El viajero del tiempo y Carlomagno
Aquisgrán, hacia el año 802. En una amplia sala del palacio imperial, un extraño viajero vestido de forma insólita es conducido ante el emperador. A su lado se encuentra el célebre sabio inglés Alcuino de York.
Viajero: Salve, emperador Carlomagno. Vengo de tierras y tiempos muy lejanos. ¿Puedo haceros algunas preguntas?
Carlomagno: Si habéis llegado hasta aquí sin que mis guardias os hayan confundido con un mago, supongo que podéis preguntar.
Alcuino: Y yo procuraré corregir a Su Majestad cuando su memoria embellezca demasiado los hechos.
Carlomagno: ¡Ja! Empezamos bien.
La familia del emperador
Viajero: Señor, habladme de vuestra familia.
Carlomagno: Mi familia es tan extensa como mi imperio. Mi padre fue Pipino el Breve y mi madre, Bertrada de Laon. He tenido varias esposas y concubinas, y muchos hijos.
Viajero: ¿Es cierto que apreciabais especialmente a vuestras hijas?
Carlomagno: Así es. Las mantuve cerca de mí en la corte. Muchos nobles querían casarse con ellas para ganar poder. Preferí no facilitarles semejante oportunidad.
Alcuino: Algunos dirían que las protegió demasiado.
Carlomagno: Algunos siempre dicen algo.
Comida y bebida
Viajero: ¿Cómo es vuestra relación con la comida?
Carlomagno: Me gusta comer bien, pero no el exceso. Prefiero la carne asada, especialmente de caza. Mis médicos me recomiendan moderación.
Alcuino: Recomendación que Su Majestad escucha con atención... durante unos minutos.
Carlomagno: ¡No exageréis!
Viajero: ¿Y el vino?
Carlomagno: Lo bebo, por supuesto, pero detesto la embriaguez. Un gobernante borracho entrega el reino a sus enemigos.
Cultura y sabiduría
Viajero: Se os considera un gran protector de la cultura.
Carlomagno: Cuando heredé el reino, muchos clérigos apenas sabían escribir correctamente el latín. Quise remediarlo. Fundamos escuelas y reunimos sabios de diversos países.
Alcuino: Entre ellos tuve el honor de encontrarme.
Viajero: Maestro Alcuino, ¿cómo era trabajar con el emperador?
Alcuino: Incansable. Preguntaba sobre gramática, teología, astronomía, historia... A veces parecía querer aprender todo lo que existía.
Carlomagno: Aprender es una forma de gobernar.
Viajero: ¿Sabíais leer?
Carlomagno: Sí. Aunque escribir me costó más. Practicaba por las noches con tablillas de cera bajo la almohada. No alcancé la soltura que deseaba.
Los nombres germánicos de los meses
Viajero: También intentasteis cambiar los nombres de los meses.
Carlomagno: Correcto. ¿Por qué usar únicamente nombres heredados de Roma? Mi pueblo tiene su propia lengua.
Alcuino: El emperador propuso denominaciones germánicas para cada mes.
Carlomagno: Enero era Wintarmanoth, el "mes de invierno". Mayo, Wunnimanoth, el "mes de los pastos". Quería que el calendario reflejara nuestra tradición.
Viajero: Pero esos nombres no sobrevivieron.
Carlomagno: No todas las batallas se ganan.
La campaña contra Zaragoza
Viajero: Hablemos de Hispania. ¿Por qué marchasteis contra Zaragoza?
Carlomagno: Algunos gobernantes musulmanes de la región me solicitaron ayuda contra sus rivales. Vi una oportunidad para extender mi influencia al sur de los Pirineos.
Viajero: Pero Zaragoza no abrió sus puertas.
Carlomagno: Exactamente. Quienes habían prometido cooperación cambiaron de opinión. Tras un asedio infructuoso decidí retirarme.
Alcuino: A veces la política es más imprevisible que la guerra.
Roncesvalles
Viajero: Y entonces llegó la famosa emboscada de Roncesvalles.
Carlomagno: Una amarga lección.
Viajero: ¿Qué ocurrió realmente?
Carlomagno: Durante la retirada, mi ejército avanzaba en una larga columna a través de los Pirineos. La retaguardia quedó aislada en un terreno montañoso y boscoso.
Alcuino: Los atacantes fueron principalmente vascones, no enormes ejércitos musulmanes como contarán después las leyendas.
Carlomagno: Conocían perfectamente el terreno. Golpearon con rapidez y desaparecieron. Entre los muertos estuvo mi noble servidor Roldán.
Viajero: Y con el tiempo nació una epopeya.
Carlomagno: La poesía suele ser más espectacular que la realidad.
Las guerras contra los sajones
Viajero: También librasteis largas campañas contra los sajones.
Carlomagno: Durante más de treinta años. Eran vecinos peligrosos y además seguían practicando cultos paganos.
Viajero: ¿La religión fue un motivo importante?
Carlomagno: Sí. Deseaba incorporar aquellas tierras al reino y al cristianismo.
Alcuino: Debo añadir que no siempre aprobé los métodos empleados.
Viajero: ¿Os referís a las conversiones forzosas?
Alcuino: Exactamente. La fe se enseña mejor con persuasión que con amenazas.
Carlomagno: Gobernar una frontera rebelde no permite siempre soluciones ideales.
La higiene del emperador
Viajero: Una cuestión curiosa. ¿Es cierto que os gustaba mucho la higiene?
Carlomagno: Desde luego. Disfruto de los baños calientes, especialmente aquí en Aquisgrán, donde abundan las aguas termales.
Alcuino: El emperador suele invitar a familiares, cortesanos y visitantes a bañarse con él. Las termas pueden parecer casi una asamblea política.
Carlomagno: ¡Las mejores conversaciones se tienen en el agua caliente!
Viajero: Eso sorprenderá a quienes imaginan la Edad Media como una época enemiga del baño.
Carlomagno: Entonces decidles que han escuchado demasiadas historias equivocadas.
Despedida
Viajero: Majestad, gracias por vuestro tiempo.
Carlomagno: Ha sido una conversación extraña, pero agradable. Si realmente venís del futuro, decidme una cosa.
Viajero: ¿Cuál?
Carlomagno: ¿Todavía recuerdan mi nombre?
Viajero: Más de mil años después, seguís siendo una de las figuras más famosas de Europa.
Carlomagno (sonriendo): Entonces no he trabajado en vano.
Alcuino: Y ahora, viajero, quizá deberíais regresar a vuestro siglo antes de que alguien os acuse de hechicería.
Viajero: Consejo prudente, maestro.
El viajero se inclina ante el emperador mientras las campanas de Aquisgrán resuenan en la distancia.

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