domingo, 16 de mayo de 2021

La revuelta de las Comunidades. (1517-1521)

 


1521. Llueve en Villalar, en la provincia de Valladolid. Varios peones de infantería acuden al campo de batalla en desorden chapoteando en el suelo enlodado. Su retaguardia está proteguda por 400 jinetes mientras que los artilleros tratan de emplazar con ciertas dificultades los cañones. Las tropas realistas están emplazadas en dos alas y cargan con piezas de artillería ligera. Los rebeldes solo hicieron una carga de caballería sin hacerse demasiadas ilusiones sobre el resultado, por lo que podemos decir que la batalla de Villalar jamás tuvo lugar, solo una siniestra cacería del hombre por parte de las tropas comandadas por Carlos V.

¿Cómo se había llegado a esta situación? Carlos V había convocado Cortes de Castilla en Santiago de Compostela para exigir el pago de un servicio, un impuesto gravoso para financiar los sobornos a los duques electores del Sacro Imperio Germánico y convertirse así en el emperador. Aparta a la pequeña nobleza y a los grandes de Castilla de los puestos importantes para dejárselos a su séquito de funcionarios y nobles flamencos. Del mismo modo que los alemanes abrazan el protestantismo para no servir intereses políticos ajenos con la excusa de los deberes religiosos, las villas castellanas, la nobleza de segunda fila y los burgueses de la lana no quieren financiar las aventuras políticas del aspirante a emperador.

Carlos V logra con sobornos y coacciones que los procuradores de las villas aprueben el pago del tributo, tras lo cual parte para Flandes. Las villas no solo pagan sino que desautorizan a sus representantes y linchan a uno de ellos en Segovia. El regente, el cardenal Adriano de Utretch, recibe la orden de escarmentar a los segovianos y sofocar la revuelta. Las tropas imperiales pegan fuego a la ciudad mercantil de la lana, Medina del Campo, matando a espada a mujeres y niños. Al poco rato todas las villas de las dos Castillas y Murcia estaban en franca rebeldía contra un incipiente emperador nepotista que ve el reuino de Castilla como   un bien patrimonial.

Carlos V intenta rebajar sus pretensiones fiscales pero la ira del pueblo ya no es aplacable. Nombra dos virreyes para negociar, el Condestable de Castilla y el Almirante de Castilla. Este último personaje intentó aplacar a los rebeldes pero cuando no pudo llegar a un acuerdo llevó tropas al campo de batalla. Hubo victorias durante los siguientes ocho meses para ambos bandos, pero finalmente las tropas perdieron la batalla de Villalar y solo quedó espacio para la venganza del emperador y la represión.

PERSONAJES:

El Almirante de Castilla:

Este quiso evitar derramamientos de sangre innecesarios y buscó negociar siempre que pudo. Escribió al rey para que perdonase a los rebeldes tras Villalar y aconsejándole que era malo gobernar a través del temor. No consiguió nada.

El Obispo Acuña:

Bando comunero. Este prelado llegó a comandar tropas y a matar mujeres y niños que no apoyaban lo suficiente a los comuneros en Zamora. Entre sus tropas había un batallón de 300 curas. Perdida la causa en 1521 quiso huir pero fue detenido y ejecutado en Simancas.

Padilla.

El líder de la revuelta en Toledo. Intentó que no se produjese derramamiento de sangre innecesario, y su nobleza de carácter es incluso apreciada en la correspondencia del cardenal regente Adriano de Utretch. Cargó con sus leales en Villalar a pesar de que sabía que la causa comunera estaba perdida. Junto con sus lugartenientes, Bravo y Maldonado, son considerados como los primeros revolucionarios europeos liberales, en contra de un rey nepotista y que considera las finanzas del reino de Castilla como un bien patrimonial.

María Pacheco:

Bando comunero. Viuda de Padilla. Lideró la revuelta - o lo intentó- tras la ejecución de su marido. Perdida la esperanza de un arreglo huyó vestida de campesiana a Portugal, donde murió en el exilio conuncorto séquito de leales diez años después en Oporto. Sabía que Carlos V jamás le perdonaría la vida.

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