ADN en los pigmentos de las manos prehistóricas: la investigación que podría poner nombre y sexo a los artistas de hace 35.000 años
En las profundidades de las cuevas malagueñas de Nerja, Ardales y Rincón de la Victoria se está desarrollando una investigación que hace apenas una década parecía ciencia ficción: intentar recuperar ADN humano atrapado en los pigmentos de las pinturas rupestres para averiguar quiénes las hicieron.
La pregunta es fascinante. ¿Eran hombres o mujeres? ¿Participaban niños? ¿Pertenecían varios artistas a una misma familia? ¿Fueron neandertales o humanos modernos quienes dejaron aquellas huellas?
Todavía no existen respuestas definitivas. Pero los investigadores creen que algunos pigmentos podrían conservar diminutas cantidades de material genético procedente de saliva, mucosas o células epiteliales depositadas durante la elaboración de las pinturas.
El sueño: extraer ADN de una pintura paleolítica
Los llamados "negativos de manos" se realizaron apoyando una mano sobre la pared y proyectando pigmento alrededor. Al retirar la mano quedaba su silueta clara rodeada por el color.
La técnica más aceptada consiste en que el artista colocaba la mano contra la roca y soplaba una mezcla de pigmento —generalmente ocre rojo o negro— utilizando la boca directamente o mediante un hueso hueco, una caña o algún tubo rudimentario. Parte de la saliva podía quedar mezclada con el pigmento. Además, durante la manipulación del color podían desprenderse células de la piel.
Si ese ADN hubiera sobrevivido durante decenas de miles de años, los genetistas podrían intentar determinar:
- El sexo biológico de quien pintó.
- Relaciones de parentesco entre distintos autores.
- Afinidades genéticas con poblaciones antiguas conocidas.
- Incluso si varias manos pertenecían a una misma comunidad familiar.
Pero la dificultad es enorme.
El gran enemigo: la contaminación
Cuando un laboratorio busca ADN antiguo, el principal problema no es encontrar ADN humano moderno, sino evitar encontrar demasiado.
Cada visitante, arqueólogo, guía o investigador deja millones de células en una cueva.
Por eso los protocolos son extremadamente rigurosos:
- Uso de monos estériles, mascarillas y dobles guantes.
- Herramientas esterilizadas mediante radiación ultravioleta o tratamientos químicos.
- Muestreos mínimos, de apenas miligramos de pigmento.
- Registro genético de los investigadores para detectar posibles contaminaciones posteriores.
- Procesamiento en laboratorios especializados en ADN antiguo, físicamente separados de los laboratorios donde se manipula ADN moderno.
Los científicos también buscan señales químicas características del ADN antiguo. El ADN realmente antiguo aparece fragmentado y presenta patrones de degradación muy concretos; el ADN moderno carece de esas "cicatrices moleculares".
¿Quién está haciendo este trabajo en España?
Actualmente el proyecto más ambicioso se desarrolla en las cuevas paleolíticas de Rincón de la Victoria, en Málaga.
Participa un equipo internacional formado por investigadores de España, Canadá, Reino Unido, Países Bajos y Portugal. Entre los especialistas españoles figuran investigadores vinculados al Instituto de Investigación de la Cueva de Nerja, la Universidad de Cádiz y el equipo malagueño que lleva décadas estudiando estas cavidades. También colaboran especialistas internacionales asociados al proyecto First Art y a National Geographic.
Entre los nombres más destacados aparecen:
- Pedro Cantalejo
- María del Mar Espejo
- José Ramos
- Luis-Efrén Fernández
- George Nash
- Genevieve von Petzinger
- Hipólito Collado
Las campañas actuales combinan toma de muestras de ADN y dataciones mediante uranio-torio de las costras calcíticas que cubren las pinturas.
¿Qué opinan los geoquímicos?
Aquí aparece una de las partes más interesantes del debate.
Los geoquímicos son prudentes porque conocen bien lo que ocurre dentro de una cueva durante miles de años.
El agua circula lentamente por las rocas, disuelve minerales, deposita carbonatos y altera los materiales originales. Esto puede afectar tanto a las dataciones como a la conservación del ADN.
En la Cueva de Ardales, los análisis geoquímicos de pigmentos rojos demostraron que muchos de ellos no eran manchas naturales producidas por el agua, sino pigmentos de ocre aplicados deliberadamente por humanos. Los investigadores pudieron distinguir químicamente los pigmentos arqueológicos de los depósitos naturales ricos en hierro.
Sin embargo, otros estudios geoquímicos en Nerja han mostrado que algunos sistemas de datación pueden verse alterados por la movilidad del uranio en las costras calcíticas, generando edades aparentemente más antiguas de lo real. Eso ha llevado a algunos especialistas a pedir cautela antes de aceptar determinadas cronologías.
Respecto al ADN, los geoquímicos consideran que las mejores posibilidades de conservación se encuentran en:
- Zonas profundas.
- Lugares con temperatura estable.
- Humedad relativamente constante.
- Escasa circulación de aire.
- Ausencia de visitantes durante largos periodos.
Precisamente por eso las nuevas campañas buscan pigmentos situados en las galerías más alejadas de las entradas.
¿Podremos saber si las manos eran de hombres o mujeres?
Quizá.
Hasta ahora muchos estudios intentaban inferir el sexo a partir de las proporciones de los dedos. Algunos investigadores defendían que numerosas manos paleolíticas pertenecían a mujeres y adolescentes; otros cuestionaban la fiabilidad de esos métodos.
El ADN ofrecería una respuesta mucho más sólida.
Si se recuperara suficiente material genético, podrían detectarse marcadores cromosómicos masculinos o femeninos y, en casos excepcionales, relaciones de parentesco entre varios individuos.
Pero hay que subrayar que todavía estamos en fase experimental. Las campañas de muestreo están en marcha y los investigadores han advertido que serán necesarios años de análisis antes de saber si realmente existe ADN humano conservado en cantidades útiles.
Una investigación que podría cambiar la historia del arte prehistórico
Durante más de un siglo, los arqueólogos han contemplado las siluetas de manos como firmas anónimas llegadas desde la noche de los tiempos.
Ahora, gracias a la genética, la geoquímica y las nuevas técnicas de laboratorio, existe la posibilidad de que esas firmas dejen de ser anónimas.
Quizá dentro de unos años podamos saber que una mano estampada hace 35.000 años en Ardales pertenecía a una mujer joven; que otra en Nerja fue realizada por un niño; o que varias de ellas formaban parte de una misma familia que regresó generación tras generación a las profundidades de la cueva.
Por primera vez, la ciencia está intentando acercarse no sólo al arte paleolítico, sino a las personas concretas que lo crearon. Y esa posibilidad, más que cualquier datación o análisis químico, es lo que hace extraordinaria esta investigación.
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