Entrevista dramatizada. Los Ángeles, primavera de 1960.
Marilyn Monroe recibe en su casa a un periodista de una prestigiosa revista de cine. Acaba de terminar el rodaje de Let's Make Love. La conversación transcurre con un tono íntimo. Marilyn habla despacio, alternando sonrisas con silencios largos.
PERIODISTA: Señorita Monroe, el público cree conocerla, pero muy pocos saben cómo fue realmente su infancia. ¿Quién era Norma Jeane antes de convertirse en Marilyn Monroe?
MARILYN: (Sonríe con cierta melancolía.)
Norma Jeane era una niña que nunca sabía dónde iba a dormir el mes siguiente.
La gente habla de mí como si hubiera nacido rubia, maquillada y con focos alrededor. Pero la verdad es que nací sin una familia.
Mi madre... Gladys... me quería, estoy convencida de ello. Pero sufría graves problemas mentales y hubo largos periodos en los que simplemente no podía hacerse cargo de mí. Nunca la odié por eso. Era una mujer enferma, no una mujer mala.
Cuando era pequeña fui pasando de una casa a otra. Algunas familias de acogida fueron amables conmigo. Otras... no tanto.
Nunca llegaba a sentir que pertenecía a ningún sitio.
Había veces en que empezaba a acostumbrarme a una habitación, a una escuela, a unos vecinos... y entonces volvía a hacer las maletas.
Es curioso cómo una niña termina creyendo que es ella el problema.
PERIODISTA: ¿Vivió mucho tiempo en casas de acogida?
MARILYN:
Sí.
Más del que cualquier niño debería vivir.
También pasé temporadas en un orfanato.
La gente imagina los orfanatos como aparecen en las películas. En realidad eran lugares donde intentaban hacer lo mejor posible con muy pocos recursos.
No recuerdo juguetes.
Recuerdo normas.
Horarios.
Silencio.
Y una sensación constante de estar esperando a que alguien viniera a buscarte.
Ese alguien casi nunca llegaba.
PERIODISTA: Se ha hablado mucho de experiencias difíciles durante esa época.
MARILYN: (Guarda silencio unos segundos.)
No me gusta convertir mi infancia en un espectáculo.
Pero sí puedo decir que una niña sin protección aprende muy pronto que el mundo puede ser un lugar peligroso.
Hubo hombres que aprovecharon que yo era una niña sola.
No entraré en detalles.
Nunca he querido hacerlo públicamente.
Basta con decir que aprendí demasiado pronto a desconfiar.
Y esa desconfianza no desaparece porque un fotógrafo te haga famosa.
Te acompaña toda la vida.
PERIODISTA: ¿Cree que eso marcó su relación con los hombres?
MARILYN:
Muchísimo.
Creo que siempre busqué una figura que me hiciera sentir segura.
Y confundí muchas veces protección con amor.
Cuando eres una niña que nunca tuvo un hogar estable, cualquier hombre amable puede parecer un refugio.
Después descubres que algunos sólo querían una fotografía junto a Marilyn Monroe.
No a Norma Jeane.
Hay una enorme diferencia.
PERIODISTA: Muy joven contrajo matrimonio.
MARILYN:
Sí.
Tenía dieciséis años.
No fue exactamente un cuento de hadas.
La alternativa era volver al sistema de acogida porque la familia con la que vivía se mudaba de estado.
Así que me casé.
Hoy la gente habla de matrimonios por amor.
El mío fue, sobre todo, una forma de no quedarme sola otra vez.
PERIODISTA: Después llegó la guerra.
MARILYN:
Sí.
Mi marido fue destinado a servir durante la guerra y yo empecé a trabajar.
Entré en una fábrica que fabricaba material para el esfuerzo bélico.
Era un trabajo duro.
Largas jornadas.
Ruido constante.
Grasa.
Metal.
Pólvora.
Nadie imaginaba que allí pudiera empezar una carrera en Hollywood.
Yo, desde luego, no.
PERIODISTA: Y entonces apareció el famoso fotógrafo.
MARILYN: (Ríe.)
Sí.
Eso sí ocurrió casi como en una película.
Un fotógrafo enviado por el ejército buscaba imágenes de mujeres trabajando para levantar la moral de los soldados.
Me pidió que posara unos minutos.
Yo acepté.
Nunca había pensado seriamente en ser modelo.
Pero la cámara...
No sé cómo explicarlo.
No le tenía miedo.
Era como si delante del objetivo pudiera convertirme en la persona que siempre había querido ser.
Aquellas fotografías empezaron a circular.
Después llegaron más sesiones.
Y poco a poco algunas personas de Hollywood comenzaron a fijarse en aquella chica llamada Norma Jeane.
PERIODISTA: ¿Fue entonces cuando aparecieron los estudios?
MARILYN:
Sí.
Primero llegaron pequeñas oportunidades.
Pruebas.
Contratos modestos.
Todo parecía maravilloso.
Hasta que descubres cómo funciona la maquinaria.
PERIODISTA: ¿Cómo funcionaba?
MARILYN: (Suspira.)
Los grandes estudios podían decidir prácticamente toda tu vida.
Tu nombre.
Tu cabello.
Tu forma de hablar.
Tu manera de caminar.
Con quién podías salir.
Qué periodistas podían entrevistarte.
Qué fotografías podían publicarse.
Era como pertenecer a una empresa...
...sólo que esa empresa administraba incluso tu sonrisa.
PERIODISTA: Incluso cambiaron su nombre.
MARILYN:
Claro.
Norma Jeane no parecía suficientemente glamurosa.
Así nació Marilyn Monroe.
Al principio me costó acostumbrarme.
Era extraño escuchar que alguien pronunciaba un nombre que, técnicamente, no era el mío.
Con el tiempo terminé queriéndolo.
Pero Norma Jeane nunca desapareció.
Sigue aquí.
Dentro de mí.
PERIODISTA: Muchos creen que Hollywood la recibió con los brazos abiertos.
MARILYN: (Niega con la cabeza.)
No.
Hollywood adoró el personaje mucho antes que a la persona.
Había productores que sólo querían que sonriera.
Que caminara de cierta manera.
Que pareciera ingenua.
Cuando intentaba demostrar que podía interpretar personajes complejos...
...me respondían:
"Cariño, el público no quiere pensar. Quiere mirarte."
Eso duele.
Muchísimo.
PERIODISTA: ¿Se sintió utilizada?
MARILYN:
Muchas veces.
Algunos hombres en los estudios confundían poder con derecho.
Pensaban que una actriz joven debía agradecer cualquier atención.
Si protestabas eras "difícil".
Si defendías tus ideas eras "emocional".
Si pedías un buen guion eras "caprichosa".
Había que sonreír constantemente.
Incluso cuando estabas cansada.
Incluso cuando estabas triste.
PERIODISTA: Sin embargo, llegó a convertirse en la mayor estrella del mundo.
MARILYN: (Sonríe con ironía.)
Eso dicen.
Es curioso.
Cuanto más famosa me hacía...
...más sola me sentía algunas noches.
Porque la fama no responde cuando tienes miedo.
No te abraza.
No te dice que todo saldrá bien.
La fama ilumina muchísimo...
...pero también proyecta sombras muy largas.
PERIODISTA: Si pudiera hablar con aquella niña que pasaba de una casa de acogida a otra, ¿qué le diría?
MARILYN: (Sus ojos se humedecen.)
Le diría...
"Aguanta un poco más."
"Habrá días maravillosos."
"También habrá otros terribles."
"La gente te admirará sin conocerte."
"Muchos creerán que lo tienes todo."
"Y tú seguirás buscando lo mismo que buscabas cuando tenías ocho años."
Un lugar donde sentirte en casa.
Eso...
Creo que todos seguimos buscándolo, ¿no?

No hay comentarios:
Publicar un comentario