Lo planteo como un memorándum ficticio de posguerra, redactado por Hugh Dowding para Churchill, pero procurando que el contenido histórico sea riguroso. Una precisión importante: los Spitfire de reconocimiento no hundieron directamente al Tirpitz; su aportación fue localizarlo, fotografiarlo, seguir sus movimientos y proporcionar inteligencia que permitió planificar y evaluar los ataques. El hundimiento definitivo, el 12 de noviembre de 1944, fue obra de Lancaster de los escuadrones 9 y 617 mediante bombas Tallboy.
MEMORÁNDUM
De: Mariscal del Aire Sir Hugh C. T. Dowding
Para: El Muy Honorable Winston S. Churchill, Primer Ministro
Fecha: Septiembre de 1945
Asunto: Los Spitfire de reconocimiento fotográfico y su contribución a la victoria aliada
PRIVADO Y PARA INFORMACIÓN DEL PRIMER MINISTRO
Señor Primer Ministro:
Terminada la guerra en Europa, considero oportuno dejar constancia de una faceta de las operaciones aéreas que, por su naturaleza, rara vez ha recibido la atención concedida a los bombarderos y cazas: el empleo del Supermarine Spitfire como avión de reconocimiento fotográfico.
El Spitfire fue concebido para combatir, no para observar. Sin embargo, desde los primeros meses de la guerra se descubrió que, despojado de armamento y modificado para transportar combustible y cámaras, podía alcanzar alturas y velocidades que hacían extraordinariamente difícil su interceptación. El primer prototipo de reconocimiento fue desarrollado ya en 1939, y estos aparatos llegaron a fotografiar objetivos desde 30.000 y 40.000 pies.
La evolución posterior fue considerable. Los depósitos adicionales ampliaron enormemente su autonomía; las cámaras F.24 y posteriormente F.52 permitieron obtener fotografías de gran detalle; y las modificaciones aerodinámicas, unidas a los motores Merlin de mayor potencia, conservaron para el avión una velocidad excepcional.
El PR Spitfire XI, que entró en servicio en 1943, representó la culminación de esta evolución. No era simplemente un caza al que se le habían instalado unas cámaras: era una máquina concebida específicamente para penetrar en territorio enemigo, obtener información y regresar con ella. Se eliminaron las armas y se destinó el espacio disponible a combustible y equipo fotográfico. El PR XI podía operar a alturas superiores a 40.000 pies y alcanzar velocidades de más de 400 millas por hora.
I. La función del reconocimiento fotográfico
El valor militar de estos aviones no residía en destruir al enemigo, sino en saber dónde estaba, qué estaba haciendo y qué había cambiado desde la última observación.
Una fotografía tomada por un Spitfire podía revelar:
- la posición y disposición de baterías costeras;
- aeródromos y movimientos de aeronaves;
- instalaciones de radar;
- concentraciones de tropas y vehículos;
- puentes, carreteras y ferrocarriles;
- fábricas y depósitos;
- astilleros y bases navales;
- instalaciones para las nuevas armas alemanas;
- daños ocasionados por nuestros propios bombardeos.
La fotografía vertical permitía además comparar sucesivas imágenes y descubrir modificaciones que podían pasar inadvertidas para un observador aislado. Las fotografías oblicuas, por su parte, resultaban particularmente útiles para examinar objetivos concretos y estructuras de pequeño tamaño.
En este sentido, el Spitfire PR era, por decirlo así, los ojos del Estado Mayor sobre el territorio enemigo.
II. La batalla del Atlántico y la guerra marítima
Aunque la guerra del Atlántico suele asociarse justamente con los Sunderland, Liberator, Catalina, Wellington y otros aparatos del Coastal Command, el reconocimiento fotográfico efectuado por los Spitfire tuvo una función diferente y complementaria.
Desde las bases británicas, los PR Spitfire realizaron penetraciones de largo alcance sobre las costas y puertos ocupados, el mar del Norte y el Báltico. Ya en 1941 eran capaces de efectuar vuelos de unas ocho horas y de alcanzar objetivos tan lejanos como Danzig. Un vuelo de reconocimiento llegó a cubrir aproximadamente 1.450 millas de ida y vuelta.
Su cometido no consistía normalmente en localizar submarinos en el océano abierto —tarea para la que eran más apropiados los aviones del Coastal Command dotados de radar y otros equipos—, sino en observar los lugares desde los que la flota alemana y sus submarinos operaban.
Los puertos, astilleros y bases de submarinos fueron sometidos a una vigilancia fotográfica constante. Las imágenes permitieron seguir la construcción de U-boote y las obras realizadas en sus refugios y astilleros. En 1942, por ejemplo, la fotografía aérea estaba proporcionando información sistemática sobre la construcción de submarinos en los puertos alemanes y sobre los grandes corrales de submarinos de la costa francesa.
Así, el reconocimiento fotográfico constituía una de las primeras fases de la cadena que llevaba desde descubrir una actividad enemiga hasta decidir cómo atacarla.
No debe olvidarse tampoco el Báltico. Desde allí Alemania obtenía buena parte de sus recursos navales y allí se encontraban importantes astilleros y puertos de guerra. Los Spitfire y, posteriormente, los Mosquito de reconocimiento proporcionaron información sobre la disposición de la flota alemana y sobre sus movimientos entre los puertos escandinavos y bálticos.
III. Normandía: antes y después del Día D
En ninguna operación fue más evidente el valor del reconocimiento fotográfico que en la preparación de Overlord.
Durante meses anteriores al 6 de junio de 1944, las unidades de reconocimiento fotografiaron sistemáticamente las defensas alemanas, las estaciones de radar, los aeródromos, las comunicaciones, las posiciones artilleras y las playas de Normandía.
La propia historia oficial de la RAF señala que, hasta las últimas horas anteriores al desembarco, los aviones de reconocimiento continuaron comprobando los detalles de las defensas alemanas y registrando cualquier modificación que pudiera afectar a los planes aliados. La organización de reconocimiento produjo en los primeros seis meses de 1944 un volumen de inteligencia fotográfica superior a cualquier registro anterior.
No se trataba solamente de obtener un mapa.
La fotografía permitía saber qué había realmente sobre el terreno.
Un plano podía indicar una carretera; una fotografía podía mostrar que estaba bloqueada. Un informe podía situar una batería costera; una fotografía podía mostrar exactamente dónde estaban sus cañones, sus refugios y sus vías de acceso.
Las fotografías fueron estudiadas mediante técnicas estereoscópicas que permitían obtener una apreciación tridimensional del terreno y de las instalaciones. Esta inteligencia fue distribuida entre los mandos terrestres, navales y aéreos.
La RAF resume hoy aquella contribución de manera bastante gráfica: la fotografía aérea permitió cartografiar las playas de Normandía y las zonas situadas detrás de ellas, proporcionando información vital para las tropas que iban a desembarcar.
Una vez iniciada la invasión, el trabajo no terminó. Las unidades PR siguieron fotografiando las posiciones alemanas para determinar qué había cambiado, qué refuerzos habían llegado y qué daños habían causado nuestros ataques.
De esta manera, el reconocimiento fotográfico proporcionaba al mando algo que el campo de batalla por sí solo no podía proporcionar: una visión comparativa.
IV. El caso del Tirpitz
El ejemplo más ilustrativo de esta clase de guerra de inteligencia fue, a mi juicio, el largo enfrentamiento contra el acorazado Tirpitz.
El problema que planteaba este buque era excepcional. Mientras permaneciera oculto en los fiordos noruegos, podía representar una amenaza para los convoyes destinados a la Unión Soviética y obligaba a mantener fuerzas navales considerables preparadas para hacerle frente.
Encontrarlo era, por tanto, casi tan importante como atacarlo.
Los Spitfire de reconocimiento participaron durante años en esta búsqueda. El 5 de marzo de 1942, por ejemplo, el piloto Sandy Gunn despegó en un PR Spitfire para intentar localizar y fotografiar el buque en la región de Trondheim. Su avión fue interceptado por cazas alemanes y Gunn fue derribado y capturado. La misión ilustra perfectamente el peligro de estas operaciones: el avión iba desarmado y su defensa consistía esencialmente en su velocidad, altura y capacidad para evitar al enemigo.
La vigilancia prosiguió.
Después de los ataques de los submarinos enanos contra el Tirpitz en septiembre de 1943, el reconocimiento fotográfico fue utilizado para determinar los daños sufridos por el acorazado. Las fotografías permitieron comprobar, entre otras cosas, la existencia de una importante fuga de petróleo.
Durante 1944, la vigilancia del buque adquirió todavía mayor importancia. Se enviaron destacamentos de reconocimiento a Rusia para observar sus movimientos desde el norte. Cuando el Tirpitz se desplazó hacia el sur en octubre, los aparatos de reconocimiento cubrieron la costa noruega desde Trondheim hasta Tromsø.
El 18 de octubre, un Mosquito realizó incluso un vuelo de unas 2.300 millas y consiguió localizar el acorazado en su fondeadero próximo a Tromsø. La información obtenida permitió a Bomber Command preparar el ataque que finalmente acabaría con el buque.
Conviene dejar establecida una distinción.
Los Spitfire de reconocimiento no hundieron el Tirpitz.
Su contribución fue anterior y diferente: localizar, identificar, fotografiar y seguir al objetivo. Fueron los bombarderos Lancaster de los escuadrones 9 y 617 quienes ejecutaron el ataque final del 12 de noviembre de 1944, empleando bombas Tallboy. Veintiocho fueron lanzadas y dos, posiblemente tres, alcanzaron directamente el buque; los impactos cercanos produjeron además daños suficientes para provocar su vuelco.
El reconocimiento fotográfico hizo posible que el bombardero supiera dónde estaba el objetivo.
V. Otros logros
Sería injusto limitar el balance de los PR Spitfire al Tirpitz y Normandía.
Estos aparatos fotografiaron sistemáticamente el sistema industrial y militar alemán. Sus imágenes de fábricas, puertos, aeródromos y astilleros permitieron confeccionar expedientes para las operaciones de bombardeo.
En 1942, por ejemplo, el reconocimiento fotográfico proporcionó imágenes de Peenemünde que mostraban la expansión de las instalaciones alemanas. Aquellas fotografías acabarían teniendo importancia fundamental para la identificación del programa alemán de armas V. Del mismo modo, las fotografías de los centros industriales de Schweinfurt y de la Alta Silesia proporcionaron información para posteriores ataques aéreos.
Existe un ejemplo especialmente elocuente de la relación entre reconocimiento y bombardeo: después del ataque de las presas alemanas en mayo de 1943, los Spitfire de reconocimiento de la 542 Squadron proporcionaron la evidencia fotográfica necesaria para evaluar los daños producidos.
Es decir, el mismo avión podía ser decisivo antes de una operación, durante la preparación de la siguiente y después del ataque, proporcionando una medida objetiva de sus resultados.
VI. Valor militar y sacrificio de las tripulaciones
La naturaleza de estas operaciones puede inducir a error a quien observe solamente las estadísticas de combate.
Un Spitfire PR que regresaba a su base sin haber disparado un solo tiro podía haber realizado una misión de enorme importancia.
El piloto tenía que navegar durante centenares de millas sobre territorio enemigo, muchas veces solo, manteniendo una ruta y una altitud determinadas, mientras buscaba un objetivo que podía estar oculto por nubes, humo, camuflaje o simplemente por su reducido tamaño.
Y, al contrario que un caza, no podía responder al enemigo con sus armas.
La supervivencia dependía de la velocidad, la altura, la navegación y la habilidad del piloto.
Las estadísticas de la organización muestran, sin embargo, la progresiva maduración del sistema. En 1941 se registraron 2.676 salidas, de las cuales 1.855 fueron consideradas satisfactorias; en 1942 fueron 2.777, con 2.203 satisfactorias, elevándose la proporción del 68 al 78 por ciento.
A medida que avanzó la guerra, mejoraron las cámaras, los equipos de navegación, los motores, los depósitos de combustible y las técnicas de interpretación.
El resultado fue una forma de inteligencia aérea de una precisión que habría sido difícil de imaginar al comienzo del conflicto.
VII. Conclusión
Señor Primer Ministro:
La guerra aérea ha demostrado que la superioridad no consiste únicamente en disponer de más aviones que el adversario.
Consiste también en ver antes, comprender antes y actuar con información mejor que la del enemigo.
En esta función, el Spitfire de reconocimiento prestó un servicio extraordinario.
No conquistó territorio.
No hundió por sí solo grandes buques.
No destruyó columnas blindadas.
Hizo algo menos espectacular, pero indispensable: los encontró.
Encontró las defensas que aguardaban a nuestras tropas en Normandía.
Encontró aeródromos, radares, fábricas y astilleros.
Siguió la construcción de submarinos.
Vigiló los movimientos de la flota alemana.
Localizó repetidamente al Tirpitz.
Comprobó los daños de nuestros ataques.
Y proporcionó a los mandos la posibilidad de distinguir entre lo que creíamos que había sucedido y lo que realmente había sucedido.
En una guerra en la que la información se convirtió en un arma por derecho propio, considero que el Spitfire de reconocimiento debe ser recordado no como una variante secundaria del famoso caza, sino como uno de los instrumentos mediante los cuales la superioridad aérea aliada se transformó en superioridad de inteligencia.
La fotografía obtenida a cuarenta mil pies podía tener, pocas horas después, consecuencias sobre el terreno mucho mayores que las que jamás habría producido una sola ráfaga de ametralladora.
H. C. T. Dowding
Mariscal del Aire
Royal Air Force

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