El corto se llamaba Logorama, y fue una auténtica ida de olla visual para la época. Ganó el Oscar al mejor corto animado en 2010 y básicamente convertía Los Ángeles en un mundo hecho enteramente de logos y mascotas corporativas: policías Michelin, un Ronald McDonald psicópata, señales de tráfico de marcas, edificios convertidos en anuncios… todo.
La idea salió del colectivo francés H5, sobre todo de Ludovic Houplain. Él contó que el germen nació años antes, cuando trabajó con Antoine Bardou-Jacquet en un videoclip para Alex Gopher llamado The Child, donde ya habían construido una ciudad usando logos. A partir de ahí pensaron: “¿y si hacemos una película entera así?”. Y acabaron tardando como seis años en producir solo 16 minutos.
Lo más loco es que prácticamente no tuvieron demandas. Muchísima gente pensaba “esto les va a costar 800 juicios”, pero el corto estaba protegido como parodia y sátira. No intentaba hacerse pasar por publicidad oficial ni engañar al espectador. Era una crítica bastante evidente al consumismo y a la invasión de las marcas en la vida cotidiana. De hecho, uno de los directores comentó en broma que la única “queja” famosa vino de Nokia… porque no aparecían en el corto y querían estar incluidos.
En cuanto a logos, aparecen literalmente miles —más de 2.000 o 2.500 según la fuente—. Los más recordados son:
- Michelin (los polis)
- Ronald McDonald
- Esso
- Pringles
- Big Boy
- Camel
- MGM
- Nike
- Shell
- Apple
- Pepsi
- Starbucks
- Burger King
- Bic
- Firestone
- Goodyear
- AOL
- MSN
- Atari
- Lego
y un larguísimo etcétera.
La gracia era que los logos no estaban “puestos” como decoración: actuaban como personajes y objetos reales. El muñeco de Michelin era un poli cansado de la vida, Ronald McDonald era prácticamente el Joker, y hasta las montañas o los animales estaban hechos con identidades corporativas.
Y sobre el “Gigante Verde”: sí, aparece el famoso logo/mascota de Green Giant. En el corto lo usan igual que al resto de iconos comerciales: convertido en parte del paisaje y del caos general. No hubo una polémica específica conocida con Green Giant ni consta que demandaran al estudio. Su personaje simplemente quedó absorbido dentro de esa sátira gigantesca donde todas las marcas perdían un poco el control de su propia imagen. La idea justamente era esa: coger símbolos corporativos hipercontrolados y soltarlos en un mundo absurdo, violento y caótico.
Sí, exactamente. El Gigante Verde hacía de encargado/guarda del zoo, y por lo visto a la gente de Green Giant le encantó cómo quedó representado. No hay constancia de que protestaran; más bien al contrario, los creadores comentaron que varias marcas se tomaron el corto con bastante humor porque entendían que era una sátira cultural y no un ataque directo.
Y tiene sentido, porque dentro del caos de Logorama el Gigante Verde sale casi como uno de los personajes “sensatos”. El tipo intenta poner orden mientras Big Boy y el Haribo están tocándole las narices al león de la MGM. Luego llega el terremoto, los animales se escapan y un elefante con el logo republicano se lo lleva por delante. Es totalmente absurdo y genial al mismo tiempo.
Lo curioso es que muchas empresas entendieron que aparecer en el corto era casi un honor cultural. Logorama acabó funcionando como una especie de museo pop delirante de la iconografía comercial de finales de los 2000. Algunas marcas quedaban fatal —Ronald McDonald básicamente es un criminal sociópata— y otras salían casi entrañables. Pero todas aceptaban una idea incómoda: que los logos ya eran personajes de nuestra vida cotidiana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario