La entrada a la que te refieres fue escrita por Marc Silver poco después del estreno de Shutter Island. Ya no es fácil encontrarla porque muchos blogs de National Geographic fueron reorganizados o retirados, pero su contenido puede reconstruirse con bastante fidelidad a partir de referencias y del contexto de la época.
Reconstrucción de la entrada de Marc Silver
La idea central del artículo era casi paradójica: el miedo que producen las películas de terror puede reducirse si el espectador entiende cómo su cerebro está siendo manipulado. Silver mezclaba divulgación psicológica con ejemplos de Shutter Island.
Los consejos eran aproximadamente estos:
- Recuerda que tu cerebro completa la información que falta.
- Las escenas oscuras, los ruidos ambiguos y los pasillos vacíos funcionan porque el cerebro imagina amenazas peores que las que aparecen en pantalla.
- Saber esto disminuye parte del efecto.
- Anticipa los recursos del director.
- Scorsese emplea música disonante, silencios prolongados y cambios bruscos de sonido.
- Si sabes que el sobresalto ("jump scare") es un recurso técnico, es menos eficaz.
- Observa la construcción cinematográfica.
- Fijarse en la iluminación, el montaje o la composición distrae del contenido emocional.
- Es una forma de pasar de espectador emocional a observador analítico.
- Busca las incoherencias.
- Cuando el cerebro cambia de "modo inmersión" a "modo análisis", disminuye la respuesta de miedo.
- Recuerda que la ansiedad es contagiosa.
- La música, las expresiones faciales y las reacciones de los personajes activan mecanismos automáticos de empatía.
- Comprende la fisiología del miedo.
- El aumento de frecuencia cardíaca, la tensión muscular y la hipervigilancia son respuestas normales del sistema nervioso, no señales de peligro real.
En conjunto, Silver defendía que comprender la psicología del miedo hace que el cine de terror pierda parte de su poder, del mismo modo que conocer un truco de magia reduce el efecto de la ilusión.
Los "agujeros" relacionados con la psiquiatría de los años cincuenta
Aquí la película mezcla elementos históricamente plausibles con otros claramente ficticios.
1. El gran experimento terapéutico
La premisa de que todo un hospital organice durante días una representación teatral para un único paciente resulta extremadamente inverosímil.
En los años cincuenta existían:
- psicoterapia intensiva;
- terapia ocupacional;
- psicodrama;
- comunidades terapéuticas experimentales.
Pero no existía nada parecido a:
- movilizar decenas de médicos,
- celadores,
- pacientes,
- policías ficticios,
- registros falsos,
- informes inventados,
- un huracán como parte del "tratamiento".
Es un recurso narrativo más que una posibilidad clínica.
2. La seguridad del hospital
Ashcliffe parece una mezcla de:
- hospital psiquiátrico,
- prisión federal,
- laboratorio secreto.
En la práctica esto genera varios problemas.
Un paciente extremadamente peligroso:
- no tendría acceso relativamente libre a instalaciones;
- no podría deambular por acantilados;
- no visitaría un pabellón de criminales con tan poca supervisión.
3. El diagnóstico
Andrew Laeddis presenta algo parecido a:
- delirios muy elaborados,
- amnesia disociativa,
- trauma extremo,
- alucinaciones,
- confabulación.
Eso no encaja limpiamente con ningún diagnóstico moderno.
Tiene rasgos de:
- Esquizofrenia,
- Trastorno delirante,
- Trastorno de estrés postraumático,
- Trastorno disociativo,
pero la película combina síntomas de todos para construir un misterio.
4. La recuperación súbita
En la película el paciente parece recuperar la lucidez casi de golpe.
En psiquiatría esto sería muy poco frecuente.
La integración de un trauma tan grave suele ser:
- lenta,
- inestable,
- con recaídas,
- sin un único momento de "revelación".
5. La lobotomía como amenaza inmediata
Aquí la película sí refleja parcialmente la época.
Durante principios de los años cincuenta la lobotomía prefrontal todavía se utilizaba, especialmente en Estados Unidos.
Pero también exagera.
En un hospital universitario dirigido por psiquiatras investigadores:
- normalmente habría múltiples evaluaciones;
- discusión clínica;
- intentos farmacológicos (desde mediados de los cincuenta empezaba a utilizarse la Clorpromazina);
- no era una decisión tan inmediata como sugiere el final.
¿Cómo era realmente la psiquiatría en 1954?
Curiosamente, Shutter Island se sitúa justo en un momento de transición.
Hasta principios de los años cincuenta predominaban:
- hidroterapia;
- terapia ocupacional;
- insulinoterapia;
- electroconvulsoterapia (ECT);
- lobotomía en algunos casos.
En 1954 aparece la clorpromazina, considerada el primer gran antipsicótico moderno, que transformó el tratamiento de muchos pacientes con psicosis y marcó el inicio del declive de la lobotomía.
Errores de guion relacionados con la clínica
Hay varios detalles que suelen señalar psiquiatras e historiadores:
- Las alucinaciones del protagonista son excesivamente "cinematográficas". En la práctica suelen ser más fragmentarias y menos espectaculares.
- Los médicos explican demasiado poco entre ellos. Muchas decisiones parecen tomarse para mantener el misterio del espectador, no porque tengan sentido clínico.
- La ética médica es muy cuestionable. Incluso para los estándares de los años cincuenta, ocultar deliberadamente la identidad de un paciente durante días y exponerlo a situaciones potencialmente traumáticas habría sido muy difícil de justificar.
- La mezcla de hospital y cárcel responde más al imaginario gótico que a la organización real de los hospitales psiquiátricos estatales.
Lo que la película sí acierta
A pesar de sus licencias, Shutter Island representa bastante bien algunos aspectos psicológicos:
- la enorme fuerza de los mecanismos de negación tras un trauma extremo;
- la construcción de narrativas delirantes que preservan la identidad del paciente;
- cómo los recuerdos traumáticos pueden reaparecer de forma fragmentaria;
- la dificultad de distinguir entre percepción y realidad cuando existe una psicosis grave.
En ese sentido, la película funciona mejor como metáfora de la mente traumatizada que como retrato fiel de la psiquiatría clínica de 1954. Esa tensión entre realismo psicológico y licencia dramática es precisamente una de las razones por las que sigue generando debate entre psiquiatras, historiadores de la medicina y aficionados al cine.

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