miércoles, 13 de noviembre de 2013

La torre Eiffel.

En 1889 todavía se vivía en medio de la fiebre científica positivista. Francia celebraba el centenario de su revolución y los parisinos veían alzarse, con cierto desagrado, una estructura de acero pudelado de 300 metros.
Se suponía que la Torre iba a ser la estructura más alta de Francia con sus 330 metros. Tras la Exposición Universal de París, se desmontaría. Por las calles y en la prensa aparecían pasquines denigrando aquel espantajo de metal. "Ese esqueleto de atalaya" lo definía uno.
En realidad la idea de esta estructura no era de Eiffel ya que en la Exposición Internacional de Philadelphia unos ingenieros del metal quisieran levantar un cilindro anclado al suelo de 300 metros.
Por suerte fue mayor el clamor popular para que la Torre Eiffel superara el siglo XIX. En 1923 hizo de antena para la primera emisión de radio francesa. Los metereologos de principios del siglo XX solían enplazar en lo alto sus instrumentos de medición. Un oficial del ejército quiso hacer allí sus experimentos de un método de comunicación de mensajes por telegrafía sin hilos, pero las autoridades castrenses le denegaron la subvención. Alegaron que confiaban más en las señales ópticas y en el servicio de palomas mensajeras.
En uno de los pisos se puede leer una lista de científicos franceses. n el segundo piso hay un restaurante ambientado en honor al escritor de anticipación y aventuras Jules Verne, muerto en Amiens en 1905.

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