Venecia, la ciudad que muere de éxito: turismo de masas, cruceros gigantes e inundaciones amenazan su futuro
Por [Nombre del periodista]
Durante siglos, Venecia fue una de las ciudades más poderosas y fascinantes de Europa. Centro comercial del Mediterráneo, cuna de artistas y arquitectos, y símbolo de una rica tradición cultural, la llamada Serenísima ha sobrevivido a guerras, epidemias y crisis económicas. Sin embargo, según el historiador italiano Salvatore Settis, hoy se enfrenta a un enemigo diferente: su propio éxito como destino turístico.
Para Settis, Venecia está experimentando un proceso de “muerte social y cultural”. La ciudad no desaparece físicamente, pero pierde aquello que la convierte en una comunidad viva: sus habitantes, sus actividades tradicionales y su identidad histórica. Mientras millones de turistas recorren cada año sus calles y canales, la población residente disminuye de forma constante y la ciudad corre el riesgo de transformarse en un escenario vacío destinado únicamente al consumo turístico.
El turismo de masas: cuando una ciudad deja de pertenecer a sus habitantes
Venecia es uno de los destinos más visitados del planeta. Decenas de millones de turistas llegan cada año atraídos por la belleza de la Plaza de San Marcos, el Gran Canal, el Puente de Rialto y los innumerables palacios que convierten la ciudad en un museo al aire libre.
Sin embargo, esta extraordinaria afluencia de visitantes ha generado una presión difícil de soportar para una ciudad construida sobre una frágil laguna y diseñada para una población mucho menor que la que actualmente la recorre a diario.
Settis sostiene que el principal problema no es el turismo en sí mismo, sino su crecimiento descontrolado. Las autoridades y las empresas del sector han privilegiado durante décadas los beneficios económicos inmediatos sin tener suficientemente en cuenta los costes sociales y culturales.
Las consecuencias son visibles en todos los aspectos de la vida cotidiana. Miles de viviendas han sido transformadas en apartamentos turísticos de corta estancia. Muchos propietarios obtienen mayores beneficios alquilando a visitantes que a residentes permanentes, lo que ha provocado un fuerte incremento de los precios inmobiliarios. Como resultado, numerosas familias venecianas han abandonado el centro histórico porque ya no pueden permitirse vivir allí.
La reducción de la población ha sido constante durante las últimas décadas. Donde antes había barrios llenos de vecinos, escuelas, pequeños talleres y comercios tradicionales, hoy proliferan hoteles, tiendas de recuerdos, restaurantes orientados exclusivamente al visitante y negocios vinculados al turismo.
Según Settis, este proceso genera un círculo vicioso: cuantos menos habitantes quedan, menos servicios existen para ellos; y cuantos menos servicios existen, más personas se marchan. La ciudad pierde progresivamente su tejido social y se convierte en un espacio diseñado para visitantes temporales.
Una economía dependiente y vulnerable
El predominio absoluto del turismo también ha transformado la estructura económica de Venecia. Muchas actividades productivas tradicionales han desaparecido o han quedado relegadas frente a los negocios vinculados al consumo turístico.
Esta dependencia convierte a la ciudad en especialmente vulnerable. La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 mostró hasta qué punto una economía basada casi exclusivamente en el turismo puede sufrir graves consecuencias cuando disminuye la llegada de visitantes.
Para numerosos expertos, la diversificación económica es una necesidad urgente. Sin embargo, el peso de la industria turística dificulta la adopción de medidas que limiten el número de visitantes o reduzcan la rentabilidad de determinadas actividades.
Los cruceros gigantes: símbolos de un modelo insostenible
Uno de los aspectos más criticados por Salvatore Settis es la presencia de grandes cruceros en la laguna veneciana. Durante años, enormes barcos de más de 300 metros de longitud navegaron muy cerca del centro histórico, ofreciendo una imagen que muchos consideraban incompatible con la fragilidad del entorno.
Los defensores de esta actividad argumentaban que los cruceros generaban empleo y aportaban ingresos económicos. Sin embargo, Settis y numerosos especialistas en patrimonio cultural denunciaron reiteradamente sus efectos negativos.
Uno de los principales problemas es el desplazamiento de grandes masas de agua provocado por estas embarcaciones. El movimiento generado por sus hélices y su enorme tamaño contribuye a la erosión de los fondos de la laguna y de los canales, alterando un ecosistema extremadamente delicado.
La erosión afecta también a los cimientos de edificios históricos construidos sobre pilotes de madera. Aunque estos sistemas han permitido la supervivencia de Venecia durante siglos, las alteraciones hidrodinámicas provocadas por el tráfico marítimo intensivo aceleran procesos de desgaste que antes se desarrollaban de forma mucho más lenta.
Además, el paso de los cruceros obliga a realizar continuas labores de dragado para mantener la profundidad de los canales. Estas intervenciones modifican el equilibrio natural de la laguna y facilitan la entrada de mayores volúmenes de agua marina, aumentando la vulnerabilidad del territorio frente a las mareas altas.
Impacto ambiental y contaminación
Los daños no se limitan a la erosión. Los grandes cruceros generan importantes emisiones contaminantes. Durante años, incluso cuando permanecían atracados, muchos barcos mantenían sus motores auxiliares en funcionamiento para abastecer sus sistemas eléctricos, liberando partículas y gases contaminantes.
Diversos estudios han advertido de que estas emisiones afectan a la calidad del aire y contribuyen al deterioro de monumentos históricos especialmente sensibles a la contaminación atmosférica.
A ello se suma la contaminación acústica y visual. Para muchos venecianos, la presencia de auténticas ciudades flotantes elevándose sobre los campanarios y los edificios históricos representaba una alteración radical del paisaje urbano y una muestra del predominio de los intereses económicos sobre la conservación patrimonial.
La amenaza creciente de las inundaciones
Mientras el turismo y los cruceros ejercen presión sobre la ciudad, Venecia debe afrontar otro desafío de enorme magnitud: las inundaciones periódicas conocidas como acqua alta.
El aumento del nivel del mar asociado al cambio climático incrementa el riesgo de que estos episodios se vuelvan más frecuentes e intensos. Cuando coinciden mareas elevadas, viento y determinadas condiciones meteorológicas, amplias zonas de la ciudad quedan cubiertas por el agua.
Las inundaciones afectan a viviendas, comercios, iglesias, museos y edificios históricos. La sal transportada por el agua penetra en los materiales de construcción y acelera su deterioro. Cada episodio deja una huella que requiere costosas labores de restauración y mantenimiento.
Aunque el sistema de barreras móviles MOSE ha logrado reducir el impacto de algunas mareas excepcionales, muchos especialistas consideran que la protección de Venecia exigirá medidas adicionales en las próximas décadas debido al avance del cambio climático.
La pérdida de una ciudad viva
Para Salvatore Settis, el verdadero peligro no consiste únicamente en el deterioro físico de los monumentos. El problema más grave es la desaparición gradual de la comunidad que da sentido a esos monumentos.
Una ciudad histórica no es simplemente un conjunto de edificios antiguos. Es un espacio habitado, con memoria colectiva, relaciones sociales y actividades cotidianas. Si los residentes desaparecen y la ciudad queda ocupada casi exclusivamente por turistas de paso, Venecia corre el riesgo de convertirse en una escenografía vacía, admirada por millones de personas pero privada de vida auténtica.
Por ello, el historiador defiende políticas destinadas a limitar la presión turística, proteger la vivienda residencial, favorecer el retorno de los habitantes y garantizar la conservación de la laguna como ecosistema natural.
La pregunta que plantea Venecia es cada vez más relevante para muchas ciudades históricas del mundo: ¿hasta qué punto puede una ciudad explotar su patrimonio como recurso económico sin poner en peligro su propia existencia? Para Settis, la respuesta es clara. Si no se actúa a tiempo, Venecia podría convertirse en el ejemplo más emblemático de cómo el turismo de masas, lejos de preservar una ciudad, puede acabar vaciándola de su esencia.

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