESCENTE:
—Entonces Roma no tenía un «zoológico del Polo Norte».
BESTIARIO:
—No. Tenía algo más extraño: una red capaz de hacer que animales de lugares remotísimos aparecieran, durante unos minutos, en una arena delante de miles de personas.
ÁLEX:
—Y después, ¿qué?
BESTIARIO:
—Después se cerraba la trampilla.
ÁLEX:
—¿Y el oso?
BESTIARIO:
—Eso depende de lo que el organizador hubiera decidido que debía ocurrir.
En resumen:
🟢 Alces: mencionados explícitamente por Calpurnio.
🟢 Focas: mencionadas como vituli marini y enfrentadas a osos.
🟡 Osos polares: hipótesis plausible, pero no demostrada por el texto antiguo.
🟠 Bueyes almizcleros: no deberían presentarse como un hecho seguro.
🟢 Transporte de fauna lejana: perfectamente documentado como parte de la industria romana de los espectáculos.
Y hay un detalle que merece la pena añadir a la dramatización: Calpurnio describe el espectáculo como algo visto bajo Nerón, no específicamente en el Coliseo. El gran Coliseo se inauguró después, bajo Tito, mientras que el poeta parece estar describiendo el anfiteatro de madera de Nerón.


