jueves, 14 de noviembre de 2013

La estatua de la libertad.

En 1871 Estados Unidos está enfrascada en la reconstrucción de las estructuras sociales e institucionales después de la debacle de la Guerra de Secesión. Por su parte, Francia está cambiando de modelo político: se está deshaciendo de la monarquía de Napoleón III   e instaurando la Tercera República.
Francia recuerda que prestó ayuda a la joven nación estadounidense y decide hacerle un regalo muy especial: una estatua de 46,5 metros con un brazo levantado empuñando una antorcha.
Los franceses se ponen manos a la obra. Bartholdi, un escultor de tendencias republicanas, construye el exterior de la estatua, de influencia clásica. Eiffel construye el esqueleto de cobre y acero. Dicen que los escultores se inspiraron en los esquemas y planos de un modelo que no vio la luz: "Egipto iluminando Europa". Me inclino a pensar que esos planos sirvieran para recordar la relación de Francia con Egipto y la apertura del Canal de Suez en 1871.
La idea de Bartholdi era la de una muchacha con una antorcha encaramada a una barricada de la revolución contra Napoleón III. No cuajó.
La estatua sirvió como faro y era lo primero que veían los inmigrantes auropeos antes de ser internados en Ellis Island, para comenzar una nueva vida, si tenían suerte. Si no, era lo único que veían de los Estados Unidos. Una mofa cruel.
Al brazo de la antorcha se podía subir hasta 1917. Ese año sufrió daños por culpa de la voladura de un almacén de municiones militares por espías alemanes.
El otro brazo sostiene un libro con la fecha de 1776, año de la independencia de las 13 colonias de la metrópolis británica.

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