28 de agosto de 2000, en el metro de Nueva York. Danny Stewart es un treintañero que ha quedado citado con su novio Pete Mercurio para cenar juntos en el restaurante de moda en la ciudad de los rascacielos. Pero la cita se canceló cuando Danny se encontró con lo que parecía ser un muñeco reborn oculto bajo una camiseta en las escaleras de la estación de la Calle 14.. "Vi que las piernas del supuesto muñeco se movían y me dí cuenta de que era un bebé. No tenía nada de ropa, pero aún tenía el cordón umbilical", recuerda Danny. Tras llamar a la Policía telefoneo a Pete para que cancelase la cena y le contó lo que había ocurrido.
La Policía llevó al bebé a un hospital para hacerle un chequeo médico y para que recibiera cuidados prenatales, y luego lo dejó a cargo del Estado de Nueva York. Danny y Pete se interesaron por el estado de salud del recién nacido aunque nadie les daba demasiada información al respecto. Cuando las autoridades judiciales del Estado de Nueva York les dijeron que passen por unos trámites judiciales, entre ellos contar lo que hebía sucedido.. "¿Le interesaría adoptar a este bebé?", preguntó la magistrada.
Pete no estaba muy convencido pero Dany quería tener una familia y estaba dispuesto a criar al pequeño Kevin, aunque Pete no colaborase.. Pete cambió de opinión cuando visitó el bebé al centro de acogida. "Le abracé, me miró, me agarró el dedo fuerte y supe que podíamos ser papás".
El niño se llamó Kevin en honor de un hermano de Danny fallecido tras el parto. "El 2 de diciembre le recogimos, tomamos el metro, y cuando salimos de la estación, comenzó a nevar. Eso lo hizo aún más mágico", rememora Danny sobre el momento en que se convirtieron en una familia, aunque oficialmente eso ocurriría dos años después.
Pete escribió un ciuento infantil con ilustraciones sobre su vida y se lo leían al joven Kevin. Casi dos décadas después, se han convertido en un libro llamado "NUESTRO BEBÉ DEL METRO". Kevin es actualmente un joven universitario en su último curso, educado y respetuoso. En ningún momento dijo haberse sentido abandonado.
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