En el verano de 2015, XL Semanal publicó un amplio reportaje sobre el riesgo en el alpinismo de altura titulado “La adicción a los ochomiles”, en el que varios montañeros españoles relataban experiencias límite. Entre ellos aparecía la alpinista asturiana Rosa Fernández, quien ofrecía un testimonio muy detallado sobre su intento frustrado de ascender el Annapurna, una de las montañas más peligrosas del planeta.
El Annapurna: una montaña que obligó a renunciar
Fernández narró que, cuando se encontraba preparando el ataque a la cumbre, el campamento fue golpeado por una sucesión de avalanchas. La situación se volvió extremadamente peligrosa: una tienda vecina desapareció arrastrada por la nieve y, a lo largo de la misma jornada, llegaron a producirse tres avalanchas. Ella y una compañera quedaron atrapadas momentáneamente dentro de su tienda cuando una de ellas impactó en la zona del campamento.
La montañera explicó que los alpinistas tuvieron que abandonar el lugar prácticamente sin material. Muchas cuerdas, piolets, arneses y parte del equipo habían desaparecido bajo la nieve o habían sido arrastrados por las avalanchas. Al día siguiente iniciaron un descenso extremadamente comprometido.
“Las dos horas más tensas de mi vida”
El núcleo emocional del reportaje es el relato en primera persona de ese descenso. Rosa Fernández afirmó que aquellas fueron las horas más difíciles que había vivido en la montaña:
“El descenso del Annapurna fueron las dos horas más tensas de mi vida”.
Según explicó, el estrés fue tan intenso que llegó a perder la voz temporalmente. Recordaba que no podía articular palabras, aunque seguía concentrada en mantener la coordinación necesaria para descender con seguridad. Para ella, en situaciones así, lo fundamental es conservar la calma y la capacidad de maniobrar.
La experiencia de una veterana
Lejos de presentarse como una aventurera imprudente, Fernández subrayaba en el reportaje que había pasado muchas veces por encima de los 8.000 metros y que en numerosas ocasiones había decidido darse la vuelta antes que asumir riesgos excesivos. De hecho, resumía su filosofía con una frase que se convirtió en una de las ideas centrales del artículo:
“La verdadera cumbre la logras cuando vuelves a casa”.
Esa visión coincide con otras declaraciones realizadas por la alpinista tras la expedición, cuando describió el Annapurna como una montaña extremadamente peligrosa, castigada aquel año por nevadas excepcionales y continuas avalanchas. Llegó a afirmar que la fama del Annapurna como una de las montañas más mortíferas del Himalaya era “totalmente cierta”.
Conclusión periodística
El reportaje de XL Semanal utilizaba el caso de Rosa Fernández como ejemplo de la delgada línea entre el éxito y la tragedia en los ochomiles. Su intento en el Annapurna terminó en fracaso deportivo —sin alcanzar la cumbre—, pero también en una decisión considerada ejemplar dentro del alpinismo: renunciar cuando las condiciones convierten la montaña en una trampa mortal. El testimonio transmitía miedo, tensión y respeto por la montaña, pero también la convicción de que sobrevivir y regresar es el verdadero triunfo.

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