sábado, 24 de julio de 2010

Historia del mito de los vampiros.


Siempre hemos temido a la muerte. En este mundo, tenemos la ilusión de que controlamos una parte no poco importantes de lo que nos rodea y podemos prever las consecuencias de los acontecimientos. Es a partir de nuestra muerte, cuando las cosas cambian. ¿Qué hay al otro lado? ¿Es bueno?

Según decía Freud, todos los muertos tienen algo de vampírico, porque todos producen miedo y están más allá de nuestro alcance. La parte final de la Edad Media fue especialmente cruel en los Balcanes. Las epidemias y los ataques de los turcos se sucedían. En el caso de las epidemias el horror fue mayúsculo, porque la gente no conocía los microbios. Sabía que algo los estaba matando a escala industrial, pero no podían decir qué. Los enterradores abrían las tumbas para introducir en ellas nuevos cadáveres. Observaron que los más antiguos estaban hinchados y tenían un reguero de sangre saliendo por la boca. El pelo y las uñas parecían haber crecido. Así que decidieron que esos muertos de peste salían por la noche de sus sepulturas para alimentarse de sangre.

El mito del hombre lobo se mezcla con el de los vampiros. Sabido que en los bosques del Este de Europa nada más miedo que una jauría de lobos hambrientos. De hecho la palabra eslava "vampiro" procede la "vartolak", "piel de lobo". Vampiro y hombre lobo eran la misma cosa, porque algunos pueblos creían que los lobos muertos se convertían inevitablemente en vampiros. Estos primeros vampiros eran seres feos, de extrema pobreza, que sobrevivían escasas semanas a su propia muerte. Una estaca de fresno en el corazón o el olor de las rosas silvestres podían destruirlos.

En 1897, Bram Stoker, un escritor inglés, publica "Drácula". El Drácula real había sido un voivoda -príncipe militar- de Hungría llamado Vlad Tepes. Este líder había conservado el poder a costa de unos boyardos rumanos intrigantes, la amenaza cada vez más ostensible de los otomanos, y las exigencias del rey de Hungría, Mathias Corvino.

Se cuentan miles de historias truculentas de él. Una vez se encontró con unos monjes mendicantes y los mató porque los consideraba parásitos. Una amante arribista quiso mejorar de posición anunciando a Vlad Tepes el nacimiento de su hijo. Él sacó la espada y le desgarró la matriz al grito de: "Quiero ver el fruto de tu vientre". Extirpaba los pechos de las mujeres que no podían mantener limpia la ropa de sus maridos. Una joya de hombre, vamos.

Murió a manos de sus propios soldados. Su cabeza fue enviada al sultán turco en un bote de miel. En realidad, ni siquiera sabemos dónde está enterrado, porque lo que durante siglos se supuso que era su tumba, está vacía.

Hoy en día es el héroe nacional rumano. Supongo que dentro de 400 años, Franco será el héroe nacional español. O algo parecido.

La conexión de Vlad Tepes con los vampiros es la historia de que solía ver ejecuciones por empalamiento mientras untaba trozos de pan en sangre. Pero no está probado.

Otra historia semejante, también sucedida en la Hungría del siglo XVII, nos habla de Isabel Bathory, la esposa de un aristócrata militar, Ferenc Nadasny, el Caballero Negro. Hungría sigue empeñada en mantener lejos a los turcos, que ya han sitiado Viena en 1522, y harán otra demostración semejante en 1683.

La Bathory es una mujer con unos sasgos de psicópata muy marcados. Es una mujer que se queda largos periodos de tiempo a solas, sin hijos, aburrida, lejos de un marido heroíco. El feudalismo le dará la excusa para dar rienda a sus peores instintos.

Primero conoce a Darvulia, una bruja, que la inicia en el consumo de sustancias alucinogenas. Después da rienda suelta a una sexualidad bixesual, marcada más por golpear a las criadas sometidas por curiosidad a estos juegos. Y luego, a los 40 años, muerto el marido, se dedicará a vaciar de mujeres su feudo para darse baños con su sangre.

La reacción del rey de Hungría fue lenta. Isabel Bathory había tejido una red de complices, lo suficientemente buena para segar la vida de 611 desgraciadas muchachas. El hecho de que empezase a viajar a feudos vecinos para conseguir víctimas la enemistó con las condesas de la región. El rey se preocupó porque las chicas jóvenes desaparecían y ella no parecía tomárselo como algo personal.

Cuando se reunieron pruebas, Isabel Bathory fue emparedada en su castillo, donde sobrevivió largos años.

En 1897 sale a la venta el primer ejemplar de Drácula en la Inglaterra victoriana. Es una sociedad que cree en el progreso industrial y que tiene miedo a la muerte repentina. Y aún más a ser enterrados vivos. El temos político, desde la guerra de Crimea, es que los rusos invadan Europa Occidental.

Estos temores dan una vuelta de tuerca al mito del vampiro. Ya no es un muerto de peste con su mortaja, sino un aristócrata eslavo que viste trajes de etiqueta y se alimenta de sangre.

En el siglo XX, la aurora Anne Rice da otra vuelta de tuerca al mito y convierte a los vampiros en héroes. Su Lestat es como nosotros, con sus defectos y su sentido de la culpabilidad, con su búsqueda de los orígenes.

Cuando Stephanie Meyer pública su saga "Crepúsculo", el mito da otro giro insospechado. Edward Cullen es un vampiro que se enamora de una humana y trata de solucionar los conflictos provocados por esta situación.

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