miércoles, 29 de junio de 2011

La prostitución; la guerra sucia entre sexos.

He oído que una de las selecciones de fútbol que iban a jugar la Copa América ha protagonizado un incidente. Algunos de los jugadores metieron unas prostitutas en el lugar donde estaban concentrados. Las mujeres los satisfacieron, pero además de sus honorarios, se llevaron algunos efectos personales de los futbolistas sin su conocimiento. Los chicos se quejaron ante recepción, el asunto llegó a oídos del entrenador, y ahora todos los participantes de la orgía han sido expulsados del Campeonato.

La prostitución es uno de los comportamientos sociales más antiguos del hombre. Algunos chimpancés proporcionan más comida a las hembras a cambio de sus favores sexuales. De hecho existe una teoría según la cual, el hombre empezó a caminar sobre dos patas porque ésa era la manera de proporcionarse la atención de las hembras. Los caninos de los machos dominantes decrecieron y los machos que podían utilizar las manos para portar cosas más tiempo acabaron transmitiendo sus genes a las futuras generaciones.

Los hombres del Neolítico tenían dos problemas: qué hacer con los excedentes de comida y cómo encajar el golpe de la aparición de la propiedad privada. Los hombres del Paleolítico habían sido muy promiscuos. Se emparejaban por un tiempo, pero era toda la comunidad la que se hacía cargo de los hijos.

Durante el Neolítico aparecen las clases sociales y la dicotomía gobernante- gobernado. Algunos trabajadores se especializan y aparece la casta sacerdotal. Los hombres cobran un mayor protagonismo, aunque son conscientes de que sin mujeres ninguna comunidad es sostenible. Así que inventan el matrimonio y sus diferentes ritos.

Pero no someten a él a todas las mujeres. Hay chicas guapas o inteligentes, que casi son iguales a los hombres. Esas serán las primeras prostitutas, mujeres que se entregan a los hombres a cambio de independencia y libertad.

Los persas mantenían hieródulas - prostitutas sagradas- cuya misión era obtener por medio del sexo tributos.

Los griegos invitaban a sus simposios - banquetes- a las hetairas, cortesanas que practicaban sexo con sus protectores a cambio de dinero y una cierta libertad, que las demás mujeres griegas estaban lejos de sentir. Podían hablar de política y arte con los hombres, de igual a igual.

Pericles se casó con una hetaira, Aspasia de Mileto. Sus detractores decían que Aspasia era extranjera, que Pericles le hacía un caso excesivo. Trataron por todos los medios de dañar a Pericles, y la forma más eficaz era hacerlo a través de insultos a Aspasia.

Los romanos por su parte consideraban que el sexo con prostitutas y jóvenes esclavas era una actividad higiénica, saludable. Las rameras romanas practican el culto de Acca Laurentia, la diosa de la fertilidad. Es el nombre que recibe en los textos clásicos la loba que amamantó a Rómulo y Remo, los fundadores míticos de la ciudad. Por eso las prostitutas romanas se hacen llamar lupae - las lobas.

Se ha conservado el cártel de una casa de lenocinio llamada Las Tres Hermanas. En él una mujer presenta a un cliente a dos muchachas desnudas.

Durante la antigüedad se prostituían hombres y muchachos. Las mujeres solían ser libertas o esclavas alquiladas al proxeneta a cambio de una parte de lo que ganasen con sus clientes. En Pompeya se ha encontrado un brazalete de oro. Lleva una inscripción: "Del amo para su esclava". Probablemente fuera una de esas infelices.
Los romanos asociaban el pelo rubio con las prostitutas, así que muchas se lo teñían de ese color.

Durante la Edad Media las prostitutas son mujeres huérfanas, criadas deshonradas por su señor y campesinas que viajan solas hasta los burgos. Son la antítesis de la ciudadana, madre y esposa. Tienen que vestir con unos colores especiales, fundamentalmente el verde.

Durante la Edad Media los hombres solteros no podían dejar de estarlo hasta los 28 años, como muy pronto, por lo que estas mujeres atenueban la tensión sexual. Algunos burgos medievales mantenían casas de lenocenio. Algunas de estas casas estaban dirigidas por monjas. que además se ancargaban del cuidado y la salud de estas notorias pecadoras.

Durante la Edad Moderna, se desprecia a la prostituta y se ensalza a la cortesana. Estas mujeres son de la plebe, y satisfacen y acompañan a los aristócratas, pero saben que por su condición social mas que por sus actividades, no podrán jamás casarse con ellos.

Las prostitutas del Londres victoriano eran mujeres viudas, o trabajadoras en paro, a los que sus clientes de las clases acomodadas solían maltratar habitualmente. Los violentos delincuentes organizados las desvalijaban a menudo. Es el inicio de la trata de blancas.

El reformador francés Du Chatelet hace un famoso informe donde habla de los problemas con el alcohol, el cariño por los niños, la religiosidad, la pereza y la tendencia a comer chocolate y otras cosas perjudiciales de las prostitutas que trató en sus cruzadas en los barrios bajos de París.

Algo en nuestra sociedad funciona mal, quizá sea una postura forzada y poco realista frente al sexo. Probablemente hay muchos hombres que relacionan la virilidad a toda costa con su capacidad de desempeñarse en cualquier situación. Yo penetro, luego soy...Cosificar a las mujeres es una consecuencia de esta filosofía de la acción a través de la virilidad.

Las mujeres de este mundo que no son esclavas sexuales, sino que pagan por disponer de una habitación para trabajar, cosifican a los hombres. Es un mundo de mentiras compartidas y aceptadas, de cinismo por incapacidad de obrar de otra manera en los hombres, y por supervivencia por parte de las mujeres. Las prostitutas solo son víctimas o parte de la mentira. Y mienten porque es la opción frente a perder en este juego donde no cuentan ni contarán con mejores cartas, por maldad masculina, incapacidad o porque ellas a su modo juegan aquí. Soy penetrada; luego soy...

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