martes, 23 de noviembre de 2010

Visitamos el Templo de Shaolín.


Es difícil concretar el origen de la leyenda de los monjes shaolín. La versión oficial dice que un místico, procedente de la India, recaló en el monasterio, situado en Defeng, en plena cordillera Song. Allí, a cambio de la manutención, se dedicó a enseñar a los monjes unos sencillos movimientos basados en los de los animales, que los propios monjes volvieron más complicados en los 14 siglos siguientes.


Al principio, la idea era que los monjes pudieran defenderse de los bandidos. Pero las crónicas, embellecidas, por eso que los chinos de la dinastía Ming necesitaban de héroes tanto como cualquiera, nos dicen que con sus técnicas de lucha, estos hombres prodigiosos derrotaron tropas invasoras, sofocaron revueltas y derrocaron a tiranos. Los historiadores modernos han revisado el mito y han pensado que quizá no hubo ningún místico del siglo V sapiencial. Simplemente, algunos monjes habían sido soldados en su vida seglar y decidieron enseñar a los que no habían tenido ningún contacto con la milicia cómo ocuparse del engorroso asunto de los salteadores de caminos.


Actualmente muchos niños y adolescentes acuden al celebérrimo monasterio para convertirse en estrellas del cine de artes marciales radicado en Hong Kong. Respecto a esto, un monje nos dice: "No nos gusta la idea que dan de lo que son nuestras tradiciones estas películas. No somos matones ni queremos salvar el mundo".


Otras personas envían a sus hijos porque quiere que aspiren a puestos en el ejército o en la policía de la nueva China. Algunos padres simplemente envían a sus hijos al Templo de Shaolín porque desean que aprendan hábitos disciplinados basados en el trabajo duro. Y eso entre los monjes abunda.

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