lunes, 11 de mayo de 2026

Michi, el gato golferas y fetichista.

 LOCUTOR:

Muy buenas tardes, oyentes de Radio Murcia. Hoy tenemos una historia que mezcla misterio, delincuencia textil y un gato con unos gustos… muy concretos. Nos acompaña Julián Pérez, vecino del barrio de San Antón y propietario de “Michi”, el felino acusado de una larga serie de robos de calcetines y ropa interior femenina tendida en balcones. Julián, gracias por venir.

JULIÁN:
Gracias a vosotros… aunque preferiría que me entrevistarais por mi tortilla de patatas y no por el prontuario criminal del gato.

LOCUTOR:
Empecemos por el principio. ¿Cuándo sospechó usted que su gato llevaba una doble vida?

JULIÁN:
Pues una mañana encontré en el salón un sujetador de encaje color fucsia. Yo vivo solo. Y pensé: “O he tenido una vida social increíble anoche… o aquí pasa algo raro”.

LOCUTOR:
Y era el gato.

JULIÁN:
Era el gato. Lo peor es que al principio no lo sabía. Yo iba encontrando cosas: calcetines, medias, bragas con estampado de leopardo… Una vez apareció hasta un camisón entero. El animal entraba orgullosísimo, maullando como si hubiera cazado un búfalo.

LOCUTOR:
Un depredador especializado.

JULIÁN:
Sí, pero de mercería.

LOCUTOR:
¿Cuándo se destapó todo?

JULIÁN:
Cuando vino a picarme la puerta Paqui, la vecina del tercero. Muy seria. Cruzada de brazos. Detrás, otras dos vecinas mirando como si fueran jurado popular.

LOCUTOR:
Uy.

JULIÁN:
Y me dice: “Julián, tenemos que hablar de la ropa interior”.
Imagínate mi cara.

LOCUTOR:
Complicado iniciar así una conversación.

JULIÁN:
Yo pensé que era una cámara oculta. Pero no. Resulta que varias vecinas llevaban semanas perdiendo ropa del tendedero… y casualmente Michi aparecía paseándose con un tanga en la boca como quien lleva un puro habano.

LOCUTOR:
Las pruebas eran contundentes.

JULIÁN:
Demasiado contundentes. Intenté explicarlo: “No soy yo, es el gato”. Pero claro… esa frase suena exactamente a lo que diría alguien culpable.

LOCUTOR:
Tiene usted razón.

JULIÁN:
Paqui me miró y dijo: “Ajá. Claro. El gato fetichista”.
Y yo: “¡Que el gato no tiene fetiches! ¡El gato roba por instinto!”.
Y cuanto más lo explicaba, peor sonaba.

LOCUTOR:
Entró usted en una espiral peligrosísima.

JULIÁN:
Fatal. En un momento dado estaba haciendo un esquema en una libreta: “Mirad, Michi salta aquí, luego al balcón, luego vuelve con las prendas”. Parecía yo abogado defensor en un juicio internacional.

LOCUTOR:
¿Y cómo logró convencerlas?

JULIÁN:
Con una demostración involuntaria. Estábamos hablando en el portal cuando aparece Michi… con un sostén deportivo enorme arrastrando por el suelo como si hubiera abatido una gacela.
Se hizo el silencio.
El gato dejó el botín a mis pies y me miró esperando felicitación.

LOCUTOR:
El criminal regresando a la escena del crimen.

JULIÁN:
Exacto. Paqui me miró y dijo: “Bueno… pues parece que sí era el gato”.
Y yo: “¡Llevo media hora diciendo eso!”.

LOCUTOR:
¿Hubo consecuencias?

JULIÁN:
Tuve que devolver ropa en una bolsa etiquetada por pisos. Ha sido la experiencia más incómoda de mi vida. “Buenas, Pilar, creo que esto es suyo”. No quieres vivir eso dos veces.

LOCUTOR:
¿Y Michi? ¿Se ha reformado?

JULIÁN:
Más o menos. Ahora cierro ventanas y le compré juguetes. Aunque el otro día apareció con un calcetín de lentejuelas que nadie ha reclamado todavía.

LOCUTOR:
Hay reincidencia.

JULIÁN:
Ese gato tiene vocación.

LOCUTOR:
Pues Julián, gracias por compartir esta historia de crimen, tensión vecinal y absolución felina. Y recuerden, oyentes: si desaparece ropa del tendedero… antes de sospechar del vecino raro, vigilen al gato del barrio.

Patio interior de vecinos. Sol de media tarde. Cuerdas llenas de ropa tendida. De pronto, un silencio expectante.)

VECINA 1 (desde un balcón):
…¿Eso es mi sujetador?

VECINO 2 (asomándose):
No, mujer, el tuyo era beige.

VECINA 1:
Pues peor me lo pones.

(Aparece Michi, avanzando por la cornisa con una parsimonia insultante. Lleva en la boca un sujetador rojo de encaje. Camina con la dignidad de un león regresando de la caza.)

VECINA 3:
¡Otra vez el gato de Julián!

VECINO 4:
Ese animal tiene unos gustos muy definidos.

(Michi se detiene en medio del patio, mira hacia abajo, deja caer el sujetador ceremoniosamente y suelta un maullido triunfal.)

MIAU.

VECINA 2 (escandalizada):
¡Pero bueno! ¡Eso es mío!

VECINO 2:
Pues no sabía yo que usabas encaje francés, Encarna.

VECINA 2:
¡Y a ti qué te importa!

(Se abre de golpe una ventana. Asoma Julián, despeinado.)

JULIÁN:
¡Michi! ¡Suelta eso ahora mismo!

VECINA 3:
¡Julián, esto ya pasa de castaño oscuro!

JULIÁN:
¡Que no soy yo! ¡Lo roba él!

VECINO 4:
Claro, claro. El gato. Y yo colecciono semáforos.

JULIÁN:
¡Lo juro! ¡No es fetichismo mío! ¡Es… una especie de cleptomanía textil felina!

VECINA 1:
Qué casualidad que siempre robe ropa interior de señora.

JULIÁN (desesperado):
¡Yo qué sé! ¡Pregúntenselo a él!

(Todos miran a Michi. El gato se sienta, se lame una pata con absoluta indiferencia moral.)

VECINO 2:
Tiene cara de reincidente.

JULIÁN:
¡Michi, defiéndeme!

(Michi se levanta. Mira alrededor. De un salto impecable alcanza otro tendedero, agarra un tanga negro y vuelve a posar con él en la boca como un trofeo olímpico.)

Silencio absoluto.

VECINA 3 (muy seria):
Bueno… pues parece que Julián decía la verdad.

JULIÁN (al borde del llanto):
¡GRACIAS!

VECINO 4:
Aunque habría que hablar con ese gato. Tiene un problema.

(Michi desfila lentamente por la cornisa mientras todos lo observan. La cola alta. El tanga ondeando como estandarte de guerra.)

TELÓN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Michi, el gato golferas y fetichista.

  LOCUTOR: Muy buenas tardes, oyentes de Radio Murcia . Hoy tenemos una historia que mezcla misterio, delincuencia textil y un gato con uno...