miércoles, 31 de julio de 2013

Inquietantes nuevos datos sobre la Doncella de LLullaillaco.

1999. El explorador de alta montaña y arqueólogo Johan Reinhard, y su colaboradora argentina Constanza Ceruti encuentran los restos de tres sacrificios humanos incas. La mayor de las momias, una muchacha de unos 13 años, rodeada de un esplendido ajuar, conserva los cabellos y las pestañas. El ajuar procede de todo el imperio incaico. Se pueden contemplar fuguras talladas con conchas de spondilux y tocados de plumas de la Amazonia.
Un análisis detallado del cabello trenzado de la Virgen de los Hielos - también la llaman así - ha revelado que se le proporcionó a lo largo de los ritos ceremoniales de su último año coca suficiente y chicha - un alcohol de maíz - como para que su sacrificio ocurriera en la más absoluta incomprensión o inconsciencia por parte de la Doncella de Llullaillaco. Las otras dos momias pertenecen a una pareja de niños más jóvenes. Con ellos se usó menos cantidad de coca y chicha.
"Sin duda, la Virgen de los Hielos era una aclla, una sacerdotisa del Sol. Las escogían durante la pubertad entre los campesinos y las alejaban de todos los referentes geográficos y de modo de vida conocidos", dice un arqueólogo.
"Los hombres de Pizarro y Almagro escribieron mucho sobre estas ceremonias, pero jamás las presenciaron. A mediados del siglo XVI, un conquistador llamado Juan de Betanzos, describió estas ceremonias. Los niños se pasaban el último año de sus vidas peregrimando de un sitio a otro y participando en ceremonias. Betanzos habla de 1000 cadáveres. Lo supo por labios de su esposa, una princesa inca, cuyo marido anterior era el mismísimo Atahualpa", nos dice Reinhard.
Las momias haladas en las expediciones de Reinhard y Ceruti se pueden ver en el Museo de Alta Montaña de Salta, Argentina.

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