sábado, 20 de junio de 2026

Prácticas funerarias de todo el mundo.

 


Reconstrucción periodística de la entrevista de Simon Worrall a Caitlin Doughty sobre las prácticas funerarias del mundo

Por Simon Worrall (Book Talk, National Geographic) – reconstrucción en formato de reportaje

Mientras gran parte de Occidente procura mantener la muerte fuera de la vista, la directora funeraria estadounidense Caitlin Doughty ha dedicado su carrera a hacer exactamente lo contrario: devolver a las familias un papel activo en el cuidado de sus muertos. En una entrevista para la serie Book Talk de National Geographic, realizada por Simon Worrall, Doughty repasó algunas de las prácticas funerarias más llamativas del planeta y cuestionó muchas de las restricciones que rodean a la muerte en Estados Unidos.

La búsqueda de una “buena muerte”

Con motivo de la publicación de su libro From Here to Eternity, Doughty recorrió distintos países para estudiar cómo las sociedades se relacionan con sus difuntos. Su viaje la llevó desde cremaciones al aire libre en Colorado hasta aldeas de Indonesia donde los muertos momificados continúan viviendo simbólicamente entre los familiares.

Según la funeraria, la cultura estadounidense ha delegado la muerte casi por completo en profesionales. El modelo habitual consiste en que la funeraria recoge el cuerpo y la familia apenas vuelve a verlo hasta la ceremonia final. Su propia empresa, en cambio, intenta involucrar a los allegados en tareas como vestir al fallecido, velarlo en casa o participar directamente en los rituales de despedida.

Japón: convivir con los muertos antes de la cremación

Uno de los ejemplos que más impresionó a Doughty fue Japón. Allí la cremación alcanza porcentajes cercanos a la universalidad y, debido a la demanda en grandes ciudades como Tokio, pueden transcurrir varios días antes de que se realice. Durante esa espera existen instalaciones conocidas popularmente como “hoteles para cadáveres”, donde las familias permanecen junto al cuerpo día y noche.

Para Doughty, estos espacios reflejan una actitud menos temerosa hacia la muerte. Los familiares pueden rezar, conversar, descansar e incluso dormir en habitaciones equipadas mientras acompañan al difunto antes de la cremación.

El kotsuage: recoger los huesos con palillos

Entre todas las tradiciones descritas en la entrevista, una de las más singulares es el kotsuage, ritual japonés que tiene lugar después de la cremación. A diferencia de Estados Unidos, donde los restos óseos suelen triturarse mecánicamente hasta convertirse en cenizas homogéneas, en Japón se conserva el esqueleto cremado. Los familiares utilizan palillos para recoger los huesos y depositarlos cuidadosamente en una urna, comenzando por los pies y terminando por la cabeza. La intención simbólica es que la persona entre “erguida” en su nuevo receptáculo.

Doughty considera que este tipo de participación física tiene un profundo valor psicológico. No se trata únicamente de observar un ritual, sino de realizar una acción concreta que ayuda a asumir la realidad de la pérdida.

Indonesia y la momificación doméstica

Otro de los episodios más impactantes de su viaje tuvo lugar en Toraja, en la isla indonesia de Sulawesi. Allí algunas familias mantienen durante meses o incluso años a sus familiares fallecidos dentro de la vivienda. Los cuerpos son preservados mediante técnicas tradicionales y modernas de momificación, y continúan formando parte de la vida cotidiana.

Los muertos reciben ropa limpia, comida simbólica y atención familiar. Para los toraja, la muerte no se produce de forma instantánea en el momento del fallecimiento biológico; es un proceso gradual durante el cual la persona sigue presente en la comunidad. Doughty señaló que lo más sorprendente fue comprobar la normalidad con que se vive esta situación: niños jugando, animales domésticos y labores agrícolas conviven con la presencia de los ancestros momificados.

¿Por qué las funerarias estadounidenses ponen tantos límites?

Una de las cuestiones centrales de la entrevista fue la creencia extendida de que la ley estadounidense impide a las familias tener contacto con los cuerpos. Doughty sostuvo que, en muchos casos, no son las leyes las que restringen estas prácticas, sino las propias normas y políticas de las funerarias.

Según explicó, numerosas actividades que muchos ciudadanos creen ilegales —como velar al fallecido en casa, permanecer junto al cuerpo durante más tiempo o participar activamente en su preparación— son perfectamente posibles en distintas jurisdicciones. Sin embargo, las empresas funerarias suelen controlar el acceso por razones operativas, comerciales, sanitarias o de organización interna. De este modo, las familias terminan dependiendo de profesionales para casi todas las etapas del proceso.

Doughty argumenta que esta separación ha contribuido a que los estadounidenses se sientan cada vez más alejados de la realidad de la muerte. Su propuesta consiste en devolver protagonismo a los familiares, permitiéndoles participar en los cuidados del cuerpo y en rituales significativos, tal como ocurre en muchas otras culturas del mundo.

Una lección global sobre el duelo

Tras visitar cremaciones abiertas, hoteles funerarios, comunidades que conservan momias y proyectos experimentales de compostaje humano, Doughty llegó a una conclusión: no existe una única forma correcta de afrontar la muerte. Lo que sí parece universal es la necesidad de que los vivos participen activamente en la despedida de sus seres queridos. Los rituales, sostiene, ayudan a transformar una pérdida abstracta en una realidad asumible.

En la entrevista, la funeraria resumió esa idea con una crítica tanto a la industria funeraria como a la sociedad contemporánea: mientras la muerte permanezca escondida y delegada por completo en terceros, será más difícil encontrar lo que ella llama una “buena muerte”, es decir, una despedida consciente, participativa y humana.

Creo que también se habla de los entierros celestiales de los zoroastrianos.

Sí. Aunque en la entrevista de Simon Worrall para Book Talk el foco principal recae en Japón, Indonesia, la cremación al aire libre en Colorado y el compostaje humano, el tema de los entierros celestiales zoroastrianos aparece vinculado al libro de Caitlin Doughty y a su reflexión sobre alternativas funerarias.

De hecho, hacia el final de la entrevista, cuando Worrall le pregunta cómo ha cambiado su visión de la muerte, Doughty afirma que, si pudiera elegir libremente, le gustaría que su cuerpo fuera consumido por animales salvajes, comparándolo con los sky burials (entierros celestiales) practicados en algunas tradiciones asiáticas. Explica que considera justo devolver a otros animales la materia que ella misma consumió durante su vida.

En su libro From Here to Eternity, el tratamiento es más amplio. Doughty visita y estudia las prácticas funerarias de los zoroastrianos parsis de la India, cuyos muertos tradicionalmente son depositados en las llamadas Torres del Silencio (dakhmas). La razón teológica es que ni la tierra, ni el fuego ni el agua deben contaminarse con un cadáver; por ello, el cuerpo se expone para que sea consumido por buitres y otros carroñeros.

Uno de los problemas contemporáneos que ella analiza es el colapso de las poblaciones de buitres en la India durante las últimas décadas. Al desaparecer las aves carroñeras, el sistema tradicional dejó de funcionar como estaba previsto, generando un intenso debate dentro de la comunidad parsi sobre si mantener el rito ancestral o adoptar cremaciones y entierros convencionales.

Si reconstruyéramos el reportaje incluyendo este tema, podría añadirse un apartado como este:

Las Torres del Silencio: cuando los animales completan el ciclo

Entre las prácticas que más desafiaron las ideas occidentales sobre la dignidad de los muertos se encuentran los ritos zoroastrianos. En lugar de enterrar o quemar los cuerpos, los parsis los depositan en estructuras circulares elevadas donde son consumidos por aves carroñeras. Lejos de considerarlo una falta de respeto, los creyentes lo interpretan como un último acto de generosidad hacia el mundo natural. Para Caitlin Doughty, esta tradición ilustra una de las grandes lecciones de su viaje: muchas sociedades aceptan que el cadáver sigue formando parte de los ciclos ecológicos, mientras que la cultura funeraria estadounidense tiende a ocultar y aislar el proceso de descomposición.

Además, es interesante señalar que Doughty distingue entre los entierros celestiales zoroastrianos y los entierros celestiales tibetanos. Ambos implican que los restos sean consumidos por animales, pero surgen de tradiciones religiosas y significados muy diferentes. 

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