El hombre que desafía el vacío: Alex Honnold y su particular relación con el miedo
Por Simon Worrall (adaptación periodística)
Colgado de una pared casi vertical, a cientos de metros del suelo y sin una sola cuerda que garantice su seguridad, Alex Honnold parece desafiar no solo la gravedad, sino también uno de los instintos más básicos del ser humano: el miedo a la muerte. Sin embargo, el escalador estadounidense rechaza la imagen de temerario que muchos le atribuyen. Para él, la clave de sus hazañas no es la ausencia de miedo, sino una forma distinta de entender el riesgo y la mortalidad.
Considerado uno de los mejores practicantes de escalada en solo libre del mundo, Honnold ha alcanzado fama internacional por ascender enormes paredes de roca sin cuerdas ni sistemas de protección. Sus logros han asombrado tanto a expertos como a aficionados, especialmente en lugares emblemáticos como Yosemite, donde ha protagonizado algunas de las escaladas más difíciles jamás realizadas.
A pesar de la percepción popular, Honnold insiste en que no es un adicto a la adrenalina. Según explica, la escalada tiene poco que ver con la búsqueda de emociones extremas. Mientras deportes como el surf o el snowboard dependen de la velocidad y la descarga instantánea de adrenalina, la escalada exige lentitud, concentración y control absoluto. Cada movimiento se ejecuta de forma deliberada, centímetro a centímetro.
La cuestión del miedo surge inevitablemente al hablar con alguien que ha pasado gran parte de su vida suspendido sobre el vacío. Honnold reconoce que el temor existe, pero asegura que nunca se obliga a afrontar una situación para la que no se siente preparado. Si una ruta le parece demasiado peligrosa, simplemente renuncia a ella o dedica más tiempo a entrenarla. En ocasiones, incluso ha iniciado ascensos y ha decidido regresar al suelo al darse cuenta de que no era el día adecuado para continuar. Para él, saber retirarse es una parte esencial de la escalada.
Su método para gestionar el peligro se basa en una preparación meticulosa. Antes de afrontar una ascensión en solo libre, memoriza cada movimiento y ensaya repetidamente la ruta. Cuando finalmente se encuentra en la pared sin protección, intenta eliminar cualquier pensamiento relacionado con el miedo, ya que considera que esa emoción perjudica el rendimiento y aumenta las posibilidades de cometer errores. «Sé que estoy en peligro», ha explicado, «pero sentir miedo mientras estoy allí arriba no me ayuda en nada».
Lejos de considerarse invulnerable, Honnold afirma que simplemente acepta una realidad que todos comparten: la muerte llegará algún día. Esa aceptación, sostiene, no significa buscarla ni ignorar los riesgos, sino convivir con ellos de forma racional. Su objetivo no es desafiar a la muerte, sino disfrutar de una actividad que le apasiona en algunos de los paisajes más impresionantes del planeta.
La filosofía del escalador también se refleja fuera de la montaña. A través de la Honnold Foundation, impulsa proyectos relacionados con la sostenibilidad y el acceso a la energía en comunidades desfavorecidas, convencido de que el éxito deportivo debe ir acompañado de un compromiso social.
En una disciplina donde un solo error puede resultar fatal, Alex Honnold sigue siendo una figura fascinante. Más que un hombre sin miedo, parece alguien que ha aprendido a convivir con él, transformándolo en concentración, preparación y respeto por los límites. Quizá esa sea la verdadera explicación de por qué puede caminar por la frontera entre la vida y el abismo con una serenidad que para la mayoría resulta casi imposible de imaginar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario