sábado, 30 de mayo de 2026

Histeria colectiva durante la época del "terror satánico". El caso de los diablos de la Baja Módena y el caso contra los Mac Marty.

 


El caso de los "Diablos de la Baja Módena" (Italia) fue un famoso escándalo judicial y social ocurrido a finales de los años 90, en el que se acusó falsamente a varios familiares de integrar una macabra secta satánica pedófila. Todo f ue provocado por la mala praxis y la autosugestión de una psicóloga llamada Valeria Donati y de la ginecóloga infantil Maggione.
 Donati interrogó a un niño de una familia desestructurada, Mario, que confesó que su hermano y él se hacían tocamientos bajo las sábanas - hecho no demostrado- y tras un interrogatorio, solo para captar la atención del primer adulto que le prestaba atención, fue relatando rituales y sacrificios humanos satánicos a plena luz del día en el cementerio local, así como abusos sexuales por parte de adultos. 15 familias fueron acusadas. Dos madres, Adriana y Mónica, murieron de cáncer el prisión, Francesca, una tercera, se tiró por una ventana cuando no pudo soportar las acusaciones y el ostracismo social más y el párroco, Don Giorgio, acusado por los niños de ser el líder de la secta, murió dos días después de ser acusado de un ataque al corazón.
 Los niños están traumatizados por recuerdos fantasmas de cosas que jamás ocurrieron. Como dice el periodista Pablo Trincia: "De un abuso sexual real te recuperas de una forma u otra. Del recuerdo de un abuso implantado por un adulto con ganas de notoriedad y emociones fuertes no te recuperas  jamás. Siempre estará ahí".
¿Qué pasó realmente?
  • La acusación inicial: Entre 1997 y 1998, tras un proceso de terapia psicológica, 16 niños de las localidades de Mirandola y Massa Finalese (Módena) revelaron historias espeluznantes. Acusaron a sus padres, tíos y vecinos de abusos sexuales brutales, asesinatos de otros menores y rituales en cementerios. 
  • Las consecuencias: Las autoridades separaron a los niños de sus familias. Se desencadenó una "caza de brujas" que involucró a unas cincuenta personas, llevó a 5 juicios y provocó condenas de hasta 13 años, además de trágicos suicidios y muertes de los investigados a lo largo de los años. 
  • La resolución: Décadas después, una profunda investigación periodística documentada en el libro "Veneno" (del periodista Pablo Trincia) demostró que todo fue una fabricación. Los terapeutas y trabajadores sociales, mediante preguntas capciosas, indujeron y manipularon la memoria de los niños, creándoles recuerdos falsos sobre un culto satánico que jamás existió.
Puedes explorar más sobre esta investigación a través del reportaje de El Mundo o conocer los testimonios y detalles del proceso en el podcast Veleno de Onda Cero.

El caso de los Diablos de la Baja Módena (Italia, fines de los 90) y el de la Guardería McMartin (California, años 80) son considerados dos de los reflejos más oscuros e impactantes de la histeria colectiva en la historia judicial contemporánea. Aunque ocurrieron en países y décadas distintas, guardan un parecido estructural casi exacto. [1, 2, 3]

1. El parecido entre ambos casos
Ambos procesos judiciales comenzaron con sospechas aisladas y escalaron rápidamente hasta convertirse en macrocausas delirantes.
  • El patrón de escalada: En la guardería McMartin se empezó investigando a un sospechoso y se terminó acusando a toda una familia y empleados de abusar de 360 niños. En Módena se comenzó con el testimonio de un menor y terminó en la separación de 16 niños de sus familias tras acusar a decenas de personas. 
  • Relatos surrealistas: En los dos países, las supuestas confesiones infantiles describían escenarios idénticos y macabros: túneles subterráneos secretos, sacrificios rituales de animales, asesinatos de bebés, fotografías pornográficas y misas negras oficiadas por sacerdotes o personas disfrazadas. 
  • El desenlace: Los juicios destruyeron vidas, reputaciones y causaron suicidios. Años más tarde, la ciencia forense y el periodismo demostraron que ninguno de los crímenes ocurrió y que la evidencia física (como los supuestos túneles) era inexistente. 

2. La mala praxis de las psicólogas y terapeutas
En ambos casos, las encargadas de entrevistar a los menores —como la terapeuta Kee MacFarlane (en el caso McMartin) y la psicóloga Donatella Busani junto a los servicios sociales (en el caso de Módena)— incurrieron en severas violaciones metodológicas de la psicología forense: [1, 2, 3]
  • Preguntas altamente sugerentes y capciosas: En lugar de realizar entrevistas abiertas, las psicólogas introducían activamente información en sus preguntas. Ejemplos: "¿A qué cementerio te llevaron?" o "¿Qué te hicieron en los túneles?", asumiendo el hecho delictivo como real antes de que el niño lo mencionara. 
  • Presión y Coerción Psicológica: Si un niño respondía que no había pasado nada, las terapeutas insistían durante horas. Se les decía que "eran malos" si guardaban el secreto, o que sus padres no los querrían si no decían la "verdad". 
  • Refuerzo y manipulación de testimonios (Uso de "co-testigos"): Se utilizaba la presión de grupo. A los niños se les decía: "Tu amiguito ya nos contó todo lo yucky (asqueroso) que pasó, solo falta que lo digas tú". Esto contaminaba irreversiblemente la memoria de los menores. 
  • Sesgo de confirmación absoluto: Ambas profesionales partían de la premisa inflexible de que "los niños nunca mienten sobre el abuso sexual". Cualquier negación del niño era interpretada como "mecanismo de defensa" o "trauma bloqueado", obligándolos a inventar historias para complacer a las entrevistadoras y dar por terminada la extenuante sesión. 

3. El papel del "Terror Satánico" (Satanic Panic)
El fenómeno sociocultural conocido como el Pánico Satánico fue el motor ideológico que hizo posibles estas tragedias judiciales. 
  • El contexto de la época: Iniciado en EE. UU. a comienzos de los 80 tras la publicación del polémico y falso libro Michelle Remembers, se extendió hasta los años 90 por Europa Occidental. Los medios de comunicación, la música metal, los juegos de rol y las películas de terror generaron una paranoia colectiva en la que la sociedad creía genuinamente que existía una red global, clandestina y ultraorganizada de sectas satánicas dedicadas a corromper la infancia. 
  • Cegera institucional: Esta histeria colectiva nubló el juicio de policías, fiscales, jueces y opinión pública. El miedo al "diablo" era tan visceral que se abandonó por completo el rigor científico y el principio de presunción de inocencia. Las denuncias de los niños no se cuestionaban porque se creía que estaban luchando contra un "mal supremo".
  • El pánico como validador: Si alguien dudaba de la veracidad de los túneles o los sacrificios, se le acusaba de complicidad o de encubrir a la secta. El pánico satánico creó una atmósfera de "caza de brujas" medieval en pleno siglo XX, donde la superstición pesó más que las pruebas científicas. 
Las películas de terror no causaron el Pánico Satánico por sí solas, pero funcionaron como el catálogo visual y narrativo del que la sociedad copió sus peores pesadillas. El cine moldeó de forma directa la histeria colectiva de los años 80 y 90 a través de tres mecanismos principales: 
1. Creación del imaginario satánico estándar
Películas icónicas previas o contemporáneas al pánico, como "La semilla del diablo" (Rosemary's Baby, 1968), "El exorcista" (1973) y "La profecía" (The Omen, 1976), fijaron en la mente del público cómo operaban las supuestas sectas.
  • El tropo de la conspiración vecinal: Películas como Rosemary's Baby introdujeron la idea de que los adoradores de Satán no eran monstruos marginales, sino personas comunes (médicos, ancianos amables, vecinos educados). Esto facilitó que en el mundo real se sospechara de maestras de guardería (McMartin) o de tíos y abuelos (Baja Módena). 
  • La estética del ritual: La iconografía del cine (velas negras, túnicas, sacrificios de animales en altares, cementerios de noche) fue adoptada por los medios y la policía como "evidencia científica" de cómo debía lucir un culto real. 
2. Contaminación de recuerdos mediante "Guiones Visuales"
El daño más severo ocurrió en las salas de terapia. Según el historiador de religiones Joseph Laycock, cuando los psicólogos utilizaban técnicas de hipnosis o preguntas altamente sugestivas para "recuperar recuerdos bloqueados", los pacientes y los niños no estaban recordando hechos reales. 
  • Cine transformado en memoria: Al ser presionados para describir rituales macabros, los cerebros de los niños recurrían a imágenes impactantes que habían visto en la televisión, el cine de terror o en carátulas de películas de videoclub. 
  • Los relatos sobre bebés sacrificados, sangre bebida en cálices o misas negras subterráneas eran copias literales de guiones cinematográficos, interpretadas por los terapeutas como "confesiones fidedignas". 
3. Retroalimentación de los medios de comunicación
Durante las décadas de 1980 y 1990 se produjo un círculo vicioso de retroalimentación. 
  1. El cine comercial normalizó las historias de horror sobre sectas y posesiones. 
  2. Los programas de televisión sensacionalistas (como los conducidos por Geraldo Rivera en EE. UU.) emitían reportajes afirmando que esas películas se quedaban cortas ante la "realidad". 
  3. El público y las autoridades, con la mente ya sugestionada por la ficción cinematográfica, empezaron a ver "mensajes satánicos" y rituales ocultos en todas partes: desde películas de terror del momento hasta en juegos de mesa o música heavy metal. 
El cine de terror proveyó el vocabulario estético y los escenarios que la histeria colectiva necesitaba. Sin esas referencias visuales colectivas, los niños de Módena y California jamás habrían podido estructurar los complejos e idénticos relatos de fantasía de los que sus terapeutas se valieron para destruir a decenas de familias

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