domingo, 28 de junio de 2026

¿Por qué los hombres prehistóricos vascos apenas pintaron en sus cuevas mamuts?

 La presencia del mamut lanudo (Mammuthus primigenius) en el territorio vasco-navarro durante el Paleolítico Superior es uno de los enigmas más fascinantes de la arqueología regional: existe una paradoja evidente entre la casi total ausencia de representaciones artísticas de mamuts en las cuevas vascas y la escasez extrema de sus restos óseos en el registro fósil, lo que contrasta fuertemente con la abundancia de este probóscideo en regiones vecinas como Francia.


🎨 Las pinturas rupestres: ¿Por qué no hay mamuts en las cuevas vascas?
A diferencia de lo que ocurre en la región francesa de Dordoña —donde yacimientos como la Cueva de Rouffignac albergan cientos de grabados y pinturas de este animal—, el arte rupestre paleolítico del País Vasco apenas cuenta con representaciones de mamuts. [1, 2]
  • Estilo autóctono y demarcación: Un exhaustivo estudio de las universidades de Durham, el País Vasco (UPV/EHU) y la Complutense sobre cavidades como Danbolinzulo (Zestoa, Gipuzkoa) desveló que el área vasca funcionaba como una "zona fronteriza" o disputada entre poblaciones del norte (Aquitania) y del oeste (cornisa cantábrica). [1]
  • Preferencia por fauna local: Mientras que otras culturas centroeuropeas o francesas plasmaban grandes mamuts, leones o rinocerontes, los artistas de las cuevas vascas desarrollaron un estilo propio y se inclinaron de forma abrumadora por pintar ciervas, cabras, caballos y bisontes. [1]
  • Excepciones en el Cantábrico: Si nos desplazamos ligeramente hacia el oeste por la cornisa cantábrica, las muestras siguen siendo anecdóticas. Uno de los poquísimos ejemplos reconocidos en el norte peninsular es el famoso contorno esquemático de un mamut con una mancha roja en su interior, localizado en la Cueva de El Pindal (Asturias). [1]

🦴 El registro fósil: Una presencia escasa pero real
El hecho de que apenas se hayan descubierto huesos de mamut en el País Vasco y Navarra no se debe a que jamás pisaran estas tierras, sino a barreras ecológicas, climáticas y de conservación. Durante las fases más crudas de la última glaciación (Würm), los mamuts preferían las grandes estepas abiertas del norte de Europa. La abrupta geografía vasca y su clima costero, algo más templado y húmedo debido a la influencia del Golfo de Bizkaia, no constituían su hábitat ideal.
Aun así, la ciencia ha rescatado pruebas físicas excepcionales de su paso:
  • La Cueva de Mainea (Uitzi, Navarra): Descubierta originalmente en 1996, esta cavidad es considerada un yacimiento único en la península ibérica. Investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la UPV identificaron cerca de 200 fósiles de fauna glacial atrapados en una dolina natural hace unos 46.000 años. Entre abundantes restos de rinoceronte lanudo, se certificó de forma inequívoca la presencia de un ejemplar de mamut de aproximadamente 30 años de edad. [1, 2]
  • Evidencias en el País Vasco: Los hallazgos óseos en suelo de la comunidad autónoma vasca son igual de escasos y fragmentarios (como pequeños molares o restos aislados de extremidades en niveles antiguos del Paleolítico), a menudo asociados a periodos de frío extremo donde las manadas descendían puntualmente desde Francia buscando pastos explotables.
En resumen, los humanos prehistóricos que habitaron el territorio vasco-navarro no pintaban mamuts porque no convivían de forma habitual con ellos; el paisaje montañoso regional favorecía a otros grandes herbívoros, convirtiendo al gigante lanudo en un visitante meramente esporádico de nuestra geografía prehistórica.

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