jueves, 1 de enero de 2026

ALEJANDRO (2003)


La película
Alejandro (2004) de Oliver Stone es conocida por su ambición visual y por contar con el historiador Robin Lane Fox como asesor; sin embargo, presenta varios "agujeros de guion" históricos y licencias narrativas que distorsionan la realidad de la figura macedonia: 
1. Condensación de Batallas
Para simplificar la narrativa, el guion fusiona eventos de varias batallas en una sola:
  • Gaugamela vs. Gránico: En la película, Clito el Negro salva la vida de Alejandro en la batalla de Gaugamela. En la realidad, este evento ocurrió años antes, en la batalla del Gránico (334 a.C.).
  • La herida de Alejandro: La cinta muestra a Alejandro siendo gravemente herido por una flecha durante la batalla contra el rey Poros en la India (Hidaspes). Históricamente, esta herida casi fatal ocurrió mucho después, durante el asedio de la ciudad de los Malios. 

2. Anacronismos y Geografía
  • El Faro de Alejandría: Mientras Ptolomeo narra la historia desde Alejandría, se observa el famoso Faro al fondo. Sin embargo, la construcción del Faro no comenzó hasta el reinado de Ptolomeo I y se completó bajo Ptolomeo II, décadas después de la muerte de Alejandro.
  • Mapas romanos: En una escena aparece un mapa donde el Mediterráneo es llamado Mare Mediterraneum. Este es un término latino posterior; los griegos de la época de Alejandro lo llamaban de formas distintas, como Pontos Boreios. 

3. Caracterización de Personajes
  • Darío III: La película presenta al emperador persa como un hombre relativamente joven y algo indeciso. En la batalla de Gaugamela, Darío III tenía aproximadamente 50 años, una edad avanzada para los estándares militares de la época.
  • Roxana: Se la retrata como una mujer sexualmente agresiva y "exótica" para resaltar la ambivalencia sexual de Alejandro. Históricamente, fue una noble bactriana que desempeñó un papel más tradicional de esposa y madre, sin evidencia de tal comportamiento provocador.
  • Ausencia de herederos: El guion omite por completo a Filipo III Arrideo, el hermanastro de Alejandro que fue proclamado corregente junto al hijo nonato de Alejandro tras su muerte. 

4. Detalles Tácticos y Visuales
  • La Falange en el bosque: La batalla del Hidaspes se muestra en un bosque denso para enfatizar el caos. Alejandro, un genio táctico, nunca habría enviado a su falange (equipada con lanzas de 6 metros) ni a su caballería a luchar en terreno boscoso, ya que perderían toda su efectividad.
  • La apariencia de Alejandro: Se utiliza un mosaico reconstruido (basado en el de Issos) para justificar el cabello rubio de Colin Farrell. No obstante, el mosaico original de Pompeya muestra a Alejandro con el cabello oscuro y no fue creado hasta dos siglos después de su muerte.
¿No es curioso que Alejandro diga de Olimpia, que en la película no parece envejecer, que le cobra un alquiler excesivo por los nuve meses que pasó alojado en su vienter?¿O que Hefestión lleve la melena larga y un aspecto afeminado cuando en el mundo real comando tropas en la campaña india de Alejandro?

Sí —y no solo curioso: es muy revelador del tipo de película que Stone quería hacer. Esos dos detalles que señalas van justo al corazón del problema de Alexander: no está narrando historia antigua, está psicoanalizando mitos con estética moderna.

Vamos por partes.


Olimpia “eterna” y el chiste del vientre 🐍

La frase del “alquiler excesivo por los nueve meses en su vientre” es deliberadamente anacrónica. Suena a stand-up neurótico del siglo XX, no a un rey macedonio del IV a. C. Y eso es exactamente el punto:

  • Stone convierte a Olimpia en una figura simbólica, no histórica:

    • Madre posesiva

    • Sacerdotisa oscura

    • Origen del trauma

  • Que no envejezca visualmente refuerza la idea de que para Alejandro ella es una presencia atemporal, casi mítica, siempre dominante, siempre igual.

Históricamente, claro, esto es flojísimo:

  • Olimpia envejeció, perdió influencia política real y fue cada vez más marginal.

  • No hay absolutamente nada en las fuentes que sugiera esa relación casi freudiana verbalizada en clave de sarcasmo moderno.

👉 Es un buen diálogo para una obra psicológica, pero un mal diálogo para una película histórica.


Hefestión “afeminado” vs. Hefestión general 🗡️

Aquí el problema es aún más claro.

Stone codifica visualmente a Hefestión con códigos contemporáneos:

  • Melena suelta

  • Rasgos suavizados

  • Gestualidad íntima

Eso comunica rápido al espectador moderno:

“Este personaje es el amante, el sensible, el espejo emocional de Alejandro”.

El problema es que el Hefestión real:

  • Fue quiliarca (segundo al mando)

  • Comandó tropas, incluida la campaña india

  • Era respetado por oficiales duros y veteranos

  • En un ejército macedonio, alguien “afeminado” no habría durado ni una semana

En el mundo antiguo:

  • Tener una relación con otro hombre no implicaba feminidad

  • Aquiles, Epaminondas o el Batallón Sagrado de Tebas desmontan por completo esa asociación

👉 Stone mezcla sexualidad antigua con estereotipos modernos, y ahí chirría mucho.


El patrón de fondo 🎭

Ambos ejemplos responden a la misma lógica:

  • Personajes históricos tratados como arquetipos psicológicos

  • Diálogos escritos para el espectador contemporáneo

  • Simbolismo por encima de plausibilidad social o militar

Por eso Alexander a veces parece:

  • una tragedia griega filmada como biopic

  • y otras, una sesión de terapia con elefantes de guerra de fondo


En resumen

Sí, es curioso… pero sobre todo es coherente con el error central de la película:

Oliver Stone no confía en que el mundo antiguo se explique por sí mismo
y lo traduce constantemente a códigos modernos.

Eso produce momentos interesantes, pero también disonancias históricas tan evidentes como las que has señalado.

Si quieres, podemos hacer algo divertido:
comparar Alexander con cómo Hefestión y Olimpia aparecen en Arriano, Plutarco o Curcio Rufo, escena por escena. Ahí la diferencia es brutal.

Dramatización. Olimpia habla con Alejandro de asesinar a la nueva esposa de su padre y a su nuevo tío, átalo. Alejandro dice que ve sombras por todas partes y que esa negativa a ver la luz io a descansar de las eternas conspiraciones por parte de su madre destruirá la dinastía Argeada. Hablan de pausanias y de su relación de amante humillado por el rey Filipo de Macedonia y vaticinan un funesto desenlace de todo esto. Olimpia habla de oro pagado por Atenas.

 

LA SERPIENTE Y EL HIJO

Escena teatral

Personajes

  • OLIMPIA, reina de Epiro

  • ALEJANDRO, su hijo

  • LA SERPIENTE, silenciosa


(Habitaciones de OLIMPIA en Pella. La estancia está en penumbra. Cortinas pesadas. En el centro, OLIMPIA sentada, acariciando lentamente una gran serpiente pitón enrollada en su brazo. Entra ALEJANDRO. Se detiene al verla.)

ALEJANDRO
Siempre despierta…cuando el palacio duerme.

OLIMPIA
La noche es honesta. No finge lealtades.

(La serpiente se desliza. OLIMPIA no aparta la mirada de su hijo.)

ALEJANDRO
Los hombres hablan, madre. Demasiado.

OLIMPIA
Los hombres siempre hablan antes de traicionar.


(ALEJANDRO avanza un paso.)

ALEJANDRO
Dicen que mi padre ha bebido más de la cuenta. Que se cree inmortal. Que ha olvidado quién lo hizo rey.

OLIMPIA
Tu padre cree que la corona es suya. Yo sé de dónde vino.

(La serpiente alza ligeramente la cabeza. ALEJANDRO la observa con incomodidad.)

ALEJANDRO
¿Nunca te cansas de rodearte de presagios?

OLIMPIA
Los dioses hablan en símbolos. Los hombres prefieren mentirse.


ALEJANDRO
Cleopatra está encinta. Su familia ya reparte sonrisas como si fueran territorios.

OLIMPIA
(con calma venenosa)
Un hijo nuevo no borra al antiguo. A menos que alguien lo permita.


ALEJANDRO
(tenso)
Hablas como si la sangre fuera una herramienta.

OLIMPIA
Lo es. Mira Macedonia.

(Silencio. La serpiente se desliza entre los dedos de OLIMPIA.)


ALEJANDRO
Ves conspiraciones en cada esquina. Sombras donde aún hay luz. Esa obsesión acabará destruyendo nuestra casa.

OLIMPIA
La casa ya está en llamas. Yo solo te enseño dónde están las salidas.


ALEJANDRO
¿Y Pausanias? ¿También es una salida?

(OLIMPIA sonríe apenas.)

OLIMPIA
Es un hombre herido.Y los hombres heridos buscan dioses…o cuchillos.

ALEJANDRO
Mi padre lo humilló. Eso es cierto.

OLIMPIA
Y los reyes que humillan olvidan que el honor también mata.


ALEJANDRO
Se habla de oro. De manos extranjeras.

OLIMPIA
Atenas paga bien por la caída de gigantes.Siempre lo ha hecho.


(ALEJANDRO se acerca más. Mira a su madre, luego a la serpiente.)

ALEJANDRO
¿Y tú, madre? ¿Qué pagas tú?

OLIMPIA
Todo. Incluso el amor de mi hijo.


(OLIMPIA acerca la serpiente al pecho, protectora.)

ALEJANDRO
Un día, cuando todo esto termine, solo quedarán cadáveres… y recuerdos torcidos.

OLIMPIA
Entonces gobierna tú los recuerdos. Eso es reinar.


(Se miran largamente. La serpiente sisea suavemente.)

ALEJANDRO
Temo convertirme en lo que tú ves en mí.

OLIMPIA
(con ternura oscura)
No temas.Ya lo eres.


(La luz se apaga lentamente. Solo queda el sonido de la serpiente.)

FIN


Si quieres, el siguiente acto puede ser el banquete de bodas de Filipo, con Pausanias ya en escena… o un monólogo de Olimpia tras el asesinato, sola con la serpiente.




EL BANQUETE DE LOS HEREDEROS

Escena única

Personajes

  • FILIPO II, rey de Macedonia

  • ALEJANDRO, su hijo

  • ÁTALO, noble macedonio

  • PAUSANIAS, guardia real

  • OLIMPIA, reina

  • CORTESANOS, oficiales y nobles


(Gran salón del palacio de Pella. Mesas cargadas de vino y carne. Música. FILIPO, visiblemente ebrio, ríe a carcajadas. ÁTALO bebe a su lado. PAUSANIAS permanece de pie, serio, cerca del trono. OLIMPIA está sentada aparte, en penumbra, con una serpiente enroscada en su brazo. ALEJANDRO observa.)

FILIPO
¡Bebed!¡Que Macedonia celebre su futuro!

(Risas. Copas alzadas.)

ÁTALO
Un futuro limpio, majestad.De sangre clara. De herederos nacidos sin duda alguna.

(Murmullo incómodo. ALEJANDRO tensa el gesto.)

FILIPO
(riendo, arrastrando las palabras)
¡Eso!¡Príncipes de sangre pura!Que nadie cuestione el linaje del rey de Macedonia.

(ÁTALO alza su copa hacia Cleopatra, fuera de escena.)

ÁTALO
Que los dioses concedan un hijo legítimo a nuestro señor Filipo.


(Silencio pesado. ALEJANDRO se levanta.)

ALEJANDRO
Padre.

(FILIPO lo mira, entornando los ojos.)

ALEJANDRO
Cuando hablas de sangre pura…dime, ¿qué soy yo?

(Murmullo creciente.)

ALEJANDRO
¿Un príncipe?¿O un bastardo tolerado mientras no estorba?


(FILIPO intenta levantarse, tambalea.)

FILIPO
¡Míralo! El muchacho que cree que ya es rey.

(Intenta avanzar hacia ALEJANDRO, tropieza y cae. Risas nerviosas. PAUSANIAS da un paso, se detiene.)

ALEJANDRO
(con desprecio)
¿Así cruzaste el Helesponto? ¿Así conquistaste Grecia?


FILIPO
(furioso)
¡Silencio!¡Te di un nombre, un ejército y un lugar en la historia!

ALEJANDRO
Y hoy me lo quitascon una copa de vino y la lengua suelta de tus amigos.


(ÁTALO interviene.)

ÁTALO
Respeto, muchacho. Hablas ante el rey.

ALEJANDRO
Hablas tú demasiado para alguien que no lleva corona.


(FILIPO ruge.)

FILIPO
¡Basta! ¡Fuera de mi vista!

(Señala a ALEJANDRO.)

FILIPO
Tú…y esos jóvenes que te siguen como si fueras Aquiles redivivo. Fuera de Macedonia.
Unos meses bastarán para que aprendas humildad.


(Silencio absoluto.)

ALEJANDRO
(frío)
Recuerda esta noche, padre.
Los reyes no caen por enemigos lejanos…sino por palabras dichas borrachos.


(ALEJANDRO sale. Algunos jóvenes lo siguen. FILIPO respira agitadamente. PAUSANIAS baja la mirada.)

(OLIMPIA no se ha movido. Acaricia lentamente la serpiente. No dice nada.)

ÁTALO
(incómodo)
Reina… ¿no dirás nada?


(OLIMPIA alza los ojos. Sonríe apenas.)

OLIMPIA
Las serpientes no discuten.
Esperan.

(La serpiente sisea suavemente.)


(FILIPO vuelve a beber. PAUSANIAS observa el suelo, inmóvil.)

FILIPO
(murmurando)
Demasiadas sombras… incluso en mi propia casa.


(Las antorchas parpadean. Oscuro.)

FIN



La víspera

La noche había caído sobre Egas sin solemnidad, como si también ella estuviera cansada del rey. En los corredores del palacio, las antorchas ardían con una llama inestable; el vino del banquete aún pesaba en el aire, mezclado con sudor, metal y resentimiento.

Filipo de Macedonia no dormía.

Estaba sentado solo, con la espalda encorvada, la pierna coja extendida, la corona apoyada en una mesa como un objeto cualquiera. El mayor rey de su tiempo respiraba con dificultad, no por la edad, sino por el recuerdo. Las palabras regresaban —no como voces, sino como heridas que no habían cerrado.

Sangre pura.
Príncipes legítimos.
Bastardo.

Había reído entonces. Siempre reía cuando algo le dolía.

Ahora no.

Pensó en Alejandro, en la mirada de su hijo cuando le preguntó qué era. No un grito, no una súplica: una pregunta. Las preguntas eran peores. Las preguntas sobrevivían al vino.

Filipo tomó la copa, la olió, la dejó intacta.

—Demasiadas sombras… —murmuró, sin saber a quién.

No vio a Pausanias, pero pensó en él. En su silencio. En cómo había bajado la cabeza aquella noche, no por respeto, sino por contención. Filipo había visto ese gesto antes, en hombres a los que no se les devolvió el honor. Siempre creyó que el poder bastaba para borrar esas deudas.

Nunca bastaba.


En otra ala del palacio, Olimpia estaba despierta.

La serpiente se deslizaba lentamente entre sus brazos, tibia, viva, paciente. Olimpia no pensaba en el mañana como algo incierto. Pensaba en él como en una consecuencia.

No había dado órdenes. No había enviado mensajeros. No había pronunciado un solo nombre. Y, sin embargo, todo se movía.

Recordó a Alejandro saliendo del salón, erguido, herido, destinado. Gobierna los recuerdos, le había dicho. Sabía que él lo haría. Su hijo no heredaría el reino de Filipo: heredaría su ausencia.

Olimpia cerró los ojos.

Las casas no se destruyen solas. Alguien empuja el fuego.


Pausanias caminaba.

No rápido. No furtivo. Caminaba como quien ya ha tomado la decisión más pesada y, por eso mismo, se siente extrañamente ligero. La daga estaba donde siempre había estado. No era nueva. No era especial. Solo era necesaria.

Recordó la risa. Recordó la humillación. Recordó al rey mirando a otro lado.

No pensó en Alejandro. No pensó en Olimpia. Pensó en sí mismo. En el instante exacto en que el mundo se había vuelto inhabitable.

Mañana, pensó, el mundo volverá a tener sentido.


En la cámara real, Filipo se levantó con esfuerzo. Miró la corona una última vez y sonrió, cansado.

Había unido Macedonia. Había doblegado Grecia. Había preparado un imperio para otro.

—Que los dioses se ocupen del resto —dijo al vacío.

Las sombras no respondieron.

Ya no hacía falta.


Si quieres, el siguiente texto puede ser el asesinato narrado sin nombres, como si el propio palacio lo presenciara… o el amanecer siguiente, cuando Alejandro comprende que las palabras de la noche anterior ya no son advertencias, sino herencia.

Dramatización del amanecer siguiente cuando un paje y él hablan de lo sucedido durante la boda de Eurídice con Filipo y el asesinato a manos de Pausanias y del destino del asesino. Comentan que es extraño que Demóstenes tenga tanta información de lo ocurrido y tan pronto desde Atenas.

Aquí tienes la dramatización en prosa del amanecer, sobria, contenida, con el peso del poder cayendo de golpe.


El día después

El amanecer llegó sin gloria.

No hubo trompetas ni himnos, solo una luz pálida filtrándose por las columnas de Egas, como si el sol dudara de su derecho a entrar. Alejandro estaba de pie, ya vestido, inmóvil. No había dormido. Nadie se lo había pedido.

El paje entró con pasos medidos. Demasiado medidos para un muchacho. Llevaba el rostro blanco, los ojos enrojecidos por noticias repetidas demasiadas veces en demasiado poco tiempo.

—Señor… —empezó, y se detuvo.

Alejandro no se volvió.

—Cuéntalo —dijo—. Una sola vez. Sin adornos.

El paje tragó saliva.

—Durante la boda… cuando el rey Filipo avanzaba hacia el teatro. Estaba desarmado. Confiado. Pausanias salió de entre la guardia. Nadie lo vio hasta que ya era tarde.

Alejandro cerró los ojos un instante.

—¿Cayó?

—Sí, señor. Murió allí mismo.

El silencio se asentó entre ambos, pesado pero estable. Alejandro respiró hondo.

—¿Y Pausanias?

—Huyó. Intentó llegar a los caballos. Pero… —el paje dudó— tropezó. Algunos dicen que fue una raíz. Otros… que alguien lo empujó.

Alejandro abrió los ojos.

—¿Murió?

—Sí. Lo atravesaron antes de que pudiera hablar.

Antes de que pudiera hablar. Alejandro comprendió la frase completa sin que nadie la terminara.


El paje continuó, casi en un susurro:

—Dicen que gritó algo. No se oyó bien.

—Nunca se oye lo importante —respondió Alejandro.

Se volvió por fin. Su rostro no mostraba sorpresa. Solo una calma tensa, como la de alguien que ve confirmada una deuda antigua.

—¿Qué se dice en el palacio?

—Que fue un acto personal. Venganza. Que el rey… —el paje bajó la voz— no protegió su honor.

Alejandro asintió lentamente.

—Eso dirán hoy.


El paje vaciló.

—Hay otra cosa, señor.

—Dila.

—Desde Atenas… ya saben mucho. Demasiado. Demóstenes ha hablado en la asamblea. Habla de tiranía caída. De libertad recuperada. Cita detalles… que aquí aún estamos intentando ordenar.

Alejandro alzó una ceja.

—¿Tan rápido?

—Sí, señor. Como si hubiera estado… esperando.

Alejandro miró hacia el patio, donde los primeros soldados cambiaban la guardia. Macedonia seguía allí. El mundo también. Pero algo se había roto para siempre.

—Atenas siempre llega tarde a las batallas —dijo—
y temprano a las celebraciones ajenas.


El paje reunió valor.

—¿Qué ordenáis ahora?

Alejandro tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz era firme.

—Enterrad a mi padre como a un rey.
Perseguid a los que sonríen demasiado esta mañana.
Y decidle a Grecia…

Se detuvo.

—No. Grecia ya sabe.


El paje inclinó la cabeza y se retiró.

Alejandro quedó solo.

Las palabras de la noche anterior regresaron, no como sombras, sino como hechos. Los reyes no caen por enemigos lejanos. Pensó en su madre. Pensó en Pausanias. Pensó en Atenas.

Luego se colocó la capa.

El sol, finalmente, entró en el palacio.

Y Macedonia tuvo un nuevo rey.

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