jueves, 8 de enero de 2026

La cultura de El Argar.

 


Entrevista imaginaria con el arqueólogo Dr. Martín Salgado, especialista en la Edad del Bronce peninsular

Periodista: Doctor Salgado, para situarnos, ¿qué fue exactamente la cultura de El Argar?

Dr. Salgado: El Argar —o cultura argárica— fue una sociedad de la Edad del Bronce desarrollada en el sureste de la península ibérica, aproximadamente entre el 2200 y el 1550 a. C. Ocupó zonas de las actuales Almería, Murcia, Alicante, Granada y Jaén. Hoy sabemos que no fue una cultura más: fue una de las sociedades más complejas y jerarquizadas de la Europa prehistórica.


Periodista: Se habla a menudo de su carácter militar. ¿Está justificado?

Dr. Salgado: Absolutamente. El Argar es, con los datos actuales, una de las primeras sociedades claramente militarizadas de Europa occidental. Lo vemos en varios indicios: asentamientos fortificados en cerros, armas estandarizadas —espadas, alabardas, puñales—, y sobre todo en los ajuares funerarios. Las tumbas no son iguales: algunas contienen armas y objetos de prestigio, otras apenas cerámica. Eso nos habla de una élite guerrera que concentraba el poder.


Periodista: ¿Podríamos decir que fue una sociedad violenta?

Dr. Salgado: Más bien estructuralmente coercitiva. No tenemos evidencias de batallas masivas constantes, pero sí de una organización social basada en la amenaza del uso de la fuerza. El control del territorio, de los recursos agrícolas y metalúrgicos, y de las personas, parece haber estado en manos de una minoría armada. En ese sentido, algunos colegas hablamos de una sociedad “protoestatal” con rasgos claramente autoritarios.


Periodista: Ha mencionado desigualdad. ¿Hasta qué punto era extrema?

Dr. Salgado: Muchísimo. El Argar rompe con la relativa igualdad del Neolítico anterior. Hay tumbas de niños con objetos de poder, lo que indica que el estatus se heredaba. También hay enterramientos sin ajuar alguno, incluso dentro de las propias viviendas, lo que sugiere una población sometida. Algunos investigadores no dudan en hablar de una sociedad cercana a lo que hoy llamaríamos distópica: control del cuerpo, del trabajo y del futuro desde el nacimiento.


Periodista: ¿Distópica en qué sentido?

Dr. Salgado: Pensemos en esto: vivían bajo vigilancia, en poblados fortificados; el acceso a armas y metales estaba restringido; la desigualdad era visible incluso en la muerte; y todo indica que la producción estaba organizada para sostener a una élite. No es una utopía comunitaria, sino un sistema duro, eficiente y poco amable para la mayoría. Una distopía sin propaganda, pero muy real.


Periodista: Sin embargo, también se ha hablado de política y de instituciones. Incluso de un “primer parlamento” europeo. ¿No es exagerado?

Dr. Salgado: Es una afirmación provocadora, pero no absurda si se matiza. En el yacimiento de La Almoloya (Murcia) se descubrió una gran sala con bancos corridos, capacidad para decenas de personas y un ajuar asociado al poder político. No es una casa cualquiera. Muchos pensamos que era un espacio de reunión formal, donde la élite tomaba decisiones.


Periodista: ¿Un parlamento en plena Edad del Bronce?

Dr. Salgado: No un parlamento democrático, desde luego. Pero sí un lugar institucionalizado para deliberar, negociar o legitimar decisiones. En ese sentido, podría ser uno de los primeros espacios políticos formales conocidos en Europa. Y eso es fascinante: una sociedad autoritaria que, aun así, necesitaba consenso interno entre los poderosos.


Periodista: ¿Qué nos dice El Argar sobre los orígenes de Europa?

Dr. Salgado: Que la complejidad no siempre nace de la cooperación voluntaria. A veces surge de la coerción, del miedo y de la desigualdad. El Argar nos recuerda que la historia europea no empieza con ciudades libres y asambleas abiertas, sino también con jerarquías duras, control militar y sistemas que hoy nos resultarían inquietantes.


Periodista: Para terminar, ¿por qué sigue siendo tan relevante estudiar El Argar?

Dr. Salgado: Porque nos obliga a mirarnos al espejo. Nos muestra que conceptos como Estado, ejército, clase social o incluso parlamento tienen raíces muy antiguas, y no siempre luminosas. Entender El Argar es entender que el pasado no fue simple… y que algunas preguntas incómodas vienen de muy lejos.


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