Felipe del Río Crespo fue uno de esos pilotos que, por su corta pero intensa trayectoria, quedó ligado para siempre a la defensa de Bilbao durante la Guerra Civil. Nacido en Nueva Montaña (Santander) el 9 de septiembre de 1912 y afincado desde pequeño en Bilbao, era piloto civil cuando fue movilizado y pasó a la Aeronáutica Militar; a finales de 1933 ya tenía el título de piloto militar y cuando estalló la guerra se puso al servicio de la República en el País Vasco. Wikipedia
En los primeros meses voló con los aparatos más viejos que tenía la República en aquellos frentes: los Breguet 19, biplanos veteranos que se empleaban en tareas diversas, pero su fama la forjó pilotando los Polikarpov I-15 «Chato», los ágiles biplanos soviéticos que formaron la columna vertebral de la caza republicana en el Norte. Con esos «chatos» llegó a comandar lo que a menudo se denomina la «Escuadrilla vasca», una unidad que operó prioritariamente en el Frente Norte y que participó en la defensa aérea de Bilbao. Wikipedia+1
Su actividad se concentra claramente en la campaña del Norte: combates sobre la ría y los aeródromos vascos, escolta y enfrentamientos con los bombarderos y cazas de la sublevación y de la Legión Cóndor que atacaban la región. Es en ese teatro donde consiguió sus victorias y donde también tuvo lugar su caída. Wikipedia
Sobre lo que derribó y sus victorias hay datos relativamente consistentes: la bibliografía le atribuye un total de siete victorias confirmadas. Entre los aviones que se le documentan están, por ejemplo, un Dornier Do 17 que derribó el 15 de abril de 1937 —un éxito notable porque ese bombardero, por su velocidad, había resultado difícil de alcanzar hasta entonces— y, ya como última victoria anotada, un Junkers Ju 86 que fue abatido mientras bombardeaba Bilbao. El conjunto de sus siete «kills» aparece recogido en estudios sobre as de la campaña y en obras que investigan la actuación de la Legión Cóndor y las escuadrillas republicanas. Wikipedia+1
La muerte de Felipe del Río está rodeada de cierta controversia en las fuentes; hay testimonios y textos que fijan fechas ligeramente diferentes y que discuten si fue fuego enemigo o, en alguna versión, fuego amigo el que terminó con él. Muchas referencias modernas establecen que murió el 22 de abril de 1937, abatido en un combate con aviones de la Legión Cóndor sobre el aeródromo de Lamiaco (Lamiako/Lejona), aunque otras fuentes antiguas o locales han citado el 20 o el 21 de abril e incluso han atribuido su caída a la artillería antiaérea de buques republicanos; existen relatos orales de testigos infantiles y trabajos de investigación local que recogen esas versiones contradictorias. Lo que sí está muy documentado es que su fin se produjo durante los intensos combates por la defensa de Bilbao en abril de 1937. Wikipedia+2Visit Barakaldo+2
Euzkadi Roja — Edición del Frente Norte
Bilbao, 23 de abril de 1937
Titular: Un Chato derriba a un Dornier sobre el cielo de Bilbao
Por nuestro corresponsal en el aeródromo de Lamiaco
Bilbao, 22 (de nuestro enviado especial) —
La jornada de ayer quedará en la memoria de todos los bilbaínos como un día de orgullo y esperanza. Cuando el sol apenas asomaba entre las nubes del Nervión, una escuadrilla enemiga de bombarderos Dornier Do 17, escoltada por cazas italianos, se dirigía hacia nuestros barrios obreros con el propósito de sembrar la muerte. Pero sobre ellos volaban los nuestros, los intrépidos muchachos del aire, guardianes de la libertad vasca.
Entre los pilotos republicanos destacaba el joven teniente Felipe del Río, bilbaíno de corazón y de temple acerado. A los mandos de su veloz Polikarpov I-15 “Chato”, se lanzó con decisión contra el grupo atacante. Las ametralladoras crepitaron sobre el cielo gris; las ráfagas del Chato partieron el aire como cuchillas. En apenas unos segundos, uno de los bombarderos enemigos, alcanzado en su motor de estribor, comenzó a arder. Testigos en tierra vieron cómo el aparato, envuelto en humo negro, perdió altura hasta precipitarse más allá de la costa, hacia la mar, donde se hundió con su carga de destrucción sin alcanzar la ciudad.
Nuestros compañeros de artillería antiaérea saludaron el éxito con vítores, y en el aeródromo de Lamiaco los mecánicos aguardaron el regreso del héroe. Cuando el aparato de Del Río tomó tierra, cubierto aún de hollín y pólvora, fue recibido con abrazos y con el clamor de los obreros que habían acudido a celebrar la victoria. “No pasarán”, dijo sonriente el teniente, mientras descendía de la cabina. “Mientras haya un piloto vasco en el aire, Bilbao no caerá”.
El enemigo perdió así uno de sus más modernos bombarderos —un Dornier Do 17, símbolo del terror fascista en los cielos del Norte—, y nuestras fuerzas del aire suman una nueva victoria a la causa de la República. Los mandos han felicitado al teniente Del Río y a su escuadrilla, cuya valentía sostiene día a día la defensa de esta ciudad mártir.
Los bilbaínos, que soportan con serenidad el martirio de las bombas, hallan en gestas como ésta la certeza de que la razón y el valor acabarán imponiéndose a la barbarie.
¡Honor a los pilotos del Norte! ¡Viva la aviación republicana!

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