Dramatización
701 a de C. Jerusalén. El rumor lejano de los tambores asirios llega como un eco inquietante. El rey Ezequías camina de un lado a otro en la terraza del palacio. Isaías, apoyado en su bastón, observa la ciudad en silencio.
Ezequías:
Ha caído Lakis. Nuestras murallas más firmes, nuestras tropas mejor preparadas… todo reducido a polvo. Senaquerib avanza como un incendio que nadie puede apagar. Dime, Isaías, ¿qué ves tú? ¿Qué dice Yaveh?
Isaías:
(Vuelve la mirada hacia el horizonte)
Veo lo que el pueblo se niega a ver, rey de Judá. Lakis no ha caído solo por la fuerza del enemigo, sino por el peso de nuestras propias faltas. Judá se ha apoyado en alianzas humanas y ha olvidado la justicia. Yaveh ha permitido que Asiria sea la vara que nos golpea.
Ezequías:
¿Entonces todo está perdido? ¿La casa de David llegará a su fin bajo las botas asirias?
Isaías:
No endulzaré mis palabras. Se acerca la humillación. Ciudades serán saqueadas, y el miedo se sentará a la mesa de Jerusalén. La casa de Judá será sacudida como un árbol en plena tormenta… y muchas ramas se quebrarán.
Ezequías:
(Apretando los puños)
He purificado el templo, he derribado los ídolos. ¿No basta eso ante los ojos de Yaveh?
Isaías:
Los sacrificios sin rectitud son humo que se disipa. Yaveh mira el corazón del pueblo, no solo las piedras del santuario. Hay opresión en las calles y soberbia en los palacios. Por eso mi espíritu es pesado cuando miro el futuro.
Ezequías:
(Silencio breve)
Entonces, ¿para qué seguir resistiendo?
Isaías:
(Pausa, luego habla con voz más baja)
Porque Yaveh no arranca el árbol de raíz. Aunque el tronco sea talado, quedará un tocón. De él brotará un retoño. Judá será herida, sí, pero no aniquilada. Si confías en Yaveh y no en los carros ni en los ejércitos, Jerusalén no será entregada del todo.
Ezequías:
¿Hay esperanza, entonces?
Isaías:
Una esperanza estrecha, como una puerta apenas entreabierta. Pasará por el fuego, por la vergüenza y por el arrepentimiento. Pero Yaveh aún guarda un resto. Si el rey se humilla y el pueblo escucha, la noche no será eterna.
Ezequías levanta la vista hacia el cielo oscuro. Los tambores siguen sonando, pero ahora, entre el miedo, se cuela un silencio cargado de expectación.

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