jueves, 22 de octubre de 2026

Una historia de piratas y oro peruano en la Isla de Cocos.

 

El tesoro perdido de Lima: piratas, ejecuciones y una fortuna enterrada en la isla del Coco

Reportaje histórico | Independencia de Hispanoamérica, 1822-actualidad

Parque Nacional Isla del Coco / Cocos Island National Park - COSTA RICA. | Cocos island, Visit costa rica, Island

8 Lost Treasures From History Still Waiting To Be Found | All About History

Pocas historias de tesoros perdidos reúnen tantos ingredientes como la del llamado tesoro de Lima: la crisis final del dominio español en Perú, una evacuación marítima cargada de oro y piedras preciosas, una supuesta traición a bordo, ejecuciones en Panamá y una isla volcánica del Pacífico que, dos siglos después, sigue alimentando la imaginación de los buscadores de fortuna.

Según la tradición, en 1822 una parte de las riquezas acumuladas en Lima fue embarcada para ponerla a salvo de los independentistas. La custodia del cargamento habría recaído en una tripulación encabezada por el capitán William Thompson y su segundo, identificado en los relatos como James Alexander Forbes. Pero los hombres que debían transportar la fortuna habrían decidido apropiársela, asesinando o abandonando a sus custodios y desviando el barco hacia la isla del Coco, frente a las costas de Costa Rica.

Allí comienza el misterio: ¿cuánto oro había realmente?, ¿qué parte del relato puede demostrarse con documentos?, ¿cómo llegó la historia hasta los buscadores del siglo XX y qué ocurrió con los supervivientes de la expedición?

Conviene distinguir desde el principio entre los hechos históricos verificables, las versiones transmitidas por cronistas posteriores y las leyendas que se fueron añadiendo con el paso del tiempo. El tesoro de Lima es un caso especialmente interesante porque esas tres capas se han mezclado hasta resultar difíciles de separar.

1. Lima, 1820-1821: la fortuna que no debía caer en manos independentistas

File:CATEDRAL DE LIMA (FISQUET 1846).jpg - Wikimedia Commons

Para entender la desaparición del tesoro hay que retroceder al derrumbe del virreinato del Perú. La expedición libertadora dirigida por José de San Martín había desembarcado en Perú en 1820. La posición española se debilitaba y Lima, capital política y administrativa del poder colonial, corría el riesgo de perder el control de sus recursos.

Las autoridades realistas temían que las reservas de oro y plata, junto con las riquezas de las iglesias, acabaran en manos de los independentistas. En ese contexto sitúa la tradición la decisión de embarcar el tesoro a bordo del bergantín mercante británico Mary Dear, al mando de William Thompson. Las versiones más difundidas atribuyen la operación al virrey Joaquín de la Pezuela, aunque otras narraciones la relacionan con las autoridades virreinales que gobernaban durante la evacuación.

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El cargamento descrito en los relatos era extraordinario. No se trataba únicamente de monedas: incluía plata labrada, joyas, piedras preciosas, objetos litúrgicos y una imagen de la Virgen María de tamaño natural, supuestamente fabricada en oro y adornada con gemas. Algunas versiones hablan de centenares de cofres, entre ellos unos 200 destinados a las piedras preciosas.

Las estimaciones históricas populares oscilan entre 12 y 60 millones de dólares de la época. Son cifras transmitidas por las narraciones del tesoro, no una tasación moderna sustentada en un inventario completo y verificable. Convertirlas directamente en cantidades actuales produce resultados muy diferentes según el método empleado.

Legends and Lore (2)
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La misión de Thompson consistía, según la versión más repetida, en mantener el cargamento fuera del alcance de los revolucionarios hasta que mejorase la situación, o trasladarlo a México para entregarlo a agentes españoles.

El capitán tenía una responsabilidad enorme: no solo transportaba bienes de la Corona, sino también riquezas eclesiásticas cuyo valor material se mezclaba con su importancia religiosa. Para garantizar la custodia, el relato tradicional coloca a bordo varios guardias y dos sacerdotes.

Pero el plan nunca llegó a cumplirse.

2. La traición del Mary Dear

Painting, Attributed To Benjamin Tindall

La narración clásica cuenta que, una vez alejados de la costa peruana, Thompson y sus hombres se rebelaron contra quienes custodiaban el cargamento.

El motivo que suele atribuirse al capitán es tan sencillo como brutal: la fortuna transportada superaba con creces lo que él y sus marineros podían ganar durante toda una vida de trabajo.

Según esa versión, los tripulantes asesinaron a los guardias y arrojaron sus cuerpos al mar. Los sacerdotes que acompañaban el cargamento también habrían sido eliminados. El Mary Dear dejó entonces de ser un mercante encargado de proteger una fortuna y se convirtió, en el relato, en el instrumento de un robo de dimensiones extraordinarias.

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La tripulación se dirigió hacia el norte, rumbo a la isla del Coco, una isla volcánica situada en el Pacífico oriental, a unos 550 kilómetros de la costa de Costa Rica. El lugar ofrecía ventajas evidentes para quienes deseaban desaparecer: vegetación muy densa, relieve accidentado, lluvias frecuentes y escasas posibilidades de que una expedición de búsqueda conociera el terreno.

No sabemos con certeza qué ocurrió a bordo en cada momento. Los diálogos atribuidos a Thompson, las motivaciones personales y algunos detalles dramáticos proceden de relatos posteriores, no de una transcripción conocida de las conversaciones de los marineros.

La distinción es importante: que la historia se haya contado repetidamente no significa que cada uno de sus episodios haya quedado demostrado documentalmente.

3. La isla del Coco: cómo habría desaparecido el oro

Cocos Island - Steckbrief, Infos, Beschreibung & Fotos


La isla del Coco parecía el escondite ideal. Su aislamiento en el Pacífico, la espesura de su selva y la dificultad para orientarse en el interior la convertían en un refugio natural para una tripulación que intentaba ocultar un botín.

Según la versión más conocida, los marineros transportaron el cargamento desde el barco hasta tierra mediante numerosas travesías en embarcaciones menores. Una narración reciente de National Geographic habla de once viajes, de un escondite principal asociado a una cueva y de tres puntos donde se habría enterrado parte del botín, a profundidades aproximadas de entre uno y tres metros. Estos pormenores pertenecen a la reconstrucción tradicional; no constituyen un mapa arqueológico confirmado.

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La operación habría exigido mucho más que enterrar unas cuantas bolsas de monedas. El oro y la plata eran pesados; los cofres llenos de joyas y objetos religiosos resultaban difíciles de transportar; y una estatua de oro de tamaño natural, si realmente formaba parte del cargamento en los términos descritos, habría supuesto una carga considerable.

Los hombres debieron de trabajar en un entorno húmedo, irregular y cubierto de vegetación. La selva ocultaría las excavaciones a distancia, pero también complicaría el regreso al lugar exacto. Un árbol caído, un deslizamiento de tierra o el crecimiento de la vegetación podían alterar las referencias empleadas para orientarse.

El supuesto plan de Thompson era sencillo: dejar el tesoro escondido, regresar al continente, esperar a que disminuyera el interés de las autoridades y volver más adelante para repartirse la riqueza.

El plan, sin embargo, dependía de que nadie descubriera el robo.

Y eso fue precisamente lo que, según la leyenda, ocurrió.

4. La captura y las ejecuciones en Panamá

La versión más difundida cuenta que el Mary Dear fue interceptado por un buque español cuando abandonaba la zona de la isla. Su capitán no habría podido justificar la ausencia del cargamento confiado a Thompson.

El barco y sus hombres fueron conducidos a Panamá, donde la tripulación habría sido procesada por piratería y por el robo de las riquezas que transportaba. La mayoría de los marineros terminó ejecutada en la horca. Thompson y su primer oficial, identificado como James Alexander Forbes, fueron los dos supervivientes de la tripulación a quienes se atribuye una salida distinta.

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Aquí aparece una de las escenas decisivas de la historia.

Ante la perspectiva de correr la misma suerte que sus compañeros, los dos hombres habrían ofrecido a sus captores revelar el escondite del tesoro a cambio de conservar la vida. Los españoles aceptaron la propuesta y organizaron una expedición a la isla del Coco, llevando a los dos prisioneros bajo vigilancia.

Pero la promesa de conducirlos hasta el oro no significaba que Thompson y Forbes tuvieran intención de entregarlo.

Al llegar a la isla, los dos marineros supuestamente fingieron reconocer los alrededores y buscaron las referencias que les permitieran identificar el lugar del enterramiento. En un momento de descuido, se internaron en la selva.

Los españoles los persiguieron durante días o semanas, según la versión consultada, sin conseguir capturarlos. Finalmente, la falta de suministros y la dificultad del terreno habrían obligado a los perseguidores a abandonar la búsqueda.

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Así, la historia desemboca en una paradoja: la ejecución de la mayoría de los tripulantes no permitió recuperar el cargamento y los dos hombres que supuestamente conocían su ubicación escaparon de la justicia.

No obstante, conviene no confundir la coherencia del relato con una demostración documental de cada uno de sus detalles. Las fuentes divulgativas reproducen esta secuencia, pero no todas aportan los expedientes judiciales, las listas de ejecutados o los testimonios originales necesarios para verificarla de forma independiente.

5. ¿Qué fue de Thompson y Forbes?

Parque Nacional Isla del Coco / Cocos Island National Park - COSTA RICA. | Cocos island, Visit costa rica, Island

La suerte de los dos supervivientes constituye otro misterio, aunque las versiones sobre sus vidas posteriores no son idénticas.

William Thompson: el capitán que desapareció de la historia

Según el relato más extendido, Thompson y Forbes lograron sobrevivir durante meses en la isla, alimentándose de cocos, huevos de aves y peces. Finalmente, en 1822, un ballenero que pasó cerca de la costa los habría rescatado. Los dos hombres dijeron que habían naufragado, explicación que les habría permitido ocultar su verdadera historia.

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A partir de ese momento, las versiones divergen. Algunas sostienen que Thompson murió poco después de abandonar la isla. Otras lo relacionan con Terranova o con posteriores historias de piratas del Pacífico, pero no existe una trayectoria biográfica suficientemente sólida que permita reconstruir con seguridad el resto de su vida.

No se conoce una prueba concluyente de que regresara a la isla del Coco para recuperar el tesoro. Tampoco se ha demostrado que llegara a disfrutar de una parte sustancial del botín.

El capitán que, según la leyenda, había organizado uno de los mayores robos marítimos de su época desaparece así de la documentación conocida y permanece unido a una fortuna que nunca se ha localizado de forma verificable.

James Alexander Forbes: del fugitivo al hombre de negocios

La tradición más repetida sobre Forbes es más concreta. Después de sobrevivir a la isla, habría llegado a Costa Rica y, posteriormente, se habría establecido en California. Allí habría formado una familia y prosperado en los negocios, relacionados en algunas versiones con la molienda de harina y la minería del mercurio.

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La historia añade un detalle que alimentaría la leyenda durante generaciones: antes de morir, Forbes habría transmitido a sus descendientes un mapa con la ubicación del tesoro.

Ese documento, o los relatos sobre él, habría servido de base para nuevas expediciones. Sin embargo, es importante no tratar la genealogía del mapa como un hecho demostrado por sí mismo: para comprobar su autenticidad harían falta una procedencia documental continua y pruebas independientes que lo relacionaran con el cargamento de 1820-1821.

En definitiva, mientras Thompson quedó envuelto en el misterio, Forbes pasó a ocupar un lugar central en la tradición familiar del tesoro. La existencia de una vida posterior relativamente acomodada no demuestra que recuperara el oro ni que poseyera un mapa auténtico.

6. Los buscadores del siglo XIX: John Keating y las primeras expediciones

Pirates discover hidden treasure chest | Premium Photo Illustration - rawpixel

La historia no terminó con la desaparición de los dos marineros. En las décadas siguientes, la isla del Coco comenzó a atraer a aventureros que afirmaban conocer el escondite o disponer de pistas transmitidas por antiguos piratas.

Uno de los nombres más repetidos es el de John Keating, un marino de Terranova. Según las narraciones sobre su vida, habría conocido a un hombre que poseía información acerca del tesoro y habría viajado a la isla en busca de las riquezas. Algunas versiones le atribuyen la recuperación de monedas y joyas, pero no existe una prueba concluyente que permita vincular esos supuestos hallazgos con el cargamento de Lima.

Project Gutenberg
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Keating habría dejado un mapa a su familia. A finales del siglo XIX, su viuda, Elizabeth Brennan, intentó organizar una expedición con ese documento, pero la búsqueda terminó sin resultados concluyentes. La historia muestra cómo los mapas, los testimonios indirectos y los relatos de supuestos supervivientes se convirtieron en el combustible de una industria de expediciones.

El problema era que una pista podía resultar convincente sin ser verificable. Una marca sobre un mapa, una cueva descrita por un anciano o una moneda española encontrada en la isla no demostraban que allí se ocultara el tesoro de Lima.

7. August Gissler: casi veinte años buscando una fortuna

Forgotten Kingdoms: August Gissler's Cocos  - Beachcombing's Bizarre History Blog

Si hubo un hombre que convirtió la búsqueda del tesoro en el proyecto de su vida, fue el aventurero alemán August Gissler.

Gissler vivió en la isla del Coco durante largos periodos entre 1889 y 1908. En 1897 recibió autorización para establecer una colonia y llegó a ejercer como gobernador de la isla por designación costarricense. Su proyecto combinaba la colonización agrícola con la esperanza de encontrar las riquezas atribuidas a los piratas.

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Durante años recorrió el terreno, abrió excavaciones y exploró cuevas. La búsqueda se convirtió en una tarea obsesiva: el tesoro no era solo una posible recompensa, sino el objetivo alrededor del cual organizaba su vida.

Pero el resultado fue decepcionante. Las fuentes divulgativas coinciden en que Gissler solo consiguió unas pocas monedas de oro españolas, habitualmente cifradas en seis, sin encontrar ninguna prueba de la gran fortuna.

En 1908 abandonó la isla y se trasladó a Nueva York. Murió allí en 1935. Su experiencia dejó una conclusión incómoda para quienes seguían soñando con el tesoro: incluso una búsqueda prolongada y sistemática podía terminar sin nada que confirmara la leyenda.

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8. El siglo XX: mapas, expediciones y nuevas promesas

A la caza del gran tesoro pirata | Cultura | EL PAÍS


Durante el siglo XX, el tesoro de Lima pasó de ser una leyenda marítima a convertirse en una promesa recurrente para aventureros, inversores y buscadores de fortuna.

En 1910, el explorador antártico Aeneas Mackintosh participó en una expedición relacionada con la búsqueda de tesoros en la isla, sin que se obtuviera un hallazgo que resolviera el misterio. En 1926, una expedición organizada desde Inglaterra por los oficiales F. W. Kealey y G. Williams anunció que disponía de un plano auténtico. La noticia quedó registrada en el Journal de la Société des Américanistes, que recogió la preparación de la empresa y las elevadas cantidades que sus promotores atribuían a los tesoros supuestamente enterrados en la isla.

Persée
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La historia del tesoro también atrajo la atención de personalidades famosas. Según las crónicas posteriores, durante sus visitas de pesca a las proximidades de la isla entre 1935 y 1940, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt permitió que miembros de su entorno buscaran el supuesto botín. Sin embargo, no se conoce ningún descubrimiento suyo que haya sido confirmado como parte del tesoro de Lima.

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El mapa de los Forbes y la expedición de 1939

Una de las historias más llamativas de este periodo es la atribuida a James Alexander Forbes IV, descendiente del supuesto superviviente.

Según un relato publicado por National Geographic en septiembre de 2026, Forbes IV heredó un mapa familiar y viajó a la isla en 1939. Afirmó haber identificado el punto señalado en el documento, pero se retiró al advertir la presencia de embarcaciones que consideró amenazadoras. El episodio no produjo excavaciones concluyentes ni la recuperación demostrada del tesoro.

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La historia tiene todos los elementos de una aventura clásica: un mapa heredado, una marca que promete revelar el escondite, una isla aislada y la aparición de posibles rivales justo antes del descubrimiento.

Pero también plantea una pregunta fundamental: ¿era aquel mapa un documento transmitido desde el siglo XIX o una reconstrucción posterior? Sin una cadena de procedencia demostrable, no es posible resolver esa cuestión únicamente a partir del relato de su propietario.

Más expediciones, el mismo resultado

Con el paso de los años se multiplicaron las afirmaciones sobre mapas, túneles, cuevas y lugares exactos donde supuestamente se encontraría el oro. Algunas expediciones invirtieron sumas considerables y dejaron excavaciones en el terreno, pero ninguna ha proporcionado una prueba pública y concluyente de la recuperación del tesoro de Lima.

El caso de Gissler ya había mostrado la dificultad del proyecto. La experiencia del siglo XX reforzó la misma lección: encontrar monedas españolas o rastros de antiguas visitas humanas no equivale a encontrar una fortuna concreta cuyo origen pueda demostrarse.

9. ¿Se ha encontrado alguna vez el tesoro?

La respuesta prudente es que no existe una recuperación del tesoro de Lima que haya sido demostrada públicamente mediante pruebas arqueológicas y documentales concluyentes.

Eso no permite asegurar que nunca se enterrara ningún objeto valioso en la isla. La isla del Coco tiene una historia vinculada a navegantes y piratas, y existen relatos de hallazgos de monedas y otros objetos. Lo que no se ha acreditado es que esos hallazgos correspondan a la totalidad —o a una parte identificable— del cargamento que habría salido de Lima.

La propia cifra atribuida a la fortuna cambia de una fuente a otra. A veces se habla de millones de dólares de comienzos del siglo XIX; en otras ocasiones, de cientos de millones o más de mil millones en valores modernos. Esas cantidades no deben confundirse con una valoración comprobada del oro que permanece enterrado.

Hay además una dificultad material. Las tormentas, la erosión, los deslizamientos y el crecimiento de la vegetación pueden alterar los lugares donde supuestamente se hicieron las excavaciones. Aun si existiera un escondite, localizarlo hoy exigiría algo más fiable que un mapa sin procedencia o un testimonio transmitido durante generaciones.

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10. La isla protegida: el final de la búsqueda indiscriminada

Costa Rica's Cocos Island - Blue Nature Alliance

La isla del Coco ya no puede considerarse un territorio abierto a cualquier expedición en busca de fortuna. Su valor ecológico ha pasado a ocupar el primer plano.

Costa Rica protege el territorio como parque nacional y la isla fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1997. La conservación de sus bosques, especies endémicas y ecosistemas marinos constituye una prioridad. Las búsquedas de tesoros que impliquen excavaciones o alteraciones del entorno están sujetas a restricciones y no deben emprenderse sin las autorizaciones correspondientes.

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La paradoja es evidente: el mismo aislamiento que convirtió la isla en un escondite legendario contribuyó a conservar un patrimonio natural extraordinario. Hoy, su importancia no depende de que aparezca una fortuna enterrada.

El oro, si alguna vez estuvo allí en las cantidades descritas, sigue siendo un enigma. La selva, en cambio, es un tesoro real.

Cronología del misterio

1820-21

La salida de Lima

Las autoridades realistas intentan poner a salvo las riquezas atribuidas al virreinato y a las iglesias. La tradición vincula el cargamento al Mary Dear y a William Thompson.

1822

La desaparición

Los relatos sitúan en la isla del Coco el escondite del cargamento y atribuyen a Thompson y Forbes una posterior fuga y supervivencia.

Siglo XIX

Mapas y testimonios

John Keating y otros aventureros aparecen en la tradición de la búsqueda, que se alimenta de relatos sobre pistas heredadas y supuestos hallazgos.

1889-1908

La búsqueda de Gissler

El aventurero alemán pasa largos periodos en la isla y realiza excavaciones durante casi dos décadas, sin encontrar la fortuna.

1926-39

Nuevas expediciones

Se anuncian mapas y campañas de búsqueda. La expedición atribuida a Forbes IV en 1939 tampoco acredita la recuperación del botín.

1997-hoy

La conservación

La isla, Patrimonio Mundial, queda asociada sobre todo a la protección de su excepcional naturaleza, mientras el tesoro continúa sin una localización demostrada.

Conclusión: entre la historia y la leyenda

El tesoro de Lima perdura porque su relato combina un contexto histórico real —la crisis del dominio español en Perú— con una sucesión de episodios extraordinarios: el cargamento secreto, la traición del capitán, las ejecuciones en Panamá, la fuga de los supervivientes y las expediciones que durante generaciones buscaron una fortuna invisible.

Pero la pregunta central sigue abierta. ¿Fue enterrado en la isla del Coco todo el tesoro descrito por la tradición? ¿Se recuperó una parte en secreto? ¿Se exageró el contenido del cargamento con cada nueva versión? ¿O se mezclaron desde el principio varios tesoros distintos asociados a los piratas del Pacífico?

Con las pruebas disponibles, ninguna de esas hipótesis puede darse por resuelta.

La historia de Thompson y Forbes explica la persistencia del mito, pero no demuestra dónde acabaron el oro y las gemas. Y la larga lista de expediciones fallidas no prueba por sí sola que el tesoro nunca existiera: demuestra, ante todo, que nadie ha conseguido acreditar su recuperación.

Quizá la última ironía sea esta: una fortuna que habría sido embarcada para evitar que cayera en manos de los independentistas terminó convirtiéndose en una riqueza sin dueño identificable, sin inventario completo y sin ubicación comprobada. Dos siglos después, el tesoro de Lima sigue siendo menos un botín recuperable que una de las grandes incógnitas de la historia marítima del Pacífico.

Fuentes para profundizar

Nota editorial: para un reportaje de investigación destinado a publicación, convendría contrastar estas narraciones con archivos navales españoles, documentación judicial de Panamá y registros históricos peruanos. En particular, las ejecuciones de los marineros, las identidades de los supervivientes y la autenticidad de los mapas merecen verificación documental independiente.

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