jueves, 24 de marzo de 2011

Incas, los señores de los Andes.


1532. Tras meses de marcha, el reducido contingente de soldados españoles, al mando de Francisco Pizarro, se encuentra en Cajamarca, Perú. El pueblo inca apenas les ha prestado atención porque todo sus temores están centrados en la guerra civil entre los hermanos Huascar y Atahualpa, pretendientes al trono desde la muerte en 1527 del Inca anterior, Huayna Capac.

Pero por fin los españoles están frente a la litera de Atahualpa. El sacerdote de la expedición se acerca con una Biblia a la litera del Inca, mientras le insta a acatar al emperador Carlos V como rey.

La respuesta del altivo Atahualpa no se hace esperar. Tira de un manotazo la Biblia al suelo mientras gruñe:"Mi dios aún vive".

Francisco Pizarro ordena abrir fuego contra los guerreros y los campesinos incas que han venido por millares a Cajamarca. Los caballos y el efecto de las balas de mosquete contra la carne humana trazan una frontera entre el viejo orden y el nuevo.

Los sacerdotes se encargarán de destruir los santuarios de los incas. Claro que para muchos campesinos, todo consistió en cambiar una servidumbre por otra. Los campesinos no podían abandonar sus tierras bajo ningún concepto y eran reclamados por sus supervisores para hacer obras públicas por cuenta del Inca o para servir en el ejército.

El pueblo inca conocía la prostitución, pero estas mujeres no podían vivir en los poblados sino en cabañas miserables, y no podían entrar en contacto con otras mujeres.

Los ingenieros incas construyeron una red de caminos que comunicaba Perú con Bolivia y el norte de Chile. Los chasquis, unos atléticos y veloces guerreros, corrían por ellas, en un sistema de postas, llevando las noticias del Imperio.

Los campesinos se especializaron en cultivar unas 70 especies de plantas comestibles. Fueron los primeros en cultivar las patatas. Sus cosechas eran tan exitosas que los supervisores podían almacenar excedentes para un periodo entre 3 y 7 años.

Los supervisores eran unos eficientes contables que calculaban los pesos y las medidas mediante un sistema de nudos llamado quipu.

Los ingenieros incas construyeron fortalezas inexpugnables en las altas cumbres como Chequequirau, Vilcabamba o Macchu Picchu, "descubierta" en 1911 por el arqueólogo Hiram Bimgham. También allanaron colinas y trasladaron de sitio parte del cauce del río Urubamba.



Hacia 1150, los imperios wari y tiwanaku, rivales entre sí, habían desaparecido a causa de una sequía que duró mas de un siglo. Los caudillos supervivientes guerreaban por la escasa agua y atacaban los poblados vecinos en busca de alimentos. Muchos nativos huyeron a las tierras altas en busca de refugio.

Allí conformaron un estado centralizado, con capital en Cusco, y un monarca que se deformaba las orejas como símbolo de status, el Inca. Los Incas podían gobernar después de muertos, puesto que se rendía culto a sus cuerpos momificados. Los Incas consultaban cuestiones de Estado a sus antepasados en presencia de las momias, y por medio de un oráculo.

Hacia 1450, los guerreros incas decidieron enfrentarse en el campo de batalla a los coyas, un pueblo de las orillas del lago Titicaca formado por 400.000 individuos. Las tierras producían oro y plata. Además, los coyas, de lengua aymara, pastoreaban un misterioso animal de carga desconicido para los incas, la llama.

Era una cuestión de supervivencia. Uno de los dos pueblos debía ser derrotado y asimilado. Pachacuti fue el artífice de la victoria contra los coya, la primera de una serie contra los pueblos menos desarrollados del sur.

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