miércoles, 8 de julio de 2026

Cuando los glifos mayas volvieron a hablar.

 

Curiosidades sobre los vikingos.

 

Herencia vikinga: cómo el mundo nórdico sigue vivo en las islas Shetland y qué impulsó la expansión de los vikingos

Durante siglos, la imagen de los vikingos ha estado asociada a guerreros feroces que surcaban el Atlántico en busca de botín. Sin embargo, la realidad fue mucho más compleja. Eran comerciantes, exploradores, agricultores y colonizadores cuya huella todavía puede encontrarse en lugares como las Islas Shetland, donde numerosas tradiciones recuerdan el pasado escandinavo.

Shetland, una pequeña Escandinavia en territorio escocés

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Las Shetland pertenecieron al reino de Noruega durante más de cinco siglos, hasta que fueron cedidas a Escocia en 1469 como parte de la dote matrimonial de Margarita de Dinamarca. Esa larga vinculación dejó una profunda huella cultural.

El idioma norn

Hasta finales del siglo XVIII se habló en las Shetland una lengua llamada norn, descendiente directo del nórdico antiguo, muy próxima al noruego medieval. No era exactamente el mismo idioma que hablaban los vikingos del siglo IX, pero sí su evolución local.

Hoy el norn está extinguido, aunque sobreviven miles de palabras en el dialecto shetlandés:

  • nombres de lugares;
  • términos relacionados con la pesca;
  • vocabulario agrícola;
  • apellidos y nombres familiares.

Muchos topónimos conservan prácticamente la misma forma que tenían hace mil años.

Up Helly Aa: la gran fiesta vikinga

La celebración más conocida de las Shetland es el Up Helly Aa.

Cada invierno, centenares de vecinos desfilan vestidos como guerreros vikingos portando antorchas. El momento culminante llega cuando incendian una réplica de un drakkar de madera mientras miles de personas contemplan el espectáculo.

Aunque parece una tradición medieval, en realidad nació en el siglo XIX, inspirándose en el pasado nórdico de las islas. Es una recreación histórica más que una supervivencia directa de la época vikinga, pero constituye uno de los festivales de temática vikinga más famosos del mundo.


¿Por qué comenzaron las incursiones vikingas?

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Durante mucho tiempo se creyó que los vikingos saqueaban simplemente porque eran especialmente violentos. Hoy los historiadores consideran que hubo una combinación de factores.

1. Crecimiento de la población

Entre los siglos VIII y IX aumentó la población de Noruega, Dinamarca y Suecia.

Las tierras cultivables eran escasas, especialmente en las regiones montañosas de Noruega, por lo que muchos jóvenes buscaban fortuna fuera de sus hogares.

2. Innovaciones navales

Los drakkar eran extraordinariamente rápidos.

Podían:

  • navegar en mar abierto;
  • remontar ríos;
  • desembarcar en playas;
  • sorprender a poblaciones costeras antes de que pudieran organizar una defensa.

Esta ventaja tecnológica convirtió las expediciones en empresas relativamente rentables.

3. Debilidad política de Europa occidental

Tras la muerte de Carlomagno, el Tratado de Verdún fragmentó el Imperio carolingio.

Los reinos francos quedaron divididos y frecuentemente enfrentados entre sí.

En Inglaterra, los distintos reinos sajones tampoco estaban completamente unificados.

Los monasterios, además, acumulaban riqueza y apenas disponían de defensas.

4. Comercio

No todas las expediciones eran saqueos.

Muchos escandinavos comerciaban con:

  • pieles;
  • hierro;
  • ámbar;
  • esclavos;
  • plata procedente del mundo islámico.

Los mismos barcos podían emplearse para comerciar o para atacar según las circunstancias.


¿Pudo una erupción volcánica originar el mito del Ragnarök?

Esta es una de las hipótesis más interesantes de los últimos años.

Los estudios paleoclimáticos muestran que entre los años 536 y 547 d.C. se produjo un brusco enfriamiento del hemisferio norte.

Diversas investigaciones apuntan a varias enormes erupciones volcánicas que lanzaron tal cantidad de cenizas a la atmósfera que disminuyó la luz solar durante años.

En Escandinavia:

  • descendieron las temperaturas;
  • fracasaron las cosechas;
  • aumentó la mortalidad;
  • numerosos asentamientos fueron abandonados.

Algunos arqueólogos creen que este desastre quedó grabado en la memoria colectiva y, generaciones después, pudo inspirar elementos del Ragnarök.

No existe una prueba definitiva, pero la hipótesis cuenta con bastante respaldo académico.


¿Qué es el Ragnarök?

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El Ragnarök es el fin del mundo según la mitología nórdica.

Los acontecimientos principales incluyen:

  • un largo invierno llamado Fimbulvetr;
  • guerras entre hermanos;
  • el Sol y la Luna son devorados;
  • terremotos e inundaciones;
  • el lobo Fenrir mata a Odín;
  • Surtr incendia el mundo con su espada de fuego.

Sin embargo, no termina todo ahí.

Tras la destrucción surge una Tierra renovada donde sobreviven algunos dioses y una nueva humanidad.

El Ragnarök representa tanto el final como el renacimiento.


¿Cómo influyó este mito en la mentalidad vikinga?

Aunque es difícil medir su influencia exacta, las sagas y la poesía nórdica sugieren que fomentó ciertos ideales:

  • aceptar que el destino no puede evitarse;
  • buscar el honor antes que una larga vida;
  • mantener la lealtad al jefe y al grupo;
  • demostrar valentía incluso ante una derrota segura.

El concepto de la fama póstuma era muy importante.

Un guerrero podía morir, pero sus hazañas permanecerían en la memoria de su familia y de los poetas.

Esto no significa que los vikingos buscaran morir deliberadamente. Preferían sobrevivir y enriquecerse, pero el ideal cultural valoraba afrontar el peligro con determinación cuando no había alternativa.


¿Los jefes vikingos se maquillaban y llevaban joyas?

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La respuesta es sí, aunque con algunos matices importantes.

Las fuentes arqueológicas y algunos relatos de viajeros muestran que muchos escandinavos cuidaban mucho su aspecto.

Se han encontrado:

  • peines de hueso;
  • pinzas;
  • limpiadores de uñas;
  • navajas de afeitar;
  • utensilios para el cuidado del cabello.

El cronista árabe Ahmad ibn Fadlan describió a los rus, de origen escandinavo, como hombres altos, bien vestidos y muy pendientes de su apariencia.

Joyas

Los hombres de alto rango llevaban con frecuencia:

  • brazaletes de plata;
  • collares;
  • anillos;
  • broches;
  • armas decoradas con oro y plata.

Las joyas funcionaban como símbolos de riqueza y prestigio, pero también como reservas de metal precioso que podían intercambiarse o cortarse para pagar bienes.

¿Y los ojos pintados?

Aquí las pruebas son mucho más limitadas.

Algunas fuentes medievales, especialmente descripciones de viajeros árabes, han sido interpretadas como indicios de que ciertos escandinavos pudieron utilizar kohl o algún pigmento oscuro alrededor de los ojos, una práctica conocida en otras culturas con fines estéticos y para reducir el deslumbramiento del sol.

Sin embargo:

  • no existen evidencias arqueológicas concluyentes de que fuera una costumbre generalizada entre los vikingos;
  • tampoco puede afirmarse que fuera un distintivo exclusivo de los jefes militares o un símbolo de éxito en las expediciones.

Lo que sí está bien documentado es que los líderes exitosos exhibían su riqueza mediante joyas, ropa de calidad, armas ornamentadas y la generosidad al repartir botines y regalos entre sus seguidores, elementos fundamentales para mantener su prestigio y autoridad.

La inmersión de Beebe y Barton en la batisfera (1931)

 


A comienzos de la década de 1930, cuando casi todo el océano profundo seguía siendo un misterio, el naturalista William Beebe y el ingeniero Otis Barton decidieron intentar algo que parecía casi imposible: bajar vivos a cientos de metros bajo la superficie del mar para observar directamente un mundo que hasta entonces solo se conocía por animales capturados en redes.

Para conseguirlo construyeron la batisfera, una esfera de acero diseñada para soportar una presión enorme. En lugar de parecerse a un submarino convencional, era literalmente una bola maciza de acero con un espacio muy reducido en su interior. Sus paredes tenían varios centímetros de grosor para resistir el peso del agua y apenas disponía de tres pequeñas ventanas hechas de cuarzo fundido, un material mucho más resistente que el cristal normal. Por esos diminutos ojos asomaban Beebe y Barton para contemplar el océano. El aire llegaba gracias a un sistema de renovación con bombonas de oxígeno y absorbentes químicos que eliminaban el dióxido de carbono, mientras que un cable de acero sostenía toda la estructura desde el barco situado en la superficie. Ese mismo cable también llevaba las líneas telefónicas por las que los exploradores podían hablar con la tripulación y describir en tiempo real todo lo que estaban viendo.

El espacio interior era tan estrecho que apenas podían moverse. Sentados uno junto al otro, rodeados de instrumentos y con el calor aumentando poco a poco, sabían que dependían completamente del cable que los mantenía suspendidos sobre un abismo. Si ese cable fallaba, no existía ninguna posibilidad de escapar.

Cuando comenzó el descenso, la luz del Sol fue desapareciendo lentamente. Primero el agua adquirió un intenso color azul, luego un tono oscuro y, finalmente, una negrura casi absoluta. A partir de cierta profundidad el único modo de observar el entorno era mediante un potente foco instalado en la propia batisfera. Su haz de luz iluminaba pequeñas porciones del océano, mientras alrededor continuaba extendiéndose una oscuridad infinita.

Lo que apareció ante sus ojos era muy distinto de lo que muchos científicos imaginaban. En lugar de un desierto vacío, encontraron un lugar lleno de vida. Peces de formas extrañas cruzaban lentamente delante de las ventanas, algunos con cuerpos extremadamente delgados y otros con enormes bocas repletas de dientes. Muchos poseían órganos luminosos distribuidos por el cuerpo como pequeñas lámparas naturales. Aquellos puntos de luz azulados o verdosos se encendían y apagaban mientras los animales desaparecían otra vez en la oscuridad.

También observaron medusas delicadísimas, transparentes como el vidrio, cuyos tentáculos parecían hilos brillantes suspendidos en el agua. Algunas criaturas emitían destellos al moverse, produciendo una especie de lluvia de chispas luminosas. Había camarones y pequeños crustáceos que reflejaban el haz del foco con colores metálicos, además de peces que parecían negros durante un instante y, al girarse, revelaban reflejos plateados o iridiscentes.

Beebe quedó especialmente impresionado por la cantidad de especies desconocidas que aparecían durante solo unos segundos antes de perderse otra vez en las tinieblas. Comprendió que el océano profundo era un ecosistema mucho más rico y complejo de lo que se pensaba. Muchas de aquellas criaturas nunca habían sido observadas vivas en su entorno natural, de modo que su comportamiento resultaba completamente nuevo para la ciencia.

A medida que la batisfera descendía, la presión exterior aumentaba de forma extraordinaria. Mientras los ocupantes permanecían a una presión atmosférica normal dentro de la esfera, el agua de alrededor ejercía una fuerza inmensa sobre el acero. Barton confiaba plenamente en los cálculos de resistencia del diseño, pero ambos eran conscientes de que cualquier defecto habría significado una catástrofe instantánea.

Durante toda la inmersión, Beebe iba narrando por teléfono lo que veía para que sus observaciones quedaran registradas al momento. Aquellas descripciones, llenas de asombro y de detalles sobre los colores, las formas y el movimiento de los animales, permitieron que científicos y lectores imaginaran un mundo que hasta entonces permanecía completamente oculto.

El reportaje publicado por National Geographic transmitía precisamente esa mezcla de aventura científica y descubrimiento. No presentaba la inmersión solo como una hazaña técnica, sino como la apertura de una ventana hacia uno de los últimos territorios inexplorados de la Tierra. Gracias a la batisfera, Beebe y Barton demostraron que el océano profundo no era un vacío silencioso, sino un reino habitado por criaturas extraordinarias, adaptadas a vivir bajo presiones enormes, en un frío constante y en una oscuridad casi total. Sus descensos marcaron el comienzo de la exploración moderna de las grandes profundidades marinas y cambiaron para siempre la forma en que la ciencia entendía la vida en el fondo del océano.

-Creo que vieron a los labridos limpiar los parásitos de los peces loro.

En realidad, no. Ese comportamiento no pudo formar parte de las observaciones de Beebe y Barton durante las inmersiones de la batisfera.

Los peces loro y la mayoría de los lábridos limpiadores viven en arrecifes de coral poco profundos, normalmente entre unos pocos metros y varias decenas de metros de profundidad, donde llega abundante luz solar. Las inmersiones más famosas de la batisfera se realizaron mucho más abajo, en aguas profundas frente a las Bermudas, donde ese tipo de fauna arrecifal ya no está presente.

Lo que Beebe describió fue un conjunto de animales propios de las profundidades: peces bioluminiscentes, peces hacha, peces víbora, peces dragón, camarones, medusas y sifonóforos transparentes, entre otros organismos adaptados a la oscuridad permanente.

Es posible que estés mezclando dos escenas muy conocidas de la biología marina:

  • Los lábridos limpiadores retirando parásitos de otros peces en estaciones de limpieza de los arrecifes.
  • Las observaciones de Beebe y Barton de fauna de aguas profundas desde la batisfera.

Ambas son imágenes icónicas de la exploración marina, pero pertenecen a ecosistemas completamente distintos. El comportamiento de limpieza entre lábridos y peces loro se observa en arrecifes tropicales iluminados por el Sol, no en las profundidades que alcanzó la batisfera.

Centenario de la expedición de John Leslie Powell, el explorador del Gran Cañón.


 El reportaje al que te refieres fue publicado originalmente por National Geographic Magazine en 1969, con texto de Joseph Judge y fotografías de Walter Meayers Edwards, con motivo del centenario de la expedición de John Wesley Powell por el río Colorado en 1869. Décadas después, National Geographic History adaptó y recuperó aquel reportaje para una nueva audiencia.

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