En las ciudades industriales chinas, donde la prostitución puede acarrear penas de 10 años de cárcel, se trató de ofrecer el mismo servicio con muñecas robóticas pero la Policía clausuró los dos locales. La anécdota es que tras una operación de cierre se quedó un cliente encerrado con la muñeca en unode ellos.
En la Federación Rusa se ha utilizado este servicio para apartar a las profesionales de carne y hueso de los abusos de los proxenetas. Una sesión en el local de Moscú- de donde son las dos muñecas de la fotografía- cuesta 71 euros. Las muñecas todavía no saben trasladarse por si mismas de aquí para allá, ni pueden tomar un papel activo en nada, pero son limpiadas y desinfectadas entre un cliente y otro, por lo que el riesgo de infecciones se reduce notablemente.

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