viernes, 2 de diciembre de 2016

70 Aniversario de los juicios de Nuremberg.

El 20 de noviembre de 1945 comenzó uno de los procesos más apasionantes de la Historia. Se juzgaba a los reos acusados de delitos novedosos como el de conspiración contra la paz, crímenes de guerra o crímenes contra la Humanidad. Se celebraron hasta 13 vistas en lasque se acusó a 611 personas relacionadas con el nazismo. No se había organizado nada parecido antes, aunque sí se había solicitado la existencia de un Tribunal Penal Internacional permanente tras la guerra franco prusiana de 1871 y tras la Primera Guerra Mundial. Las dos propuestas fueron en vano.
El Tribunal Penal Permanente no existiría hasta la década de 1990 cuando los europeos y las fuerzas de la OTAN tuvieron que pacificar de una forma definitiva Bosnia-Herzegivina y castigar a los inductores de las matanzas de tutsus y hutus moderados de Ruanda.



Joachim von Ribbentrop se despierta en su celda de Nuremberg. Da unos paseos por ella. A la hora convenida viene su asistente, pero esta vez no le trae el desayuno. Viene acompañado por dos asistentes del verdugo.
-Has sido condenado a la horca.- son las escuetas palabras que sellan el destino del que otrora fuera el Ministro de Exteriores del Tercer Reich. Ya sobre la trampilla del patíbulo dice: "Deseo al mundo la paz". Cínico hasta el final.
Los aliados habían elegido Nuremberg como escenarios de los juicios porque su Palacio de Justicia seguía en pie y porque había sido una ciudad clave en el advenimiento y la escalada al poder del Partido Nazi (SNDAP).
Hubo un debate sobre qué había que hacer con los responsables de aquella barbarie organizada a escala industrial que fue el nazismo. Stalin declaró que se debía identificar a los responsables y ejecutarlos allá donde se les encontrara. Los aliados querían un juicio donde se desmontara uno por uno los argumentos de los perpetradores, con los que habían coqueteado incluso distinguidas personalidades en los países aliados antes de la Segunda Guerra Mundial.
Era imposible juzgar y condenar a Hitler porque se había suicidado en su bunker y ordenado que se incinerada su cuerpo dentro de una alfombra rociada con gasolina. Himmler se había tragado una píldora venenosa durante su arresto. Pero tenían a Von Ribbentrop, Göring, comandante de la Luftwaffe y lugarteniente de Hitler, Hans Franck, el gobernador de la Polonia ocupada,, Wilhelm Frick, el Ministro del Interior que firmó las llamadas Leyes Raciales de Nuremberg, Alfred Rosemberg, principal ideólogo del nazismo, Wilhelm Keitel (jefe de la Wehrmatch) y otros acusados. No estaba el hombre más odiado por todos ellos, también perseguido por las nuevas autoridades de ocupación aliadas: Martin Bormann, secretario de Hitler. No se sabría hasta la década de 1990 que ya había recibido su castigo cuando intentaba escapar en un Panzer de la capital durante la batalla de Berlín. Estaba muerto.
Todos los nombrados anteriormente fueron condenados a muerte. Las condenas sucedieron el 19 de octubre de 1946... menos la de Göring, que se mató con una cápsula de cianuro introducida clandestinamente dentro de una estilográfica en su celda.
Se celebraron juicios contra los colaboradores del Régimen nazi, los pequeños galeiter o jefes regionales del Partido y los guardias de los campos de concentración hasta 1949. Fueron condenados desde médicos que hicieron experimentos con prisioneros, jueces que aplicaron la represión nazi, empresarios que se beneficiaron del uso de mano de obra esclava y miembros de los Einsatzgruppen, las unidades de las SS que acompañaban a las tropas de combate alemanas para adoctrinarlas y aplicar la política de eliminación sistemática de judíos, gitanos, homosexuales y comunistas de las zonas ocupadas.
Las tropas de ocupación americanas en Japón actuaron judicialmente contra 25 generales y políticos japoneses. También se quiso ejecutar a un principe imperial por su apoyo a las atrocidades de Nanking (China) pero por presiones internas tuvieron que dejarle en paz, sin una mala imputación.
Este fue el primer tribunal penal internacional. El lema era que los crímenes de lesa humanidad no los cometía el Estado ni las instituciones sino personas perfectamente imputables

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