lunes, 11 de abril de 2011

Psicología del combatiente.


Unos dicen que la valentía es el olvido de sí mismos, y que esto sobreviene en el combate. Otros cuentan que al realizar hazañas heroícas sintieron un miedo inenarrable y que solamente la fuerza de su voluntad y su capacidad para saber dominarse les conminó a levantar la cabeza e ir al encuentro de la muerte (...). La mayoría piensa que es el sentimiento del deber, el odio al enemigo... Otros dicen que son valientes porque creen que en el combate les están observando sus amigos, sus parientes, sus novías...

El periodista y escritor ruso Vasily Grossmann preguntaba a los soldados soviéticos por las razones personales para salir de la trinchera, en contra del más elemental sentido común, y avanzar entre los obuses y las balas de ametralladora nazis. Este fue el resumen de los argumentos que le dieron.

En realidad, los argumentos para que un ciudadano respetuoso con las leyes entre en combate y se lleve por delante a varios soldados enemigos, y de paso, muchos más civiles, han variado con el tiempo.

Los griegos, esos tipos que inventaron la filosofía, dijeron en sus escritos sobre el tema que un hombre, solo por serlo, tenía un valor intrínseco a su condición masculina. Un hombre era un guerrero o no era un hombre, en contraposición a las mujeres, a las que no veían capacitadas para esos valores cívicos.

En Esparta llevaron más lejos esa idea. Un hombre era ante todo un guerrero. Su vida era propiedad de la polis, que podía exigirle que tomara las armas en cualquier momento.

A principios del siglo XX, pongamos que meses antes de que el archiduque Francisco Fernando decidiera darse cierto paseo en coche por Sarajevo, los europeos llevaban un siglo sin saber lo que era de veras la guerra.

Creían que era una especie de encuentro con la virilidad. De hecho, algunos de ellos, ignorantes de la realidad de las trincheras, incluso rompieron y maltrataron esposas pocos entusiastas con la idea de sustituir sus maridos sanos por guiñapos con neurosis de guerra, o mutilados e incapacitados para mantenerlas a ellas y sus hijos.

Los mandos hicieron informes sobre la capacidad psicológica de estos hombres para el combate. Un instructor dijo que valientes por encima de toda duda, sólo lo eran un 10 por ciento.

Así que comenzaron a desprogramarlos. El soldado de después de 1914 es reprogramado con un programa consistente en ejercicio físico exhaustivo, horarios rígidos, pocas horas de sueño, desorientación seguida de ritos de reorganización según códigos militares, y códigos estrictos. Lo hemos visto en películas como "La chaqueta metálica" , de Stanley Kubrick, donde la recompensa está en hacer blanco contra una persona, sin importar las motivaciones políticas - que están fuera incluso del ámbito de los oficiales del Cuerpo de Marines- ni contra quién se dispare. Te pagan - a veces- por disparar, y tú disparas. El tipo que va a morir no es asunto tuyo.

Por supuesto, otra de las motivaciones es la fantasía heroíca. Todos hemos visto películas como "Boínas verdes", con John Wayne. Lo que nadie dice es que el Servicio de Reclutamiento del Cuerpo de Marines la produjo. Son películas de aventuras descafeinadas comparadas con la realidad del combate, en que no estás ni seguro de cómo te llamas. Claro que no lo notas. Un combatiente de Vietnam, un pobre idiota apodado Okie, se encontró con su pelotón rodeado por las ametralladoras del Vietcong. El tipo abandona en solitario su posición, al encuentro de la virilidad de John Wayne, y lo que se encuentra es con 20 balas perforantes alojadas en su cuerpo.

Lo demás miran sin entender. "A John Wayne no le pasó esto. Le han volado media cara. ¿Dónde está lo que nos prometieron?"

Se entrena en el combate con bayoneta a todos los cuerpos de élite del mundo porque se supone que esa decisión la tendrán que tomar aumomaticamente en algún momento. Un instructor del cuerpo de Marines grita:¿CUÁL ES EL ESPÍRITU DE LA BAYONETA?

Los reclutas gritan a coro: MATAR. Lo están berreando. Aún así el instructor les grita: EL QUE NO LO GRITE CON MÁS APLOMO LIMPIARÁ LETRINAS HASTA QUE LA MIERDA LE SEPA A COMIDA.

Algunos excombatientes tienen que ser aislados en centros especiales porque ya no comprenden un mundo donde pueden caminar erguidos y en línea recta. Todos les exaspera, y una discusión con ellos acerca del aparcamiento puede acabar en una pelea donde el excombatiente no tiene muy claro cuándo debe dejar de golpearte. El que haya visto "Taxi Driver" puede hacerse una idea.

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