jueves, 1 de octubre de 2026

Dian Fossey estudia los gorilas de montaña (enero de 1970).

 


Entre los gorilas de las montañas Virunga

Durante años, Dian Fossey pasó buena parte de sus días en las laderas cubiertas de niebla de los volcanes Virunga, en África central. Allí, a miles de metros de altitud, vivían los gorilas de montaña, animales que durante mucho tiempo habían sido considerados feroces y peligrosos. Fossey descubrió algo muy distinto: detrás de su formidable aspecto había animales tímidos, sociables y extraordinariamente sensibles a cuanto ocurría a su alrededor.

Su propósito no era limitarse a observarlos desde lejos. Quería llegar a conocerlos individualmente, distinguir sus personalidades y comprender la vida de los grupos sin alterar su comportamiento. Para conseguirlo tuvo que ganarse algo mucho más difícil que una simple proximidad física: su confianza.

Fossey comprendió pronto que un ser humano que permaneciera inmóvil observándolos podía resultarles tan extraño como cualquier otra amenaza. Por eso decidió hacer algo poco convencional: comportarse como ellos.

Cuando los gorilas se alimentaban, ella imitaba sus movimientos y fingía comer la misma vegetación. Cuando se acicalaban, reproducía sus gestos. Poco a poco empezó también a copiar sus sonidos. Entre ellos estaba una especie de eructo o vocalización grave que los gorilas utilizaban habitualmente para comunicarse mientras permanecían tranquilos. Fossey descubrió que, al reproducir aquellos sonidos, podía acercarse mucho más al grupo.

La técnica exigía paciencia y una cierta pérdida de dignidad. Sentada entre la vegetación, podía pasar largos períodos fingiendo que un tallo era un manjar extraordinario o golpeándose suavemente el pecho para reproducir los gestos de los animales. Pero el resultado compensaba el esfuerzo. Algunos gorilas terminaron aceptándola como una presencia familiar.

La relación llegó a ser tan estrecha que los jóvenes se aproximaban a ella por pura curiosidad. Algunos examinaban su mochila, tocaban las correas de la cámara o jugaban con los cordones de sus botas. Fossey había dejado de ser simplemente una figura humana situada en el borde del grupo: para ciertos animales se había convertido en una curiosidad conocida.

El extraño grupo de Rafiki

Entre todos sus encuentros hubo uno especialmente singular. Era el grupo dirigido por Rafiki, compuesto exclusivamente por machos.

Cuando Fossey conoció al grupo, la situación era diferente. Junto a los cinco machos vivía una hembra muy anciana, a la que llamó Koko. Era una criatura envejecida y debilitada, con los brazos atrofiados y el aspecto propio de una hembra que había llegado al final de su vida reproductiva.

Sin embargo, su edad y su debilidad no parecían disminuir su importancia dentro del grupo.

Koko ocupaba un lugar central en la vida social de aquellos machos. Una de sus actividades favoritas era el acicalamiento mutuo. Comenzaba a limpiar cuidadosamente el pelo de otro gorila, separándolo y examinándolo, y los demás terminaban incorporándose a la sesión. En poco tiempo varios animales podían estar sentados juntos, concentrados en aquella labor de limpieza que tenía también una evidente función social.

Fossey observó algo particularmente revelador: después de la muerte de Koko, el acicalamiento colectivo prácticamente desapareció de aquel grupo. En los meses siguientes sólo pudo observarlo en contadas ocasiones.

Era como si la vieja hembra hubiera desempeñado una función social que trascendía con mucho su capacidad física.

Los cinco machos

Después de la muerte de Koko, Rafiki y los demás quedaron convertidos en un grupo de solteros. Sin hembras ni crías que proteger, su comportamiento resultaba especialmente curioso.

Los jóvenes —Peanuts, Geezer y Samson— eran los más atrevidos. Cuando Fossey observaba al grupo desde un árbol, ellos podían trepar hasta donde estaba ella. Su interés no parecía hostil. Querían investigar aquel extraño objeto que había aparecido en su territorio.

La cámara, la ropa, las botas y la mochila se convertían en objetos de exploración.

Aquellos encuentros permitieron a Fossey observar una faceta de los gorilas que raramente aparecía en las descripciones tradicionales: su curiosidad. Los animales no eran simplemente enormes simios que toleraban a regañadientes la presencia de una investigadora. También podían acercarse voluntariamente, examinarla y participar en una especie de juego.

Fossey aprendió que la confianza no significaba que los gorilas hubieran dejado de ser animales salvajes. Seguían teniendo sus propias reglas y podían reaccionar violentamente cuando se sentían amenazados. Pero una vez que reconocían a una persona y comprendían sus intenciones, su comportamiento podía ser extraordinariamente tranquilo.

Los pequeños que habían perdido a sus familias

Entre los episodios que más impresionaron a Fossey estaban sus contactos con jóvenes gorilas que habían quedado sin sus familias.

Dos de ellos, una hembra joven llamada Pucker Puss y un macho llamado Coco, fueron atendidos por Fossey después de que sus familias fueran víctimas de cazadores furtivos. Los pequeños necesitaban cuidados y atención, y la investigadora pudo observar de cerca la enorme importancia que tenían para los gorilas las relaciones sociales y familiares.

El contacto con los jóvenes mostraba además otro aspecto de los machos adultos. Fossey comprobó que podían ser pacientes y protectores con las crías.

En una ocasión, un macho adulto al que había considerado particularmente severo sorprendió por completo a la investigadora. Durante un período de descanso, una cría se aproximó a él y se apoyó contra su espalda. Fossey esperaba una reacción brusca. En lugar de eso, el macho tomó una flor de tallo largo y comenzó a hacer cosquillas al pequeño.

La escena cambió por completo la imagen que ella tenía de aquel animal. El supuesto gruñón terminó tendido en la ladera, entretenido con la cría y convertido, durante unos minutos, en un juguetón cuidador.

Aprender a mirar a un gorila

Cada encuentro enseñaba a Fossey algo nuevo.

Los gorilas se comunicaban mediante diferentes vocalizaciones: sonidos suaves asociados con la tranquilidad y el contacto social, gruñidos empleados para imponer disciplina y otras llamadas utilizadas cuando un animal sentía curiosidad o alarma. El macho dominante podía emitir una vocalización que hacía que todos los miembros del grupo prestaran atención inmediatamente.

Fossey comenzó a registrar aquellos sonidos y a relacionarlos con determinadas situaciones. Pero no quería estudiar únicamente un repertorio de llamadas. Quería comprender el conjunto de la vida social de los animales: sus desplazamientos, su alimentación, sus disputas, sus juegos, sus períodos de descanso y la manera en que construían sus nidos diurnos y nocturnos.

Sobre todo, quería observarlos sin convertir su presencia en el acontecimiento principal.

Ésa era la paradoja de su trabajo. Para conocerlos tenía que acercarse; para estudiarlos correctamente tenía que conseguir que su presencia dejara de importarles.

Un mundo que se abría poco a poco

Los años de convivencia fueron transformando la relación. Fossey empezó a reconocer a los gorilas por sus caras, sus cuerpos y sus peculiaridades. Les dio nombres para poder identificarlos en sus cientos de páginas de notas y acabó conociendo sus diferentes temperamentos.

Algunos eran reservados. Otros se mostraban curiosos. Algunos jóvenes buscaban el contacto y el juego. Los machos dominantes podían ser imponentes y autoritarios, pero también mostraban comportamientos de protección y ternura hacia las crías.

La imagen que emergía era muy diferente de la del monstruo que atacaba sin motivo. Fossey insistía en que los gorilas eran animales fundamentalmente tímidos y pacíficos, aunque capaces de defenderse cuando se sentían amenazados.

Su método había empezado con una idea sencilla: si quería que los gorilas aceptaran su presencia, tendría que aprender a comunicarse con ellos en sus propios términos.

Y, poco a poco, eso fue precisamente lo que ocurrió.

Entre la niebla, los helechos y las laderas volcánicas, una mujer que había llegado para estudiar a unos animales salvajes terminó estableciendo con algunos de ellos una relación de familiaridad extraordinaria. Los observaba; ellos la observaban a ella. Ella imitaba sus sonidos y sus gestos; ellos examinaban sus cámaras, sus botas y sus pertenencias.

El resultado fue algo más que una colección de observaciones científicas. Fue un retrato íntimo de una sociedad animal que hasta entonces había permanecido casi completamente oculta al mundo.

Fossey había entrado en el bosque para estudiar a los gorilas.

Para hacerlo, tuvo primero que conseguir que los gorilas aceptaran que ella también formaba parte, aunque fuera sólo de manera provisional, de su mundo.

Jakob Johann Bachofen y EL DERECHO MATERNO (1861)

 Sí. Y conviene hacer una precisión desde el principio: Bachofen no escribió simplemente una historia del “matriarcado”, en el sentido moderno de una sociedad gobernada políticamente por mujeres. Su concepto central es Mutterrecht (“derecho materno”), que relaciona filiación por línea materna, posición jurídica de la madre, culto a divinidades femeninas y, en determinados casos, Gynaikokratie o ginecocracia, es decir, predominio femenino. Su obra de 1861 lleva el título completo Das Mutterrecht. Eine Untersuchung über die Gynaikokratie der alten Welt nach ihrer religiösen und rechtlichen Natur y tuvo 435 páginas en la primera edición.

A continuación te presento un reportaje amplio, siguiendo el argumento de Bachofen y distinguiendo sus fuentes de las interpretaciones que hoy podemos hacer de ellas.

El derecho materno de Bachofen: cuando la madre era el centro del mundo

Licia, Egipto y las huellas de un antiguo orden femenino

En 1861, en Stuttgart, apareció un libro que iba a cambiar profundamente la manera en que algunos historiadores y antropólogos europeos imaginaron los orígenes de la familia: Das Mutterrecht, de Johann Jakob Bachofen (1815-1887).

Su tesis era extraordinaria para su época. Bachofen sostenía que, antes de la consolidación del orden patriarcal que él identificaba con el mundo clásico y, posteriormente, con Roma, habían existido formas de organización social en las que la madre constituía el punto fundamental del parentesco, la herencia, la religión y, en determinados casos, del poder político.

Pero Bachofen no se limitó a buscar ejemplos de mujeres gobernantes. Su investigación pretendía reconstruir una evolución religiosa y jurídica de la humanidad mediante mitos, leyes, genealogías, relatos de viajeros y autores antiguos.

La edición española de Akal de 1987, preparada y traducida por María del Mar Llinares García, seleccionó precisamente los capítulos que mejor permiten seguir este razonamiento: Licia, Creta, Atenas, los mitos de las Lemnias y las Danaides, Egipto y Cantabria. La propia traductora advierte que la obra completa dedica también considerable espacio a India, África y otras regiones.


1. ¿Qué significa exactamente “derecho materno”?

Aquí está la clave para comprender a Bachofen.

Para él, la maternidad posee una característica que la paternidad no puede ofrecer en las sociedades más antiguas: la certeza física de la descendencia.

La madre es visible e indiscutible; el padre puede ser incierto allí donde no existe una institución matrimonial estrictamente regulada.

De esta premisa Bachofen deriva una consecuencia jurídica:

si no puede determinarse con seguridad quién es el padre, la descendencia se establece por la madre.

El parentesco materno se convierte así en el fundamento de la familia.

Pero Bachofen da un paso mucho mayor. Ese principio jurídico estaría conectado con una determinada visión religiosa de la naturaleza:

madre → tierra → fertilidad → vida → muerte → regeneración.

El derecho materno pertenece, en su interpretación, al mundo de la Naturaleza, de la tierra y de la generación material. Frente a él aparecería posteriormente el principio paterno, asociado a lo espiritual, celeste y solar.

Por eso, para Bachofen, estudiar el parentesco no significa únicamente estudiar quién hereda una propiedad. Significa estudiar qué concepción del universo domina una civilización.


2. Las cuatro grandes etapas de Bachofen

Aunque su teoría es mucho más compleja que un simple esquema evolutivo, puede resumirse aproximadamente así.

Primera etapa: el heterismo

Bachofen imagina un período muy antiguo caracterizado por relaciones sexuales que no estarían reguladas por el matrimonio.

Utiliza para describirlo el término heterismo.

En este contexto, la paternidad sería incierta y, por consiguiente, la descendencia sólo podría establecerse con seguridad por vía materna.

Es importante señalar que ésta es una reconstrucción teórica de Bachofen, no una descripción demostrada de una fase universal de la humanidad. Su esquema tuvo enorme influencia posterior, pero la antropología contemporánea no acepta como hecho establecido una evolución universal de todas las sociedades humanas siguiendo estas etapas.

Segunda etapa: la reacción femenina

Según Bachofen, las mujeres se rebelarían contra aquella situación.

Aquí aparece uno de los aspectos más llamativos de su teoría: la mujer sería la fuerza que introduce orden en la sexualidad y en la sociedad.

La mujer deja de ser simplemente objeto de relaciones sexuales y adquiere capacidad de imponer reglas.

Bachofen relaciona este momento con las Amazonas, tanto históricas como míticas.

Tercera etapa: la ginecocracia

La reacción femenina desembocaría en una sociedad en la que el principio materno se institucionaliza.

Aquí aparecen:

  • filiación materna;
  • importancia de las madres;
  • herencia por vía femenina;
  • culto a divinidades femeninas;
  • agricultura;
  • estabilidad familiar;
  • predominio social de la mujer.

Es el momento que Bachofen denomina ginecocracia.

Cuarta etapa: el patriarcado

Finalmente se produciría la victoria del principio paterno.

Bachofen relaciona esta transformación especialmente con el mundo griego y después con Roma.

El cambio religioso resulta fundamental: las divinidades terrestres y maternas pierden su primacía frente a divinidades masculinas, solares y celestes.

Su interpretación de Orestes es uno de los ejemplos más conocidos: el conflicto entre la antigua ley materna y el nuevo orden paterno queda dramatizado en la mitología griega.

La edición española señala precisamente que Bachofen interpreta varios mitos griegos como expresiones del enfrentamiento entre matriarcado y patriarcado y de la victoria definitiva del segundo.


3. Licia: el gran laboratorio de Bachofen

Bachofen comienza su investigación por Licia, en el suroeste de Asia Menor, porque consideraba que allí se encontraba el testimonio histórico más importante de un sistema de derecho materno.

No parte solamente de mitos.

Utiliza testimonios de autores clásicos como Heródoto, Estrabón, Plutarco, Ateneo, Heráclides del Ponto, entre otros.

Su punto de partida es un dato transmitido por Heródoto: los licios podían identificarse por la línea materna.

En la interpretación de Bachofen, el licio no obtenía su identidad fundamental de su padre, sino de su madre.

Y eso tenía consecuencias políticas.

La sucesión y la legitimidad podían remontarse a la línea femenina.

El sobrino por vía materna —el hijo de la hermana— adquiere una importancia extraordinaria dentro de esta lógica.

Esto le interesa enormemente a Bachofen porque proporciona un mecanismo mediante el cual una sociedad puede transmitir autoridad sin depender de la filiación paterna.


Belerofonte y las Amazonas

El mito de Belerofonte ocupa un lugar fundamental.

Bachofen interpreta la lucha contra las Amazonas no como un simple episodio heroico, sino como una representación simbólica del conflicto entre dos sistemas.

El héroe masculino derrota a las Amazonas y, al mismo tiempo, aparece asociado a la fundación de un nuevo orden.

La lectura de Bachofen es por tanto:

Amazonismo → ginecocracia → transición hacia un orden masculino.

Para él, las Amazonas representan el extremo guerrero del poder femenino.

Pero existe una diferencia importante:

Bachofen no considera que “Amazonas” y “derecho materno” sean exactamente lo mismo.

El amazonismo sería una forma más violenta y extrema, mientras que la ginecocracia organizada representa un estadio cultural más estable.

Su esquema presenta, por tanto, una transformación desde la violencia sexual inicial hacia la organización agrícola, matrimonial y jurídica.


4. La mujer, la tierra y la agricultura

Aquí aparece uno de los aspectos intelectualmente más interesantes de Das Mutterrecht.

Bachofen establece una asociación simbólica:

mujer = madre = tierra = fertilidad.

La mujer da a luz del mismo modo que la tierra produce plantas.

Por eso, en las sociedades que él considera ginecocráticas, espera encontrar:

  • divinidades femeninas;
  • cultos agrícolas;
  • símbolos de fertilidad;
  • importancia de la tierra;
  • mitos de muerte y renacimiento;
  • culto lunar;
  • predominio del principio materno.

El patriarcado representaría posteriormente otro universo simbólico:

padre = cielo = espíritu = sol.

Esta oposición es uno de los grandes ejes de toda la obra.

No estamos, por tanto, ante una simple historia de “mujeres mandando a hombres”.

Para Bachofen se trata de dos concepciones religiosas del cosmos.


5. Egipto: Isis frente a Osiris

El capítulo egipcio es especialmente importante.

Bachofen interpreta la religión egipcia a partir de la relación entre Isis y Osiris.

Isis representa para él una poderosa expresión del principio materno.

No es simplemente una diosa entre otras: simboliza la capacidad generadora de la naturaleza.

La asociación que establece es:

Isis → madre → tierra → fecundidad → derecho materno.

En el esquema de Bachofen, la prominencia de Isis permite comprender determinados rasgos de la organización egipcia.

También presta atención a la sucesión real y a la posición de las mujeres de la casa real.

En particular, examina la importancia de la filiación femenina y las tradiciones relativas a reinas y regencias.

La documentación del capítulo egipcio incluye referencias a personajes como Nitocris, reina asociada por las tradiciones antiguas a la VI dinastía, y a Candace, además de relatos sobre Etiopía.

La tabla de contenidos de la edición española permite reconstruir la amplitud de este argumento: Bachofen analiza el predominio femenino en el país del Nilo, su relación con la civilización egipcia, las tradiciones amazónicas libias, la casa real, Isis y Osiris, Nitocris y las concepciones egipcias y etíopes sobre filiación.


6. El Egipto de Bachofen no es simplemente “un matriarcado”

Aquí hay que tener cuidado.

Bachofen no está diciendo que todos los hombres egipcios estuvieran sometidos políticamente a todas las mujeres egipcias.

Su argumento es más sofisticado.

Busca una estructura cultural en la que el principio femenino tenga primacía religiosa y jurídica.

En Egipto encuentra, según su lectura:

  • la centralidad de Isis;
  • la relación entre maternidad y naturaleza;
  • elementos de filiación femenina;
  • determinadas formas de sucesión;
  • poder de las mujeres de la realeza;
  • persistencia de un antiguo principio materno bajo instituciones posteriormente patriarcales.

Su Egipto es, por tanto, un ejemplo de supervivencia y transformación de un antiguo orden materno, no necesariamente una descripción de un Estado gobernado exclusivamente por mujeres.


7. El dato sorprendente: Bachofen llega hasta América

Y aquí llegamos a la parte que señalas y que resulta especialmente interesante.

Bachofen no limitó su investigación al Mediterráneo y al Oriente antiguo.

En determinados pasajes utiliza información sobre pueblos americanos para establecer comparaciones con las sociedades que considera portadoras de derecho materno.

La bibliografía posterior ha señalado expresamente que Bachofen extendió su comparación a Perú y Brasil, utilizando, entre otras fuentes, referencias de La Condamine, Spix y Martius.

También utiliza la tradición histórica española sobre el mundo americano, especialmente cuando ésta podía ofrecer información acerca de las formas de matrimonio, filiación y organización familiar.

Y aquí encontramos algo muy característico de la antropología del siglo XIX:

Bachofen trata las crónicas de conquistadores, viajeros y misioneros como auténticos depósitos de información etnográfica.


8. Los cronistas españoles como “testigos” del mundo indígena

Para reconstruir sociedades que no podía observar directamente, Bachofen dependía de los textos disponibles en las bibliotecas europeas.

Entre ellos estaban las grandes crónicas americanas.

Uno de los nombres importantes es Garcilaso de la Vega, especialmente sus Comentarios reales de los Incas.

Bachofen utiliza información sobre el Perú prehispánico para compararla con su teoría del derecho materno.

La tradición de Garcilaso resultaba particularmente interesante porque contenía relatos sobre:

  • matrimonio;
  • parentesco;
  • sucesión;
  • mujeres de la nobleza;
  • organización familiar;
  • religión;
  • instituciones anteriores a los Incas.

La recepción posterior ha destacado precisamente que Bachofen amplió su investigación desde Egipto, Etiopía y Libia hasta el Imperio inca.


9. El Perú preincaico

Aquí Bachofen se encuentra con un problema fascinante.

Las fuentes españolas hablaban de pueblos anteriores al dominio de los Incas y describían prácticas que, interpretadas desde las categorías del siglo XIX, podían parecer formas de organización sexual o familiar diferentes del matrimonio europeo.

Una de las fuentes que circulaban en la antropología de la época era Garcilaso.

La información atribuida a él acerca de determinadas comunidades anteriores a los Incas fue utilizada posteriormente por autores como Lubbock y Engels para reconstruir las ideas de Bachofen sobre las primeras formas de familia.

Esto es importante porque muestra cómo funcionaba el razonamiento:

cronista español → descripción de una costumbre indígena → comparación con una fuente clásica → hipótesis sobre el derecho materno.

El problema es que entre esos cuatro pasos se introducía una enorme cantidad de interpretación.


10. Venezuela: una de las noticias más llamativas

Las crónicas españolas contienen también descripciones de pueblos de la costa venezolana.

Una de las fuentes fundamentales era Antonio de Herrera y Tordesillas, autor de la Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano.

Herrera describía determinados pueblos de la costa venezolana señalando que no existía una regulación matrimonial semejante a la europea: hombres y mujeres podían establecer y abandonar relaciones con considerable libertad.

También describe grandes viviendas colectivas.

La información de Herrera fue utilizada posteriormente por Lewis Henry Morgan para sus estudios de parentesco y por otros evolucionistas del siglo XIX. Una reproducción de su pasaje conserva la descripción de viviendas comunales y de relaciones matrimoniales no reguladas por las normas europeas.

Esto resulta especialmente interesante para comprender el ambiente intelectual en el que se recibió a Bachofen.


11. Brasil y las noticias de viajeros europeos

Bachofen tampoco ignoró Brasil.

La información procedente de viajeros y naturalistas europeos —entre ellos La Condamine, Spix y Martius, según estudios posteriores sobre su utilización de fuentes americanas— entraba en la gran biblioteca comparativa que Bachofen empleaba para construir sus paralelos.

Hay que recordar que durante el siglo XIX las expediciones científicas europeas habían producido una enorme cantidad de descripciones de pueblos indígenas de América del Sur.

Para Bachofen, esos informes tenían un valor especial porque podían mostrar formas sociales que la civilización europea había dejado atrás, según su concepción evolucionista.


12. ¿Y los misioneros españoles?

Aquí merece hacerse una distinción.

Las informaciones procedentes de misioneros y religiosos fueron fundamentales para el conocimiento europeo de las sociedades americanas, pero no todos los testimonios que hoy asociaríamos a la etnografía americana fueron utilizados por Bachofen directamente ni todos describen “matriarcados”.

El problema metodológico es considerable.

Un misionero podía describir una costumbre indígena utilizando categorías cristianas como:

  • matrimonio;
  • pecado;
  • incesto;
  • promiscuidad;
  • idolatría;
  • barbarie;
  • castidad.

Por tanto, cuando Bachofen leía una afirmación del tipo “los indios no tienen matrimonio”, debía transformarla en una categoría antropológica propia.

Y esa transformación podía ser problemática.

Una descripción de un matrimonio diferente al europeo no demuestra por sí misma que existiera un matriarcado.


13. Lo que Bachofen buscaba en América

Lo que le interesaba especialmente no era encontrar una simple sociedad donde “mandasen las mujeres”.

Buscaba indicios de una combinación determinada:

1. Filiación materna

Los hijos pertenecen al linaje de la madre.

2. Herencia femenina

Los bienes o la posición social pasan por las mujeres.

3. Importancia del hermano de la madre

El tío materno puede desempeñar una función sucesoria o política.

4. Libertad matrimonial

La existencia de formas matrimoniales diferentes de la monogamia europea.

5. Cultos femeninos

Divinidades madres, tierra, fertilidad, luna.

6. Poder político femenino

Cuando las fuentes lo permiten.

7. Comunidades agrícolas

Porque Bachofen relaciona la agricultura con la estabilización del derecho materno.


14. La conexión con los Incas

La civilización incaica le resulta particularmente interesante porque encuentra en ella una combinación aparentemente contradictoria.

Por un lado existe una organización estatal fuertemente jerarquizada y patriarcal.

Por otro, aparecen:

  • importantes figuras femeninas;
  • la Coya, esposa principal del Inca;
  • instituciones religiosas femeninas;
  • las acllas o mujeres escogidas;
  • derechos y tradiciones de parentesco;
  • relatos sobre la importancia de determinadas líneas maternas.

Bachofen intenta encontrar en estos elementos restos de un principio anterior.

En otras palabras:

el Estado patriarcal puede conservar instituciones, símbolos y costumbres procedentes de un antiguo orden materno.

Esta idea de las “supervivencias” es fundamental para comprenderlo.


15. Una idea esencial: el pasado no desaparece completamente

Para Bachofen, una sociedad nueva no elimina automáticamente todas las estructuras de la anterior.

Quedan restos.

Por eso busca antiguas instituciones maternas dentro de sociedades que ya son patriarcales.

Esta es la razón por la que presta tanta atención a:

  • mitos;
  • nombres;
  • genealogías;
  • costumbres funerarias;
  • ceremonias matrimoniales;
  • derechos hereditarios;
  • cuentos;
  • religiones.

Un mito que parece absurdo en el presente puede ser, según él, el recuerdo deformado de una institución social real del pasado.

Esta concepción fue extraordinariamente influyente.


16. El mito como fósil de una sociedad desaparecida

Éste quizá sea el aspecto más original de El derecho materno.

Para Bachofen, un mito no es simplemente una fantasía.

Puede ser la memoria simbólica de una época histórica anterior.

Así interpreta:

  • las Amazonas;
  • Deméter;
  • Hera;
  • Afrodita;
  • Isis;
  • las Erinias;
  • Orestes;
  • las Danaides;
  • determinadas genealogías;
  • relatos de reinas.

Cuando aparece una diosa madre, una herencia por vía femenina o un conflicto entre madre e hijo, Bachofen pregunta:

¿qué institución social antigua está escondida detrás de este relato?

Su procedimiento es, en esencia, arqueología cultural.


17. La Luna y el Sol

Otro elemento constante de la obra es su simbolismo cosmológico.

Bachofen relaciona:

femenino → tierra → madre → luna → noche

frente a:

masculino → cielo → padre → sol → día.

No significa que cada sociedad que adore a la Luna sea automáticamente matriarcal.

Es un sistema interpretativo mediante el cual Bachofen intenta encontrar una correspondencia entre religión, derecho y organización social.

Por eso habla repetidamente del carácter telúrico del derecho materno.

La tierra es madre porque produce vida.

La mujer es madre porque produce vida.

El culto a la tierra y el derecho materno serían, por tanto, expresiones distintas de una misma concepción religiosa.


18. Las Amazonas como símbolo histórico

Aquí Bachofen se distancia bastante de la imagen popular moderna.

Para él, las Amazonas no son solamente guerreras legendarias.

Representan una etapa histórica en la que las mujeres habrían reaccionado frente a la dominación masculina.

El amazonismo sería incluso anterior a la ginecocracia plenamente organizada.

De ahí la importancia de las Amazonas de Libia y Asia Menor en su reconstrucción.

La propia estructura de la obra dedica considerable atención a las expediciones de las Amazonas y a su significado cultural y religioso.


19. Pero Bachofen no dice que el matriarcado sea el final de la historia

Todo lo contrario.

Para él, el desarrollo histórico termina desplazándose hacia el principio paterno.

El proceso sería aproximadamente:

naturaleza → mujer → madre → tierra → agricultura → derecho materno → religión femenina → transición → padre → espíritu → sol → derecho patriarcal.

Y considera que Roma representa la culminación jurídica de este proceso.

Esta valoración de Roma es importante.

Bachofen no presenta la evolución como una sucesión de simples formas familiares. Para él es una historia de la civilización misma.


20. Roma como triunfo del principio paterno

El derecho romano representa para Bachofen la cristalización definitiva de un nuevo orden.

La autoridad ya no procede primordialmente de la sangre materna, sino de la estructura jurídica de la familia.

El pater familias encarna ese principio.

Por eso el desarrollo del derecho romano le parece una transformación enorme:

la naturaleza es sustituida por la ley.

La filiación deja de ser solamente un hecho biológico y pasa a ser una institución jurídica.

Aquí aparece una de las grandes oposiciones de Bachofen:

derecho natural materno frente a derecho civil paterno.


21. Lo que hoy resulta más problemático

Y ésta es quizá la parte más importante si queremos leer a Bachofen sin convertir su teoría del siglo XIX en una verdad antropológica actual.

La existencia de sociedades matrilineales está perfectamente documentada.

Eso significa que existen o han existido sociedades donde el parentesco, la herencia o la pertenencia a un linaje se transmiten por línea materna.

Pero:

matrilinealidad ≠ matriarcado.

Una sociedad puede ser matrilineal y continuar teniendo instituciones políticas dominadas por hombres.

Incluso el papel central de las mujeres no implica necesariamente un sistema de gobierno femenino.

La antropología posterior ha cuestionado precisamente la transformación automática de:

filiación materna → poder femenino → matriarcado.

La literatura académica contemporánea sobre América Latina, por ejemplo, señala expresamente que no es correcto identificar sin más las sociedades latinoamericanas con el Mutterrecht licio descrito por Bachofen.


22. El gran problema metodológico de Bachofen

Su procedimiento tiene una enorme fuerza imaginativa, pero también una debilidad.

Bachofen reúne:

  • mitos griegos;
  • textos egipcios;
  • historiadores clásicos;
  • crónicas medievales;
  • viajeros;
  • informaciones etnográficas;
  • relatos americanos.

Después intenta descubrir detrás de todos ellos una secuencia universal de evolución humana.

El problema es que una semejanza entre dos sociedades no demuestra necesariamente que ambas procedan de la misma etapa histórica.

Por ejemplo:

una sociedad tiene filiación materna
otra sociedad tiene una diosa madre
una tercera posee una leyenda sobre Amazonas.

No se puede concluir automáticamente que las tres procedan de una antigua civilización matriarcal.

Hoy se exige mucha más cautela.


23. Y, sin embargo, Bachofen sigue siendo extraordinariamente importante

Porque planteó una pregunta que tuvo consecuencias enormes:

¿Y si la familia patriarcal no hubiera sido la única forma familiar existente desde el principio de la humanidad?

La respuesta moderna es mucho más compleja que la de Bachofen.

Pero su pregunta abrió el camino a investigaciones posteriores sobre:

  • parentesco;
  • matrilinealidad;
  • matrilocalidad;
  • sistemas de herencia;
  • antropología de la religión;
  • mitología comparada;
  • historia de la familia;
  • posición jurídica de la mujer.

Su influencia alcanzó a autores posteriores como Lewis Henry Morgan y Friedrich Engels, aunque éstos reinterpretaron profundamente sus planteamientos. Engels, por ejemplo, reconoció explícitamente que la historia de la familia como campo de investigación arrancaba con la publicación de Mutterrecht en 1861.


24. Un mapa de la teoría de Bachofen

Podemos condensar todo el libro de esta manera:

ElementoMundo maternoMundo paterno
ParentescoMadrePadre
FiliaciónMaternaPaterna
SímboloTierraCielo
DivinidadDiosa madreDios masculino
AstroLunaSol
PrincipioNaturalezaEspíritu
EconomíaAgriculturaEstado/derecho
FamiliaLinaje maternoFamilia patriarcal
ReligiónCtónicaCeleste
DerechoNaturalCivil
Imagen míticaAmazonas / Isis / DeméterApolo / Zeus / héroes
Culminación históricaGinecocraciaDerecho romano

Importante: esta tabla resume el sistema conceptual de Bachofen, no una descripción aceptada actualmente de la evolución universal de las sociedades humanas.


25. América dentro de este gran relato

Y aquí está, probablemente, la parte más interesante de lo que preguntas.

Para Bachofen, América no constituía simplemente un continente exótico.

Las informaciones provenientes de Perú, Brasil, Venezuela y otras regiones americanas podían funcionar como una especie de ventana hacia formas sociales que, según su hipótesis, Europa había superado mucho tiempo atrás.

La información de cronistas españoles, viajeros y naturalistas le permitía establecer comparaciones entre:

Licia — Egipto — África — Asia — Perú — Brasil — otros pueblos americanos.

De ahí que su obra tenga una dimensión mucho más amplia de lo que podría sugerir el título.

Una investigación que comienza con los licios termina intentando escribir una historia religiosa de la humanidad.

Y precisamente esa ambición explica tanto la importancia histórica de Bachofen como los problemas de su método.


Una última distinción que merece quedar muy clara

Cuando Bachofen habla de “matriarcado”, en muchas ocasiones la palabra moderna puede llevarnos a una interpretación equivocada.

Hay al menos cuatro fenómenos diferentes:

Matrilinealidad:
la descendencia se determina por la línea materna.

Matrilocalidad:
la pareja reside con la familia o comunidad de la mujer.

Derecho materno:
la pertenencia, sucesión o determinados derechos jurídicos se estructuran alrededor de la madre.

Ginecocracia:
las mujeres poseen una posición predominante en la sociedad o en el gobierno.

Bachofen intenta relacionarlos entre sí, pero no son sinónimos.

Y ésta es una de las claves para leer El derecho materno hoy sin caer ni en la admiración acrítica ni en el rechazo simplista.


Fuentes y lectura recomendada

La primera edición alemana de 1861 puede consultarse digitalizada en Google Books; el registro bibliográfico conserva el título completo y la edición de Krais & Hoffmann.

Das Mutterrecht — edición digital de 1861 en Google Books

Para leerlo en español, la edición de Akal de 1987, traducida e introducida por María del Mar Llinares García, es particularmente útil porque incluye una introducción contextual, un cuadro sinóptico de la obra y los capítulos más importantes para seguir la argumentación.

También resulta interesante contrastar la interpretación de Bachofen con los estudios sobre herencia femenina andina, que muestran por qué es necesario distinguir entre sistemas de parentesco, herencia y verdadero poder político.

Si quieres profundizar en la parte americana, puedo hacer una segunda parte mucho más específica, reconstruyendo qué pueblos de Perú, Brasil, Venezuela y otras zonas de Sudamérica menciona Bachofen, qué cronista español cita en cada caso (Garcilaso, Herrera, Cieza, etc.), qué costumbre indígena describe y cómo Bachofen la utiliza para defender su teoría del derecho materno, incluyendo las referencias de capítulo/página de la edición de 1861 o de la traducción española de Akal. 

El culto romano a Sumano, el dios de los rayos nocturnos.

 

Reportaje: Sumano, el dios romano de los rayos nocturnos

En la religión romana, un rayo no era simplemente un fenómeno atmosférico. Podía interpretarse como una manifestación directa de la voluntad divina. Durante el día, los rayos se atribuían principalmente a Júpiter; durante la noche, los romanos los relacionaban con una divinidad mucho menos conocida: Sumano (Summanus), dios de las tormentas y los rayos nocturnos. El Oxford Classical Dictionary lo define precisamente como el dios que enviaba los rayos nocturnos.

Un dios eclipsado por Júpiter

Sumano parece haber ocupado antiguamente un lugar más importante dentro del culto romano de lo que su escasa presencia posterior podría hacer pensar. Las fuentes antiguas distinguían entre las fulgura diurna, los rayos diurnos asociados a Júpiter, y los fenómenos nocturnos atribuidos a Sumano. La Enciclopedia Italiana señala que su carácter y origen son discutidos, aunque la tradición romana lo presenta como una divinidad de la fulguración nocturna.

Su templo se encontraba en las proximidades del Circo Máximo. La tradición lo relaciona con el año 278 a. C., en el contexto de la guerra contra Pirro de Epiro. En el calendario religioso romano, su festividad se celebraba el 20 de junio, y se le ofrecían unas tortas rituales llamadas summanalia, de forma circular.

Con el paso del tiempo, el culto de Júpiter adquirió una enorme importancia en Roma y Sumano quedó progresivamente relegado. Algunas fuentes antiguas incluso lo presentan como una figura estrechamente vinculada a Júpiter.


El episodio contado por Cicerón: un rayo que hizo hablar a los arúspices

Una de las informaciones más interesantes procede de Marco Tulio Cicerón, en su tratado De divinatione (Sobre la adivinación), escrito en el siglo I a. C.

Cicerón relata un episodio extraordinario: una estatua de Sumano, situada en el frontón del templo de Júpiter Óptimo Máximo, fue alcanzada por un rayo. La estatua era entonces de terracota y, tras el impacto, su cabeza desapareció.

Los harúspices —sacerdotes especializados en interpretar señales divinas— afirmaron que la cabeza había sido arrojada al río Tíber por el impacto. Lo sorprendente, según Cicerón, es que posteriormente la cabeza fue encontrada exactamente en el lugar que ellos habían señalado.

Cicerón utiliza este episodio dentro de una discusión más amplia sobre la adivinación. Su intención no es simplemente contar una leyenda sobre Sumano: está examinando hasta qué punto acontecimientos como los rayos podían interpretarse como señales de los dioses. De hecho, el diálogo contrapone la aceptación de determinados fenómenos religiosos con las dudas filosóficas acerca de si realmente permiten conocer la voluntad divina.

Este relato resulta especialmente importante porque muestra cómo un rayo podía convertirse en un acontecimiento religioso que requería interpretación sacerdotal.


¿Qué hacían los romanos cuando un rayo alcanzaba un lugar?

Aquí aparece una de las costumbres religiosas romanas más curiosas: el fulgur conditum, literalmente, el «rayo enterrado».

Para los romanos, un lugar alcanzado por un rayo podía quedar religiosus, es decir, separado del uso cotidiano y situado bajo una consideración religiosa especial. No se trataba simplemente de reparar los daños causados por la tormenta. El impacto se entendía como una intervención divina sobre el espacio humano.

Los sacerdotes recogían los restos afectados: tierra removida, piedras, madera, tejas u otros materiales que habían quedado quemados o alterados por el rayo. Estos materiales eran depositados y enterrados ritualmente en el propio lugar del impacto. El procedimiento se conoce como fulgur conditum.

Sobre el lugar podía establecerse un recinto llamado bidental. El término está relacionado con el sacrificio de una oveja de dos años (bidens), realizado como parte de la consagración del espacio. Se podía levantar además un pequeño altar o señalizar el lugar para impedir que fuera tratado como un espacio ordinario.

En otras palabras, los romanos no enterraban literalmente un rayo: enterraban los objetos, fragmentos y restos materiales afectados por él, tratando de retirar de la circulación humana aquello que había sido tocado por la divinidad.


También los edificios podían quedar sacralizados

La práctica no se limitaba a pequeños objetos. Un edificio alcanzado por un rayo podía adquirir un significado religioso extraordinario.

Un ejemplo famoso aparece en Suetonio, en su Vida de Augusto. El historiador cuenta que Augusto construyó el templo de Apolo en una parte de su residencia del Palatino que había sido alcanzada por un rayo. Los adivinos interpretaron el fenómeno como una señal de que el dios había elegido aquel lugar.

Este episodio permite observar una diferencia importante: un edificio afectado por un rayo no tenía necesariamente que ser abandonado o enterrado por completo. El impacto podía ser interpretado como una señal que determinaba un nuevo uso religioso del espacio. En el caso de Augusto, el lugar pasó a estar asociado al culto de Apolo.

Suetonio también cuenta otro episodio relacionado con los rayos. Durante una campaña en Hispania, mientras Augusto viajaba de noche, un rayo alcanzó su litera y mató al esclavo que caminaba delante llevando una antorcha. Augusto sobrevivió y posteriormente dedicó un templo a Júpiter Tonante, en agradecimiento por haber escapado de aquel peligro.

El relato es revelador: un rayo podía interpretarse simultáneamente como amenaza, señal divina y motivo para levantar un monumento religioso.


El caso de Sumano y la arqueología reciente

La práctica del fulgur conditum no es solamente conocida por textos antiguos. La arqueología ha encontrado estructuras e inscripciones relacionadas con ella.

Un hallazgo especialmente reciente procede de Villa Adriana, en Tívoli. En septiembre de 2026, arqueólogos descubrieron una pequeña estructura con una placa de mármol que conserva la inscripción:

FVLGVR SVBMANIVM

La fórmula hace referencia a un rayo nocturno asociado a Sumano. El Ministerio de Cultura italiano explica que la estructura estaría relacionada con la sacralización ritual del lugar alcanzado por el rayo y posiblemente con un bidental.

El hallazgo es particularmente interesante porque conecta una práctica descrita por las fuentes literarias con una evidencia arqueológica concreta: el rayo podía dejar tras de sí un espacio ritualizado, delimitado y marcado mediante una inscripción.


Una costumbre que incluso afectaba a las personas alcanzadas por un rayo

El fenómeno tenía consecuencias también para las víctimas humanas. Plinio el Viejo, en su Historia natural, afirma que una persona muerta por un rayo no debía ser incinerada, sino enterrada. Para la mentalidad religiosa romana, la muerte provocada por el rayo tenía un carácter excepcional que exigía un tratamiento funerario diferente.

Así, la lógica ritual era coherente: aquello que había sido tocado directamente por el rayo —una persona, un objeto o una parte de un edificio— no debía simplemente reincorporarse a la vida cotidiana sin más. Era necesario retirarlo, enterrarlo o consagrar el espacio afectado.


Conclusión

El culto a Sumano nos permite comprender hasta qué punto los romanos interpretaban la naturaleza dentro de un marco religioso. El rayo nocturno no era para ellos únicamente una descarga eléctrica: podía ser la manifestación de una divinidad.

Cicerón conserva el relato de la estatua de Sumano alcanzada por un rayo y de los arúspices que localizaron su cabeza en el Tíber, utilizándolo en su reflexión sobre la adivinación.

Suetonio, por su parte, muestra cómo los rayos podían determinar el destino religioso de un lugar: Augusto convirtió el espacio de su casa alcanzado por un rayo en el emplazamiento de un templo de Apolo y dedicó otro templo a Júpiter Tonante después de sobrevivir a una descarga durante una marcha nocturna.

Y la tradición del fulgur conditum demuestra que el impacto del rayo podía desencadenar un auténtico ritual: los restos afectados eran recogidos y enterrados, el lugar era consagrado y podía convertirse en un bidental, un espacio marcado para recordar que allí había intervenido el poder divino.

En ese sentido, Sumano representa algo más que un dios menor del panteón romano: es la expresión de una concepción religiosa en la que el cielo podía transformar físicamente el espacio de los hombres y convertirlo, de manera inmediata, en territorio de los dioses.

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