sábado, 21 de septiembre de 2013

Utopías: quisieron el paraíso y se encontraron con el infierno.

"Si entendemos el desarrollo histórico desde la perspectiva de Montesquieu, es decir, como una tensión entre lo real y lo deseable, habremos de convenir que, para mejor o peor, la utopía ha contribuido a mejorar la rueda de la historia":

ISABEL CABO.
"Los socialistas utópicos".

Pensadores de todas las épocas, desde Tomás Moro a Aldous Huxley, han plasmado en el papel mundos donde gobernantes sabios empleaban medidas y leyes justas para que nadie se sintiera infeliz, y todos tuvieran su parte en el pastel social, donde nadie tuviera que perder por norma. Por desgracia, para crear estos paraísos en la Tierra hay que renunciar a la propiedad privada y al individualismo. El rechazo de la propiedad privada conlleva que nadie cuida de los bienes comunes porque se considera que es trabajo del otro, que siempre los sentirá como más propios. El rechazo del individualismo vuelve a las sociedades más débiles, rebañiegas, menos capaces de innovar, y condenadas a ser superadas por la realidad.
Vamos a ver tres ejemplos de grupos de personas que quisieron construir un paraíso y se encontraron con las peores pesadillas:

1534. Münster, en Alemania. Una secta anabaptista decide construir la sociedad ideal, en la que se viviría conforma a las Sagradas Escrituras. Pronto los ciudadanos de Münster se encontraron en una pesadilla de exaltación fanática. Católicos y luteramos moderados fueron expulsados o ejecutados. Se quemaron todos los libros menos la Biblia.
Las autoridades impusieron la comunidad de bienes y la poligamia. Las mujeres que tenían algo que objetar ante esta nueva realidad fueron ejecutadas. Todo terminó cuando el obispo Franz von Waldeck reclutó un ejército y se hizo con el control de la ciudad, poniendo punto final a esa pesadilla.



Ya estamos en la Edad Contemporánea. El filósofo Etienne Cabet (1788-1856) quiere acabar con el individualismo de una vez por todas. Para tal fin, aboga por Icaria, una nueva sociedad en la que los gobernantes censuran la prensa y moldean la mente de sus ciudadanos. Buena acogido por el filósofo Saint Simon (1760-1825). Proudhon  (1809- 1865), padre del anarquismo, dice que encuentra todo eso de moldear el ciudadano perfecto muy sospechoso.
Un británico, el empresario Robert Owen (1771-1858), padre del cooperativismo en respuesta a las injusticias del capitalismo liberal, instituye en Gran Bretaña una comuna experimental, New Harmony, para los obreros, una nueva clase social. Viven en casas en forma de paralelogramo, llevan túnica y toga como los ciudadanos romanos, y su vida para la comunidad comienza a los tres años. A cambio reciben educación, algo que no parece destinado para esas nuevas masas. Supresión del espíritu crítico y las iniciativas. Por suerte, el modelo Owen de comunidad no triunfó porque no era sostenible económicamente.



Estamos en pleno siglo XX. El poeta, político y aviador italiano, Gabriele D´Anunnzio (1963- 1938) ha ocupado con 300.000 milicianos la ciudad de Fiume. Actualmente es la ciudad croata de Rijeka. Se la ofrece a Italia en general, y a su amado héroe, Mussolini, en particular.  Italia dice que como país no es nadie para aceptar algo que el Poeta ha ocupado por su cuenta y riesgo.
D´Anunnzio crea una contrasociedad basada en los valores culturales de los Años Locos. Liberalidad sexual, legalización de las drogas, abolición de las estructuras religiosas jerarquizadas, divorcio libre y voto para la mujer - En eso, D´Anunnzio era un pionero adelantado a su tiempo-.
Los ciudadanos de Fiume disfrutaban de fuegos artificiales, bailes y representaciones teatrales. Pero la fiesta se acabó cuando las tropas italianas aceptaron el encargo de poner fin a tan molesta juerga. La Nochebuena de 1920 las tropas italianas entraron en una ciudad que ni siquiera era capaz de defenderse o negociar con un poco de cordura. Había demasiados artistas y muy pocos soldados o políticos de los de toda la vida.

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