lunes, 8 de mayo de 2017

Los niños- brujos africanos. Una entrada de denuncia.

Los torturan, los echan de casa e incluso sus propios padres los asesinan. Cada vez más niños africanos son acusados de brujería, de provocar desgracias por el solo hecho de existir. Unicef y Save The Children ya han dado la voz de alarma.

"Primero se rompió la nevera; después me puse enferma y el médico no supo qué me pasaba. Entonces se estropeó la picadora de carne, sufrí un acciente de coche y me dí cuenta de que en casa desaparecía el dinero. Fue ahí cuando supe lo que pasaba. Mis hijos eran brujos".
Kalumbu es una madre congoleña abrumada por problemas que la superaban. Necesitaba encontrar una explicación culturalmente aceptada de lo que sucedía, y el pastor pentecostal al que colsultó le dijo que sus hijos de 8 y 10 años eran brujos. Así que Kalumbu recondujo su vida delante de su sociedad abandonando a sus hijos en una ciudad de 8 millones de habitantes.
Como en los peores episodios de la caza de brujas en Europa, al niño acusado de brujería se le puede torturar en truculentos exorcismos, repudiar, e incluso asesinar, muchas veces a manos de sus propios padres y con total impunidad por parte de las autoridades.
Dada la precariedad de los medios de las parteras y el defícit de alimentación de las madres durante la gestación, un 20 por ciento de los niños africanos presentan transtornos como autismo, Síndrome de Down, albinismo, megaloencefalopatía, o tuberculosis. La falta de educación de estos padres les llevan a pensar que es culpa suya, que algo están haciendo mal para tener unos hijos que requieren más atención que la que su propia existencia  - la de los padres- puede proporcionar, y la respuesta subjetiva es el fenómeno de los niños- brujos y una coartada para deshacerse de los niños no deseados o problemáticos.
Tradicionalmente, este tipo de acusaciones servía para deshacerse de personas como las viudas, los ancianos o las personas que destacaban demasiado y cosechaban, bien la incomprensión de la gente corriente hacia el distinto, bien por la envidia ante unas capacidades no comunes.
A veces, la que hay detrás son unos padres que se realizan a través de los sucesivos embarazos de sus esposas ante su clan masculino y que luego no quieren ocuparse de sus hijos. Otras veces la mujer se deshace de los niños- brujos por complacer a un segundo o incluso a un tercer padrastro.

Armand tiene 8 años y sobrevive en las calles robando de los puestos de un mercadillo callejero. Es un niño- brujo. El detonante fue la ruptura de una vieja radio durante la retransmisión de un partido de fútbol. "Mi padre empezó a pegarme y dijo que yo era un niño- brujo y que había querido vengarme porque me pegaba. Días después desaparecieron unas gallinas y me acusaron de haber traído una maldición a casa".
La mayoría de los niños acusados de brujería acaban aceptando que son brujos y eso influye negativamente en su desarrollo psicológico. Benie, de 13 años, es una chica cuyos delirios son explotados por la Iglesia Kimbaguista. "A los 6 años fui inducida por mi tío. A los 9, los brujos hicieron de mí una sirena. Después maté a un ministro kimbaguista, y tras haber sido inducida por Lucifer, me convertí en su esposa y tuvimos dos hijos. De una persona solo necesitamos la sangre. Lanzamos su cuerpo lejos". 
En centros como los de los salesianos se acoge esos niños. Los cooperantes y los sacerdotes tienen una dura tarea para convencer a estos niños que no tienen poderes y reinsertarlos en una sociedad a la que le conviene creer que sí los tienen. Los niños que no son atendidos se arriesgan a una vida de aislamiento social, depresión, dificultades de aprendizaje, etc...
Para Anja Ringgrem, una cooperante, la educación de los adultos es la clave, en una sociedad dominada por santeros y adivinos. También hay mucho trabajo a nivel político, porque las élites sociales del país no echan a sus hijos de casa por brujería, pero no actúan cuando el ciudadano de a pie lo hace. Si el maltrato fisico se condena con servicios a la comunidad, es difícil entender lo peligroso que es que un exorcista autoproclamado diga a unos padres sin formación cómo deben relacionarse con los niños.

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