sábado, 28 de abril de 2018

7 DÍAS EN ENTEBBE, de José Pardilha.

Los años 70 son los de la perdida de la inocencia de ls idealistas de la década anterior. Todavía creen en sus utopías pero empiezan a asumir que para conseguirlas se tendrán que manchar las manos. Y la conciencia del alto peaje moral para conseguir "el paraíso de los trabajadores" hará que se conviertan en soñadores amargos.

Briggitte Khulman y Wilfried Böse (interpretado por Daniel Brülh) son dos alemanes simpatizantes con la Fación del Ejército Rojo, la banda terrorista de niñatos de extrema izquierda que consideraban que "quemar un solo coche es vandalismo. Quemar cientos es un acto revolucionario". Los líderes de la banda Baader- Meinhoff acaban de morir torturados a manos de los interrogadores de la RFA y quieren un desquite, porque consideran que en aquella "lucha" no han hecho lo suficiente. Es 1976.

Así que secuentran un Airbus francés con destino a Tel Aviv con pasaje judío. La idea es intercambiar la vida de los rehenes por prisioneros políticos de la FPLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina). Tras una breve parada de repostaje en Bengasi (Libia) el avión aterriza en el aeropuerto militar de Entebbe, en la Uganda de Idi Amín.

Aquí empiezan los problemas. Los nueve terroristas tienen motivaciones diferentes para estar allí. Böse y Khulmann empiezan a discutir porque temen que el mundo los vean como lo que son: dos nñatos alemanes secuestrando judíos y les pongan la etiqueta de facistas. Precisamente a ellos, que querían romper con la sociedad de sus mayores, las personas que apoyaron a los nazis auténticos.

En Israel, Isac Rabin querría negociar con los secuestradores pero no puede. El precio político sería demasiado alto. Además, le vigila con ojos de halcón Shimon Peres, que espera que cometa precisamente ese error.

En Entebbe, Khulmann y Böse ven aparecer al sanginario Idi Amin, que amenaza con matar dos niños del pasaje cada día que las autoridades se rezaguen. Otro clavo en la cruz del idealismo de ambos. Ellos luchan contra los opresores de las élites. Nadie dijo nada de matar niños tan "reprimidos" por la decadente burguesía como ellos.

Y llega el asalto. Los nueve secuestradores mueren. Cuatro rehenes, entre ellos un muchacho de 19 años de nacionalidad francesa, que no debería estar allí, también. Parte de los Migs de las Fuerzas Aéreas ugandesas son alcanzados por un ataque aéreo. Entre el comando de rescate, asesorado por un rehén judío que se escabulló en los primeros momentos del secuestro sobre el armamento y la frecuencia de las patrullas por el aeropuerto de Entebbe, muere Jonathan Netanyahu, el hermano mayor del que será primer ministro israelí unas décadas más tarde.

Es lo malo de las utopías. Que además de inalcanzables, te exigen un precio de sengre solo por correr tras ellas. 

Dora Bloch, una rehen hospitalizada será sacada de su cama hospitalaria a rastras por una patrulla del ejército ugandés, y rematada a tiros en el jardín del Hospital de Kampala.

Idi Amín tendrá la cara dura de denunciar el ataque de comandos del Mossad como "un evidente ataque a la soberanía ugandesa". Pero el mundo está con los istaelíes, no con Amin. La comunidad keniata de Uganda será masacrada por el apoyo dado por Kenia a los comandos del Mossad. Ya falta poco para que el Ejército tanzano derroque a Amin.

Para ver:
https://www.youtube.com/watch?v=RRB44pR49WI 

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